A UNA BELLA

 

Ángel de aroma seductor, que emana
de tu cuerpo juncal, de primavera
perdona si mi verso se desgrana
en piropo sutil, de buena gana
para brindarlo a ti, por vez primera.

He buscado en lo terso de las rosas
comparar a tu faz, pero no encuentro
con qué igualar tus gracias primorosas
ni en la misma leyenda de las diosas
ni en el lejano azul del firmamento.

Hay algo en ti, tan bello, tan intenso
que sólo Nervo describir podría
ejerces atractivo tan inmenso
que al mirarte pasar a veces pienso,
si eres real, ilusión o fantasía.

Porque todo es en ti tan diferente,
que más que humana me pareces diosa
y digna de llevar sobre tu frente,
de Reina, la corona refulgente
que premie tu figura tan hermosa.

Ya quisieran las diosas de la Grecia
poseer uno solo de tus dones,
de los que adornan tu figura egregia
que más que realidad parecen magia,
envueltos en el tul de mil canciones.

Perdón si con mi verso te importuno
tributo poco, a tu belleza santa
es que difícil es que pueda alguno,
ni Rembrand, ni Da Vinci, ni ninguno
copiar exacta, tu hermosura tanta.
1957

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