Akhy - Egipto

 

Akhy-Egipto

 

Creaciones

Por Ankhsenamón / Khemet_Sematawy

 Las Escapadas de Akhenatón

 

Nos encontramos bajo el reinado del Señor de las Dos Tierras Amenofhis III, y de su Gran Esposa Real Tiyi.

Todo es esplendor, paz y lujo en el Imperio, y el protocolo dirige las vidas de los mas altos dignatarios, incluidos los monarcas de las Dos Tierras.

Pero un niño huye de todo eso, es el príncipe Amenofhis, que arto de tanto protocolo, y ritos religiosos, se escabulle de Palacio y pasea disfrutando de la naturaleza.

-Es algo maravilloso- dijo el niño cuando en su primera escapada descubrió la hermosura iluminada por el sol que había al otro lado de las puertas de Palacio.

Se juntó con unos humildes niños que jugaban en el río, y les preguntó:

-¿Puedo jugar con vosotros?

-¡Claro!- respondió uno de ellos.

Y juntos empezaron a jugar en el río.

Amenofhis disfrutó más que nunca, más incluso que en los juegos que hacía con otros hijos de la nobleza

A la hora de la comida, los niños se ofrecieron a acompañarle a casa. Pero él les dijo:

-Muchas gracias, pero no.

Se extrañaron mucho cuando vieron a su nuevo compañero de juegos dirigirse a Palacio.

Ya allí, su nodriza le echó la bronca por escaparse y estar mojado.

-Pero hijo mío, ¿dónde has estado?, ¡nos has preocupado tanto que incluso hasta tus reales padres han cancelado todo lo que tenían previsto hasta que aparecieses! ¡encima mojado! ¡ahora mismo te arreglarás para ir al encuentro de sus majestades!

Después de arreglarse, fue a presencia de sus padres, que felices de verle le abrazaron:

-¡Oh hijo mío nos has preocupado tanto!

-Estuve en el río, y jugué con unos nuevos amigos sin preocuparme por asuntos como la ropa y las joyas.

Los padres le dijeron que podía hacer sus escapadas cuando se le antojase, pero que no se alejase demasiado.

Así el príncipe tuvo permiso para corretear fuera de Palacio como un niño normal. A pesar de que los sacerdotes les dijesen a los monarcas que no era conveniente que un príncipe estuviese por ahí, a riesgo de sufrir un atentado o un accidente.

Pero Tiyi y Amenifhis mantuvieron su postura diciéndoles:

-Dejad que disfrute mientras aún no esté llamado a reinar.

Pero sus escapadas, empezaron a cambiar las creencias de Amenofhis.

Contemplando el paisaje, comprendió que todo existía gracias a que el Sol  iluminaba y calentaba la Tierra.

Empezó entonces a creer en un dios único, en el disco solar, en Atón.

Y no ocultó a nadie sus creencias, es más, empezó a convencer a la gente que Atón era el único dios.

A los sacerdotes de Amón, no les estaba gustando eso, y así se lo hicieron saber a la Pareja Real.

Pero ellos, al ver que también los que  poderosos y orgullosos sacerdotes de Amón empezaban a ver vacilar su poder, animaron a su hijo a seguir adelante, e instándole a que hiciese las escapadas.

En cierta ocasión, les dijo a sus padres:

-La Familia Real se aleja del pueblo de Egipto.

-No entiendo- respondió Amenofhis III- ¿no vivimos acaso en Weset, la más grande de las ciudades?

El príncipe insistió:

-El pueblo no se refleja en la Familia Real, les parecemos distantes.

Para que lo comprendiesen mejor, les propuso hacer una escapada con él, y que viesen de cerca al pueblo.

Ellos aceptaron, les divertía la idea.

Así, un día colocaron a dos sirvientes en la Alcoba Real para que fingiesen ser la Pareja Real, y que dijesen que se encontraban enfermos.

Aquel día de escapada, el príncipe les mostró las representaciones humildes en las que se representaban a gente de un bajo estatus.

En ellas había más realismo que en las representaciones reales.

-Son más realistas, aquí podemos ver sus defectos, mientras que en las reales no- les dijo señalándoles la representación- para ser más cercanos al pueblo, creo que las representaciones reales deberían ser mas realistas.

Les mostró la naturaleza en todo su esplendor, y les dijo:

-Es Atón, el padre y madre de todas las cosas quien lo ha creado, sin él no habría nada.

Los monarcas de Egipto tiraron al príncipe al río y este les invitó al baño, y les hizo un par de aguadillas.

-¡Que libertad fuera del protocolo!- exclamó el faraón.

Regresaron a palacio, donde empezaron a  cambiar las cosas.

Con el tiempo, Amenofhis creció, y dejó de tener el privilegio (así lo consideraba) de pasear bajo la luz de Atón por la orillas del río.

Conoció a la hermosa Nefertiti, con quien se las ingenió para salir a las orillas del Nilo, y disfrutar del paisaje iluminado por los rayos de Atón

La excusa que utilizaban era comúnmente:

-Nos vamos al banquete.

Pero claro, en vez de ir al banquete iban al río a bañarse.

Cuando llegaban a palacio todos mojados, Amenofhis y Nefertiti, solían decir:

-Hicimos juegos acuáticos.

Lo cual era una verdad a medias.

Cuando Amenofhis III y Tiyi, nombraron regente a Amenofhis (como Amenofhis IV) inesperadamente, entonces si que no pudieron huir de sus obligaciones.

Los sacerdotes de Amón no querían que fuese él el sucesor, y así se lo hicieron saber a la pareja reinante.

Estos le respondieron:

-Es nuestro hijo, y así lo hemos dispuesto.

Cuando Amenofhis III falleció, Amenofhis IV, cambió de nombre a Akhenatón, y trasladaron la capital a Akhetatón, pues ya había empezado a tener tensiones con los sacerdotes de Amón.

Ya en Akhetatón, Akheanatón y NeferneferuAtón Nefertiti, dedicaron su reinado a la paz y a su familia.

Así le decía Akhenatón a su mujer y reina Nefertiti, en las tardes que disfrutaban con sus hijas:

-Es una lástima que la niñez y la juventud pasen tan rápido- y señalaba a sus hijas- echo de menos nuestras escapadas.

Parecía que la necesidad de hacer escapadas era algo genético, pues no había día en que alguna de sus hijas se escaparan, al principio solas, y luego con sus maridos.

A las hijas del faraón les encantaba ir de incógnito, y sentirse como unas mas del populacho, que siempre había en las calles.

-Aprovechad, aprovechad-  dijo en cierta ocasión Akhenatón mientras observaba a escondidas como se escapaban su 3ª hija Ankhesenpaatón y Tutankhatón de una clase de gramática- que pronto las obligaciones no os lo permitirán.

A Ankhesenpaatón y Tutankatón les sorprendió verse casados, pero siguieron haciendo escapadas.

-Cuando me casé- comentó la Gran Madre Tiyi- no pude hacer esta clase de escapadas, y aún y así, ellos las hacen.

-Mi sangre es fuerte- le respondió Akhenatón- dejarán de hacer escapadas, cuando las obligaciones más fuertes les envuelvan en sus redes.

Nadie supuso que Tutankatón y Ankhesenpaatón llegarían a gobernar las Dos Tierras, pero las cosas se pusieron difíciles cuando Smenkare, el regente, falleció, y antes que él Beketatón.

-Prometedme-  les dijo Akhenatón a Tutankatón y Ankhesenpaatón cuando se disponía a reunirse con su padre Atón- que pase lo que pase, haréis escapadas, y así yo viva con vosotros disfrutando de la luz de Atón.

-Lo prometemos- respondieron.

A pesar de gobernar las Dos Tierras, hicieron como prometieron a Akhenatón las escapadas que les daba aire fresca entre tanto protocolo, y celebraciones religiosas.

Pero la sangre de Akhenatón se detuvo ahí, a los 18 años Tutankamón fue asesinado, y tras casarse con Ay, Ankhesenamón también falleció.

No dejaron descendientes, y tampoco lo hicieron sus hermanas. Ni si quiera la hermana de Nefertiti que se casó con Horemheb (general durante los reinados Amenofhis III, Smenkare, Tutankhatón (Tutankhamón) y Ay), dejó descendencia.

Ahí se quedaron pues los genes aficionados a escapadas de Akhenatón y Nefertiti (de Amenofhis III y Tiyi también aunque en menor medida).


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