Akhy - Egipto

 

ANTIGUO EGIPTO

 

Personajes de Egipto

Por Amenofhis III

Los grandes egiptólogos

Howard Carter y Tutankhamón

 

El cinco de noviembre de 1922, Howard Carter llega al Valle de los Reyes, como tantos otros días. Pero supo que algo sucedía. Un silencio especial bañaba al Valle. La ausencia de cánticos, de palabras, de ruido, era anormal. Un obrero había descubierto un peldaño, y cuando Carter manda continuar  la retirada de escombro, aparece un segundo peldaño, y un tercero, y un cuarto.... hasta doce peldaños. Carter compara las formas de la escalera con las de la reina Tuya y Yuya... y no hay duda, son de la XVIII Dinastía, y sin duda, un escondrijo. La escalera esta muy bien tallada. El hipogeo es magnífico. Carter desciende, y su corazón se para en seco... una puerta con el sello real intacto... el sello de la necrópolis tebana. No estaba en un escondrijo, sino en una Morada Para La Eternidad, ¿la única intacta de todo el Valle? Tenía que cerrar el paso a la entrada, y coloca una enorme piedra en las escaleras, con el sello de armas de Lord Carnarvon.

  El 23 de noviembre, en presencia de Lord Carnarvon, Howard Carter y Ahmed Girigar, se vuelve a despejar la escalera. Los tres hombres descienden  por aquellos peldaños de tres mil años de antiguedad, y por primera vez, la parte baja de la puerta. También sellada, con el sello de la necrópolis, y...¡Un cartucho real, con un nombre totalmente legible...TUTANKHAMON!

   La alegría se convirtió en locura. Abrazos, risas y lágrimas. El corazón de Howard lloraba de felicidad. No era un loco, no, era el más brillante arqueólogo. Ante la puerta, hay un sin fin de objetos con los  nombres de Tutmosis III, Amenhotep III y unos escarabeos con los nombres de Akhenatón y Smenkhare. Conclusión: no es una morada de eternidad, sino un escondrijo... pero ¿y el nombre del cartucho? Solo hay una solución para salir de aquella tortuosa duda: entrar en el hipogeo.

  La actitud del Servicio de Antiguedades es asombrosa. Lacau, sucesor de Maspero no hace caso, y cree que Carter solo ha encontrado un escondrijo insignificante.  Carter y Carnarvon están solos, ante un portón de 1.70 mts de ancho y 1.00 mts de grosor. Flanquean la puerta, y se hallan en un corredor de 7.60 mts de largo, lleno de cascotes. Dos días de trabajo para quitarlos, y mientras  Carter va tomando nota de todo lo que se encuentra. El corredor termina en una segunda puerta, también sellada...¡Increíble! Cuidadosamente, Carter practica una abertura, y pese a la poca iluminación, mira al interior. <¿Vé usted algo?>, pregunta Carnarvon... <¡Si, cosas maravillosas!>. De las tinieblas surgen extrañas figuras. Animales, estatuas... el más fabuloso tesoro jamás hallado en Egipto. Desde entonces, Carter triunfa. Convertido en egipcio a los 18 años, ha llegado al fin a su destino: Tutankhamon.

   Se cruza una segunda puerta, una estancia de 8.00 mts de longitud y de 3.60 de ancho, fué denominada por Carter como "la antecámara". Blanqueados con yeso, los muros no estaban decorados. Cuatro carros desmontados, jarrones, un trono de oro, cetros, trompetas, joyas, vestidos, sandalias... un mobiliario fúnebre hermosísismo.

  A finales de 1923 se había iniciado el vaciado de la antecámara. Se etiquetó cada objeto, se cuadriculó la morada de eternidad. La morada de eternidad de Seti II se convirtió en un laboratorio.

   A la izquierda de la antecámara había otra más pequeña, pero llena de objetos. Un Anubis tendido sobre un gran cofre observaba a Carter, con sus ojos impasibles y llenos de vida, custodiando el umbral del tesoro. Aparecieron dos fetos de seis y siete meses, una estatuilla de oro macizo de Amenhotep III en un sarcófago dorado, un rizo de los cabellos de color caoba de la reina Tiy.

  Carter estaba asombrado. El plano de aquel hipogeo era fantástico, ningún otro se le parecía. Así, el 17 de febrero de 1923, Howard abrió la puerta sellada de la pared norte de la antecámara. El 6 de abril de 1923 fallece Lord Carnarvon.

   De las cuatro estancias que componen el hipogeo, la cámara funeraria es la única que está decorada. Se puede ver el funeral de Tutankhamón, la ceremonia de la Apertura de la Boca y los Ojos, hecha por su sucesor Ay. La primera capilla es de madera dorada con incrustaciones de bronce dorado. Carter fue el primero en tirar de los pestillos de ébano, desde el día del año de 1327 a.C. cuando el ritualista cerró la cámara. Los cerrojos de la tercera capilla también estaban intáctos. La cuarta cámara contenía un receptáculo de gres con una diosa en cada esquina. El 12 de febrero de 1924, las capillas se habían desmontado ya y Carter se preparaba para abrir el sarcófago, que en realidad eran tres. El primero de madera, el segundo cubierto por láminas de oro y el tercero de oro macizo. Hubo un paréntesis de trabajo en esa fecha, debido a una mala jugada de Pierre Lacau, sucesor de Masperó, el cual prohibió la entrada a Carter a la morada de Tutankhamón. Denunció al Servicio de Antigüedades, pero perdió el pleito. Carter abandonó Egipto y se dedicó a dar conferencias por los Estados Unidos, teniendo un gran éxito.

  Pero en el Valle de los Reyes, la cosa era muy distinta. El Servicio tenía en sus manos el mayor tesoro jamás hallado, pero nadie se atrevía a reemplazar a Carter. Al final, con cincuenta y cuatro años, Carter regresó a su segundo hogar, su amado Egipto. Reunió a su equipo y volvió al trabajo.

  El 28 de octubre de 1925, Carter abre el tercer sarcófago, protegido por las alas de Isis y Nefthys. Aparece ante sus ojos la máscara de oro, ciento cincuenta y tres joyas y amuletos. Sarcófago y ornamentos tenían un peso de 1.110 kilos. En 1931, Howard Carter mandó los paneles de las capillas al Museo de El Cairo, donde fueron montadas de nuevo. En 1932, la morada de eternidad de Tutankhamón estaba vacía, y la excavación más maravillosa y fascinante de toda la historia había terminado.

  Se ha hecho un exhaustivo examen a la momia, que hoy día reposa en su sarcófago.

  Pese a que Howard Carter ha sido el más famoso excavador y descubridor de todo Egipto, no recibió ningún mérito, ni por sus colegas ni por el gobierno egipcio. Fue un trabajador encarnizado. Amigo, amante y esposo del Valle de los Reyes, regresó en muchas ocasiones a Egipto, pero jamás volvió a excavar. Morirá en Londres, en 1939. Ese día, se juntaron dos estrellas en el pasillo de la eternidad, dos almas gemelas que tuvieron que esperar 3000 años para que el destino volviera a unirlos.

 

            HOWARD CARTER, 1874-1939

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