A UNA HORIZONTAL

 

Mujer que te vendes por sucio dinero
impúdicamente en el lecho obsceno
y el mejor postor es tu compañero
que en tu labio bebe la hiel del veneno.

En tu ignominioso rodar por el mundo
la hiel que te dieron la vas derramando
y en tus tristes ojos de mirar profundo
los dardos del odio se van asomando.

¿Quién sabe sí un día, esos negros ojos
con amor miraron al hombre soñado?
y con labios castos serenos y rojos
le dieron ternura del amor deseado.

¿Quién sabe también? tal vez algún día
tu cuerpo; temblando de placer, jadeante;
se entregó el amado con gran alegría
que gozó el tesoro feliz y triunfante.

¿O quién sabe acaso el fondo de todo?
quizá te entregaste por placer liviano
manchando tu vida con el sucio lodo
de la puerta falsa del placer insano.

¿O acaso quizá? tu virgen pasado
construyó un castillo de amor e ilusiones
el cual destruyó algún ser malvado
que arrastró tus sueños en pos de pasiones.

No lo sé; tal vez, tu pecho amargado
encierra un caudal de mentira o gloria
y en el remolino de turbio pasado
se esconde la llama que sabe tu historia.

1963

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