MODELO PARA LA TOMA DE DECISIONES

 

Trabajo No. 2

Alexander Vargas

 

 

Pronostico del Futuro

 

La civilización acelerada en que vivimos nos aporta tiempos de incertidumbre, consecuencia lógica del aumento de nuestras posibilidades de acción. Aunque nunca hayamos dispuesto de tantos datos acerca del mundo y de nosotros mismos, el futuro es cada vez menos transparente. Por ejemplo, cualquier profesión se ve hoy obligada a desarrollar una particular anticipación del futuro. El futuro es demasiado importante para dejarlo exclusivamente en manos de los futurólogos. Cada uno ha de aprender a pronosticar su futuro si quiere saber cómo pueden ser las cosas y actuar sobre ellas.

El futuro es una dimensión que los seres humanos tenemos que manejar de alguna manera, es por esto que hablamos del pronostico del futuro. Sin esa referencia al futuro no serían posibles muchas cosas específicamente humanas, como todas las que requieren previsión o suponen la capacidad de anticipar escenarios futuros; pero si el porvenir estuviera a nuestra completa disposición, la vida carecería de la imprevisión y el riesgo propios de lo humano. El hombre tiene que anticipar el futuro sabiendo que eso no lo convertirá en una magnitud dócil. La anticipación del provenir posee un carácter tentativo y provisorio, tan racional es el intento de prever el futuro como la disposición de corregir nuestras previsiones contrastándolas con el pasado.

Vivimos actualmente con perspectivas de futuro extremadamente inciertas. Lamentamos la carencia de conceptos y procedimientos abarcadores. Tal vez por eso hablamos tanto de lo que nos espera, como si aguardáramos de su invocación alguna certeza. Cabría decir que la reiteración del discurso acerca del futuro es inversamente proporcional a su conocimiento. Cuanto más se habla del futuro, tanto menos se sabe de él. Las culturas, civilizaciones y momentos históricos en los que el futuro apenas es tema de reflexión manifiestan una certidumbre acerca del porvenir de la que carecen quienes parecen obligados a discutir insistentemente sobre él.

Cualquier profesión se ve hoy obligada a desarrollar una particular anticipación del futuro. Ya no es esta una actividad monopolizada por, videntes, forecasters y futurólogos de todo tipo.

Pronosticar el Futuro visto desde la óptica empresarial y gerencial, visión que debemos abordar para desarrollar el tema en este momento, indudablemente esta referido a la planificación a mediano y corto plazo que deben realizar las organizaciones para poder afrontar las dificultades y oportunidades que tendrá durante su permanencia en el tiempo.  

La planificación de una organización comienza con el diseño de un  Plan Estratégico que abarque desde un mínimo de tres años hasta un máximo de 5 años, dependiendo de las condiciones económicas de cada nación y de las expectativas de cada empresa e institución. Para el diseño de este Plan Estratégico es necesario considerar múltiples factores positivos y negativos dentro de los cuales deberá desarrollarse las acciones que sean determinadas realizar. Algunos de los aspectos a considerar  son los siguientes:

El estudio de los aspectos mencionados anteriormente y la aplicación de técnicas como el Análisis FODA, finalmente darán origen a varios escenarios de resultados económicos, basados normalmente en tres situaciones:

La dirección de cada una de estas empresas evaluara los escenarios resultantes y decidirá el mas conveniente para fijar las estrategias que regirán sus destinos en los próximos años. Luego se realizaran los planes anuales de corto plazo acordes al plan estratégico a mediano plazo. De acuerdo al resultado real de cada año terminado y los cambios ocurridos en los aspectos revelantes del plan estratégico, este será ajustado en el tiempo.

 

Abundante oferta de pronósticos

La sobreabundancia de pronósticos que cualquiera puede consultar e incluir en sus planificaciones no significa que por fin tengamos a nuestra disposición el futuro. Ocurre al revés: la creciente inseguridad sobre el mundo en el que viviremos dentro de diez o cincuenta años hace necesario el esfuerzo compensatorio para recuperar alguna confianza en nuestras previsiones con los medios artificiales de la ciencia. En el pasado era menos costoso relacionarse con el futuro y por eso era menos sentida la necesidad de agudizar nuestros procedimientos de previsión.

 No es exagerado hablar de nuestra incapacidad colectiva para anticipar el futuro, la inexactitud de las predicciones ha aumentado en comparación con el saber del que disponemos. Todo presente anterior disfrutó de la ventaja cultural extraordinaria de poder decir sobre su propio futuro cosas mucho más exactas de lo que podamos hacerlo nosotros. Ninguna civilización ha sabido tan poco acerca del futuro como la nuestra. La cantidad de las situaciones que modifican las condiciones estructurales de la vida aumenta proporcionalmente al volumen del saber disponible.

Con el concepto de expansión del futuro no solamente se describe la disminución de la distancia cronológica que nos separa de la novedad futura que hemos de tener en cuenta para nuestras actuales decisiones y planificaciones. Es una consecuencia del alargamiento de las cadenas causales que nos vinculan espacial y temporalmente.

La expansión del futuro no es solamente un asunto de la gran tecnología, las organizaciones económicas o los actores políticos; también incide en la experiencia cotidiana de cualquiera. Los calendarios, por ejemplo, ofrecen cada vez más posibilidades de previsión para futuros muy lejanos.

 

La exploración imaginativa del futuro

La investigación del futuro no es propiamente una nueva disciplina científica; es un gran esfuerzo para aprovechar el potencial anticipatorio de las diversas ciencias. Cuando las cosas cambian con mucha rapidez, los datos del presente son menos relevantes para adoptar una decisión; por eso resulta necesario trabajar sobre imágenes de uno mismo e interpretar los signos de los tiempos.

Nuestros intentos de asegurar el control de la realidad mediante procedimientos científicos cumple la función de una prótesis. Ahora bien, ningún instituto de prognosis está en condiciones de reproducir la estabilidad orientadora que antaño aseguraban unas tradiciones vivas, o sea, cuando la futurología apenas tenía sentido. Ahora podemos celebrar nuestra capacidad de anticipación como un verdadero progreso, pero no deberíamos olvidar que esta alegría es comparable a la del corto de vista que se pone unas gafas.

Vivimos en una sociedad tan dinámica que, sin el esfuerzo de la imaginación, el futuro podría escapársenos en el ajetreo de las ocupaciones cotidianas. La elevada complejidad empuja hacia un presentismo sin perspectiva. El ejercicio rutinario de las instituciones, dominado en gran medida por los imperativos de la economía mundial, y su transposición sin la menor perspectiva de futuro impide la corrección de las anomalías no deseadas y el aprovechamiento de las oportunidades comunes. Las innovaciones tecnológicas nos han permitido hasta ahora sobrevivir con conceptos, valores e instituciones que no están a la altura de los tiempos, que no se hacen cargo de los verdaderos problemas. Secretamente todos somos conscientes de que los problemas actuales exigen perspectivas de mayor magnitud.

Una de las principales dificultades para el pronóstico del futuro procede de su carácter insólito, en virtud del cual la extrapolación se ha convertido en un procedimiento anticuado. El futuro ya no puede ser imaginado como una continuación del presente, ni siquiera como una ruptura de la continuidad histórica cuyo germen fuera visible en el momento presente

 

INFOGRAFIA

http://www.arquitectura-tecnica.com/ARTCERCH583.htm

http://www.innovarium.com/Prospectiva/futuro.htm

http://www.mediomundo.net/mm05/ensayo_futuro.php

http://herzog.economia.unam.mx/espacios.html

 

Octubre 2002

 

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