Sin intención de ofender,
nada más por cortesía
te brindo yo mi poesía,
encantadora mujer.
Bella luz de amanecer,
de tan preciosa figura
emanas gracia y finura
con tu manera de ser
y por eso a tu hermosura
yo quiero corresponder.


Oro que lo compras todo
dime si con tu fulgor
puedo comprar lo que añoro;
un poquito de amor,
un poquito de amor
lo cambio por tu tesoro
por que sin amor el oro
no tiene ningún valor.


Vine al puerto de Alvarado
con una sola intención:
comer robalo y ostión
y camarón sancochado,
pa’ quitarme lo cansado
y ponerme en condición
para ver si esa poción
me deja bien renovado.

Esta pena ya me abruma
por eso quiero caviar
pulpo, abulón, calamar
sin desperdiciar ninguna,
porque vida solo hay una
¿qué más me puede importar?
que la dicha de lograr
volver a cargar la pluma.


La amistad debe de ser
sincera, bonita, amable,
y sobre todo tener
duración interminable
quien por causa deleznable
no lo quiera comprender
y aunque no me pueda ver,
sumiso y contento me hable
que vaya y chingue su madre
es mi mejor parecer.


Tú me dices que estás enamorada
que siempre junto a mí vives de hinojos
mas dice lo contrario tu mirada,
desde el lánguido fondo de tus ojos.

Tengo niebla en los ojos por tu ausencia
y me muerden el pecho los agravios
y tortura mi alma sin clemencia
la falta de tu incógnita presencia
y la duda mortal de mis resabios.


Este querer que con vehemencia ansío
es obsesión que sin piedad me abate
loco me vuelve tu desdén impío;
pero más te he amar... ¡aunque me mate!

Muy bien, adiós... tú lo quisiste;
ama mujer a quien te venga en gana
porque si dueña de mi vida fuiste
hoy no existe ese amor; tú lo rompiste
y lo tendrás que recordar mañana.


Tu belleza sin par me sorprendía
tu hermosura de ninfa me encantaba
y al mismo tiempo que tu faz reía
hasta la luz del sol se sonrojaba.


Porque te quiero y te he querido siempre
porque a pesar de tu maldad te adoro
vete feliz, que tengas mucha suerte
adiós te digo y te perdono todo.


El amor solamente es una rosa,
y a gozar sus encantos nos invita
¡Oh! triste realidad tan dolorosa
que al más ligero soplo se marchita.


Rogué al mundo y me humilló
ruego al cielo y no me escucha
y mi alma en sorda lucha
duda del mundo...¡y de Dios!


Quisiera yo ser el dueño
de tu boquita encarnada
pero es inútil mi empeño
pues comprendo que es un sueño
verte de mí enamorada.

Te vi, y al mirar tus ojos,
no se cosa sentí,
pero al punto comprendí
que soy del mundo despojos
y vivo a tus pies de hinojos
queriéndote sólo a ti.


Como una estrella luminosa y rara,
por el desierto de mis locas penas
con tenue paso, cual si no pisara
paso la dicha con su blanca tiara
adornada con lirios y azucenas.


Pobre Flor ¿por qué te ufana
tu belleza fementida?
si en tu corola de grana
donde florece la vida
es cosa cierta y sabida
que no es eterna la suerte,
que donde acecha la muerte
con su guadaña blandida
todo fenece y se olvida
y en despojos se convierte.


Al mirarte cuando vas
con tus encantos serenos
veinte años quisiera menos
y treinta millones más
pues quiero de ti el favor
que complemente mi gozo
tener para ser dichoso:
Salud, dinero y amor.

Las flores tienen perfume
las perlas un gran valor
los pájaros dulce trino
y yo tengo un gran amor.


Hoy que marcho por otro camino
no te cruces en él, te lo pido
ya que hiciste sangrar mi destino
sólo queda un remedio... ¡el olvido!


Te quiero cual te quise
te querré, cual te quiero
con la misma vehemencia
con la misma pasión
con la eterna dulzura
y mi amor más sincero
y la dulce esperanza
de merecer tu amor.


No te culpo, ni culpable me creo
y al cavilar sobre eso desatino;
si la luz siempre fuiste en mi camino
mas hoy oscuridad es lo que veo
en la piedad de Dios casi no creo
y al mundo culpo, y al fatal destino.

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