A UN AMIGO AUSENTE

 

Tras el cortejo fúnebre que avanza
a la vera de místicas sabanas,
vislumbro ya el ocaso en lontananza
hiere mi alma flacidez que cansa,
al lúgubre tañir de las campanas.

Oigo los lloros de pesar dolientes,
la brisa apenas el ramaje atañe
en el campo florecen las simientes
murmullo de oraciones entre dientes
y a veces gritos de mujer que plañe.

Y entre los rezos de dolientes seres
que van por el sendero disoluto
avanzan silenciosas las mujeres
llevando entre las manos muchas flores
los ojos rojos y el vestir de luto.

En la quietud del camposanto breve
una pintada mariposa vuela
de vez en cuando por gotitas llueve
y en las ramas de un sauce que se mueve
negro pijul, con sus ojillos vela.

Aquí donde se pudre la envoltura
que orgullos lucimos en la vida
vemos que es una cosa fementida
todo de que se ufana la criatura,
y que aquí es nuestro punto de partida.

Por eso; amigo ausente yo te digo
mirando con tristeza tus despojos
que estas lágrimas que salen de mis ojos
son el tributo a tu amistad vertido
y que habrán de abonar estos abrojos.

Te brindo pues, mi eterna despedida
adiós amigo, mi sincero hermano;
hoy partes en el viaje hacia el arcano
aquí termina tu fecunda vida;
¡aquí termina el sufrimiento humano!

1970

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