Akhy - Egipto
Akhy-Egipto
Creaciones
Por Amenofhis III
El Linaje de los Hijos de Ra
Y dijo Ra:
-Id a buscar a mi hija Hathor, que vengan Shu y Tefnet, junto con Geb y Nut. Haced llegar a los oscuros de Ogdoad, junto con Num. Que acudan Thot, Osiris y Seth con sus esposas. Que de los desiertos vengan Anubis y Upuaut.
De todo Egipto llegaron los hijos de Ra, y al rededor de él, tomaron asiento para oír lo que el Creador iba a decirles:
-¡Desde los albores de los tiempos, he senntado a mis hijos al frente de las Dos Tierras! ¡Para mi se han levantado pirámides, obeliscos y santuarios! Decidme entonces, ¿por qué ahora sobre el trono de Egipto brilla una luz que no es la de Ra?
Su cólera era poderosa, y por supuesto, ninguno de sus hijos se atrevió a hablar, y continuó el poderoso dios:
-¡Atón se ha revelado contra mi, conocedor de que jamás yo osaría destruir la vida de Egipto, pero mi paciencia ha llegado a su fin! No habrá ya otro amanecer bajo la Luz de la Vida.
Todos y cada uno de los allí presentes, murmuraron sorprendidos. ¿Realmente iba Ra a destruir Egipto? Y Amón le dijo a Ra:
-¿En serio deseas terminar con el sueño del hombre, a la vida que surgió de tus lágrimas?
Ra pareció meditar un instante, y le contestó a Amón:
-Hace ya demasiados años que el trono ha sido usurpado. Durante catorce crecidas, Atón ha iluminado las Dos Tierras con una falsa luz. ¿Acaso no es hora de borrar las huellas del pecado?
Entonces Thot, el señor de las palabras habló a Ra:
-¡El hombre es el hijo de la Luz! ¿Cómo peermitir que camine por el valle de la oscuridad? En el corazón del hombre todavía habita la Luz de la Vida.
-No creo en la bondad del hombre, pero si acaso conseguís que el corazón humano se abra, y la vida vuelva a germinar de su interior, yo mismo colocaré un linaje sobre Egipto, y no creado con mis lágrimas, sino con mi propia sangre.
Así sucedió que Hathor, tomando su forma de leona, bajó a los desiertos, y cuando la noche cayó sobre la Ciudad del Horizonte de Atón, se le apareció al faraón mientras dormía.
-¡Salud, Fuerza y Vida, Señor de las Dos CCoronas! Tú que representas la abeja y el junco, el sol que amanece y el sol que se oculta, ¿cómo has podido ser engañado por la luz de las tinieblas?
Y el faraón, muy impresionado por la visión, le preguntó:
-¿Qué extraño demonio eres, por qué promullgas ofensas contra la Luz Única?
-Has de saber que Atón tan solo desea tus cetros de poder, y que muy pronto, la muerte caerá sobre tu ciudad, y sobre la familia real. La ira de Atón es poderosa e implacable, faraón.
Y desapareció Hathor del sueño del rey, pero antes de regresar de nuevo a los desiertos, visitó a la princesa primogénita del faraón, y mientras dormía, la sedujo con una mortal caricia.
Ocurrió que al amanecer, el Señor de las Dos Tierras descubrió horrorizado que la visión que lo había visitado tenía razón. Pero, aún habiendo enterrado a su pequeña princesa, continuó Akenatón adorando al disco solar, de nombre Atón. Y el Ojo del Sol regresó de los desiertos, y visitó a la segunda hija del faraón, y la sedujo con una mortal caricia.
Amaneció nuevamente la Ciudad del Horizonte de Atón con la terrible noticia. Realmente, la ira de Atón era implacable y poderosa. Y observó el rey a su esposa, y a sus tres hijitas que aún respiraban. Entonces, mirando al sol gritó:
-¡OH Ra, Creador del cielo! ¿Cómo he podiddo estar tan ciego? Perdona tú a éste siervo tuyo, y permite que la Luz de la Vida ilumine nuevamente el corazón del hombre.
Y el rey, sintiéndose culpable por la muerte de sus dos hijitas, colocó al frente de Egipto a un hijo suyo, y le dijo:
-¡Tú serás la Luz que gobierne Egipto, tú demostrarás que El Ka de Ra está firmemente establecido! Así pues, ese será tu nombre, Smenkhkhare. Yo ya no soy digno de habitar bajo la Doble Corona, pero tú, hijo mío, serás el renacer de la Luz de la Vida.
Y así fue como Atón se vio en peligro. Acostumbrado a la vida lujosa que las ofrendas le garantizaban, se negó a verse destronado. Y antes de que el sol se ocultase en el horizonte, sedujo Atón al nuevo rey, con una mortal caricia.
Llegó el caos a las Dos Tierras, pues todo el mundo temía esos terribles momentos en los que Egipto se halla sin la protección de su faraón. Pero, como había ocurrido desde la histórica reconquista, colocó Amón a uno de sus hijos sobre el Sillón de Oro.
-¡Tú serás carne de mi carne -le dijo-, y por tanto, tu nombre será El Símbolo Viviente de Amón! Seas pues tú mi amado hijo Tutankhamón.
Y fue Atón conducido ante Ra, y en la Sala de las Dos Verdades fue juzgado y hallado culpable de traición. Su condena fue la más horrible y la más severa de las penas, pues se vio obligado a vagar por los reinos de Sokaris, condenado a morar eternamente los valles tenebrosos.
Así fué como la alegría rehabitó las Dos Tierras, y los corazones se alegraron. Poco a poco Ra iba comprobando, satisfecho que la vida germinaba de nuevo en el Valle del Nilo. Pero, sucedió una noche que Atón regresó de las tinieblas, y se apareció al joven monarca, y lo sedujo con una mortal caricia.
Viéndolo tan joven y tan indefenso ante la muerte, le dijo Amón a su hijo:
-¡Oh, hijo mío, que cruel ha sido este fallso dios! ¡Pero yo te protegeré eternamente de las arenas y de los merodeadores que rondan a menudo la Gran Pradera. Tu eternidad será envidiada por todos y cada uno de los hijos de Ra.
Y de nuevo el caos se apoderó de Egipto, y aprovechando la confusión, Atón poseyó un corazón humano. Dispuesto a gobernar, juró fidelidad ante el trono de Ra, y así subió al Sillón de Oro un nuevo faraón, y todos lo llamaron el Divino Padre. Y así fue como la normalidad comenzó a peligrar, pues por los pasillos del palacio real, se dejaron oír nuevamente los cánticos en honor a Atón.
Y Ra, que es muy astuto, descubrió la identidad de Atón, oculto tras el semblante humano, y la cólera del Ojo del Sol emergió de los desiertos, y sedujo al faraón con una mortal caricia.
Y dijo Horus:
-¡Este va y ven de reyes, me disgusta en ddemasía, padre mío! ¿Acaso no soy yo el protector de la realeza? Pues, que así sea, y que ni Amón ni ningún otro dios coloque al sucesor, sino yo mismo.
Y así fue, como el nuevo Señor de las Dos Tierras miró al Horizonte y proclamó:
-¡Yo soy el Horus Jubiloso! , y éste será el nombre que se verá en los muros sagrados. Y los descendientes de mis hijos sabrán que fue Horemheb el sucesor directo del último gran faraón, el Gran Amenhotep, el tercero de su linaje.
Y tal como Ra había prometido, cuando el Horus Jubiloso hubo cumplido con su cometido, se le apareció en su último aliento y le dijo:
-¡No sufras, hijo mío, pues tras de ti gobbernará un gran linaje, que yo mismo crearé a partir de mi propia sangre. Ellos verán la Luz de la Vida, pues será Ra quien los engendre. Así pues, ése será su nombre, y con este nombre se dará a conocer tu heredero, el primero de los Ramsés, el que comenzará el linaje de los hijos de Ra.
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