Akhy - Egipto

 

ANTIGUO EGIPTO

 

Egipto y la Biblia

Por Ankhesenamón / Khemet_Sematawy

El atormentado espíritu

Estoy de acuerdo con Pitágoras en que cada vez hay más interrogantes, lo que no dejar de ser lógico si se tiene en cuenta que arrastramos errores provinientes de la interpretación de los textos de Manetón. ¿Dónde está el fallo? Para dilucidar correctamente habría que repasar, como mínimo, el Decreto de Ptolomeo III a la ciudad de Canope y la obra De Die Natali, de Censorino. Sin estos documentos a nuestro alcance ya podríamos llorar o patalear que no conseguiríamos nada. Una vez comprendidas y aplicadadas las referencias astronómicas que existen en ambos, llegaremos a la conclusión, por sencilla aritmética, que el comienzo del reinado de Amenhotep I ocurrió en 1555 a.C., el de Tutmosis I en 1532 a.C., y que Tutmosis II reinó de 1520 a.C. hasta 1500 a.C., fecha esta última muy importante y significativa, entre otros motivos por su relación con el Éxodo, como veremos.

Con estas referencias, y sólo con ellas, se pueden obviar los errores de los autores griegos que recopilaron los textos de Manetón cometiendo varias equivocaciones, del mismo modo que las cometieron en la interpretación de otros muchos papiros. Así, transcribieron Amenhotep en lugar de Amosis, leyendo en sentido inverso pusieron a Amenhotep como liberador de Moisés, y a un Tutmosis como perseguidor de los hicsos. Estos errores de bulto motivaron la alerta de personajes como Teófilo de Antioquía y Sexto Julio Africano que, realizando unos sencillos cálculos, demostraron que eso era imposible, por lo que, para acabar de arreglar las cosas, dijeron que se trataba más bien de Seti y de Ramsés… ¡en la XIX dinastía! Esta interpretación falseó los datos bíblicos examinados por los Padres de la Iglesia que se vieron obligados a restringir todavía más la antigüedad de los tiempos.

Y, en este punto ¿cómo situarnos exactamente de acuerdo con el calendario astrónomico? Deberíamos, para ello, acceder a los documentos contemporáneos guardados en la Biblioteca de Alejandría, pero se quemaron. Sin embargo, Clemente tenía acceso a ellos, pues era el conservador de la biblioteca, y dejó constancia de que el Éxodo de los Judíos tuvo lugar dos siglos después de la renovación del año canicular (estúdiese el decreto de Ptolomeo III) menos 22 años; o sea, a los 178 años del nuevo año canicular. Esto es de una claridad meridiana para cualquiera que haya empollado las revoluciones de las estrellas, en particular la de Sirio, o Sotis para los griegos, y el Año del Perro de los antiguos egipcios, que imaginaron así a Anubis, el Guardián de las Almas Puras, pues, la revolución de Sirio es el Año de Dios. El perro era canicule en latín, así que no hay duda que se trataba de la revolución celeste de esta estrella. Sirio realiza su giro completo en 1461 años; como comenzó el ciclo en el 139 d.C., el anterior había empezado en el 1322 a.C. Retrocediendo 178 años más, los que habían transcurrido desde la renovación, se obtienen exactamente 1500, o sea, el año de la muerte de Tutmosis II, sin que las crónicas nos digan cómo ni por qué murió. ¿A qué se debe este silencio indudablemente deliberado ya que afecta a un gran personaje?

Situémonos en el reinado de Tutmosis I, el padre del que nos interesa. Tuvo tres hijos y una hija. Sus dos hijos mayores murieron a edad temprana y el rey, al parecer haciendo caso omiso de su otro hijo, volcó su afecto en su única hija, la irresistible Hatshepsut. Tutmosis murió en el duodécimo año de su reinado, esto es en 1520 a.C., y su hijo menor fue declarado rey con el hombre de Djhathimes, o Tutmosis II, siguiendo la transcripción fonética de Manetón. La madre de éste no era más que una concubina de Tutmosis I, en tanto que la princesa Hatshepsut era hija de Hemtenphut, a su vez hija de Amosis. Por tanto, Hatshepsut tenía una sangre mucho más noble aunque sólo quince años. Fue obligada a casarse con su medio hermano Tutmosis II con lo que se convirtió, para bien o para mal, en reina consorte únicamente, un papel secundario. Aunque de la pareja nació una hija, Nefruret, se separaron durante bastante tiempo. El rey iba siendo relegado poco a poco a un segundo término mientras que su esposa, de carácter fuerte, iba tomando cada vez más poder; las quejas respecto de la debilidad de su esposo empezaban a dar fruto. En el decimoséptimo año del reinado de de Tutmosis II, estuvo a punto de conseguir su objetivo, pero éste, advertido del complot, mostró una fortaleza poco habitual, y a Hatshepsut no le quedó otro remedio que poner al mal tiempo buena cara reconciliándose, al menos aparentemente, con su esposo. Esta frágil armonía trajo el nacimiento de otra criatura, desgracidamente niña, con lo que volvieron las desavenencias en la pareja.

Durante la primera separación de su esposa, Tutmosis II había tenido un hijo con una concubina, el cual cumplió dieciséis años por aquel entonces y se encontraba haciendo su noviciado en la Casa de la Vida de los sacerdotes de Amón. Tutmosis II para humillar a Hatshepsut lo nombró corregente. La reina consorte montó en cólera y es probable que fuera ella quien, por medio del Consejo de los Nobles, que estaban a su servicio, empujara al Faraón a perseguir a los judíos que huían de Egipto junto con los egipcios monoteístas de Ptah Uno, que, no pudiendo soportar el impío ascenso de Amón en aquel segundo corazón de Ptah, huían también. Desear la muerte del Faraón era al mismo tiempo la última esperanza de la reina consorte. Un crimen de lesa majestad. Y el rey murió repentinamente durante la persecución, pero nadie mencionó en lugar alguno cómo se produjo su muerte. Habría sus buenos motivos para ello. Seguro.

Tutmosis III subió al trono y es curioso que el arquitecto real, Senmut, escribió a modo de nota biográfica: «Djhathimes (Tutmosis III) se convirtió en Per Aha sucediendo a su padre, pero fue la reina consorte Hatshepsut quien gobernó Egipto debido a su talento». Está claro, fue ella la que ordenó que no se hablase del final del Faraón precedente. Su talento fue tal que en el noveno año del reinado de Tutmosis III, consiguió hacerse proclamar Faraón de pleno derecho con el nombre de Maatkara, el Amenset de Manetón y Champollion.

Conclusión: En el 1500 a.C. Moisés atravesó el Mar Rojo perseguidos por el ejército de Tutmosis II que murió en esta campaña. ¿Asesinado? Posiblemente, pero en cualquier caso la fecha es clara y aritméticamente deducible si manejamos los textos de Clemente de Alejandría armonizados con los de Censorino y el decreto de Ptolomeo. Las referencias astronómicas de estos documentos también concuerdan con el contenido del papiro de Ebers y este tipo de confirmación da seguridad. Ciertamente fue Amosis quien expulsó a los hicsos y Tutmosis quien persiguió a Moisés.
 

Fuente: Foro de www.egipto.com ; http://www.egipto.com/cgibin/forum2004/showthread.php?t=5235

 


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