Akhy - Egipto
Akhy-Egipto
Creaciones
Por Amenofhis III
El Dios Luna está en Plenitud
En un instante, Meriré cerró sus ojos. Se dejó abrazar por las dos damas, y su corazón comenzó a latir un poco más despacio, más despacio... más despacio.
Al contrario de lo que hubiese temido, el veneno había sido indoloro, y por lo tanto, su paso al Más Allá transcurrió felizmente. Dado que él era el Primer Profeta de Amón, al Señor de Tebas se encomendó justo antes de beber el mortal líquido, y en medio de un baño de colores mágicos, fue recibido a las puertas de la Sala de las Dos Verdades.
Qué intenso momento de gloria. Qué muerte tan gratificante había sido la suya, en pro de la salvación de su ciudad y las gentes que en ella moraban. Dos días antes, había sido llamado al Bajo Egipto, al palacio del nuevo gobernante. Desde hacía veinte años, gobernaban sobre el Bajo Egipto un linaje de soberanos extranjeros, que tras haber derrotado al ejército del faraón, se habían apoderado de la mitad del país. Afortunadamente, casi todas las ciudades del Alto Egipto continuaban gozando de un poco de la vida cotidiana, y a su vez tan necesaria; y en el futuro, Merire le había garantizado al Alto Egipto días de estabilidad duradera, independiente del nuevo gobierno que se alzaba en el Delta del Nilo.
Estando agonizando el hijo único del emperador, éste había reclamado la presencia del médico más poderoso y sabio de Egipto, que era Merire. "Salva la vida de mi hijo, y a cambio prometo darte cualquier cosa que me pidas". Merire sabía que si le hubiese pedido que abandonase Egipto, probablemente le habría cortado el cuello allí mismo, así que lo que el médico de Tebas exigió a cambio, fue, mediante un juramento solemne, la garantía de que el Alto Egipto y sobre todo Tebas, gozarían de una protección indefinida, y que no se segaría nunca más la vida de un egipcio.
Habiendo aceptado el emperador, que era el jefe de los pueblos extranjeros, hizo Merire un exhaustivo reconocimiento al enfermo; y al concluirlo, dictaminó: " Es una enfermedad que conozco y podré curar". Así pues, preparó Merire una pócima mágica cargada con los poderes regeneradores de vida que proporcionaba el Ojo de Sol, con grasa de toro que proporcionaba resistencia contra la enfermedad y con jugo de savia mezclado con cera de abeja. Proporcionaba así Merire, una garantía de vida, salud y fuerza, para asegurar al enfermo una completa recuperación.
Sucedió que al anochecer, el Primer Profeta de Amón se había retirado a descansar, impaciente por el nuevo día y ver el desarrollo de la pócima mágica. Súbitamente, cayó preso de un extraño sueño, en el cual se le apareció Amón, con gesto de inquietud.
-¿Qué extraño pacto has jurado, Merire, ttú que eres mi única representación sobre Egipto, puesto que ya no reina faraón sobre las Dos Tierras? -le preguntó Amón.
Y le dijo también, que Ra en persona era el que reclamaba la vida del hijo del emperador. Si realmente había dado aquel brebaje sanador al enfermo, Merire debería entregar su vida a cambio de la del enfermo.
Y sin dudarlo ni un segundo, aceptó la condición, a cambio de que una felicidad que devolviese al Alto Egipto una ilusión de libertad.
Y así fue como, al amanecer, se despertó el hijo del emperador, con buena salud, y lleno de fuerza, con tanta vida que parecía imposible que tan solo unas horas antes, rondase el umbral de la muerte. Y para celebrarlo, organizó el emperador una gran fiesta en todo Egipto. Se celebraron banquetes a lo largo del Nilo, y con los banquetes, los soldados del emperador bebieron vino y cerveza hasta la saciedad. Cuando la embriaguez se hubo apoderado de ellos, comenzaron los incendios, los saqueos y las muertes en todas las poblaciones de Egipto. Aún habiéndolo prometido, el emperador no hizo sino, alabar e incitar la situación. Realmente, no había roto su palabra, puesto que un corazón plagado de espinas, carece totalmente de honor.
Cuando hubo llegado Merire a presencia de Maat, la diosa de la verdad y la justicia, comprobó horrorizado la tragedia que envolvía a su pueblo, y le dijo Amón:
-¡Ya te lo advertí, Merire, cuando te dijje que tú eras mi representación sobre Egipto, puesto que ya no existía faraón! ¿Crees que si hubiese reinado un faraón sobre las Dos Tierras, hubiese creído en la palabra del señor de las tinieblas?
Y fue Merire quien, en medio de sus lágrimas, imploró justicia a los Nueve Dioses, a la Duat, a Amón y a Ra diciendo:
-¿En que hora habéis abandonado las Dos TTierras, que desde el principio de los tiempos ha levantado en toda su extensión, moradas para los dioses, unos dioses que ahora se niegan a escuchar los lamentos que recorren el Nilo de orilla en orilla?
Y se sintió Ra conmovido, y herido, puesto que lo que Merire había dicho, era verdad. Así, Ra llamó a Khnum, y le instó a moldar en su torno sagrado de vida, la figura de un ser humano. Y le dijo a Isis:
-¡Tú, Dama de la Magia, acude sin demora con tus siete escorpiones, y extermina toda la vida que more en el interior del palacio del gobernador extranjero!
Y le dijo Ra a Thot:
-¡Tú, Señor de las Palabras, toma este seer inerte de arcilla e imprégnalo con tu sabiduría; y mediante tu forma sagrada de la luna, el ojo nocturno, dótalo de la fuerza del toro, puesto que la luna es un dios guerrero! ¡Que este ser nazca, engendrado con la fuerza de todos los dioses, y que su única razón de existencia sea el devolver la libertad a las Dos Tierras!
Y viajó Isis al Delta del Nilo, con sus siete escorpiones, y sembró la muere en la morada del Señor de las Tinieblas. Pero hubo sobrevivido el hijo del emperador, el cual, dotado todavía de la Salud, Fuerza y Vida que Merire le había otorgado con la pócima mágica, juró que hasta el fin de sus días, su única fijación sería el exterminio de Egipto.
Y viajó Thot hasta Tebas, y allí donde la familia real residía, se coló en los sueños de la Gran Esposa Real, y con su forma de disco solar nocturno, le habló Thot:
-¡En tu vientre deposito este ser de arciilla, el cual ha sido moldeado por Khnum, el dios alfarero de vida, por orden de Ra, el cual le ha otorgado todo su poder! ¡Que nazca sano, y edúcalo en la rectitud y el amor por las Dos Tierras. Incúlcale el sentido de la nobleza y de la necesidad de la Justicia, pues en su mano, residirá la libertad de Egipto!
Y fue así, que la Gran Esposa Real quedó en cinta, y en su vientre llevó la semilla de la libertad. Y cuando hubo visto la Luz de Tebas por primera vez, vieron que era una mujer la que había sido moldeada por Ra; y la reina la llamó "El dios luna está en plenitud", y supo la reina que de su educación dependía la felicidad de un Egipto, nuevamente unificado.
Y cuando el momento hubiese llegado, habría un combate entre los dos guerreros, "El dios luna está en plenitud" y el extranjero que había jurado muerte a todos los egipcios. Y el propio Amón, tomaría la forma del brazo de su hija, un brazo cargado con toda la ira y toda la fuerza del universo.
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