EL
PASTOR DE HERMAS.
  
EL PASTOR DE
HERMAS
Visión Primera
[1]
I. El amo que me crió me vendió a
una tal Roda en Roma. Al cabo de muchos años la encontré de
nuevo, y empecé a amarla como a una hermana. Después de cieno
tiempo la vi bañándose en el río Tíber; y le di la mano, y la
saqué del río. Y, al ver su hermosura, razoné en mi corazón,
diciendo: «Cuán feliz sería si tuviera una esposa así, en
hermosura y en carácter.» Y reflexioné meramente sobre esto, y
nada más. Después de cieno tiempo, cuando estaba dirigiéndome a
Cumas, y glorificando las criaturas de Dios por su grandeza y
esplendor y poder, mientras andaba me quedé dormido. Y el Espíritu
cayó sobre mí y se me llevó por un terreno sin caminos, por el
cual no podía pasar nadie: porque el lugar era muy abrupto, y
quebrado por hendiduras a causa de las aguas. Así pues, cuando
hube cruzado el río, llegué a un país llano, y me arrodillé, y
empecé a orar al Señor y a confesar mis pecados. Entonces,
mientras oraba, se abrió el cielo vi a la señora, a quien había
deseado, saludándome desde el cielo, diciendo: «Buenos días,
Hermas». Y, mirándóla, le dije: «Señora, ¿qué haces aquí?»
Entonces ella me contestó: «Se me ha traído aquí para que te
redarguyera de tus pecados delante del Señor. » Le dije: «¿Es
acerca de ti que me acusas?» «No», dijo ella, «pero oye estas
palabras que te diré. Dios, que reside en los cielos, y creó de
la nada las cosas que son, y aun las aumentó y multiplicó por
amor a su santa Iglesia, está enojado contigo, porque pecaste
contra mí.» Yo le contesté y dije: «¿Pequé contra ti? ¿En
qué forma? ¿Te dije alguna vez alguna palabra inconveniente? ¿No
te consideré siempre como si fueras una diosa? ¿No te respeté
siempre como una hermana? ¿Cómo pudiste acusarme falsamente, señora,
de tal villanía e impureza?» Riendo, ella me dijo: «El deseo
hacia el mal entró en tu corazón. Es más, ¿no crees que es un
acto malo para un justo si el mal deseo entra en su corazón? Es
verdaderamente un pecado, y un pecado grande», dijo ella; «porque
el justo tiene sólo propósitos justos. En tanto que sus propósitos
son rectos, pues, su reputación se mantiene firme en el cielo, y
halla al Señor fácilmente propicio en todo lo que hace. Pero los
que albergan malos propósitos en sus corazones, se acarrean la
muene y la cautividad, especialmente los que reclaman para sí
mismos este mundo presente, y se jactan de sus riquezas, y no se
adhieren a las cosas buenas que han de venir. Sus almas lo
lamentarán, siendo así que no tienen esperanza, sino que se han
abandonado a sí mismos y su vida. Pero ora a Dios, y Él sanará
tus pecados, y los de toda tu casa, y de todos los santos.»
[2] II. Tan
pronto como hubo dicho estas palabras se cerraron los cielos; y yo
fui presa de horror y de pena. Entonces dije dentro de mí: «Si
este pecado es consignado contra mí, ¿cómo puedo ser salvo? ¿O
cómo voy a propiciar a Dios por mis pecados que son patentes y
burdos? ¿O con qué palabras voy a rogar al Señor que me sea
propicio?» En tanto que consideraba y ponderaba estas cosas en mi
corazón, vi delante de mí una gran silla blanca de lana como la
nieve; y allí vino una señora anciana en vestido
resplandeciente, con un libro en las manos, y se sentó sola, y me
saludó: «Buenos días, Hermas.» Entonces yo, apenado y
llorando, dije: «Buenos días, señora.» Y ella me dijo: «¿Por
qué estás tan abatido, Hermas, tú que eres paciente y bien
templado, y siempre estás sonriendo? ¿Por qué estás tan caído
en tu mirada y distante de la alegría?» Y le dije: «A causa de
una de las palabras de una dama excelente contra la cual he
pecado.» Entonces ella dijo: «¡En modo alguno sea así en un
siervo de Dios! Sin embargo, el pensamiento entró en tu corazón
respecto a ella. En los siervos de Dios una intención así
acarrea pecado. Porque es un propósito malo e insano, en un espíritu
devoto que ya ha sido aprobado, el desear algo malo, y
especialmente si es Hermas el templado, que se abstiene de todo
mal deseo y está lleno de toda simplicidad y de gran inocencia.
[3] III. »Con todo, no
es por esto que Dios está enojado contigo, sino con miras a que
puedas convenir a tu familia, que ha obrado mal contra el Señor y
contra vosotros sus padres. Pero por apego a tus hijos tú no les
amonestaste, sino que toleraste que se corrompieran de un modo
espantoso. Por tanto, el Señor está enojado contigo. Pero Él
quiere curar todos tus pecados pasados, que han sido cometidos en
tu familia, jorque a causa de sus pecados e iniquidades tú has
sido corrompido por las cosas de este mundo. Pera la gran
misericordia del Señor tuvo piedad de ti y de tu familia, y te
corroborará, y te afianzará en su gloria. Sólo que no seas
descuidado, sino que cobres ánimo y robustezcas a tu familia.
Porque como el herrero trabajando a martillazos triunfa en la
tarea que quiere, así también el recto discurso repetido
diariamente vence todo mal. No dejes, pues, de reprender a tus
hijos; porque sé que si se arrepienten de todo corazón, serán
inscritos en los libros de vida con los santos.» Después que
hubieron cesado estas palabras suyas, me dijo: «¿Quieres
escucharme mientras leo?» Entonces le dije: «Sí, señora.»
Ella me dijo: «Está atento, y escucha las glorias de Dios.» Yo
escuché con atención y con asombro lo que no tuve poder de
recordar; porque todas las palabras eran terribles, que ningún
hombre puede resistir. Sin embargo, recordé las últimas
palabras, porque eran apropiadas para nosotros y suaves. «He aquí,
el Dios de los ejércitos, que con su poder grande e invisible y
con su gran sabiduría creó el mundo, y con su glorioso propósito
revistió su creación de hermosura, y con su palabra estableció
los cielos, y fundó la tierra sobre las aguas, y con su propia
sabiduría y providencia formó su santa Iglesia, a la cual Él
también bendijo; he aquí, quita los cielos y los montes y las
colinas y los mares, y todas las cosas serán allanadas para sus
elegidos, para que Él pueda cumplirles la promesa que había
hecho con gran gloria y regocijo, siempre y cuando ellos guarden
las ordenanzas de Dios, que han recibido con gran fe.»
[4] IV. Cuando hubo
terminado de leer y se levantó de su silla, se acercaron cuatro jóvenes,
y se llevaron la silla, y partieron hacia Oriente. Entonces ella
me dijo que me acercara y me tocó el pecho, y me dijo: «¿Te
gustó lo que te leí?» Y yo le dije: «Señora, estas últimas
palabras me agradaron, pero las primeras eran difíciles y duras.»
Entonces ella me habló y me dijo: «Estas últimas palabras son
para los justos, pero las primeras eran para los paganos y
rebeldes.» En tanto que ella me estaba hablando, aparecieron dos
hombres y se la llevaron, tomándola por los brazos, y partieron
hacia el punto adonde había ido la silla, hacia Oriente. Y ella
sonrió al partir y, mientras se marchaba, me dijo: «Pónate como
un hombre, Hermas.»
Visión Segunda
[5] I.
Yo iba camino a Cumas, en la misma estación como el año
anterior, y recordaba mi visión del año anterior mientras
andaba; y de nuevo me tomó un Espíritu, y se me llevó al mismo
lugar del año anterior. Cuando llegué al lugar, caí de rodillas
y empecé a orar al Señor, y a glorificar su nombre, porque me
había tenido por digno, y me había dado a conocer mis pecados
anteriores. Pero después que me hube levantado de orar, vi
delante de mí a la señora anciana, a quien había visto el año
anterior, andando y leyendo un librito. Y ella me dijo: «¿Puedes
transmitir estas cosas a los elegidos de Dios?» Y yo le contesté:
«Señora, no puedo recordar tanto; pero dame el librito, para que
lo copie.» «Tómalo», me dijo, «y asegúrate de devolvérmelo.»
Yo lo tomé, y me retiré a ciesto lugar en el campo y lo copié
letra por letra; porque no podía descifrar las sílabas. Cuando
hube terminado las letras del libro, súbitamente me arrancaron el
libro de la mano; pero no pude vér quién lo había hecho.
[6] II. Y después de
quince días, cuando hube ayunado y rogado al Señor
fervientemente, me fue revelado el conocimiento del escrito. Y
esto es lo que estaba escrito: «Hermas, tu simiente ha
pecado contra Dios, y han blasfemado del Señor, y han traicionado
a sus padres a causa de sus grandes maldades, sí, han conseguido
el nombre de traidores de los padres, y, con todo, no
sacaron provecho de su traición; y aun añadieron a sus pecados
actos inexcusables y maldades excesivas; así que la medida de sus
transgresiones fue colmada. Pero da a conocer estas palabras a
todos tus hijos, y tu esposa será como tu hermana; porque ella
tampoco se ha refrenado en el uso de la lengua, con la cual obra
mal. Después que tú les hayas dado a conocer todas estas
palabras, que el Señor me mandó que te revelara, entonces todos
los pecados que ellos han cometido con anterioridad les serán
perdonados; sí, y también a todos los santos que han pecado
hasta el día de hoy, si se arrepienten de todo corazón, y quitan
la doblez de ánimo de su corazón. Porque el Señor juró por su
propia gloria, con respecto a sus elegidos: que si, ahora que se
ha puesto este día como límite, se comete pecado, después no
habrá para ellos salvación; porque el arrepentimiento para los
justos tiene un fin; los días del arrepentimiento se han cumplido
para todos los santos; en tanto que para los gentiles hay
arrepentimiento hasta el último día. Por consiguiente, tú dirás
a los gobernantes de la Iglesia, que enderecen sus caminos en
justicia, para que puedan recibir en pleno las promesas con gloria
abundante. Los que obráis justicia, pues, estad firmes, y no seáis
de doble ánimo, para que podáis ser admitidos con los santos ángeles.
Bienaventurados seáis, pues, cuantos sufráis con paciencia la
gran tribulación que viene, y cuantos noiiiieguen su vida. Porque
el Señor juró con respecto. a, su Hijo, que todos los que
nieguen a su Señor serán rechazados de su vida, incluso los que
ahora están a punto de negarle en los días venideros; pero a los
que le negaron antes de ahora, a ellos les fue concedida
misericordia por causa de su gran bondad.
[7] III. »Pero, Hermas,
no guardes ya rencor contra tus hijos, ni permitas que tu hermana
haga lo que quiera, para que puedan ser purificados de sus pecados
anteriores. Porque ellos serán castigados con castigo justo, a
menos que les guardes rencor tú mismo. El guardar un rencor es
causa de muerte. Pero tú, Hermas, has pasado por grandes
tribulaciones tú mismo, por causa de las transgresiones de tu
familia, debido a que no te cuidaste de ellos. Porque tú les
descuidaste, y te mezclaste a ellos con tus propias actividades
malas. Pero en esto consiste tu salvación: en que no te apanes
del Dios vivo, y en tu sencillez y tu gran continencia. Estas te
han salvado si permaneces en ellas; y salvan a todos los que hacen
tales cosas, y andan en inocencia y simplicidad. Estas prevalecen
sobre toda maldad y persisten hasta la vida eterna.
Bienaventurados todos los que obran justicia. Nunca serán
destruidos. Pero tú dirás a Máximo: "He aquí viene
tribulación (sobre ti) si tú crees apropiado negarme por segunda
vez. El Señor está cerca de todos los que se vuelven a Él, como
está escrito en Eldad y Modat, que profetizaron al pueblo en el
desierto"»
[8] IV. Luego, hermanos,
un joven de extraordinaria hermosura en su forma me hizo una
revelación en mi sueño, y me dijo: «¿Quién crees que es la señora
anciana, de la cual recibiste el libro?» Y yo dije: «La Sibila».
«Te equivocas», me dijo, «no lo es». «¿Quién es, pues?»,
le dije. «La Iglesiá», dijo él. Yo le dije: «¿Por qué,
pues, es de avanzada edad?» «Porque», me contestó, «ella fue
creada antes que todas las cosas; ésta es la causa de su edad; y
por amor a ella fue formado el mundo.» Y después vi una visión
en mi casa. Vino la anciana y me preguntó si ya había dado el
libro a los ancianos. Yo le dije que no se lo había dado. «Has
hecho bien», me contestó, «porque tengo algunas palabras que añadir.
Cuando habré terminado todas las palabras, será dado a conocer,
mediante ti, a todos los elegidos. Por tanto, tú escribirás dos
libritos, y enviarás uno a Clemente, y uno a Grapte. Y Clemente
lo enviará a las ciudades extranjeras, porque éste es su deber;
en tanto que Grapte lo enseñará a las viudas y huérfanos. Pero
tú leerás (el libro) a esta ciudad junto con los ancianos que
presiden sobre la Iglesia.»
Visión Tercera
[9] I. La tercera visión
que vi, hermanos, fue como sigue: Después de ayunar con
frecuencia, y rogar al Señor que me declarara la revelación que
El había prometido mostrarme por boca de la señora anciana,
aquella misma noche vi a la señora anciana, y ella me dijo: «Siendo
así que eres tan insistente y estás ansioso de conocer todas las
cosas, ven al campo donde resides, y hacia la hora quinta apareceré
ante ti, y te mostraré lo que debes ver.» Yo le pregunté,
diciendo: «Señora, ¿a qué parte del campo?» «Adonde quieras»,
me dijo. Yo seleccioné un lugar retirado y hermoso; pero, antes
de hablarle y mencionarle el lugar, ella me dijo: «Iré allí
donde tú quieras.» Fui, pues, hermanos, al campo, y conté las
horas, y llegué al lugar que yo había designado para que ella
viniera, y vi un sofá de marfil colocado allí, y sobre el sofá
había un cojín de lino, y sobre el cojín una cobertura de lino
fino.
Cuando vi estas cosas tan ordenadas, y que no
habla nadie allí, me asombré, y me puse a temblar, y se me erizó
el pelo; y un acceso de temor cayó sobre mí, porque estaba solo.
Cuando me recobré, y recordé la gloria de Dios, y me animé,
me arrodillé y confesé mis pecados al Señor una vez más, como
había hecho en la ocasión anterior.
Entonces vinieron seis jóvenes, los mismos que
había visto antes, y se quedaron de pie junto a mí, y me
escucharon atentamente mientras oraba y confesaba mis pecados al
Señor. Y ella me tocó y me dijo: «Hermas, termina ya de rogar
constantemente por tus pecados; ruega también pidiendo justicia,
para que puedas dar parte de ella a tu familia.» Entonces me
levantó con la mano y me llevó al sofá, y dijo a los jóvenes:
«Id, y edifica». Y después que los jóvenes se hubieron
retirado y nos quedamos solos, ella me dijo: «Siéntate aquí.»
Y yo le dije: «Señora, que se sienten los ancianos primero.» «Haz
lo que te mando», dijo ella, «siéntate». Entonces, cuando yo
quería sentarme en el lado derecho, ella no me lo permitió, sino
que me hizo una seña con la mano de que me sentara en el lado
izquierdo. Como yo estaba entonces pensando en ello y estaba
triste, porque ella no me habla permitido sentarme en el lado
derecho, me dijo ella: «¿Estás triste, Hermas? El lugar de la
derecha es para otros, los que han agradado ya a Dios y han
sufrido por su Nombre. Pero a ti te falta mucho para poder
sentarte con ellos; pero así como permaneces en tu sencillez,
continúa en ella, y te sentarás con ellos, tú y todos aquellos
que han hecho sus obras y han sufrido lo que ellos sufrieron. »
[10] II. «¿Qué es lo
que sufrieron?», pregunté yo. «Escucha», dijo ella: «Azotes,
cárceles, grandes tribulaciones, cruces, fieras, por amor al
Nombre. Por tanto, a ellos pertenece el lado derecho de la
Santidad -a ellos, y a los que sufrirán por el Nombre-. Pero para
el resto hay el lado izquierdo. No obstante, para unos y otros,
para los que se sientan a la derecha como para los que se sientan
a la izquierda, hay los mismos dones, y las mismas promesas, sólo
que ellos se sientan a la derecha y tienen cierta gloria. Tú,
verdaderamente, deseas sentarte a la derecha con ellos, pero
tienes muchos defectos; con todo, serás purificado de estos
defectos tuyos; sí, y todos los que no son de ánimo indeciso,
serán purificados de todos sus pecados en este día.»
Cuando hubo dicho esto, ella deseaba partir;
pero, cayendo a sus pies, yo le rogué por el Señor que me
mostrara la visión que me había prometido. Entonces ella me tomó
de nuevo por la mano, y me levantó, y me hizo sentar en el sofá
en el lado izquierdo, en tanto que ella se sentaba en el derecho.
Y levantando una especie de vara reluciente, me dijo: «¿Ves algo
muy grande?» Y yo le dije: «Señora, no veo nada.» Ella me
dijo: «Mira, ¿no ves enfrente de ti una gran torre que es
edificada sobre las aguas, de piedras cuadradas relucientes?» Y
la torre era edificada cuadrada por los seis jóvenes que habían
venido con ella. Y muchísimos otros traían piedras, y algunos de
ellos de lo profundo del mar y otros de la tierra, y las iban
entregando a los seis jóvenes. Y éstos las tomaban y edificaban.
Las piedras que eran arrastradas del abismo las colocaban, en cada
caso, tal como eran, en el edificio, porque ya se les había dado
forma; y encajaban en sus junturas con las otras piedras; y se
adherían tan juntas la una a la otra que no se podía ver la
juntura; y el edificio de la torre daba la impresión como si
fuera edificado de una sola piedra. Pero, en cuanto a las otras
piedras que eran traídas de tierra firme, algunas las echaban a
un lado, otras las ponían en el edificio, y otras las hacían
pedazos y las lanzaban lejos de la torre. Había también muchas
piedras echadas alrededor de la torre, y no las usaban para el
edificio; porque algunas tenían moho, otras estaban
resquebrajadas, otras eran demasiado pequeñas, y otras eran
blancas y redondas y no encajaban en el edificio. Y vi otras
piedras echadas a distancia de la torre, y caían en el camino y,
con todo, no se quedaban en el camino, sino que iban a parar a un
lugar donde no había camino; y otras caían en el fuego y ardían
allí; y otras caían cerca de las aguas y, pese a todo, no podían
rodar dentro del agua, aunque deseaban rodar y llegar al agua.
[11] III. Cuando ella me
hubo mostrado estas cosas, quería irse con prisa. Yo le dije: «Señora,
¿qué ventaja tengo en haber visto estas cosas, si no sé lo que
significan?» Ella me contestó y me dijo: «Tú eres muy curioso,
al desear conocer todo lo que se refiere a la torre.» «Sí, señora»,
le dije, «para que pueda anunciarlo a mis hermanos, y que ellos
[puedan gozarse más y] cuando oigan [estas cosas] puedan conocer
al Señor en gran gloria.» Entonces me dijo: «Muchos (las) oirán;
pero cuando oigan, algunos estarán contentos y otros llorarán.
Sin embargo, incluso estos últimos, si oyen y se arrepienten,
también estarán contentos. Oye, pues, las parábolas de la
torre; porque te revelaré todas estas cosas. Y no me molestes más
sobre la revelación; porque estas revelaciones tienen un término,
siendo así que ya han sido completadas. No obstante, no cesarás
de pedirme revelaciones; porque eres muy atrevido.
»La torre, que ves que se está edificando,
soy yo misma, la Iglesia, a quien viste antes y ves ahora.
Pregunta, pues, lo que quieras respecto a la torre, y te lo
revelaré, para que puedas gozarte con los santos.» Yo le digo:
«Señora, como me consideraste digno, una vez por todas, de
revelarme todas estas cosas, revélamelas.» Entonces ella me
dijo: «Todo lo que se te pueda revelar, se te revelará. Sólo
que tu corazón esté con Dios, y no haya dudas en tu mente sobre
las cosas que veas.» Le pregunté: «¿Por qué es edificada la
torre sobre las aguas, señora?» «Ya te lo dije antes», dijo
ella, «y verdaderamente tú inquieres diligentemente. Así que
por tus preguntas descubrirás la verdad. Oye, pues, por qué la
torre es edificada sobre las aguas: es porque vuestra vida es
salvada y será salvada por el agua. Pero la torre ha sido fundada
por la palabra del Todopoderoso y el Nombre glorioso, y es
fortalecida por el poder invisible del Señor.»
[12] IV. Yo le contesté
y le dije: «Señora, esto es grande y maravilloso. Pero los seis
jóvenes que edifican, ¿quiénes son, señora?»
«Estos son los santos ángeles de Dios, que
fueron creados antes que cosa alguna; a ellos el Señor entregó
toda su creación para que la aumentaran y edificaran, y para ser
señores de toda la creación. Por sus manos, pues, es realizada
la edificación de la torre.». «Y ¿quiénes son los otros que
acarrean las piedras?» «Son también ángeles de Dios; pero
estos seis son superiores a ellos. El edificio de la torre, pues,
será terminado, y todos juntos se regocijarán en el corazón
(cuando estén) alrededor de la torre, y glorificarán a Dios que
la edificación de la torre haya sido realizada.» Yo inquirí de
ella, diciendo: «Señora, me gustaría saber con respecto al fin
de las piedras y su poder, de qué clase son.» Ella me contestó
y dijo: «No es que tú entre todos los hombres seas especialmente
digno de que te sea revelado; porque hay otros antes que tú, y
mejores que tú, a los cuales deberían haber sido reveladas estas
visiones. Pero para que sea glorificado el nombre de Dios, se te
ha revelado y se te revelará, por causa de los de ánimo
indeciso, que preguntan en sus corazones si estas cosas son así o
no. Diles, pues, que estas cosas son verdaderas, y que no hay nada
apane de la verdad, sino que todas son firmes, y válidas, y
establecidas sobre un fundamento seguro.
[13] V. »Oye
ahora respecto a las piedras que entran en el edificio. Las
piedras que son cuadradas y blancas, y que encajan en sus
junturas, éstas son los apóstoles y obispos y maestros y diáconos
que andan según la santidad de Dios, y ejercen su oficio de
obispo, de maestro y diácono en pureza y santidad para los
elegidos de Dios, algunos de los cuales ya duermen y otros están
vivos todavía. Y, debido a que siempre están de acuerdo entre sí,
tuvieron paz entre sí y se escucharon el uno al otro. Por tanto,
sus junturas encajan en el edificio de la torre.» «Pero hay las
que son sacadas de la profundidad del mar, y colocadas en el
edificio y que encajan en sus junturas con las otras piedras que
ya estaban colocadas; éstos, ¿quiénes son?» «Estos son los
que han sufrido por el nombre del Señor.» «Pero las otras
piedras que son traídas de tierra seca, me gustaría saber quiénes
son éstos, señora.» Ella contestó: «Los que entran en el
edificio, y todavía no están labrados, a éstos el Señor ha
aprobado porque anduvieron en la rectitud del Señor y ejecutaron
rectamente sus mandamientos.» «Pero los que van siendo traídos
y colocados en el edificio, ¿quiénes son?» «Son jóvenes en la
fe, y fieles; pero fueron advertidos por los ángeles que obren
bien, porque en ellos fue hallada maldad.» «Pero los que fueron
desechados y puestos a un lado, ¿quiénes son?» «Estos han
pecado, y desean arrepentirse, por tanto no son lanzados a gran
distancia de la torre, porque serán útiles para la edificación
si se arrepienten. Los que se arrepienten, pues, silo hacen, serán
fuertes en la fe si se arrepienten ahora en tanto que se construye
la torre. Este privilegio lo tienen solamente los que se hallan
cerca de la torre.
[14] VI. »Pero, ¿quisieras
saber acerca de los que son hechos pedazos y lanzados fuera de la
torre? Estos son los hijos del libertinaje. Estos recibieron la fe
hipócritamente, y no hubo maldad que no se hallara en ellos. Por
tanto, no tienen salvación, porque no son útiles para edificar,
por razón de su maldad. Por tanto son desmenuzados y tirados por
causa de la ira del Señor, porque le provocaron a ira. En cuanto
al resto de las piedras que tú has visto echadas en gran número
y que no entran en el edificio, de ellas, las que son mohosas son
las que conocieron la verdad, pero no permanecieron en ella ni se
mantuvieron adheridos a los santos. Por lo tanto, son inservibles.»
«Pero las que están resquebrajadas, ¿quiénes
son?» «Estos son los que tienen discordia en su corazón el uno
respecto al otro, y no hay paz entre ellos; tienen una apariencia
de paz, pero cuando se separan el uno del otro, los malos
pensamientos permanecen en sus corazones. Éstas son las rajas que
tienen las piedras. Pero las que están cortadas y son más pequeñas,
éstos han creído, y tienen su mayor parte en justicia, pero hay
en ellos partes de iniquidad; por tanto, son demasiado pequeñas,
y no son perfectas.»
«Pero, ¿quiénes son, señora, las piedras
blancas y redondas que no encajaron en el edificio?» Ella me
contestó: «¿Hasta cuándo vas a seguir siendo necio y obtuso, y
lo preguntarás todo, y no entenderás nada? Éstos son los que
tienen fe, pero también tienen las riquezas de este mundo. Cuando
viene la tribulación, niegan a su Señor por razón de sus
riquezas y sus negocios.» Y yo contesté y le dije: «¿Cuándo
serán, pues, útiles en el edificio?» Ella me contestó: «Cuando
les sean quitadas las riquezas que hacen descarriar sus almas,
entonces serán útiles a Dios. Porque tal como la piedra redonda,
a menos que sea cortada y pierda alguna parte de sí misma, no
puede ser cuadrada, del mismo modo los que son ricos en este
mundo, a menos que sus riquezas les sean quitadas, no pueden ser
útiles al Señor. Aprende primero de ti mismo. Cuando tenías
riquezas no eras útil; pero ahora eres útil y provechoso para
vida. Sé útil a Dios, porque tú mismo también eres sacado de
las mismas piedras.
[15] VII. »Pero las
otras piedras que viste echadas lejos de la torre y que caen en el
camino y van a parar fuera del camino a las regiones en que no hay
camino, éstos son los que han creído, pero por razón de su
corazón indeciso han abandonado el verdadero camino. De esta
manera, ellos, pensando que pueden hallar un camino mejor, se
extravían y son gravemente afligidos, cuando andan por las
regiones en que no hay camino. Pero los que caen en el fuego y son
quemados, éstos son los que finalmente se rebelaron contra el
Dios vivo, y ya no entró más en sus corazones el arrepentirse,
por causa de sus deseos atrevidos y de las maldades que han
obrado. Pero los otros, que caen cerca de las aguas y, con todo,
no pueden rodar al agua, ¿quieres saber cuáles son? Estos son
los que han oído la palabra y quisieran ser bautizados en el
nombre del Señor. Luego, cuando recapacitan sobre la pureza
requerida por la verdad, cambian de opinión y vuelven a sus malos
deseos.» Así terminó ella la explicación de la torre. Siendo
yo importuno todavía, le pregunté aún si para todas aquellas
piedras que fueron rechazadas y no encajaban en el edificio de la
torre había arrepentimiento y un lugar en esta torre. «Pueden
arrepentirse», me dijo, «pero no pueden encajar en esta torre.
Serán encajados en otro lugar mucho más humilde, pero no hasta
que hayan sufrido tormentos por esta razón y hayan cumplido los días
de sus pecados. Y serán sacados por esta razón, porque
participaron en la Palabra justa; y entonces serán aliviados de
sus tormentos si se arrepienten de los actos malos que han
cometido; pero si éstos no les llegan al corazón, no son salvos
a causa de la dureza de sus corazones.»
[16] VIII. Cuando cesé
de preguntarle sobre todas estas cosas, pues, ella me dijo: «¿Quisieras
ver otra cosa?» Teniendo deseos de contemplarla, me gocé en gran
manera de poder verla. Ella me miró, y sonrió, y me dijo: «¿Ves
a siete mujeres alrededor de la torre?» «Las veo, señora», le
dije. «Esta torre es sostenida por ellas, según orden del Señor.
Oye ahora sus ocupaciones. La primera, la mujer de las manos
fuertes, se llama Fe, por medio de la cual son salvados los
elegidos de Dios. Y la segunda, la que está ceñida y tiene el
aspecto enérgico de un hombre, se llama Continencia; es la hija
de la Fe. Todo el que la sigue, pues, será feliz en su vida,
porque se abstendrá de todo acto malo, creyendo que, si se
abstiene de todo mal deseo, heredará la vida eterna.» «Y las
otras, señora, ¿quiénes son?» «Son hijas la una de la otra.
El nombre de la primera es Sencillez; el de la siguiente,
Conocimiento; la próxima es Inocencia; la otra, Reverencia; la
siguiente, Amor. Cuando tú, pues, hagas todas las obras de su
madre, podrás vivir.» «Me gustaría saber, señora», le dije,
«qué poder tiene cada una de ellas.» «Escucha, pues», dijo
ella, «los poderes que tienen. Sus poderes son dominados cada una
por la otra, y se siguen una a otra en el orden en que nacieron.
De Fe nace Continencia; de Continencia, Simplicidad; de
Simplicidad, Inocencia; de Inocencia, Reverencia; de Reverencia,
Conocimiento; de Conocimiento, Amor. Sus obras, pues, son puras y
reverentes y divinas. Todo aquel que sirva a estas mujeres, y
tenga poder para dominar sus obras, tendrá su morada en la torre
con los santos de Dios.» Entonces le pregunté, con respecto a
las sazones, si la consumación es ya ahora. Pero ella gritó en
alta voz: «Necio, ¿no ves que la torre va siendo construida?
Cuando la torre haya sido edificada, habrá llegado el fin; pero
será edificada rápidamente. No me hagas más preguntas: este
recordatorio es suficiente para ti y para los santos, y es la
renovación de vuestros espíritus. Pero no te fue revelado sólo
a ti, sino para que puedas mostrar estas cosas a todos. Después
de tres días -porque tú has de entender primero, y te encargo,
Hermas, con las palabras que voy a decirte- (a ti te encargo) di
todas estas cosas a los oídos de los santos, para que las oigan y
las hagan y puedan ser purificados de sus maldades, y tú mismo
con ellos.
[17] IX. »Oídme, hijos
míos. Os crié en mucha simplicidad e inocencia y reverencia, por
medio de la misericordia del Señor, que instiló justicia en
vosotros, para que pudierais ser justificados y santificados de
toda maldad y perversidad. Ahora pues, oídme y haya paz entre
vosotros, y tened consideración el uno al otro, y ayudaos el uno
al otro, y no participéis de lo creado por Dios a solas en la
abundancia, sino también compartid con los que están en
necesidad. Porque algunos, a causa de sus excesos en la comida,
acarrean debilidad a la carne, y dañan su carne, mientras que la
carne de los que no tienen nada que comer es dañada por no tener
suficiente nutrición, y su cuerpo es echado a perder. Este
exclusivismo, pues, es perjudicial para vosotros los que tenéis y
no compartís con los que tienen necesidad. Advenid el juicio que
viene. Así pues, los que tenéis más que suficiente, buscad a
los hambrientos, en tanto que la torre no está terminada; porque
una vez que la torre haya sido terminada, desearéis hacer bien y
no hallaréis oportunidad de hacerlo. Mirad, pues, los que os
alegráis en vuestra riqueza, que los que están en necesidad no
giman, y su gemido se eleve al Señor, y vosotros con vuestra
[abundancia de] cosas buenas halléis cerrada la puerta de la
torre. Ahora, pues, os digo a vosotros los que gobernáis la
Iglesia y que ocupáis sus asientos principales, no seáis como
los charlatanes. Los charlatanes, verdaderamente, llevan sus
drogas en cajas, pero vosotros lleváis vuestra droga y vuestro
veneno en el corazón. Estáis endurecidos, y no queréis limpiar
vuestros corazones, y mezclar vuestra sabiduría en un corazón
limpio, para que podáis conseguir misericordia del Gran Rey.
Mirad, pues, hijos, que estas divisiones no os priven de vuestra
vida. ¿Cómo es posible que queráis instruir a los elegidos del
Señor, en tanto que vosotros no tenéis instrucción? Instruíos
unos a otros, pues, y tened paz entre vosotros, que yo también
pueda estar contento delante del Padre, y dar cuenta de todos
vosotros a vuestro Señor.»
[18] X. Así pues, cuando
ella hubo cesado de hablarme, los seis jóvenes que edificaban
vinieron y se la llevaron a la torre, y otros cuatro levantaron el
sofá y se lo llevaron también a la torre. No les vila cara a éstos,
porque la tenían vuelta al otro lado. Y cuando ella se iba, yo le
pedí que me revelara qué significaban las tres formas en que
ella se me había aparecido. Ella me contestó y dijo: «Con
respecto a estas cosas has de preguntar a otro, para que puedan
serte reveladas.» Pues yo la vi, hermanos, en mi primera visión
del año pasado, como una mujer muy anciana y sentada en una
silla. En la segunda visión su rostro era juvenil, pero su carne
y su cabello eran añosos, y me hablaba estando de pie; y ella
estaba más contenta que antes. Pero en la tercera visión era del
todo joven y de extraordinaria hermosura, y sólo su cabello se veía
de edad; y estaba contenta en gran manera y sentada sobre un sofá.
Y yo estaba muy deseoso de saber la revelación de estas cosas. Y
veo a la anciana en una visión de la noche, diciéndome: «Toda
pregunta requiere humildad. Ayuna, pues, y recibirás del Señor
lo que has pedido.» Así que ayuné un día; y aquella noche se
me apareció un joven y me dijo: «Siendo así que insistes
pidiendo revelaciones, vigila que con tu mucho preguntar no dañes
tu carne. Bástente estas revelaciones. ¿No puedes ver otras
revelaciones más poderosas que las que has visto?» Y yo le dije
en respuesta: «Señor, sólo pregunto una cosa, con respecto a
las tres formas de la anciana: que me sea concedida una revelación
completa.» El me dijo como respuesta: «¿Hasta cuándo serás
sin entendimiento? Es tu ánimo indeciso que hace que no tengas
entendimiento, y que tu corazón no esté puesto hacia el Señor.»
Yo le contesté y le dije de nuevo: «De ti, Señor, sabré las
cosas con más precisión.»
[19] XI. «Escucha», me
dijo, «con referencia a las tres formas sobre las cuales
preguntas. En la primera visión, ¿por qué no se te apareció
como una anciana y sentada en una silla? Porque tu espíritu era añoso,
y ya decaído, y no tenía poder por razón de tus debilidades y
actos de indecisión. Porque como un anciano, no teniendo ya
esperanza de renovar su juventud, no espera nada sino caer
dormido, así vosotros también, siendo debilitados con las cosas
de este mundo, os entregáis a lamentaciones, y no echáis
vuestros cuidados sobre el Señor, sino que vuestro espíritu está
quebrantado, y sois achacosos con vuestras aflicciones.» «¿Por
qué, pues, estaba sentada en una silla, quisiera saber, Señor?»
«Porque toda persona débil se sienta en una silla por causa de
su debilidad, para que sea sostenida la debilidad de su cuerpo. Así
que tú tienes el simbolismo de la primera visión.
[20] XII. »Pero en la
segunda visión la viste de pie, y con el rostro más juvenil y más
alegre que antes; pero su carne y su cabello eran añosos. Escucha
esta parábola también», me dijo. «Imagfnate a un anciano que
ha perdido toda esperanza de sí mismo, por razón de su debilidad
y su pobreza, y no espera nada más que su último día en la
vida. De repente le dejan una herencia. Oye las noticias, se
levanta y, lleno de gozo, se viste con energia, y ya no está
echado, sino de pie, y su espíritu, que estaba quebrantado hace
un momento por razón de sus circunstancias anteriores, es
renovado otra vez, y ya no está sentado, sino que se siente
animoso; así también era contigo, cuando oíste la revelación
que el Señor te reveló. Porque Él tuvo compasión de ti, y
renovó tus ánimos, y puso a un lado tus dolencias, y te vino
fuerza, y fuiste hecho poderoso en la fe, yel Señor se regocijó
en verte fortalecido. Y, por tanto, El te mostró la edificación
de la torre; si, y también otras cosas te mostrará si de todo
corazón tenéis paz entre vosotros.
[21] XIII. »Pero en la
tercera visión la viste más joven y hermosa y alegre, y su forma
hermosa. Porque tal como uno que está lamentándose, al recibir
buenas noticias, inmediatamente olvida sus penas anteriores y no
admite nada sino las noticias que ha oído, y es fortalecido por
ellas en lo que es bueno, y su espíritu es renovado por razón
del gozo que ha recibido, del mismo modo también vosotros habéis
recibido una renovación de vuestros espíritus al ver estas cosas
buenas. Y si la viste sentada en un sofá, la posición es firme;
porque el sofá tiene cuatro patas y se mantiene firme; porque el
mundo también es sostenido por medio de cuatro elementos. Así
pues, los que se han arrepentido plenamente serán jóvenes de
nuevo, y afianzados firmemente, siendo así que se han arrepentido
de todo su corazón. Ahí tienes la revelación entera y completa.
No pidas más revelaciones; pero si aún te falta algo, te será
revelado.»
Visión Cuarta
[22] I.
La cuarta visión la vi, hermanos, veinte días después de la
anterior que había tenido, y era un tipo de la tribulación
inminente. Yo andaba por la Vía de la Campania, hacia el campo.
Desde la carretera (al lugar adonde iba) hay unos diez estadios;
el terreno es fácil de andar. Iba solo, y rogaba al Señor que
completara las revelaciones y las visiones que me había mostrado
por medio de su santa Iglesia, para que Él me fortaleciera a mí
mismo y diera arrepentimiento a sus siervos que han tropezado,
para que su Nombre grande y glorioso pueda ser glorificado, pues
me había considerado digno de mostrarme sus maravillas. Y
mientras le daba gloria y acción de gracias, me contestó como si
fuera el sonido de una voz: «No dudes en tu mente, Hermas.»
Empecé a preguntarme y decirme: «¿Cómo puedo dudar en mi mente
siendo así que he sido tan firmemente afianzado por el Señor y
he visto cosas gloriosas?» Y seguí un poco adelante, hermanos, y
he aquí, vi una nube de polvo que se levantaba hacia el cielo, y
empecé a decirme: «¿Es posible que sea ganado que se acerca, y
levanten una nube de polvo?», porque estaba.a un estadio de
distancia. Cuando la nube de polvo se fue haciendo cada vez mayor,
sospeché que se trataba de algo sobrenatural. Entonces el sol
brilló un poco, y he aquí, vi una gran bestia como un monstruo
marino, y de su boca salían langostas de fuego. Y la bestia tenía
unos cien pies de longitud, y su cabeza era como si fuera de
arcilla. Y empecé a llorar y a rogar al Señor que me rescatara
de ella. Y recordé la palabra que había oído: «No tengas dudas
en tu mente, Hermas.» Así que, hermanos, habiéndome revestido
de la fe del Señor y recordado las obras poderosas que Él me había
enseñado, cobré ánimos y me dirigí hacia la bestia. Ahora
bien, la bestia se acercaba con tal furia que podría haber dejado
en ruinas una ciudad. Llegué cerca de ella, y aunque el monstruo
era enorme, se tendió en el suelo, y meramente sacó la lengua y
no se movió en lo más mínimo hasta que yo hube pasado por su
lado. Y la bestia tenía en su cabeza cuatro colores: negro, luego
color de fuego y sangre, luego oro, luego blanco.
[23] II. Así pues, una
vez hube pasado la bestia y avanzado unos treinta pasos, he aquí,
vino hacia mí una virgen ataviada como si saliera de la cámara
nupcial, toda blanca y con sandalias blancas, velada hasta la
frente, y la cobertura de su cabeza era un turbante, y su cabello
era blanco. Sabía por visiones anteriores que era la Iglesia, y
me alegré algo. Ella me saludó y me dijo: «Buenos días, buen
hombre»; yo la saludé a mi vez: «Buenos días, señora.» Ella
me contestó y me dijo: «¿No has encontrado nada?» Yo le dije:
«Señora, una bestia enorme, que podría haber destruido pueblos
enteros; pero, por el poder del Señor y por su gran misericordia,
escapé de ella.» «Tú escapaste de ella, cieno», dijo ella, «porque
pusiste en Dios todos tus cuidados, y abriste tu corazón al Señor,
creyendo que puedes ser salvado sólo por medio de su Nombre
grande y glorioso. Por tanto, el Señor envió a su ángel, que
está sobre las bestias, cuyo nombre es Segri, y le cerró la
boca para que no pudiera causarte daño. Tú has escapado de
una gran tribulación por causa de tu fe, y porque, aunque viste
una bestia tan inmensa, no dudaste en tu mente. Ve, pues, y
declara a los elegidos del Señor sus obras poderosas, y diles que
esta bestia es un tipo de la gran tribulación que ha de venir.
Por tanto, si os preparáis de antemano, y os arrepentís (y os
volvéis) al Señor de todo corazón, podréis escapar de ella si
vuestro corazón es hecho puro y sin mácula y si durante el resto
de los días de vuestra vida servís al Señor de modo intachable.
Echa tus cuidados sobre el Señor y Él se hará cargo de ellos.
Confiad en el Señor, hombres de poco ánimo, porque El puede
hacer todas las cosas, sí, puede apanar su ira de vosotros, y
también enviar sus plagas sobre vosotros los que sois de ánimo
indeciso. Ay de aquellos que oyen estas palabras y son
desobedientes; sería mejor para ellos que no hubieran nacido.»
[24] III. Le pregunté
con respecto a los cuatro colores que la bestia tenía sobre la
cabeza. Entonces ella me contestó y me dijo: «Otra vez eres
curioso sobre estas cosas.» «Sí, señora», le dije, «hazme
saber qué son estas cosas.» «Escucha», me dijo; «el negro es
este mundo en el cual vivís; y el fuego y el color del fuego y la
sangre muestran que este mundo perecerá a sangre y fuego; y el
dorado son los que han escapado de este mundo. Porque así como el
oro es probado por el fuego y es hecho útil, así también
vosotros [que habitáis en él] sois probados. Los que permanecen
y pasan por el fuego serán purificados por él. Porque como el
oro pierde su escoria, así vosotros también vais a desprenderos
de toda aflicción y tribulación, y seréis purificados, y seréis
útiles para la edificación de la torre. Pero la parte blanca es
la edad venidera, en la cual residirán los elegidos de Dios;
porque los elegidos de Dios serán sin mancha y puros para la vida
eterna. Por lo tanto, no ceses de hablar a los oídos de los
santos. Ahora tenéis el simbolismo también de la tribulación
que se avecina potente. Pero si estáis dispuestos, no será nada.
Recordad las cosas que han sido escritas de antemano.» Con estas
palabras partió, y no vi en qué dirección había partido;
porque se hizo un ruido; y me volví atemorizado, pensando que la
bestia venía hacia mí.
Visión Quinta
[25] Mientras
oraba en la casa y estaba sentado en el sofá, entró un hombre de
rostro glorioso, vestido como un pastor, envuelto en una piel
blanca, y con su zurrón al hombro y un cayado en la mano. Y me
saludó, y yo le devolví el saludo. E inmediatamente se sentó a
mi lado y me dijo: «Me ha enviado el ángel más santo, para que
viva contigo el resto de los días de tu vida.» Yo pensé que había
venido a tentarme y le dije: «¿Por qué?, ¿quién eres? Porque
sé», le dije, «a quién he sido confiado.» Él me dijo: «¿No
me reconoces?» «No», le contesté. «Yo», me dijo, «soy el
pastor a quien has sido confiado.» En tanto que me estaba
hablando, su forma cambió, y le reconocí como el mismo a quien
había sido confiado; e inmediatamente quedé confundido, y el
temor se apoderó de mí, y quedé anonadado por la aflicción de
haberle contestado de modo tan malvado e insensato. Pero él me
contestó y dijo: «No te quedes azorado, sino sé confirmado en
los mandamientos que estoy a punto de darte. Porque yo he sido
enviado», dijo, «para mostrarte de nuevo las cosas que viste
antes, en especial las que sean convenientes para ti. Ante todo,
escribe mis mandamientos y mis parábolas; y las otras cosas las
escribirás según te mostraré. Y me dijo: La razón por la que
te mando que escribas primero los mandamientos y las parábolas es
que puedas leerlas sobre la marcha, y así puedas guardarlas.» Así
que escribí los mandamientos y las parábolas, tal como me mandó.
Por tanto, si, cuando las oís, las guardáis y andáis en ellas,
y las hacéis con el corazón puro, recibiréis del Señor todas
las cosas que Él ha prometido; pero si, cuando las oís, no os
arrepentís, sino que añadís todavía a vuestros pecados,
recibiréis del Señor lo opuesto. Todas estas cosas me mandó que
escribiera el pastor, el ángel del arrepentimiento.
Primer Mandato
[26] «Ante
todo, cree que Dios es uno, y que Él creó todas las cosas y las
puso en orden, y trajo todas las cosas de la no existencia al ser,
que comprende,todas las cosas siendo Él solo incomprensible. Cree
en Él, pues, y témele, y en este temor ejerce dominio sobre ti
mismo. Guarda estas cosas, y te verás libre de toda maldad, y serás
revestido de toda excelencia y justicia, y vivirás para Dios si
guardas este mandamiento.»
Segundo Mandato
[27] Y
me dijo: «Mantén la simplicidad y la inocencia, y serás como un
niño pequeño, que no conoce la maldad que destruye la vida de
los hombres. Ante todo, no digas mal de ningún hombre, ni tengas
placer en escuchar a un calumniador. De otro modo, tú que
escuchas serás también responsable del pecado de aquel que habla
mal, si crees la calumnia que oyes; porque, al creerla, tú también
tendrás algo que decir contra tu hermano. Así que serás
responsable del pecado del que dice el mal. La calumnia es mala;
es un demonio inquieto, que nunca está en paz, sino que siempre
se halla entre divisiones. Abstente, pues, de ella, y tendrás paz
en todo tiempo con todos los hombres. Pero revístete de
reverencia, en la cual no hay tropiezo, sino que todas las cosas
son suaves y alegres. Haz lo que es bueno, y de todas tus labores,
que Dios te da, da a todos los que están en necesidad
generosamente, sin hacer preguntas sobre a quién has de dar y a
quién no has de dar. Da a todos, porque Dios desea que todos
reciban de su abundancia. Los que reciben, pues, tendrán que dar
cuenta a Dios de por qué lo han recibido y a qué fin; porque los
que reciben en necesidad no serán juzgados, pero los que reciben
con pretextos simulados recibirán el castigo. Así pues, el que
da es inocente; porque como recibe del Señor el servicio a
ejecutar, lo ha ejecutado en sinceridad, sin hacer distinción
entre a quién da y a quién no da. Esta ministración, pues,
cuando es ejecutada sinceramente, pasa a ser gloriosa a la vista
de Dios. El que ministra así sinceramente, pues, vivirá para
Dios. Por tanto, guarda este mandamiento que te he dado: que tu
propio arrepentimiento y el de tu casa puedan ser hallados
sinceros, y [tu] corazón puro y sin mancha.»
Tercer Mandato
[28] De
nuevo dijo: «Ama la verdad, y que no salga de tu boca otra
cosa que la verdad, que el espíritu que Dios hizo residir en esta
tu carne pueda ser hallado veraz a la vista de
todos los hombres; y así el Señor, que reside en ti, será
glorificado; porque el Señor es fiel en toda palabra, y en Él no
hay falsedad. Por tanto, los que dicen mentiras niegan al Señor,
y pasan a ser ladrones del Señor, porque no le entregan a Él el
depósito que han recibido. Porque ellos recibieron de Él un espíritu
libre de mentiras. Si devuelven un espíritu mentiroso, han
faltado al mandamiento del Señor y han pasado a ser ladrones.»
Cuando oí estas cosas, lloré amargamente. Pero, viéndome
llorar, dijo: «¿Por qué lloras?» «Señor», le contesté, «porque
no sé si puedo ser salvo.» «¿Por qué?», me dijo. «Señor»,
contesté, «porque nunca en mi vida he dicho una palabra de
verdad, sino que siempre he vivido engañosamente con todos los
hombres y he cubierto mi falsedad como verdad delante de todos los
hombres; y nadie me ha contradicho nunca, sino que se ha puesto
confianza en mi palabra. Señor, ¿cómo, pues, puedo vivir siendo
así que he hecho estas cosas?» Él me contestó: «Tu suposición
es cierta y verdadera, porque te corresponde como siervo de Dios
andar en la verdad, y el Espíritu de verdad no puede tener
complicidad con el mal, ni afligir al Espíritu que es santo y
verdadero.» Y le dije: «Nunca, Señor, oí claramente palabras
semejantes.» Y me contestó: «Ahora, pues, las oyes. Guárdalas,
para que las falsedades anteriores que dijiste en tus asuntos
y negocios puedan por sí mismas pasar a ser creíbles, ahora
que éstas son halladas verdaderas; porque también pueden pasar
aquéllas a ser dignas de confianza. Si guardas estas cosas y, en
adelante, no dices otra cosa que la verdad, podrás alcanzar la
vida para ti mismo. Y todo el que oiga este mandamiento y se
abstenga de falsedad —este hábito tan pernicioso— vivirá
para Dios.»
Cuarto Mandato
[29] I. «Te encargo»,
me dijo, «que guardes la pureza, y no permitas que entre en tu
corazón ningún pensamiento con referencia a la mujer de otro, o
referente a fornicación, u otros actos malos semejantes; porque
al hacerlo cometes un gran pecado. Pero recuerda siempre a tu
propia esposa, y no irás descaminado nunca. Porque si este deseo
entra en tu corazón, irás descaminado, y si entra otro alguno
tan malo como éste, cometes pecado. Porque este deseo en un
siervo de Dios es un gran pecado; y si un hombre hace esta maldad,
obra muerte para sí mismo. Mira bien, pues. Abstente de este
deseo; porque allí donde reside la santidad, la licencia no debe
entrar en el corazón de un hombre justo.» Y le dije: «Señor,
¿me permites hacer algunas preguntas más?» «Pregunta», me
contestó. Y yo le dije: «Señor, si un hombre que tiene una
esposa que confía en el Señor la descubre en adulterio, ¿comete
pecado el marido que vive con ella?» «En tanto que esté en la
ignorancia», me dijo, «no peca; pero si el marido sabe
que ella peca, y la esposa no se arrepiente, sino que continúa en
la fornicación, y el marido vive con ella, él se hace
responsable del pecado de ella y es un cómplice en su adulterio.»
Y le dije: «¿Qué es, pues, lo que ha de hacer el marido si la
esposa sigue en este caso?» «Que se divorcie de ella», dijo él,
«y que el marido viva solo; pero si después de divorciarse de su
esposa se casa con otra, él también comete adulterio». «Así
pues, Señor», le dije, «si después qve la
esposa es divorciada se arrepiente y desea regresar a su propio
marido, ¿no ha de ser recibida?» «Sin duda ha de serlo», me
dijo; «si el marido no la recibe, peca y acarrea gran pecado
sobre sí; es más, el que ha pecado y se arrepiente debe ser
recibido, pero no varias veces, porque sólo hay un
arrepentimiento para los siervos de Dios. Por amor a su
arrepentimiento, pues, el marido no debe casarse
con otra. Esta es la manera de obrar que se manda al esposo y a la
esposa. No sólo», dijo él, «es adulterio si un hombre
contamina su carne, sino que todo el que hace cosas como los
paganos comete adulterio. Por consiguiente, si hechos así los
sigue haciendo un hombre y no se arrepiente, mantente aparte de él
y no vivas con él. De otro modo, tú también
eres partícipe de su pecado. Por esta causa, se os manda que
permanezcáis solos, sea el marido o la esposa; porque en estos
casos es posible el arrepentimiento. Yo», me dijo, «no doy
oportunidad para que la cosa se quede así, sino con miras a que
el pecador no peque más. Pero, con respecto al pecado anterior,
hay Uno que puede dar curación: El es el que tiene
autoridad sobre todas las cosas.»
[30] II. Y le pregunté
de nuevo, y dije: «Siendo así que el Señor me tuvo por digno de
que permanecieras siempre conmigo, permíteme todavía decir unas
pocas palabras, puesto que no entiendo nada, y mi corazón se ha
vuelto más denso por mis actos anteriores. Hazme entender, porque
soy muy necio, y no capto absolutamente nada.» El me contestó,
diciéndome: «Yo presido sobre el arrepentimiento y doy comprensión
a todos los que se arrepienten. Es más, ¿no crees», me dijo, «que
este mismo acto es comprensión? El arrepentirse es una gran
comprensión», dijo él. «Porque el hombre que ha pecado
comprende que ha hecho lo malo delante del Señor, y el hecho que
ha cometido entra en su corazón y se arrepiente y ya no obra mal,
sino que hace bien en abundancia, y humilla su propia alma, y la
atormenta porque ha pecado. Ves, pues, que el arrepentimiento es
una gran comprensión.» «Es por esto, pues, Señor», le dije,
«que lo pregunto todo minuciosamente de ti; primero, porque soy
un pecador; segundo, porque no sé qué obras he de hacer para
poder vivir, porque mis pecados son muchos y varios.» «Tú vivirás»,
me dijo, «si guardas mis mandamientos y andas en ellos; y todo el
que oye estos mandamientos y los guarda, vivirá ante Dios.»
[31] III. Y le dije: «Todavía
voy a hacer otra pregunta, Señor.» «Di», me contestó. «He oído,
Señor», le dije, «de ciertos maestros, que no hay otro
arrepentimiento aparte del que tuvo lugar cuando descendimos ab
agua y obtuvimos remisión de nuestros pecados anteriores.» El me
contestó: «Has oído bien; porque es así. Porque el que ha
recibido remisión de pecados ya no debe pecar más, sino vivir en
pureza. Pero como tú inquieres sobre todas las cosas con
exactitud, te declararé esto también, para que no tengan excusa
los que crean, a partir de ahora, en el Señor, o los que ya hayan
creído. Pues los que ya han creído, o van a creer en adelante,
no tienen arrepentimiento para los pecados, sino que tienen sólo
remisión de sus pecados anteriores. A los que Dios llamó, pues,
antes de estos días, el Señor les designó arrepentimiento.
Porque el Señor, discerniendo los corazones y sabiendo de
antemano todas las cosas, conoció la debilidad de los hombres y
las múltiples añagazas del diablo, en qué forma él procurará
engañar a los siervos de Dios, y se portará con ellos
perversamente. El Señor, pues, siendo compasivo, tuvo piedad de
la obra de sus manos y designó esta (oportunidad para)
arrepentirse, y a mí me dio la autoridad sobre este
arrepentimiento. Pero te digo», me añadió, «si
después de este llamamiento grande y santo, alguno, siendo
tentado por el diablo, comete pecado, sólo tiene una (oportunidad
de) arrepentirse. Pero si peca nuevamente y se arrepiente, el
arrepentimiento no le aprovechará para nada; porque vivirá con
dificultad.» Yo le dije: «He sido vivificado cuando he oído
estas cosas de modo tan preciso. Porque sé que, si no añado a
mis pecados, seré salvo.» «Serás salvo», me dijo, «tú y
todos cuantos hagan todas estas cosas.»
[32] IV. Y le pregunté
de nuevo, diciendo: «Señor, como has tenido paciencia conmigo
hasta aquí, declárame esta otra cuestión también.» «Di», me
contestó. «Si una esposa», le dije, «o supongamos un marido,
muere, y el otro se casa, ¿comete pecado el que se
casa?» «No peca», me dijo; «pero si se queda sin casar, se
reviste de un honor mucho mayor y de gran gloria delante del Señor;
con todo, si se casa, no peca. Preserva, pues, la pureza y la
santidad, y vivirás ante Dios. Todas estas cosas, pues, que te
digo ahora y te diré después, guárdalas desde ahora en
adelante, desde el día en que me fuiste encomendado, y yo viviré
en tu casa. Pero, para tus transgresiones anteriores habrá remisión
si guardas mis mandamientos. Sí, y todos tendrán remisión si
guardan estos mandamientos y andan en esta pureza.»
Quinto Mandato
[33] I. «Sé paciente y
entendido», dijo, «y tendrás dominio sobre todo lo malo, y
obrarás toda justicia. Porque si eres sufrido, el Espíritu Santo
que habita en ti será puro, no siendo oscurecido por ningún espíritu
malo, sino que residiendo en un gran aposento se regocijará y
alegrará con el vaso en que reside, y servirá a Dios con mucha alegría,
teniendo prosperidad. Pero si sobreviene irascibilidad, al
punto el Espíritu Saiito, siendo delicado, es puesto en
estrechez, no teniendo [el] lugar despejado, y
procura retirarse del lugar porque
es ahogado por el mal espíritu, y no tiene espacio para ministrar
para el Señor como desea, ya que es contaminado por el
temperamento irascible. Porque el Señor mora en la longanimidad,
pero el diablo en la irascibilidad. Así pues, que los dos espíritus
habiten juntos es inconveniente, y malo para el hombre en el cual
residen. Porque si tomas un poco de ajenjo y lo viertes en un
tarro de miel, ¿no se echa a perder toda la miel, y esto por una
cantidad muy pequeña de ajenjo? Porque destruye la dulzura de la
miel, y ya no tiene el mismo atractivo para el que lo posee,
porque se ha vuelto amarga y ya es inservible. Pero si no se pone
el ajenjo en la miel, la miel es dulce y es útil para su dueño.
Ves [pues] que la longanimidad es muy dulce, más aún que la
dulzura de la miel, y es útil al Señor, y El reside en ella.
Pero la irascibilidad es amarga e inútil. Si el temperamento
irascible se mezcla, pues, con la paciencia, la paciencia es
contaminada y la intercesión del hombre ya no es útil a Dios.»
«Quisiera conocer, Señor», le dije, «la obra del temperamento
irascible, para que pueda guardarme de él.» «Sí,
verdaderamente», me contestó; «si tú no te guardas de él —tú
y tu familia— has perdido toda esperanza. Pero guárdate de él;
porque yo estoy contigo. Sí, y todos los hombres deben mantenerse
alejados de él, todos los que de todo corazón se han
arrepentido. Porque yo estoy con ellos y los preservaré; porque
todos fueron justificados por el ángel santísimo.
[34] II. »Oye ahora»,
me dijo, «cuán mala es la obra de la irascibilidad, y en qué
forma subvierte a los siervos de Dios por sí
misma, y cómo les lleva a extraviarse de la
justicia. Pero no descarría a aquellos que están plenamente en
la fe, ni puede obrar sobre ellos, porque el poder del Señor está
con ellos; pero a los que están vacíos y son de ánimo indeciso
les hace descarriar. Porque cuando ve a estos
hombres en prosperidad se insinúa en el corazón del hombre, y
sin ningún otro motivo, el hombre o la mujer es
agraviada a causa de las cosas seculares, sea sobre comidas o
alguna cosa trivial, o algún amigo, o sobre dar o recibir, o
sobre cuestiones de este estilo. Porque todas estas cosas son
necias y vanas y sin sentido e inconvenientes para los siervos de
Dios. Pero la paciencia es grande y fuerte, y tiene un poder
vigoroso y grande, y es próspera en gran crecimiento, alegre,
gozosa y libre de cuidado, glorificando al Señor en toda sazón,
no teniendo amargura en sí, permaneciendo siempre tranquila y
dulce. Esta paciencia, pues, reside en aquellos cuya fe es
perfecta. Pero el temperamento irascible es en primer lugar necio,
voluble e insensato; luego, de la necedad se engendra rencor; del
rencor, enojo; del enojo, ira; de la ira, despecho; entonces el
despecho es un compuesto de todos estos elementos viles y pasa a
ser un pecado grande e incurable. Porque cuando todos estos espíritus
residen en un vaso en que reside también el Espíritu Santo, este
vaso no puede contenerlos, sino que rebosa. El espíritu delicado,
pues, no estando acostumbrado a residir con un espíritu malo, ni
con aspereza, se aparta del hombre de esta clase, y procura
residir en tranquilidad y calma. Entonces, cuando se ha apartado
de aquel hombre en el cual reside, este hombre se queda vacío del
espíritu justo, y a partir de entonces, siendo lleno de malos espíritus,
es inestable en todas sus acciones, siendo arrastrado de acá para
allá por los espíritus malos, y se ve del todo
cegado y privado de sus buenas intenciones. Esto, pues, ha
sucedido a todas las personas de temperamento irascible. Abstente,
así, del temperamento irascible, el peor de los espíritus malos.
Pero revístete de paciencia, y resiste la irascibilidad y la
aspereza, y te hallarás en compañía de la santidad que es amada
por el Señor. Procura, por tanto, no descuidar nunca este
mandamiento; porque si dominas este mandamiento, podrás asimismo
guardar los restantes mandamientos que estoy a punto de darte.
Mantente firme en ellos dotado de poder; y que todos estén
dotados de poder, todos cuantos deseen andar en ellos.»
Sexto Mandato
[35] I.
«Te encargué», me dijo, «en mi primer mandamiento que guardes
la fe y el temor y la templanza.» «Sí, señor», le dije. «Pero
ahora», insistió, «quiero mostrarte sus poderes también, para
que puedas comprender cuál es el poder y efecto de cada una de
ellas. Porque sus efectos son dobles y hacen referencia tanto a lo
justo como a lo injusto. Por consiguiente, tú confía en la
justicia, pero no confíes en la injusticia; porque el camino de
la justicia es estrecho, pero el camino de la injusticia es
torcido. Pero anda en el camino estrecho [y llano] y deja el
torcido. Porque el camino torcido no tiene veredas claras, sino
lugares sin camino marcado, tiene piedras en que tropezar, y es áspero
y lleno de espinos. Así pues, es perjudicial para los que andan
en él. Pero los que andan en el camino recto, andan en terreno
llano y sin tropezar: porque no es ni áspero ni tiene espinos.
Ves, pues, que es más conveniente andar en este camino.» «Estoy
contento, señor», le dije, «de andar en este camino.» «Tú
andarás, sí», dijo, «y todo el que se vuelva al Señor de todo
corazón andará en él.»
[36] II. «Oye ahora»,
me dijo, «con respecto a la fe. Hay dos ángeles en cada hombre:
uno de justicia y otro de maldad.» «Señor», le dije, «¿cómo
voy, pues, a conocer sus actividades si los ángeles moran en mí?»
«Escucha», me contestó, «y entiende sus obras. El ángel de
justicia es delicado y tímido, manso y sosegado. Por lo tanto,
cuando éste entra en tu corazón, inmediatamente habla contigo de
justicia, de pureza, santidad, contento, de todo acto justo y toda
virtud gloriosa. Cuando todas estas cosas entran en tu corazón,
sabe que el ángel de justicia está contigo. [Estas, pues, son
las obras del ángel de justicia.] Confía en él, pues, y en sus
obras. Ahora, ve las obras del ángel de maldad también. Ante
todo, es iracundo y rencoroso e insensato, y sus obras son malas y
nocivas para los siervos de Dios. Siempre que éste entra en tu
corazón, conócele por las palabras.» «No sé cómo voy a
discernirle, Señor», le contesté. «Escucha», dijo él. «Cuando
te viene un acceso de irascibilidad o rencor, sabe que él está
en ti. Luego, cuando te acucia el deseo de muchos negocios y el de
muchas y costosas comilonas y borracheras y de varias lujurias
que son impropias, y el deseo de mujeres, y la codicia y la
altanería y la jactancia, y de todas las cosas semejantes a éstas;
cuando estas cosas, pues, entran en tu corazón, sabe que el ángel
de maldad está contigo. Tú, pues, reconociendo sus obras,
mantente apanado de él, y no confíes en él en nada, porque sus
obras son malas e impropias de los siervos de Dios. Aquí, pues,
tienes las obras de los dos ángeles. Entiéndelas, y confía en
el ángel de justicia. Pero del ángel de maldad mantente apanado,
porque su enseñanza es mala en todo sentido; porque aunque uno
sea un hombre de fe, si el deseo de este ángel entra en su corazón,
este hombre, o esta mujer, ha de cometer algún pecado. Y si además
un hombre o una mujer es en extremo malo, y las obras del ángel
de justicia entran en el corazón de este hombre, por necesidad ha
de hacer algo bueno. Ves, pues», dijo, «que es bueno seguir al
ángel de justicia y despedirse del ángel de maldad. Este
mandamiento declara lo que hace referencia a la fe, para que
puedas confiar en las obras del ángel de justicia y, haciéndolas,
puedas vivir para Dios. Pero cree que las obras del ángel de
maldad son difíciles; así que, al no hacerlas, vivirás ante
Dios.»
Séptimo Mandato
[37] «Teme al Señor», me dijo, «y guarda
sus mandamientos. Así que guardando los mandamientos de Dios serás
poderoso en toda obra, y tus actos serán incomparables. Porque en
tanto que temas al Señor, harás todas las cosas bien. Este es el
temor con el cual deberías temer y ser salvo. Pero no temas al
diablo; pues si temes al Señor, te enseñorearás del diablo,
porque no hay poder en él. [Porque] de aquel en quien no hay
poder, tampoco hay temor; pero a aquel cuyo poder es glorioso, a
éste hay que temer. Porque todo aquel que tiene poder es temido,
en tanto que el que no tiene poder es despreciado por todos. Pero
teme las obras del diablo, porque son malas. Cuando tú temas al
Señor, temerás las obras del diablo y no las harás, sino que te
abstendrás de ellas. El temor es, pues, de dos clases. Si deseas
hacer lo malo, teme al Señor, y no lo hagas. Pero si deseas hacer
lo bueno, teme al Señor y hazlo. Por tanto, el temor del Señor
es poderoso y grande y glorioso. Teme al Señor, pues, y vivirás
para El; sí, y todos los que guardan sus mandamientos y le temen,
vivirán para Dios.» «¿Por qué, Señor», le pregunté, «has
dicho con respecto a los que guardan sus mandamientos: "Vivirán
para Dios"?» «Porque», me dijo, «toda criatura teme al Señor,
pero no todos guardan sus mandamientos. Así pues, los que le
temen y guardan sus mandamientos, tienen vida ante Dios; pero los
que no guardan sus mandamientos no tienen vida en sí.»
Octavo Mandato
[38] «Te
dije», prosiguió, «que las criaturas de Dios tienen dos
aspectos; porque la templanza también los tiene. Porque en
algunas cosas es justo ser templado, pero en otras no lo es.» «Dame
a conocer, señor», le dije, «en que cosas es recto ser templado
y en qué cosas no lo es.» «Escucha», me dijo: «Sé templado
respecto a lo que es malo, y no lo hagas; pero no seas templado
respecto a lo que es bueno, sino hazlo. Porque si eres templado
para lo que es bueno, de modo que no lo haces, cometes un gran
pecado; pero si eres templado respecto a lo que es malo, de modo
que no lo ejecutas, haces una gran justicia. Sé
templado, por consiguiente, absteniéndote de toda maldad, y haz
lo que es bueno.» «¿Qué clases de maldad, Señor», le dije,
«son aquellas de que hemos de abstenernos siendo templados?» «Oye»,
me dijo; «del adulterio y la fornicación, del libertinaje y la
embriaguez, de la lujuria perversa, de las muchas viandas y lujos
de los ricos, del jactarse y la altivez y el orgullo, de la
falsedad y hablar mal y la hipocresía, la malicia y toda
blasfemia. Estas obras son las más perversas de todas en la vida
de los hombres. De estas obras, pues, el siervo de Dios debe
abstenerse, siendo templado; porque el que no es templado de modo
que no se abstiene de ellas, tampoco vive para Dios. Escucha,
pues, lo que ocurre a éstos.» «¡Cómo!», dije, «¿hay otros
actos malos todavía, Señor?» «Sí», me dijo, «hay muchos
ante los cuales el siervo de Dios ha de ser templado y abstenerse:
hurtos, falsedades, privaciones, falsos testimonios, avaricia,
malos deseos, engaño, vanagloria, jactancia, y todas las cosas
que son semejantes. ¿No crees que estas cosas son malas, sí, muy
malas», [dijo Él], «para los siervos de Dios? En todas estas
cosas el que sirve a Dios debe ejercer templanza y abstenerse de
ellas. Sé, pues, templado, y abstente de todas estas cosas, para
que puedas vivir para Dios y ser contado entre los que ejercen
dominio propio en ellas. Estas son, por tanto, las cosas de las
cuales debes abstenerte. Ahora escucha», dijo, «las cosas en que
no deberías ejercer abstención, sino hacerlas. No ejerzas
abstención en lo que es bueno, sino hazlo.» «Señor», le dije,
«muéstrame el poder de las cosas buenas también, para que pueda
andar en ellas, y servirlas, para que haciéndolas me sea posible
ser salvo.» «Oye también», me dijo, «las cosas buenas que
debes hacer, de las cuales no tienes que abstenerte. Primero están
la fe, el temor del Señor, el amor, la concordia, las palabras de
justicia, verdad, paciencia; no hay nada mejor que estas cosas en
la vida de los hombres. Si un hombre las guarda, y no se abstiene
de ellas, es bienaventurado en esta vida. Oye ahora las otras que
se sigue de ellas: ministrar a las viudas, visitar a los huérfanos
y necesitados, rescatar a los siervos de Dios en sus aflicciones,
ser hospitalario (porque en la hospitalidad se ejerce la
benevolencia una y otra vez), no resistir a otros, ser tranquilo,
mostrarse más sumiso que todos los demás, reverenciar a los
ancianos, practicar la justicia, observar el sentimiento
fraternal, soportar las ofensas, ser paciente, no guardar rencor,
exhortar a los que están enfermos del alma, no echar a los que
han tropezado en la fe, sino convertirlos y darles ánimo,
reprender a los pecadores, no oprimir a los deudores e indigentes,
y otras acciones semejantes. ¿Te parecen buenas?», me preguntó.
«¿Cómo, Señor! ¿Puede haberlas mejores», le contesté. «Entonces
anda con ellas», me dijo, «y no te abstengas de ellas, y vivirás
para Dios. Guarda este mandamiento, pues. Si obras
bien y no te abstienes de hacerlo, vivirás para Dios; sí, y
todos los que obren así vivirán para Dios. Y de nuevo, si no
obras mal, sino que te abstienes de él, vivirás para Dios; sí,
y vivirán para Dios todos los que guardan estos mandamientos y
andan en ellos.»
Noveno Mandato
[39] Y
él me dijo: «Aparta de ti todo ánimo indeciso y no dudes en
absoluto de si has de hacer suplicar a Dios, diciéndote a ti
mismo: "¿Cómo puedo pedir una cosa del Señor y recibirla
siendo así que he cometido tantos pecados contra Él?"
No razones de esta manera, sino vuélvete al Señor de todo
corazón, y no le pidas nada vacilando, y conocerás su gran
compasión, pues Él, sin duda, no te abandonará, sino que
cumplirá la petición de tu alma. Porque Dios no es como los
hombres que guardan rencores, sino que El mismo es sin malicia y
tiene compasión de sus criaturas. Limpia, pues, tu corazón de
todas las vanidades de esta vida, y de las cosas mencionadas
antes; y pide al Señor, para que recibas todas las cosas, y no se
te negará ninguna de todas tus peticiones si no pides al Señor
las cosas vacilando. Pero si fluctúas en tu corazón no recibirás
ninguna de tus peticiones. Porque los que vacilan respecto a Dios
son los de ánimo indeciso, y éstos nunca obtienen sus
peticiones. Pero los que están llenos en la fe, hacen todas sus
peticiones confiando en el Señor, y reciben porque piden sin
vacilación, sin dudar; porque todo hombre de ánimo indeciso, si
no se arrepiente, difícilmente se salvará. Purifica, pues, tu
corazón de toda duda en tu ánimo, y ten fe, porque es fuerte, y
confía en Dios para que recibas todas las peticiones que haces; y
si después de pedir algo al Señor recibes tu petición con
alguna demora, no vaciles en tu ánimo porque no has recibido la
petición de tu alma al instante. Porque es por razón de alguna
tentación o alguna transgresión de la que tú no sabes nada que
no recibes la petición sino con demora. Por tanto, no ceses en
hacer la petición de tu alma, y la recibirás. Pero si te cansas,
y dudas cuando pides, cúlpate a ti mismo y no a Aquel que te lo
da. Resuelve esta indecisión; porque es mala y sin sentido, y
desarraiga a muchos de la fe, sí, incluso a hombres fieles y
fuertes. Porque verdaderamente esta duda en el ánimo es hija del
diablo y causa gran daño a los siervos de Dios. Por tanto,
desprecia estas dudas del ánimo y domínalas en todo, revistiéndote
de fe, que es fuerte y poderosa. Puesto que la fe promete todas
las cosas, realiza todas las cosas; pero el ánimo indeciso, que
no tiene confianza en sí mismo, falla en todas las obras que
hace. Ves, pues», dijo, «que la fe viene de arriba, del Señor,
y tiene gran poder; pero el ánimo vacilante es un espíritu
terreno del diablo, y no tiene poder. Por tanto, sirve a la fe que
tiene poder, y mantente lejos del ánimo vacilante, y vivirás
para Dios; sí, y todos los que piensan igual vivirán para
Dios.»
Décimo Mandato
[40] I.
«Ahuyenta de ti la tristeza», me dijo, «porque es
la hermana del ánimo indeciso y el temperamento
irascible.» «¿Cómo, Señor», le dije, «es hermana de éstos?
Porque el temperamento irascible me parecer ser una cosa; el ánimo
vacilante, otra; la pena, otra.» «Eres un necio», me contestó,
«[y] no te das cuenta que la tristeza es peor que todos los espíritus,
y muy fatal para los siervos de Dios, y más que todos los espíritus
destruye al hombre, y apaga al Espíritu Santo, y por otro lado lo
salva.» «Yo, Señor», le dije, «no tengo entendimiento, y no
comprendo estas parábolas. Porque ¿cómo puede destruir y
salvar?, esto no lo comprendo.» «Escucha», me dijo: «Los
que nunca han investigado respecto a la verdad, ni
inquirido respecto a la divinidad, sino meramente creído, y se
han mezclado en negocios y riquezas y amigos paganos y muchas
otras cosas de este mundo; cuantos, digo, se dedican a estas
cosas, no comprenden las parábolas de la deidad; porque han sido
entenebrecidos por sus acciones, y se han corrompido y hecho
infructuosos. Como las viñas buenas, que cuando se las abandona y
descuida se vuelven infructuosas por las zarzas y hierbas de todas
clases, lo mismo los hombres que, después de haber creído, caen
en estas muchas ocupaciones que hemos mencionado antes, pierden su
entendimiento y no comprenden nada en absoluto con respecto a la
justicia; porque si oyen acerca de la deidad y la verdad, su mente
está absorta en sus ocupaciones, y no perciben nada en absoluto.
Pero si tienen el temor de Dios, e investigan con respecto a la
deidad y a la verdad, y dirigen su corazón hacia el Señor,
perciben y entienden todo lo que se les dice más rápidamente,
porque el temor del Señor está en ellos; porque donde reside el
Señor, allí también hay gran entendimiento. Adhiérete, pues,
al Señor, y comprenderás y advertirás todas las cosas.
[41] II. »Escucha ahora,
hombre sin sentido», me dijo, «en qué forma la tristeza oprime
al Espíritu Santo y le apaga, y en qué forma salva. Cuando el
hombre de ánimo indeciso emprende alguna acción, y fracasa en
ella debido a su ánimo indeciso, la tristeza entra en el hombre,
y contrista al Espíritu Santo y lo apaga. Luego, cuando el temple
irascible se adhiere al hombre con respecto a algún asunto, y está
muy contrariado, de nuevo la tristeza entra en el corazón del
hombre que estaba contrariado y es compungido por el ácto que ha
cometido, y se arrepiente de haber obrado mal. Esta tristeza,
pues, parece traer salvación, porque se arrepiente de haber hecho
el mal. Así pues, las operaciones entristecen al Espíritu,
primero, el ánimo indeciso entristece al Espíritu, porque no
consigue el asunto que quiere, y el temple irascible también,
puesto que hizo algo malo. Por consiguiente, los dos contristan al
Espíritu: el ánimo indeciso y el temple irascible. Ahuyenta de
ti, pues, tu tristeza, y no aflijas al Espíritu Santo que mora en
ti, para que no suceda que interceda a Dios [contra ti] y se
aparte de ti. Porque el Espíritu de Dios, que fue dado a esta
carne, no soporta la tristeza ni el ser constreñido.
[42] III. »Por tanto,
revístete de alegría y buen ánimo, que siempre tiene favor
delante de Dios, y le es aceptable, y regocíjate en ellos. Porque
todo hombre animoso obra bien, y piensa bien, y desprecia la
tristeza; pero el hombre triste está siempre cometiendo pecado.
En primer lugar comete pecado, porque contrista al Espíritu
Santo, que fue dado al hombre siendo un espíritu animoso; y en
segundo lugar, al contristar al Espíritu Santo, pone por obra
iniquidad, ya que ni intercede ante Dios ni le confiesa. Porque la
intercesión de un hombre triste nunca tiene poder para ascender
al altar de Dios.» «¿Por qué», pregunté yo, «la intercesión
del que está triste no asciende al altar?» Me contestó: «Porque
la tristeza está situada en su corazón. Por ello, la tristeza
mezclada con la intercesión no permite que la intercesión
ascienda pura al altar. Porque como el vinagre cuando se mezcla
con vino en el mismo (vaso) no tiene el mismo sabor agradable, del
mismo modo la tristeza mezclada con el Espíritu Santo no produce
la misma intercesión (que produciría el Espíritu Santo solo).
Por consiguiente, purifícate de tu malvada tristeza, y vivirás
para Dios; si, y todos viven para Dios, los que echan de sí la
tristeza y se revisten de buen ánimo y alegría.»
Undécimo Mandato
[43] Y
me mostró a unos hombres sentados en un sofá, y a otro hombre
sentado en una silla. Y me dijo: «¿Ves a éstos que están
sentados en el sofá?» «Los veo, Señor», le dije. «Estos»,
me contestó, «dan fruto, pero el que está sentado en la silla
es un falso profeta que destruye la mente de los siervos de Dios
—es decir, los de ánimo vacilante, no de
los fieles—. Estos de ánimo indeciso, por tanto, van a él como
un adivinador e inquieren de él lo que les sucederá. Y él, el
falso profeta, no teniendo poder de un Espíritu divino en sí,
habla con ellos en concordancia con sus preguntas [y en
concordancia con las concupiscencias de su maldad], y llena sus
almas según ellos desean que sean llenadas. Porque, siendo vacío
él mismo, da respuestas vacías a los inquiridores vacíos;
porque a toda pregunta que se le haga, responde en conformidad con
lo vacío del hombre. Pero dice también algunas palabras de
verdad; porque el diablo le llena de su propio espíritu, por si
acaso le es posible abatir a algunos de los justos. Así pues,
todos los que son fuertes en la fe del Señor, revestidos de la
verdad, no se unen a estos espíritus, sino que se mantienen a
distancia de ellos; pero cuantos son de ánimo vacilante y cambian
su opinión con frecuencia, practican la adivinación como los
gentiles y acarrean sobre sí mismos mayor pecado con sus idolatrías.
Porque el que consulta a un profeta falso sobre alguna cosas, es
un idólatra y está exento de la verdad y de sentido. Porque a
ningún Espíritu dado por Dios hay necesidad de consultarle, sino
que, teniendo el poder de la deidad, dice todas las cosas de sí
mismo, porque es de arriba, a saber, del poder del Espíritu
divino. Pero el espíritu que es consultado, y habla en
conformidad con los deseos de los hombres, es terreno y voluble,
no teniendo poder; y no habla en absoluto, a menos que sea
consultado.» «¿Cómo, pues, señor», le dije, «sabrá un
hombre quién es un profeta y quién es un profeta falso?» «Escucha»,
me contestó, «respecto a estos dos profetas; y, como te diré,
así pondrás a prueba al profeta y al falso profeta. Por medio de
su vida pon a prueba al hombre que tiene el Espíritu divino. En
primer lugar, el que tiene el Espíritu [divino], que es de
arriba, es manso y tranquilo y humilde, y se abstiene de toda
maldad y vano deseo de este mundo presente, y se considera
inferior a todos los hombres, y no da respuesta a ningún hombre
cuando inquiere de él, ni habla en secreto (porque tampoco habla
el Espíritu Santo cuando un hombre quiere que lo haga), sino que
este hombre habla cuando Dios quiere que lo haga. Así pues,
cuando el hombre que tiene el Espíritu divino acude a una
asamblea de hombres justos, que tienen fe en el Espíritu divino,
y se hace intercesión a Dios en favor de la congregación de
estos hombres, entonces el ángel del espíritu profético que está
con el hombre llena al hombre, y éste, siendo lleno del Espíritu
Santo, habla a la multitud, según quiere el Señor. De esta
manera, pues, el Espíritu de la deidad será manifestado. Esta,
por tanto, es la grandeza del poder que corresponde al Espíritu
de la divinidad que es del Señor.» «Oye ahora», me dijo, «respecto
al espíritu terreno y vano, que no tiene poder, sino que es
necio. En primer lugar, este hombre que parece tener un espíritu,
se exalta a sí mismo, y desea ocupar un lugar principal, e
inmediatamente es imprudente y desvergonzado y charlatán y habla
familiarizado en -muchas cosas lujuriosas y
muchos otros engaños, y recibe dinero por su actividad profética,
y si no lo recibe, no profetiza. Ahora bien, ¿puede un Espíritu
divino recibir dinero y profetizar? No es posible que un profeta
de Dios haga esto, sino que el espíritu de estos profetas es
terreno. En segundo lugar, nunca se acerca a una asamblea de
justos; sino que los evita, y se junta con los de ánimo indeciso
y vacíos, y profetiza para ellos en los rincones, y los engaña,
diciéndoles toda clase de cosas en vaciedad, para gratificar sus
deseos; porque también son vacíos aquellos a los que contesta.
Porque el vaso vacío es colocado junto con el vacío, y no se
rompe, sino que están de acuerdo el uno con el otro.
Pero cuando este hombre entra en una asamblea llena de
justos, que tienen un Espíritu de la divinidad, y ellos hacen
intercesión, este hombre es vacío, y el espíritu terreno huye
de él con temor, y el hombre se queda mudo y se queda
desconcertado, sin poder decir una sola palabra. Porque si colocas
vino o aceite en una alacena, y pones una vasija vacía entre
ellos, y luego deseas vaciar la alacena, la vasija que habías
colocado allí vacía la vas a sacar vacía. Del mismo modo, también,
los profetas vacíos, siempre que se ponen en contacto con los espíritus
de los justos, después quedan igual que antes. Te he mostrado la
vida de las dos clases de profetas. Por lo tanto, pon a prueba,
por su vida y sus obras, al hombre que dice que es movido por el
Espíritu. Así pues, confía en el Espíritu que viene de Dios y
tiene poder; pero en el espíritu terreno y vacío no pongas
confianza alguna; porque en él no hay poder, puesto que viene del
diablo. Escucha [pues] la parábola que te diré. Toma una piedra
y échala hacia arriba al cielo, ve si puedes alcanzarlo; o también,
lanza un chorro de agua hacia el cielo, y mira si puedes penetrar
en el cielo.» Y le dije: «Señor, ¿cómo pueden hacerse estas
cosas? Porque las dos cosas que has mencionado están más allá
de nuestro poder.» «Bien, pues», me dijo, «del mismo modo que
estas cosas están más allá de nuestro poder, igualmente los espíritus
terrenos no tienen poder y son débiles. Ahora toma el poder que
viene de arriba. El granizo es una piedrecita pequeña y, con
todo, cuando cae sobre la cabeza de un hombre, ¡cuánto dolor
causa! O, también, toma una gota que cae del tejado al suelo y
hace un hueco en la piedra. Ves, por consiguiente, que las cosas
pequeñas de arriba caen sobre la tierra con gran poder. De la
misma manera, el Espíritu divino, viniendo de arriba, es
poderoso. Confía, pues, en este Espíritu, pero mantente lejos
del otro.»
Duodécimo Mandato
[44] I.
Y me dijo: «Aparta de ti todo mal deseo, y revístete del deseo
que es bueno y santo; porque revestido de este deseo podrás
aborrecer el mal deseo, y le pondrás brida y lo dirigirás según
quieras. Porque el mal deseo es salvaje, y sólo se domestica con
dificultad; porque es terrible, y por su tosquedad es muy costoso
a los hombres; más especialmente, si un siervo de Dios se enmaraña
en él y no tiene entendimiento, le es en extremo costoso. Además,
es costoso a los hombres que no están revestidos del buen deseo,
sino que están enzarzados en esta vida. A estos hombres, por
tanto, los entrega a la muerte.» «Oh Señor», dije yo, «ide qué
clase son las obras del mal deseo, que entrega al hombre a la
muerte? Dame a conocer estas obras para que pueda mantenerme
alejado de ellas.» «Escucha», [dijo él], «a través de qué
obras el mal deseo acarrea muerte a los siervos de Dios.
[45] II. »Ante todo, el
deseo de la esposa o marido de otro, y de
los extremos de riqueza, y de muchos lujos innecesarios, y de
bebidas y otros excesos, muchos y necios. Porque todo lujo es
necio y vano para los siervos de Dios. Estos deseos, pues, son
malos, y causan la muerte a los siervos de Dios. Porque este mal
deseo es un hijo del diablo. Por lo tanto, tenéis que absteneros
de los malos deseos, para que, absteniéndoos, podáis vivir para
Dios. Pero todos los que son dominados por ellos, y no los
resisten, son puestos a muerte del todo; porque estos deseos son
mortales. Pero tú revístete del deseo de justicia, y habiéndote
armado con el temor del Señor, resístelos. Porque el temor de
Dios reside en el buen deseo. Si el mal deseo te ve armado con el
temor de Dios y resistiéndole, se irá lejos de ti y no le verás
más, pues teme tus armas. Por tanto, tú, cuando seas
recompensado con la corona de victoria sobre él, ven al deseo de
justicia, y entrégale el premio del vencedor que has recibido, y
sírvele, según ha deseado. Si tú sirves al buen deseo, y estás
sometido a él, tendrás poder para dominar al mal deseo, y
someterle, según quieras.»
[46] III. «Me gustaría saber, Señor»,
le dije, «en qué formas debería servir al buen deseo». «Escucha»,
me dijo; «practica la justicia y la virtud, la verdad y el temor
del Señor, la fe y la mansedumbre, y otros actos buenos así.
Practicándolos, serás agradable como siervo de Dios, y vivirás
para El; sí, y todo el que sirve al buen deseo vivirá para Dios.»
Así completó él los doce mandamientos, y me
dijo: «Tú tienes estos mandamientos; anda en ellos, y exhorta a
los que te escuchan a que se arrepientan y sean puros durante el
resto de los días de su vida. Cumple este ministerio que te
encargo, con toda diligencia, hasta el fin, y habrás hecho mucho.
Porque hallarás favor entre aquellos que están a punto de
arrepentirse, y obedecerán tus palabras. Porque estaré contigo,
y yo les constreñiré a que te obedezcan.»
Y yo le dije: «Señor, estos mandamientos son
grandes y hermosos y gloriosos, y pueden alegrar el corazón
del hombre que es capaz de observarlos.
Pero no sé si estos mandamientos pueden ser guardados por un
hombre, porque son muy difíciles.» El me contestó y me dijo: «Si
te propones guardarlos, los guardarás fácilmente, y no serán
difíciles; pero si entran alguna vez en tu corazón que no pueden
ser guardados por el hombre, no los guardarás. Pero ahora te
digo: si no los guardas, sino que los descuidas, no tendrás
salvación, ni tus hijos ni tu casa, puesto que ya has pronunciado
juicio contra ti que estos mandamientos no pueden ser guardados
por el hombre. »
[47] IV. Y me dijo estas cosas muy
enojado, de modo que yo estaba consternado, y en extremo
espantado; porque su aspecto cambió, de modo que un hombre no podía
soportar su ira. Y cuando vio que yo estaba perturbado y
confundido, empezó a hablar de modo más amable [y jovial], y me
dijo: «Necio, vacío de entendimiento y de ánimo indeciso, ¿no
te das cuenta de la gloria de Dios, lo grande y poderosa y
maravillosa que es, que ha creado el mundo por amor al hombre, y
le ha sometido su creación, y le ha dado toda autoridad para que
se enseñoree de todas las cosas debajo del cielo? Si, pues»,
[dijo],«el hombre es señor de todas las criaturas de Dios y
domina todas las cosas, ¿no puede también dominar estos
mandamientos? Sí», dijo él, «el hombre que tiene al Señor en
su corazón puede dominar [todas las cosas y] todos estos
mandamientos. Pero los que tienen al Señor en sus labios, en
tanto que su corazón está endurecido y lejos del Señor, para
ellos estos mandamientos son duros e inaccesibles. Por tanto,
vosotros los que sois vacíos y volubles en la fe, poned a vuestro
Señor en vuestro corazón, y os daréis cuenta que no hay nada más
fácil que estos mandamientos, ni más dulce ni más agradable.
Convertíos los que andáis según los mandamientos del diablo,
(los mandamientos del cual son) difíciles y amargos y extremosos
y disolutos; y no temáis al diablo, porque no hay poder en él
contra vosotros. Porque yo estaré con vosotros, yo, el ángel del
arrepentimiento, que tiene dominio sobre él. El diablo sólo
tiene temor, pero este temor no es fuerza. No le temáis, pues, y
huirá de vosotros.»
[48] V. Y yo le
dije: «Señor, escúchame unas pocas palabras.» «Di lo que
quieras», me contestó. «Señor», le dije, «el hombre está
ansioso de guardar los mandamientos de Dios, y no hay uno solo que
no pida al Señor que le corrobore en sus mandamientos, y sea
sometido a ellos; pero el diablo es duro y se enseñorea de ellos.»
«No puede enseñorearse de los siervos de Dios», dijo él, «cuando
ponen su esperanza en El de todo su corazon. El diablo puede
luchar con ellos, pero no puede vencerlos. Así pues, si le resistís,
será vencido, y huirá de vosotros avergonzado. Pero todos
cuantos sean por completo vacíos», dijo él, «que teman al
diablo como si tuviera poder. Cuando un hombre ha llenado
suficiente número de jarras de buen vino, y entre estas jarras
hay unas pocas que han quedado vacías, él se llega a las jarras,
y no examina las llenas, porque sabe que están llenas; sino que
examina las vacías, temiendo que se hayan vuelto agrias. Porque
las jarras vacías pronto se vuelven agrias, y echan a perder el
sabor del vino. Así también el diablo viene a todos los siervos
de Dios para tentarles. Todos los que tienen una fe completa, se
le oponen con poder, y él los deja, no teniendo punto por el cual
pueda entrar en ellos. Así que va a los otros que están vacíos
y, hallando un lugar, entra en ellos, y además hace lo que quiere
en ellos, y pasan a ser sus esclavos sumisos.
[49] VI. »Pero yo, el ángel del
arrepentimiento, os digo: No temáis al diablo; porque yo fui
enviado para estar con vosotros los que os arrepentís de todo
corazón, y para confirmaros en la fe. Creed, pues, en Dios,
vosotros los que por razón de vuestros pecados habéis
desesperado de vuestra vida, y estáis añadiendo a vuestros
pecados, y haciendo que se hunda vuestra vida; porque si os volvéis
al Señor de todo corazón, y obráis justicia los días que os
quedan de vida, y le servís rectamente según su voluntad, Él os
sanará de vuestros pecados anteriores y tendréis poder para
dominar las obras del diablo. Pero no hagáis ningún caso de las
amenazas del diablo; porque sus tendones son impotentes, como los
de un muerto. Oídme, pues, y temed a Aquel que puede
hacer todas las cosas para salvar y para destruir, y
observad estos mandamientos y viviréis para Dios.» Y yo le dije:
«Señor, ahora me siento fortalecido en todas las ordenanzas del
Señor, porque tú estás conmigo; y sé que tú vas a aplastar
todo el poder del diablo, y nos enseñorearemos de él y
prevaleceremos sobre todas sus obras. Y espero, Señor, que ahora
seré capaz de guardar estos mandamientos que tú has mandado,
capacitado por el Señor.» «Los guardarás», me dijo, «si tu
corazón es puro ante el Señor, sí, y los guardarán todos
cuantos purifiquen sus corazones de los deseos vanos de este mundo
y vivan para Dios.»
Parábolas que me explicó
[Parábola primera]
[50] Me dijo: «Sabéis que vosotros los
siervos de Dios estáis viviendo en un país extranjero; porque
vuestra ciudad está muy lejos de esta ciudad. Así pues, si conocéis
vuestra ciudad, en la cual viviréis, ¿por qué os procuráis
campos aquí, y hacéis costosas preparaciones, y acumuláis
edificios y habitaciones que son superfluos? Por tanto, el que
prepara estas cosas para esta ciudad no tiene intención de
regresar a su propia ciudad. ¡Oh hombre necio, de ánimo indeciso
y desgraciado!, ¿no ves que todas estas cosas son extrañas, y
están bajo el poder de otro? Porque el señor
de esta ciudad dirá: "No quiero que éste resida en mi
ciudad; vete de esta ciudad, porque no te conformas a mis
leyes." Tú, pues, que tienes campos y moradas y muchas otras
posesiones, cuando serás echado por él, ¿qué harás con tu
campo y tu casa y todas las otras cosas que has preparado para ti?
Porque el señor de este país te dice con justicia: "O bien
te conformas a mis leyes, o abandonas mi país." ¿Qué harás,
pues, tú que estás bajo la ley de tu propia ciudad? ¿Por amor a
tus campos y el resto de tus posesiones repudiarás tu ley y andarás
conforme a la de esta ciudad? Vigila que no te sea inconveniente
el repudiar tu ley; porque si quieres regresar de nuevo a tu
propia ciudad, con toda seguridad no serás recibido [porque has
repudiado la ley de tu ciudad], y se te excluirá de ella. Vigila,
pues; como residente en una tierra extraña no prepares más para
ti, como no sea lo estrictamente necesario y suficiente, y está
preparado para que, cuando el señor de esta ciudad desee echarte
por tu oposición a su ley, puedas partir de esta ciudad e ir a tu
propia ciudad, y usar tu propia ley gozosamente, libre de toda
ofensa. Procura, pues, que sirvas a Dios y le tengas en tu corazón;
haz las obras de Dios teniendo en cuenta sus mandamientos y las
promesas que Él ha hecho, y cree en Él que
Él las realizará si guardas sus mandamientos. Por tanto, en vez
de campos, compra almas que estén en tribulación, como puede
cada cual, y visita a las viudas y los huérfanos, y no lo
descuides; y gasta tus riquezas y todos tus recursos, que has
recibido de Dios, en campos y casas de esta clase. Porque para
este fin os ha enriquecido el Señor, para que podáis ejecutar
estos servicios suyos. Es mucho mejor comprax campos [y
posesiones] y casas de esta clase, que hallarás en tu propia
ciudad cuando vayas a residir a ella. Este dispendio abuñdante es
hermoso y gozoso y no trae tristeza ni temor, sino gozo. El gasto
del pagano, pues, no lo practiques; porque no es conveniente para
los siervos de Dios. Sino practica tu propio dispendio en el cual
puedes gozarte; y no corrompas, ni toques lo que es de otro, ni lo
desees; porque es malo desear las posesiones de otro. Pero ejecuta
tu propia tarea y serás salvo.»
Otra Parábola [segunda]
[51] Mientras andaba por el campo noté un olmo
y una vid, y estando distinguiéndolos a los dos y a sus frutos,
el pastor se me apareció y me dijo: «¿Qué estás meditando
dentro de ti?» «Estoy pensando, [señor]», le dije, «sobre el
olmo y la vid, que son en extremo apropiados el uno al otro.» «Estos
dos árboles», me dijo, «son designados como un (ejemplo) para
los siervos de Dios.» «Quisiera saber [señor]», le dije, «el
ejemplo contenido en estos árboles de los cuales estás hablando.»
«Mira», me dijo, «el olmo y la vid.» «Los veo, señor», le
dije. «Esta vid», dijo él, «da fruto, pero el olmo es de un
tronco que no produce fruto. Con todo, esta vid, a menos que se
encarame por el olmo, no puede llevar mucho fruto cuando se
arrastra por el suelo; y el fruto que produce entonces es malo,
porque no está suspendida del olmo. Cuando la vid se adhiere al
olmo, pues, da fruto de sí y desde el olmo. Ves, pues, que el
olmo también da [mucho] fruto, no menos que la vid, sino más aún.»
«¿Cuánto más, señor?», pregunté yo. «Porque», dijo él,
«la vid, cuando cuelga del olmo, da fruto en abundancia y en
buena condición; pero cuando se arrastra por el suelo, da poco
fruto y éste se pudre. Esta parábola, por lo tanto, es aplicable
a los siervos de Dios, a los pobres y a los ricos por un igual.»
«¿Cómo?, señor», le pregunté; «dímelo». «Escucha»,
contestó; «el rico tiene mucha riqueza pero en las cosas del Señor
es pobre, pues las riquezas le distraen y su confesión e
intercesión al Señor es muy escasa; y aun cuando da, es poco y débil,
y no tiene poder de arriba. Así pues, cuando el rico va al pobre
y le ayuda en sus necesidades, creyendo que por lo que hace al
pobre recibirá recompensa de Dios —porque el pobre es rico en
intercesión [y confesión], y su intercesión tiene gran poder
con Dios—, el rico, pues, suple todas las cosas al pobre sin
titubear. Pero el pobre, siendo provisto por el rico, hace
intercesión por él, dando gracias a Dios por el (rico) que le ha
dado a él. Y el otro es todavía más celoso de ayudar al pobre,
para que pueda seguir viviendo; porque sabe que la intercesión
del pobre es aceptable y rica delante de Dios. Los dos, pues,
cumplen su obra; el pobre haciendo intercesión, en que es rico [y
que él recibe del Señor]; y la devuelve, otra vez, al Señor que
se la proporciona. El rico, también, de igual manera provee al
pobre, sin vacilar, las riquezas que ha recibido del Señor. Y
esta obra es grande y aceptable a Dios, porque (el rico) entiende
(el objeto) de sus riquezas, y provee para el pobre de los tesoros
del Señor, y realiza el servicio del Señor rectamente. A la
vista de los hombres, pues, el olmo parece no llevar fruto, y no
saben ni perciben que si viene una sequía, el olmo, teniendo
agua, nutrirá a la vid, y la vid, teniendo provisión constante
de agua, dará doble cantidad de fruto, tanto para sí como para
el olmo. De la misma manera el pobre, al interceder ante el Señor
por el rico, afianza sus riquezas, y también el rico, supliendo
las necesidades del pobre, afianza su alma. Así pues, los dos
participan en la obra justa. Por tanto, el que hace estas cosas no
será abandonado por Dios, sino que será inscrito en los libros
de los vivos. Bienaventurados son los ricos que entienden también
que son enriquecidos por el Señor. Porque los que piensan así
podrán hacer una buena obra.»
Otra Parábola [tercera]
[52] Y me mostró muchos árboles que no tenían
hojas, sino que me parecía a mí como si estuvieran secos; porque
todos parecían lo mismo. Y él me dijo: «¿Ves estos árboles?»
«Los veo, señor», le dije; «todos son iguales, y están secos.»
El me contestó y me dijo: «Estos árboles que ves son los que
residen en este mundo.» «¿Por qué es así, señor», le
pregunté, «que es como si estuvieran secos, y todos igual?» «Porque
en este mundo, ni el justo es distinguible ni el pecador; todos
son iguales. Porque este mundo es invierno para el justo, y no son
distinguibles, pues residen con los pecadores. Porque así como en
el invierno los árboles, habiendo perdido sus hojas, son
semejantes, y no se puede distinguir cuáles están secos y cuáles
están vivos, así también en este mundo, ni el justo ni los
pecadores son distinguibles, sino que todos son iguales.»
Otra Parábola [cuarta]
[53] Y me volvió a mostrar muchos árboles,
algunos que estaban brotando, otros secos, y me dijo: «¿Ves
estos árboles?» «Los veo, señor», le contesté; «algunos están
brotando y otros están secos.» «Estos árboles», me contestó,
«que están brotando son los justos, que residirán en el mundo
venidero; porque el mundo venidero es verano para los justos, pero
invierno para los pecadores. Así, cuando la misericordia del Señor
resplandezca, entonces los que sirven a Dios serán manifestados;
sí, y todos los hombres serán manifestados. Porque como en
verano los frutos de cada árbol son manifestados, y son
reconocidos y se distingue de qué clase son, así también los
frutos de los justos serán manifestados, y todos [incluso el más
pequeño] se verá que florecen en el otro mundo. Pero los
gentiles y los pecadores, tal como viste los árboles que estaban
secos, así se hallarán también, secos y sin fruto, en el otro
mundo, y serán quemados como combustible, y serán puestos de
manifiesto, porque su conducta cuando vivían había sido mala.
Porque los pecadores serán quemados, porque pecaron y no se
arrepintieron; y los gentiles serán quemados, porque no
conocieron al que les había creado. Da, pues, fruto, para que en
el verano pueda ser conocido tu fruto. Pero abs-tente del exceso
de negocios, y nunca caerás en pecado alguno. Porque los que están
ocupados en exceso, pecan mucho también, siendo distraídos de
sus ocupaciones, y en modo alguno sirven a su propio Señor. ¿Cómo
es posible», preguntó él, «que un hombre tal pueda pedir algo
del Señor y recibirlo, siendo así que no sirve al Señor?
[Porque] los que le sirven, éstos recibirán sus peticiones, pero
los que no sirven al Señor, éstos no recibirán nada. Pero si
alguno se ocupa de una sola acción, es capaz de servir al Señor;
porque su mente no es desviada de (seguir) al Señor, sino que le
sirve, porque guarda su mente pura. Por consiguiente, si haces
estas cosas, podrás dar fruto para el mundo venidero; sí, y todo
el que hace estas cosas dará fruto.»
Otra Parábola [quinta]
[54] I. Mientras
estaba ayunando y sentado en cierta montaña, y dando gracias al
Señor por todo lo que Él había hecho por mí, vi al pastor
sentado junto a mí, que me decía: «¿Por qué vienes aquí tan
temprano por la mañana?» «Señor», le contesté, «porque
estoy guardando "una temporada"» Y me preguntó: «¿Qué
es "una temporada"?» «Estoy ayunando, señor», le
contesté. «¿Y qué es este ayuno», dijo él, [que estás
observando]?» «El que estoy acostumbrado a observar, señor»,
dije yo; «así ayuno.» Y me contestó: «No sabes cómo ayunar
ante el Señor, ni es ayuno este ayuno sin provecho ni valor que
estas haciendo ante Él.» «¿Por qué, señor», pregunté yo,
«dices esto?» «Te digo», me contestó, «que esto que observas
no es un ayuno; pero yo te enseñaré que es un ayuno completo y
aceptable al Señor. Escucha», dijo; «Dios no desea un ayuno tan
vano; porque al ayunar así ante Dios no haces nada por la
justicia. Pero observa [ante Dios] un ayuno así: no hagas maldad
en tu vida, y sirve al Señor de puro corazón; observa sus
mandamientos y anda en sus ordenanzas, y que ningún mal deseo se
levante en tu corazón; sino cree en Dios. Entonces, si haces
estas cosas y le temes y te abstienes de todo mal, vivirás para
Dios; y si haces estas cosas, guardarás un gran ayuno, un ayuno
aceptable a Dios.
[55] II. »Escucha la parábola que
te contaré con relación al ayuno. Cierto hombre tenía una
hacienda, muchos esclavos, y una porción de su hacienda la había
plantado de viñas; y escogiendo a cierto esclavo que era de
confianza y agradable (y) tenido en honor, llamándole, le dijo:
"Toma esta viña [que yo he plantado] y ponle una valla
alrededor [hasta que yo venga], pero no hagas nada más a la viña.
Ahora bien, guarda este mi mandamiento, y serás libre en mi
casa." Entonces el amo de los siervos se fue a viajar al
extranjero. Cuando se hubo ido, el siervo puso una valla,
alrededor de la viña; y habiendo terminado de poner el vallado a
la viña notó que estaba llena de malas hierbas. Así que razonó
dentro de sí: "Esta orden de mi señor ya la he cumplido.
Ahora voy a cavar esta viña, y estará más limpia cuando
termine; y cuando no tenga malas hierbas rendirá más fruto,
porque no será ahogada por las malas hierbas." Así que cayó
la viña, y todas las raíces que había en la viña fueron
arrancadas. Y la viña se veía limpia y floreciente cuando no tenía
raíces que la ahogaban. Después de cieno tiempo el amo del
siervo [y de la finca] regresó y fue a ver la viña. Y viendo la
viña con su vallado alrededor, y [todas] las malas hierbas
arrancadas, y las vides floreciendo, se regocijó [muchísimo] por
lo que el siervo había hecho. Así que llamó a su querido hijo,
que era su heredero, y los amigos que eran sus consejeros, y les
dijo lo que él había mandado a su siervo, y cuánto había
encontrado. Y ellos se regocijaron con el siervo por el testimonio
que su amo había dado de él. Y el amo les dijo: "Yo prometí
a este siervo la libertad si él guardaba los mandamientos que le
había mandado; pero él guardó mis mandamientos e hizo una buena
obra, además, a la viña, y me agradó muchísimo. Por esta obra
que ha hecho, pues, deseo hacerle coheredero con mi hijo, porque,
cuando tuvo esta buena idea, no la descuidó, sino que la cumplió."
El hijo del amo estuvo de acuerdo con este propósito de su padre,
que el siervo debía ser hecho coheredero con el hijo. Después de
algunos días, su amo hizo una fiesta, y le envió muchos manjares
exquisitos de la fiesta. Pero cuando el siervo recibió [los
manjares que le enviaba el amo], tomó lo que era suficiente para
él y distribuyó el resto entre sus consiervos. Y sus consiervos,
cuando hubieron recibido los manjares, se regocijaron, y empezaron
a orar por él, para que pudiera hallar mayor favor ante el amo,
porque los había tratado con largueza. Su amo oyó todas estas
cosas que tuvieron lugar, y de nuevo se regocijó sobremanera de
su acto. Así, el amo llamó de nuevo a sus amigos y a su hijo, y
les anunció lo que el siervo había hecho con respecto a los
manjares que había recibido; y ellos aprobaron todavía más su
decisión, que su siervo debía ser hecho coheredero con su hijo.»
[56] III. Yo le dije: «Señor, no
comprendo estas parábolas, ni puedo captarlas, a menos que me las
expliques.» «Te lo explicaré todo», me dijo; «y te mostraré
todas las cosas que te diga. Guarda los mandamientos del Señor, y
serás agradable a Dios, y serás contado entre el número de los
que guardan sus mandamientos. Pero si haces algo bueno aparte del
mandamiento de Dios, ganarás para ti una gloria más excelente, y
serás más glorioso a la vista de Dios que si no lo hubieras
hecho. Así pues, si mientras guardas los mandamientos de Dios añades
estos servicios también, te regocijarás si los observas en
conformidad con mi mandamiento.» Yo le dije: «Señor, todo lo
que me mandaste lo guardaré; porque sé que tú estás conmigo.»
«Yo estaré contigo», me dijo él, «porque tú tienes tanto
celo por hacer lo bueno; sí, y yo estaré con todos los que
tienen un celo semejante. Este ayuno», dijo él, «si se guardan
los mandamientos del Señor, es bueno. Esta es, pues, la manera en
que has de guardar este ayuno [que estás a punto de observar].
Ante todo, guárdate de toda mala palabra y de todo mal deseo, y
purifica tu corazón de todas las vanidades de este mundo. Si
guardas estas cosas, este ayuno será perfecto para ti.
Y así harás. Habiendo cumplido lo que está escrito,
en el día en que ayunes no probarás sino pan y agua; y contarás
el importe de lo que habrías gastado en la comida aquel día, y
lo darás a una viuda o a un huérfano, o a uno que tenga
necesidad, y así pondrás en humildad tu alma, para que el que ha
recibido de tu humildad pueda satisfacer su propia alma, y pueda
orar por ti al Señor. Así pues, si cumples así tu ayuno, según
te ha mandado, tu sacrificio será aceptable a la vista de Dios, y
este ayuno será registrado; y el servicio realizado así es
hermoso y gozoso y aceptable al Señor. Estas cosas observarás, tú
y tus hijos y toda tu casa; y, observándolas, serás bendecido; sí,
y todos los que lo oigan y lo vean serán bendecidos, y todas las
cosas que pidan al Señor las recibirán.»
[57] IV. Le rogué mucho que me
explicara la parábola de la hacienda y del amo, y de la viña, y
del siervo que puso vallado a la viña, [y del vallado], y de las
malas hierbas que había arrancado de la viña, y del hijo, y de
los amigos los consejeros. Porque me di cuenta que todas estas
cosas eran una parábola. Pero él me contestó y dijo: «Eres
excesivamente importuno con tus preguntas. No deberías», [dijo
él], «hacer ninguna pregunta en absoluto; porque si es justo que
se te explique una cosa, se te explicará.» Y le dije: «Señor,
todas las cosas que me muestres y no me las expliques las habré
visto en vano.» Pero de nuevo me contestó, diciendo: «Todo el
que es un siervo de Dios, y tiene a su Señor en su corazón, pide
entendimiento de Él y lo recibe, e interpreta cada parábola, y
las palabras que el Señor dice en parábola le son dadas a
conocer. Pero todos aquellos que son lentos y débiles en la
intercesión, éstos vacilan en preguntar al Señor. Pero el Señor
es abundante en compasión, y da a los que le piden sin cesar.
Pero tú, que has sido vigorizado por el santo ángel, y has
recibido estos (poderes de) intercesión, y no eres descuidado, ¿por
qué, pues, no pides entendimiento al Señor, y lo obtienes de Él?»
Yo le dije: «Señor, yo que te tengo a ti conmigo (sólo) tengo
que preguntarte a ti e inquirir de ti; porque tú me muestras
todas las cosas, y me hablas; pero si yo las hubiera de ver u ofr
aparte de ti, habría pedido al Señor que me fueran mostradas.»
[58] V. «Ya te dije hace un momento»,
continuó, «que tú eres poco escrupuloso e importuno al inquirir
sobre las interpretaciones de las parábolas. Pero como eres tan
obstinado, voy a interpretarte la parábola de la hacienda y todo
lo que la acompaña, para que puedas darla a conocer a todos. Oye,
ahora, y entiende. La hacienda es este mundo, y el señor de la
hacienda es el que creó todas las cosas, y las ordenó, y las dotó
de su poder, y el siervo es el Hijo de Dios, y las vides son este
pueblo a quien Él mismo plantó; y las vallas son los [santos] ángeles
del Señor que guardan juntos a su pueblo; y las malas hierbas,
que son arrancadas de la viña, son las transgresiones de los
siervos de Dios; y los manjares que Él envió de la fiesta son
los mandamientos que Él dio a su pueblo por medio de su Hijo; y
los amigos y consejeros son los santos ángeles que fueron creados
primero; y la ausencia del amo es el tiempo que queda hasta su
venida.» Yo le dije: «Señor, grandes y maravillosas son todas
las cosas, y todas las cosas son gloriosas; ¿había alguna
probabilidad, pues, de que yo pudiera haberlas captado?» «No, ni
ningún otro hombre, aunque estuviera lleno de entendimiento, podría
haberlas captado.» «Con todo, señor», insistí, «explícame
lo que estoy a punto de inquirir de ti.» «Sigue», me dijo, «si
deseas algo.» «¿Por qué, [Señor]», dije yo, «es el Hijo de
Dios representado en esta parábola en la forma de un siervo?»
[59] VI. «Escucha», me contestó;
«el Hijo de Dios no está representado en la forma de un siervo,
sino que está representado en gran poder y señorío.» «¿Cómo,
señor?», dije yo; «no lo comprendo.» «Porque», dijo él, «Dios
plantó la viña, esto es, creó al pueblo y lo entregó a su
Hijo. Y el Hijo colocó a los ángeles a cargo de ellos, para que
velaran sobre ellos; y el Hijo mismo limpió sus pecados,
trabajando mucho y soportando muchas labores; porque cavar sin
trabajar o esforzarse. Habiendo, pues, Él limpiado a su pueblo,
les mostró los caminos de vida, dándoles la ley que Él recibió
de su Padre. Ves, pues», me dijo, «que Él es el mismo Señor
del pueblo, habiendo recibido todo el poder de su Padre. Pero
escucha en qué forma el señor tomó a su hijo y sus gloriosos ángeles
como consejeros respecto a la herencia del siervo. Dios hizo que
el Espíritu Santo preexistente, que creó toda la creación,
morara en carne que Él deseó. Esta carne, pues, en que reside el
Espíritu Santo, fue sometida al Espíritu, andando honorablemente
en santidad y pureza, sin contaminar en modo alguno al Espíritu.
Cuando hubo vivido, pues, honorablemente en castidad, y trabajado
con el Espíritu, y hubo cooperado con él en todo, comportándose
él mismo osada y valerosamente, Él lo escogió como colaborador
con el Espíritu Santo; porque el curso de esta carne agradó [al
Señor], siendo así que, poseyendo el Espíritu Santo, no fue
contaminado en la tierra. Por tanto, tomó a su Hijo como
consejero y a los gloriosos ángeles también, para que esta
carne, además, habiendo servido al Espíritu intachablemente,
pudiera tener algún lugar de residencia, y no pareciera que había
perdido la recompensa por su servicio; porque toda carne que es
hallada sin contaminación ni mancha, en que reside el Espíritu
Santo, recibirá una recompensa. Ahora tienes la interpretación
de esta parábola también.»
[60] VII. «Estoy muy contento, señor»,
le dije, «de ofr esta interpretación.» «Escucha ahora», dijo
él. «Guarda esta tu carne pura e incontaminada, para que el Espíritu
que reside en ella pueda dar testimonio de ella, y tu carne pueda
ser justificada. Procura que nunca entre en tu corazón que esta
carne tuya es perecedera, y con ello abuses de ella en alguna
contaminación. [Porque] si tú contaminas tu carne, contaminarás
al Espíritu Santo también; pero si contaminas + la carne +, no
vivirás.» «Pero, señor», dije yo, «si ha habido alguna
ignorancia en tiempos pasados, antes de haber oído estas
palabras, ¿cómo será salvado un hombre que ha contaminado su
carne?» «Sólo Dios tiene poder de sanar los antiguos hechos de
ignorancia», dijo él, «porque toda autoridad es suya. [Pero
ahora guárdate, y el Señor Todopoderoso, que está lleno de
compasión, dará curación para los antiguos hechos de
ignorancia] si a partir de ahora no contaminas tu carne ni el Espíritu;
porque ambos comparten en común, y el uno no puede ser
contaminado sin el otro. Por tanto, mantente puro, y vivirás para
Dios.»
Sexta Parábola
[61] I. Estando sentado en
mi casa, y glorificando a Dios por todas las cosas que había
visto; y considerando, respecto a los mandamientos, que eran
hermosos y poderosos y gozosos y gloriosos y capaces de salvar el
alma de un hombre, dije para mí: "Bienaventurado seré si
ando en estos mandamientos; sí, y todo el que ande en ellos será
bienaventurado". Mientras decía estas cosas dentro de mí, súbitamente
vi que él estaba sentado junto a mí, y me decía lo siguiente:
«¿Por qué eres de ánimo indeciso con respecto a los
mandamientos que yo te he mandado? Son hermosos. No dudes en
absoluto; pero revístete de la fe del Señor, y andarás en
ellos. Porque yo voy a corroborarte en ellos. Estos mandamientos
son apropiados para los que intentan arrepentirse; porque si no
andan en ellos, su arrepentimiento es vano. Los que os arrepentís,
pues, arrojad de vosotros las maldades de este mundo que os
oprimen; y, revistiéndoos de toda excelencia de justicia, podréis
observar estos mandamientos y no añadir más a vuestros pecados.
Si no añadís, pues, ningún otro pecado, os apartaréis de
vuestros pecados anteriores. Andad, pues, en estos mandamientos míos,
y viviréis para Dios. Estas cosas ya te las he dicho [todas].» Y
después que él me hubo dicho estas cosas, me dijo: «Vayamos al
campo, y te mostraré los pastores de las ovejas.» «Vayamos, señor»,
le contesté. Y fuimos a cierta llanura, y él me mostró a un
joven, un pastor, vestido con un leve manto de color de azafrán;
y estaba apacentando un gran número de ovejas, y estas ovejas se
veía que estaban bien alimentadas y eran muy retozonas, y estaban
contentas y daban saltos de un lado a otro; y el mismo pastor
estaba muy contento acerca de su rebaño; y la misma mirada del
pastor era alegre en extremo; y corría por entre las ovejas.
[62] II. Y me dijo: «¿Ves este
pastor?» «Le veo, señor», le contesté. «Éste es el ángel
de la indulgencia propia y del engaño», me dijo. «Destruye las
almas de los siervos de Dios, y las pervierte de la verdad,
descarriándolas con malos deseos, en los cuales perecen. Porque
se olvidan de los mandamientos del Dios vivo, y andan en engaños
vanos y actos de complacencia propia, y son destruidos por este ángel,
algunos de ellos a muerte, y otros a corrupción.» Y yo le dije:
«Señor, no comprendo lo que esto significa: "a muerte"
y "a corrupción".» «Escucha», me dijo; «las ovejas
que viste contentas y juguetonas, son las que se han apartado de
Dios por completo, y se han entregado a sus propios deleites y
deseos de este mundo. En ellas, pues, no hay arrepentimiento para
vida. Porque el Nombre de Dios es blasfemado entre ellas. La vida
de estas personas es muerte. Pero las ovejas que viste que no están
dando saltos, sino que están paciendo en un lugar, éstas son las
que se han entregado a actos de autoindulgencia y engaño, pero no
han pronunciado ninguna blasfemia contra el Señor. Estas, pues,
han sido corrompidas de la verdad. En éstas hay esperanza de
arrepentimiento, por el cual pueden vivir. La corrupción, por
tanto, tiene esperanza de una renovación posible, pero la muerte
tiene destrucción eterna.» Y seguimos un poco más adelante, y
me mostró un gran pastor, como un hombre tosco en apariencia, con
una gran piel de cabra, blanca, echada sobre su cuerpo; y tenía
una especie de zurrón sobre los hombros, y un cayado muy duro,
con nudos en él, y un gran látigo. Y su mirada era muy agria, de
modo que tuve miedo de él a causa de su mirada. Este pastor,
entonces, fue recibiendo del pastor joven aquellas ovejas
juguetonas y bien alimentadas, pero que no saltaban, y las ponía
en cierto lugar que era muy abrupto y cubierto de espinos y
zarzas, de modo que las ovejas no podían desenredarse de los
espinos y zarzas, sino que [se enmarañaban entre los espinos y
zarzas. Y así estas ovejas] pacían enmarañadas en los espinos y
zarzas, y su estado era en extremo desgraciado, pues él las
azotaba; y las hacía avanzar de un lado a otro, sin darles
descanso, y en conjunto aquellas ovejas lo pasaban muy mal.
[63] III. Cuando las vi tan
maltratadas por el látigo y desgraciadas, me dio pena su situación,
porque eran atormentadas y no tenían reposo alguno. Y dije al
pastor que estaba hablando conmigo: «Señor, ¿quién es este
pastor, que es [tan] cruel y severo, y no tiene la menor compasión
de estas ovejas?» «Este», me dijo, «es el ángel del castigo,
y es uno de los ángeles justos, y preside sobre el castigo. Así
que recibe a los que se apartan de Dios y van en pos de sus
concupiscencias y engaños en esta vida, y los castiga, según
merecen, con castigos espantosos y variados.» «Me gustaría
saber de qué clase son estos castigos diversos, señor», le
dije. «Escucha», me respondió; «las diversas torturas y
castigos son torturas que pertenecen a la vida presente; porque
algunos son castigados con pérdidas, y otros con necesidades, y
otros con enfermedades variadas, y otros con [toda clase] de
turbaciones, y otros con insultos de personas dignas y con
sufrimiento en muchos otros aspectos. Porque muchos, viéndose
perturbados en sus planes, ponen mano en muchas cosas, y nada les
prospera. Y entonces ellos dicen que no prosperan en sus actos, y
no entra en sus corazones que han cometido malas acciones, sino
que echan la culpa al Señor. Cuando son afligidos, pues, con toda
clase de aflicción, entonces me los entregan a mí para recibir
buena instrucción, y son corroborados en la fe del Señor, y
sirven al Señor con un corazón puro el resto de los días de su
vida. Y cuando se arrepienten, las malas obras que han hecho se
levantan en sus corazones, y entonces glorifican a Dios, diciendo
que Él es un Juez justo, y que sufren justamente cada uno según
sus actos. Y sirven al Señor a partir de entonces con un corazón
puro, y prosperan en sus actos, recibiendo del Señor todas las
cosas que piden; y entonces glorifican al Señor porque les ha
entregado a mí y ya no sufren ningún mal.»
[64] IV. Y yo le digo: «Señor,
declárame más sobre esta cuestión.» «~,Qué es lo que quieres
saber?», me preguntó. «Señor, dime silos que viven en la
autoindulgencia y son engañados sufren tormentos durante el mismo
período de tiempo en que han vivido en la autoindulgencia y son
engañados.» El me contestó: «Sufren tormentos durante el mismo
período de tiempo.» Y le dije yo: «Entonces, señor, sufren
tormentos muy leves; porque los que viven así en autoindulgencia
y se olvidan de Dios deberían ser atormentados a razón de siete
por uno.» Él me dijo: «Tú eres un necio, y no comprendes el
poder del tormento.» «Es verdad», le respondí, «porque si lo
hubiera comprendido, no te habría pedido que me lo declararas.»
«Escucha», me dijo: «el poder de los dos, [de la
autoindulgencia y del tormento]. El tiempo de la autoindulgencia y
el engaño es una hora. Pero una hora de tormento tiene el poder
de. treinta días. Si uno vive en la autoindulgencia y es engañado
durante un día, y es atormentado un día, el día de tormento es
equivalente a todo un año. Porque un hombre es atormentado
durante tantos años como días ha vivido en la autoindulgencia.
Ves, pues», me dijo «que el tiempo de la autoindulgencia y el
engaño es muy corto, pero el tiempo del castigo y el tormento es
largo.»
[65] V. «Señor», le dije, «como
no comprendo del todo lo que hace referencia al tiempo del engaño
y la auto indulgencia y tormento, muéstramelo más claramente.»
Él me respondió y me dijo: «La necedad está pegada a ti;
porque no quieres limpiar tu corazón y servir a Dios. Vigila»,
[me dijo], «que el tiempo no se cumpla y seas hallado en tu
necedad. Escucha, pues», [me dijo], «según quieres, para poder
comprender esto. El que vive en la autoindulgencia y es engañado
durante un día, y hace lo que quiere, está revestido de mucha
locura y no comprende lo que está haciendo; porque el día de mañana
olvida lo que hizo el día anterior. Porque la autoindulgencia y
el engaño, por razón de su locura, no tienen recuerdos con los
cuales revestirse; pero cuando el castigo y el tormento están
unidos al hombre durante un solo día, este hombre es castigado y
atormentado durante todo un año; porque el castigo y el tormento
tienen recuerdos prolongados. Así que, siendo atormentado y
castigado durante todo un año, el hombre recuerda largo tiempo su
autoindulgencia y engaño, y se da cuenta de que es a causa de
ellas que está sufriendo estos males. Todo hombre que vive en la
autoindulgencia y es engañado, pues, es atormentado de esta
manera porque, aunque posee la vida, se ha entregado a sí mismo a
la muerte.» «¿Qué clase de autoindulgencia es perjudicial, señor?»
«Toda acción que hace con placer es autoindulgencia para el
hombre», me contestó; «para el hombre irascible, cuando da
rienda suelta a su pasión, es autoindulgencia; y el adúltero y
el borracho y el calumniador y el mentiroso y el avaro y el
defraudador y el que hace cosas semejantes a éstas, da las
riendas a su pasión peculiar, por lo que es autoindulgente en su
acción. Todos estos hábitos de autoindulgencia son perjudiciales
para los siervos de Dios; a causa de estos engaños sufren, pues,
los que son castigados y atormentados. Pero hay hábitos de
autoindulgencia, también, que salvan a los hombres; porque muchos
son autoindulgentes en hacer bien, siendo arrastrados por el
placer que les produce. Esta autoindulgencia, por consiguiente, es
conveniente para los siervos de Dios, y trae vida a un hombre de
esta disposición; pero las autoindulgencias perjudiciales antes
mencionadas producen a los hombres tormentos y castigos; y si
continúan en ellas y no se arrepienten, les acarrean la muerte.»
Séptima Parábola
[66] Después de unos días le vi en la misma
llanura donde había visto también a los pastores, y me dijo:
«¿Qué buscas?» «Señor», le contesté, «estoy aquí para
que mandes al pastor que castiga que salga de mi casa; porque me
aflige mucho.» «Te es necesario», me dijo, «ser afligido;
porque así lo ha ordenado respecto a ti el ángel glonoso, porque
quiere que seas probado.» «¿Por qué?, ¿qué he hecho que sea
tan malo, señor», le dije, «que deba ser entregado a este ángel?»
«Escucha», me dijo: «Tus pecados son muchos; con todo, no son
tantos que hayas de ser entregado a este ángel; pero tu casa ha
cometido grandes iniquidades y pecados, y el ángel glorioso está
enojado por estos actos, y por esta causa ha mandado que seas
afligido durante cierto tiempo, para que ellos puedan también
arrepentirse y ser limpiados de todo deseo de este mundo. Por
consiguiente, cuando ellos se arrepientan y sean limpiados,
entonces el ángel del castigo partirá.» Y yo le dije: «Señor,
si ellos han perpetrado estos actos por los que el ángel glorioso
está enojado, ¿qué he hecho yo?» «Ellos no pueden ser
afligidos de otra manera», dijo él, «a menos que tú, la cabeza
de [toda] la casa, seas afligido; porque si tú eres afligido,
ellos también por necesidad serán afligidos; pero si tú eres próspero,
ellos no pueden sufrir aflicción alguna.» «Pero, mira, señor»,
le dije, «ellos se han arrepentido de todo corazón.» «Me doy
perfecta cuenta», contestó él, «que ellos se han arrepentido
de todo corazón; ahora bien, ¿crees tú que los pecados de los
que se arrepienten son perdonados inmediatamente? No lo son en
modo alguno; sino que la persona que se arrepiente ha de torturar
a su propia alma, y ha de ser del todo humilde en cada una de sus
acciones, y afligido con toda clase de aflicción; y si soporta
las aflicciones que le vienen, sin duda el que creó todas las
cosas y las dotó de poder será movido a compasión y concederá
algún remedio. Y esto (hará Dios) si en alguna forma ve el corazón
del penitente puro de todo mal. Pero es conveniente que tú y toda
tu casa seáis afligidos ahora. Pero, ¿por qué platicar tanto
contigo? Tú has de ser afligido como ordena el ángel del Señor,
el que te entrega a mí; y por esto da gracias al Señor, que te
ha considerado digno de que yo te revele de antemano la aflicción,
para que sabiéndolo con antelación la soportes con entereza.»
Yo le dije: «Señor, sé tú conmigo, y podré soportar toda
aflicción [fácilmente].» «Yo estaré contigo», me dijo; «y
pediré al ángel que castiga que te aflija más levemente; pero tú
serás afligido durante un tiempo corto, y serás restaurado de
nuevo a tu casa. Sólo sigue siendo humilde y sirve al Señor con
el corazón puro, tú y tus hijos y tu casa, y anda en mis
mandamientos que te ordeno, y de este modo será posible que tu
arrepentimiento sea fuerte y puro. Y si guardas estos mandamientos
con tu casa, será apartada de ti toda aflicción; sí, y la
aflicción será apartada de todo aquel que anda en estos mis
mandamientos.
Octava Parábola
[67] I. Y me mostró un
[gran] sauce, que hacía sombra a llanuras y montañas, y bajo la
sombra del sauce se habían congregado los que son llamados por el
nombre del Señor. Y junto al sauce había de pie un ángel del Señor,
glorioso y muy alto, que tenía una gran hoz, y estaba cortando
ramas del sauce, y dándolas a la gente que se resguardaba debajo
del sauce; y les daba varas pequeñas de un codo de longitud. Y
después que todos hubieron tomado las varas, el ángel puso a un
lado la hoz, y el árbol estaba sano, tal como yo lo había visto
al principio. Entonces me maravillé dentro de ml y dije: «¿Cómo
es posible que el árbol esté sano, después que le han cortado
tantas ramas». El pastor me dijo: «No te asombres que el árbol
permanezca sano después que se le han cortado tantas ramas?»
sino espera hasta que veas todas las cosas, y se te mostrará lo
que es.» El ángel que dio las varas a la gente les mandó que se
las devolvieran; y tal como cada uno de ellos las había recibido,
así también fue citándolos, y cada uno le devolvió la vara.
Pero el ángel del Señor las tomaba y las examinaba. De algunos
recibía varas secas y como comidas por larvas; el ángel les
ordenaba a los que entregaban varas así que se pusieran a un
lado. Y otros las entregaban medio marchitas; éstos también eran
puestos aparte. Y Otros entregaban varas medio secas y con
grietas; éstos eran puestos también aparte. Y otros entregaban
sus varas verdes y con grietas; éstos también se quedaban
aparte. Y otros entregaban sus varas medio secas y medio verdes;
éstos también quedaban aparte. Y otros entregaban las varas dos
tercios verdes y la otra tercera parte seca; éstos se quedaban
aparte. Y otros entregaban varas con dos panes secas y la tercera
verde; éstos también se quedaban aparte. Y otros entregaban sus
varas casi todas verdes, pero una pequeña porción seca en el
extremo; pero había grietas en ellas; éstos
también se quedaban aparte. Y en las de otros había una pequeña
parte verde, pero el resto de la vara estaba seca; éstos también
estaban aparte. Y otros venían trayendo sus varas verdes, tal
como las habían recibido del ángel; y la mayor parte de la
multitud entregaba sus varas en este estado; y el ángel se
regocijaba en gran manera en éstos; éstos también estaban
aparte. Y otros entregaban sus varas verdes y con retoños; éstos
también eran puestos aparte; y ante éstos también el ángel se
regocijaba grandemente. Y otros entregaban sus varas verdes y con
retoños; y los retoños tenían lo que parecía una especie de
fruto. Y éstos estaban contentos en extremo de que sus varas
estuvieran en este estado. Y sobre éstos el ángel se gozaba, y
el pastor estaba muy contento con ellos.
[68] II. Y el ángel
del Señor ordenó que trajeran coronas. Y trajeron coronas,
hechas como si fuera de ramas de palmera; y coronaba a los hombres
que habían entregado las varas que tenían retoños y algo de
fruto, y los enviaba a la torre. Y los otros eran también
enviados a la torre, a saber, los que habían traído las varas
verdes y con retoños, pero los retoños no tenían fruto; y ponía
un sello sobre ellos. Y todos los que iban a la torre tenían el
mismo vestido, blanco como la nieve. Y los que habían entregado
sus varas verdes tal como las habían recibido
fueron despedidos, y se les dio un vestido [blanco] y sellos.
Después que el ángel hubo terminado estas cosas, dijo al pastor:
«Me voy; pero a éstos los enviarás a sus (lugares dentro) de
los muros, según lo que cada uno merezca; pero examina las varas
cuidadosamente, y envíalos. Mas sé muy cuidadoso al examinarlas.
Asegúrate que ninguno escape de ti», le dijo. «Con todo, si
alguno se escapa, yo le probaré en el altar.» Cuando hubo dicho
esto al pastor se marchó. Y después que el ángel hubo partido,
el pastor me dijo: «Tomemos las varas de todos y plantémoslas,
para ver si algunas de ellas pueden vivir.» Y, yo le dije: «Señor,
estas cosas secas, ¿pueden vivir?» Él me contestó y dijo: «Este
árbol es un sauce, y esta clase de árboles se aferra a la vida.
Si se plantan las varas y tienen un poco de humedad, muchas de
ellas viven. Y después procuremos poner algo de agua sobre ellas.
Si alguna de ellas puede vivir, yo me gozaré de ello; pero si no
vive, por lo menos no habré sido negligente.» Así que el pastor
me mandó que los llamara, a cada uno según estaba colocado. Y
ellos vinieron, fila tras fila, y entregaron sus varas al pastor.
Y el pastor tomó las varas y las plantó en hileras, y después
de haberlas plantado vertió mucha agua sobre ellas, de modo que
no se podían ver las varas por el agua. Y después que hubo
regado las varas, me dijo: «Vayámonos ahora, y dentro de unos
pocos días regresemos e inspeccionemos todas las varas; porque el
que ha creado este árbol quiere que vivan todo os que han recibido
varas de este árbol. Y yo mismo espero que estas pequeñas varas,
después de haber recibido humedad y haber sido regadas, vivan la
mayor parte de ellas.»
[69] III. Y yo le
dije: «Señor, infórmame de qué es este árbol. Porque estoy
perplejo por su causa, porque aunque se le cortaron tantas ramas,
el árbol está sano, y no parece que se le haya cortado ninguna;
por tanto, estoy perplejo por ello.» «Escucha», me dijo; «este
gran árbol que hace sombra sobre llanuras y montañas y toda la
tierra es la ley de Dios, que fue dada a todo el mundo; y esta ley
es el Hijo de Dios predicado a todos los extremos de la tierra.
Pero el pueblo que está bajo la sombra son los que han oído
la predicación y han creído en Él; pero el ángel grande y
glorioso es Miguel, que tiene poder sobre esta gente y es su capitán.
Porque es él el que pone la ley en los corazones de los
creyentes; por tanto, él mismo inspecciona a aquellos a quienes
la ha dado, por ver si la han observado. Pero, tú
ves las varas de cada uno; porque las varas son la ley. Tú ves
muchas de estas varas por completo echadas a perder; y notarás a
todos los que no han observado la ley, y verás el lugar (destino)
de cada uno en particular.» Yo le dije: «Señor, ¿por qué envió
a algunos a la torre y dejó a otros para ti?» El me dijo: «Todos
los que transgredieron la ley que han recibido de él, a éstos
los ha dejado bajo mi autoridad, para que se arrepientan; pero a
cuantos ya han satisfecho la ley y la han
observado, a éstos los tiene bajo su propia autoridad.» «¿Quiénes
son, pues, señor», le dije, «los que han sido
coronados y entrado en la torre?» [«Todos los que han luchado
con el diablo y le han vencido en la lucha», me dijo, «éstos
son coronados]: éstos son los que han sufrido por la ley. Pero
los otros, que también entregaron sus varas verdes y con retoños,
aunque no con fruto, son los que fueron perseguidos por la ley
pero no sufrieron ni tampoco negaron la ley. Mas los que las
entregaron verdes, tal como las habían recibido, son hom
bres sobrios y rectos, que anduvieron del todo en un corazón
puro y han guardado los mandamientos del Señor. Pero todo lo demás
lo sabrás cuando examine estas varas que he plantado y regado.»
[70] IV. Y después
de varios días llegamos al lugar, y el pastor se sentó en el
lugar del ángel, en tanto que yo estaba de pie a su lado. Y él
me dijo: «Cíñete con una ropa de lino crudo, y ayúdame. »
Así que me ceñí con una ropa limpia de lino crudo hecha
de material tosco. Y cuando me vio ceñido y dispuesto a servirle,
me dijo: «Llama a los hombres cuyas varas han sido plantadas, según
la fila en que cada un presentó su vara.» Y yo salí a la
llanura y los llamé a todos; y ellos estaban de pie según sus
filas. Y él les dijo: «Que cada uno arranque su propia vara, y
me la traiga.» Y los primeros que la entregaron fueron los que
habían tenido las varas secas y agrietadas, y seguían igual:
secas y agrietadas. El les ordenó que se quedaran aparte. Luego
las entregaron los que las tenían secas pero no agrietadas; y
algunos entregaron varas verdes, y otros secas y como roídas por
larvas. A los que le dieron varas verdes él les ordenó que se
quedaran aparte; pero a los que se las dieron secas y agrietadas
les ordenó que se unieran a los primeros. Entonces las entregaron
los que tenían las varas medio secas y con grietas; y muchos de
ellos las entregaban verdes y sin grietas; y muchos las entregaban
verdes y con retoños y fruto en los retoños, como los que habían
ido a la torre coronados; y algunos de ellos las entregaban secas
y roídas, y algunos secas y no roídas, y algunos tal como eran,
medio secas y con grietas. El les ordenó que se pusieran a un
lado, algunos en sus propias filas y otros aparte de ellas.
[71] V. Entonces
las entregaron los que tenían sus varas verdes pero con grietas.
Estos las entregaron todos verdes, y se quedaron en su propia
compañía. Y el pastor se regocijó sobre éstos, porque estaban
todos cambiados y habían eliminado las grietas. Y las entregaron
también los que tenían la mitad verde y la otra mitad seca. Las
varas de algunos fueron halladas verdes del todo, las de algunos
medio secas, las de y roídas, y las de algunos verdes y con retoños.
Estos fueron todos enviados cada uno a su compañía. Luego las
entregaron los que tenían dos partes verdes y la otra seca;
muchos de ellos las entregaban verdes, y muchos medio secas, y
otros secas y roídas. Todos éstos se quedaron en su propia compañía.
Luego las entregaron los que tenían dos partes secas y la tercera
parte verde. Muchos de ellos las entregaban medio secas, algunos
secas y roídas, y otros medio secas y con grietas, y unos pocos
verdes. Todos éstos se quedaron en su propia compañía. Luego
las entregaron los que habían tenido sus varas verdes pero con
una pequeña porción [seca] y con grietas. De éstos, algunos las
entregaron verdes, otros verdes y con retoños. Estos también
fueron enviados a su propia compañía. Entonces las entregaron
los que tenían una pequeña parte verde y las otras partes secas.
Las varas de éstos fueron halladas en su mayor parte verdes y con
retoños y fruto en los retoños, y otras del todo verdes. Ante
estas varas el pastor se regocijó [sobremanera] porque fueron
halladas así. Y éstos fueron enviados a su propia compañía.
[72] VI. Cuando
[el pastor] hubo examinado las varas de todos, me dijo: «Ya te
dije que este árbol es tenaz en mantenerse vivo. ¿Ves», me
dijo, «como muchos se arrepintieron y fueron salvados?» «Lo
veo, señor», le contesté. Y él me dijo: «Es para que tú
puedas ver la abundante compasión del Señor, cuán grande es y
gloriosa, y Él ha dado (su) Espíritu a los que eran dignos de
arrepentimiento.» «¿Por qué, pues, señor», le pregunté, «no
se arrepintieron todos?» «A aquellos cuyo corazón Él vio que
estaba a punto de volverse puro y de servirle a Él
de todo corazón, Él les dio arrepentimiento; pero a
aquellos en los que vio astucia y maldad, que intentaban
arrepentirse en hipocresía, a éstos no les dio arrepentimiento,
para que no profanaran de nuevo su nombre.» Y yo le dije: «Señor,
ahora muéstráme, con referencia a los que han entregado sus
varas, qué clase de hombre era cada uno de ellos, y su morada, para
que cuando oigan esto los que han creído y
recibido el sello y lo han roto y no lo han guardado entero,
puedan entender lo que están haciendo, y arrepentirse, recibiendo
de ti un sello, y puedan glorificar al Señor, que tuvo compasión
de ellos y te envió a ti para renovar su espíritu.» «Escucha»,
me dijo: «Aquellos cuyas varas fueron halladas secas y comidas de
larvas, éstos son los renegados y traidores de la Iglesia, que
han blasfemado al Señor en sus pecados, y todavía más, se
avergonzaron del Nombre del Señor, que fue invocado sobre ellos.
Estos, pues, perecerán del todo para Dios. Pero tú ves también
que ninguno de ellos se arrepintió, aunque oyeron las palabras
que les dijiste, que yo te había mandado. De hombres de esta
clase ha partido la vida. Pero los que entregaron (varas) verdes y
sin marchitar, éstos están también cerca de ellos; porque eran
hipócritas, y trajeron doctrinas extrañas, y pervirtieron a los
siervos de Dios, especialmente a los que no habían pecado, no
permitiéndoles que se arrepintieran, sino persuadiéndoles con
sus doctrinas insensatas. Éstos, pues, tienen esperanza de
arrepentirse. Pero ves que muchos de ellos verdaderamente se han
arrepentido desde que tú les hablaste de mis mandamientos; sí, y
(otros) todavía se arrepentirán. Y todos los que no se
arrepientan, habrán perdido la vida; pero cuantos de ellos se
arrepintieron se volvieron buenos; y su morada fue colocada dentro
de los primeros muros, y alguno de ellos, incluso, ascendió
dentro de la torre. Ves, pues», [me dijo], «que el
arrepentimiento de los pecados trae vida, pero el no arrepentirse
trae muerte.
[73] VII. »Pero,
en cuanto a los que entregaron (varas) medio secas y con gnetas en
ellas, oye respecto a los mismos. Aquellos cuyas varas estaban
medio marchitas del todo, eran los indecisos; porque ni viven ni
están muertos. Pero los que las tienen medio secas y con grietas,
éstos son los indecisos y calumniadores, y nunca están en paz
entre sí, sino que siempre causan disensiones. Con todo, incluso
éstos», [dijo él], «reciben arrepentimiento. Ves, [me dijo],
que algunos de ellos se han arrepentido; y todavía hay», me
dijo, «esperanza de arrepentimiento entre ellos. Y todos los que
de ellos», me dijo, «se han arrepentido, tienen su residencia
dentro de la torre; pero todos los que se han arrepentido
tardíamente morarán dentro de los muros; y los que no se
arrepintieron, sino que continuaron en sus actos, morirán de
muerte. Pero los que han entregado sus varas verdes y con grietas,
éstos fueron hallados fieles y buenos en todo tiempo, [pero]
tienen cierta emulación los unos de los otros para obtener el
primer lugar y gloria de alguna clase; pero todos ellos son necios
al mostrar (rivalidad) el uno del otro por los primeros lugares.
Pese a todo, éstos también, cuando oyeron mis mandamientos,
siendo buenos, se purificaron a si mismos y se arrepintieron rápidamente.
Tienen, por tanto, su habitación dentro de la torre. Pero si
alguno vuelve otra vez a la disensión, será echado fuera de la
torre y perderá su vida. La vida es para todos los que guardan
los mandamientos del Señor. Pero en los mandamientos no hay nada
sobre los primeros lugares, ni sobre gloria de alguna clase, sino
sobre paciencia y humildad en el hombre. En estos hombres, pues,
hay la vida del Señor, pero en el sedicioso y libertino hay
muerte.
[74] VIII. »Pero
los que entregaron sus varas medio verdes y medio secas, éstos
son los que están mezclados en negocios y no se unen a los
santos. Por lo tanto, la mitad de ellos vive, pero la otra mitad
está muerta. Muchos de ellos cuando oyeron mi mandamiento se
arrepintieron. Todos los que se arrepintieron tienen su morada
dentro de la torre. Pero algunos de ellos están puestos aparte.
Estos, pues, no tienen arrepentimiento; porque a causa de sus
negocios blasfemaron al Señor y le negaron. Así que perdieron su
vida por la maldad que cometieron. Pero muchos de ellos eran de ánimo
indeciso. Estos todavía tienen oportunidad para el
arrepentimiento; si se arrepienten rápidamente, su morada será
dentro de la torre; y si tardan en arrepentirse, morarán dentro
de los muros; pero si no se arrepienten, ellos también habrán
perdido la vida. Pero los que han entregado varas dos partes
verdes y la tercera seca, éstos son los que han negado con
negaciones múltiples. Muchos de ellos se han arrepentido, pues, y
han partido hacia el interior de la torre; pero muchos se
rebelaron del todo contra Dios; éstos perdieron finalmente la
vida. Y algunos de ellos eran de ánimo indeciso y causaban
disensiones. Para éstos, por tanto, hay arrepentimiento si se
arrepienten rápidamente y no siguen en sus placeres; pero si
siguen en sus acciones, éstos también se procurarán ellos
mismos la muerte.
[75] IX. »Pero
los que han entregado sus varas dos tercios secas y un tercio
verde, éstos son los que han sido creyentes, pero se hicieron
ricos y tuvieron renombre entre los gentiles. Se revistieron de
gran orgullo y se volvieron arrogantes, y abandonaron la verdad y
no se juntaron con los justos, sino que vivieron del todo a la
manera de los gentiles, y su camino les pareció más placentero a
ellos; pese a todo no se apartaron de Dios, sino que continuaron
en la fe, aunque no hicieron las obras de la fe. Muchos de ellos,
por consiguiente, se arrepintieron y tuvieron su habitación
dentro de la torre. Pero otros, al final, viviendo con los
gentiles y siendo corrompidos por las opiniones vanas de los
gentiles, se apartaron de Dios e hicieron las obras de los
gentiles. Estos, pues, son nombrados con los gentiles. Pero otros
entre ellos eran de ánimo indeciso, no esperando ser salvos por
razón de algunos actos que habían cometido; y otros eran
indecisos y hacían divisiones entre ellos. Para los que eran
indecisos a causa de sus hechos hay todavía arrepentimiento; mas,
su arrepentimiento debería ser rápido, para que su morada pueda
ser dentro de la torre; pero para los que no se arrepienten, sino
que siguen en sus pasiones, la muerte está cerca.
[76] X. »Mas los
que entregaron sus varas verdes, pero con el extremo seco y con
grietas, son los que fueron hallados en todo tiempo buenos y
fieles y gloriosos a la vista de Dios, pero pecaron en un grado
leve por causa de deseos triviales y porque tenían algo los unos
contra los otros. Pero, cuando oyeron mis palabras la mayor parte
se arrepintió rápidamente, y su morada fue asignada dentro de la
torre. Pero algunos de ellos eran indecisos, y algunos, siendo
indecisos, causaron una mayor disensión. En éstos, por lo tanto,
hay todavía esperanza de arrepentimiento, porque fueron hallados
buenos; y apenas habrá alguno de ellos que muera. Pero los que
entregaron sus varas secas, pero con una pequeña porción verde,
éstos son los que creyeron pero practicaron las obras de
injusticia. Con todo, no se separaron nunca de Dios, sino que
llevaron el nombre alegremente, y alegremente recibieron en sus
casas a los siervos de Dios. Así que, al oír de este
arrepentimiento, se arrepintieron sin vacilar, y practicaron toda
excelencia y justicia. Y algunos de ellos, incluso, sufrieron
persecución voluntariamente, sabiendo los hechos que hacían.
Todos éstos, por tanto, tendrán su morada en la torre.»
[77] XI. Y después
que hubo completado la interpretación de todas las varas, me
dijo: «Ve y di a todos los hombres que se arrepientan, y vivirán
para Dios; porque el Señor en su compasión me envió a dar
arrepentimiento a todos, aunque algunos no lo merecen por sus
actos; pero, siendo el Señor paciente, quiere que sean llamados
por medio de su Hijo para que sean salvos.» Y le dije: «Señor,
espero que todos los que oigan estas palabras se arrepentirán;
porque estoy persuadido de que cada uno, cuando conozca plenamente
sus propios actos y tema a Dios, se arrepentirá.» El me respondió
diciéndome: «Todos cuantos», [dijo él], «se [arrepientan] de
todo corazón [y] se limpien de todas las malas acciones antes
mencionadas, y no añadan ningún peéado más a los anteriores,
recibirán curación del Señor para sus pecados anteflore a menos
que sean de ánimo indeciso con respecto a estos mandamientos, y
vivirán para Dios. [Pero cuantos añadan a sus pecados», me
dijo, «y anden en las concupiscencias de este mundo, se condenarán
a sí mismos a muerte.] Pero tú anda en mis mandamientos,
y vive [para Dios; sí, y cuantos anden en ellos y obren
rectamente, vivirán para Dios.]» Habiéndome mostrado todas
estas cosas [y habiéndomelas dicho] me dijo: «Mira, te declararé
el resto dentro de unos días.»
Novena Parábola
[78] I. Después
de haber escrito los mandamientos y parábolas del pastor, el ángel
del arrepentimiento vino a mí y me dijo: «Deseo mostrarte todas
las cosas que el Espíritu Santo, que habló contigo en la forma
de la Iglesia, te mostró. Porque este Espíritu es el Hijo de
Dios. Porque cuando tú eras más débil en la carne, no te fue
declarado a través de un ángel; pero cuando fuiste capacitado
por el Espíritu, y te hiciste fuerte en tu fortaleza de modo que
pudiste incluso ver un ángel, entonces te fue manifestada de modo
claro, a través de la Iglesia, la edificación de la torre. En
forma justa y apropiada has visto todas las cosas, (instruido)
como si fuera por una virgen; pero ahora ves (siendo instruido)
por un ángel, aunque es por el mismo Espíritu; pese a ello, has
de aprenderlo todo con más exactitud de mí. Porque para esto
también fui designado por el ángel glorioso para permanecer en
tu casa, para que pudieras ver todas las cosas con poder, sin
sentirte aterrado en nada, no como antes.» Y él me llevó a
Arcadia, a cierta montaña redondeada, y me puso en la cumbre de
la montaña, y me mostró una gran llanura, y alrededor de la
llanura doce montañas, las cuales tenían cada una un aspecto
diferente. La primera era negra como hollín; la segunda, desnuda,
sin vegetación; la tercera, llena de espinos y zarzas; la cuarta
tenía la vegetación medio mustia, la parte superior de la hierba
era verde, pero la parte cercana a las raíces, seca, y parte de
la hierba se había marchitado, siempre que el sol la había
quemado; la quinta montaña tenía hierba verde y era áspera; la
sexta montaña estaba llena de barrancos por todas partes, algunos
pequeños y otros grandes, y en las hendiduras había vegetación,
pero la hierba no era muy lozana, sino más bien marchita; la séptima
montaña tenía vegetación sonriente, y toda la montaña estaba
en condición próspera, y había ganado y aves de todas clases
que se alimentaban en esta montaña; y cuanto más ganado y aves
alimentaba, más florecía la hierba de esta montaña. La octava
montaña estaba llena de fuentes, y toda clase de criaturas del Señor
bebían en las fuentes de esta montaña. La novena montaña no tenía
agua alguna y era por completo un desierto; y tenía fieras y
reptiles mortíferos, que destruían a la humanidad. La décima
montaña tenía árboles muy grandes y mucha umbría, y bajo la
sombra había ovejas echadas y paciendo y reposando. La montaña
undécima tenía una gran espesura de bosques por todas partes, y
los árboles de la misma eran muy productivos, cubiertos de varias
clases de frutos, de modo que uno al verlos deseaba comer estos
frutos. La duodécima montaña era del todo blanca y su aspecto
era alegre; y la montaña era en extremo hermosa de por si.
[79] II. Y en la
mitad de la llanura me mostró una gran roca blanca, que se
levantaba sobre la llanura. La roca era más elevada que las montañas,
y tenía cuatro lados, de modo que podía contener a todo el
mundo. Ahora bien, esta roca era antigua y tenía una puerta
excavada en ella; pero la puerta me pareció haber sido excavada
muy recientemente. Y la puerta brillaba más que el resplandor del
sol., de modo que me maravillé del brillo de la puerta. Y
alrededor de la puerta había doce vírgenes. Las cuatro que
estaban en los extremos me parecieron más gloriosas (que el
resto); pero las otras también eran gloriosas; y (las cuatro)
estaban de pie en las cuatro partes de la puerta, y había vírgenes,
en parejas, entre ellas. E iban vestidas de túnicas de lino y ceñidas
de manera apropiada, teniendo el hombro derecho libre, como si
intentaran llevar alguna carga. Así estaban preparadas, porque
eran muy animosas y alegres. Después que vi estas cosas, me
maravillé de la grandeza y la gloria de lo que estaba viendo. Y
de nuevo me quedé perplejo con respecto a las vfrgenes, que,
aunque fueran delicadas, estaban de pie como hombres, como si
intentaran llevar todo el cielo. Y el pastor me dijo: «¿Por qué
te haces preguntas y estás perplejo, y te pones triste? Porque
las cosas que no puedes comprender no te las propongas, si eres
prudente; pero ruega al Señor, para que puedas recibir
entendimiento para comprenderlas. Lo que hay detrás de ti tú no
puedes verlo, pero lo que hay delante de ti lo contemplas. Las
cosas que no puedes ver, por tanto, déjalas, y no te preocupes de
ellas; pero las cosas que puedes ver, éstas domínalas, y no
tengas curiosidad sobre el resto; pero voy a explicarte todas las
cosas que te mostraré. Observa, pues, lo que queda.»
[80] III. Y vi
seis hombres que venían, altos y gloriosos y de aspecto
semejante, y éstos llamaron a una gran multitud de hombres. Y los
otros que habían venido también eran altos y hermosos y
poderosos. Y los seis hombres les ordenaron que edificaran una
torre sobre la puerta. Y hacían un gran ruido estos hombres que
habían venido para edificar la torre, cuando corrían de un lado
a otro alrededor de la puerta. Porque las vírgenes
que había junto a la puerta dijeron a los hombres que se
apresuraran a edificar la torre. Y las vírgenes tendieron las
manos como para recibir algo de los hombres. Y los seis hombres
ordenaron que subieran piedras de cierto hoyo profundo, que habían
de servir para la edificación de la torre. Y subieron diez
piedras cuadradas y pulimentadas, [no] labradas de una cantera. Y
los seis hombres llamaron a las vfrgenes, y les ordenaron que
llevaran todas las piedras que habían de entrar en la edificación
de la torre, y que las pasaran por la puerta y las entregaran a
los hombres que estaban a punto de edificar la torre. Y las vírgenes
se cargaron las primeras diez piedras que habían aparecido de lo
profundo del hoyo, y las transportaron entre todas, piedra por
piedra.
[81] IV. Y tal
como estaban juntas alrededor de la puerta, en este orden las
llevaron; las que parecían ser bastante fuertes se habían
inclinado a los ángulos de la piedra, en tanto que las otras se
inclinaban a los lados de la piedra. Y así acarrearon todas las
piedras. Y las trasladaron a través de la puerta, tal como se les
había ordenado, y las entregaron a los hombres para la torre; y
éstos tomaron las piedras y edificaron. Y la edificación de la
torre era sobre la gran roca y sobre la puerta. Estas diez piedras
fueron entonces juntadas, y cubrían toda la roca. Y éstas
formaron un fundamento para el edificio de la torre. Y [la roca y]
la puerta sostenían toda la torre. Y después de las diez piedras
subieron de la profundidad otras veinticinco piedras, y éstas
fueron encajadas en el edificio de la torre, siendo acarreadas por
las vírgenes, como las anteriores. Y después de éstas subieron
treinta y cinco piedras. Y éstas, asimismo, fueron encajadas en
la torre. Y después de éstas vinieron otras cuarenta piedras, y
éstas fueron puestas todas en el edificio de la torre. Así que
se pusieron cuatro hileras en los fundamentos de la torre. Y (las
piedras) dejaron de subir de la profundidad, y los edificadores
también cesaron un rato. Y entonces los seis hombres ordenaron a
la multitud de gente que trajera piedras de las montañas para la
edificación de la torre. Fueron traídas, pues, de todas las
montañas, de varios colores, labradas por los hombres, y
entregadas a las vírgenes; y las vírgenes las acarreaban a través
de la puerta y las entregaban para la edificación de la torre. Y
cuando las distintas piedras fueron colocadas en el edificio, se
hicieron semejantes todas y blancas, y perdieron sus muchos
colores. Pero algunas piedras fueron entregadas por los hombres
para el edificio, y éstas no se volvieron brillantes; sino que
tal como eran colocadas, así permanecían; porque no eran
entregadas por las vírgenes ni habían sido acarreadas a través
de la puerta. Estas piedras, pues, eran disformes y desagradables
a la vista en el edificio de la torre. Entonces los seis hombres
vieron que las piedras eran impropias en el edificio, y ordenaron
que fueran quitadas y fueran llevadas (abajo) a su lugar propio,
de donde habían sido traídas. Y dijeron a los hombres que
estaban trayendo piedras: «Absteneos del todo de entregar piedras
para la edificación; pero colocadlas junto a la torre, para que
las vfrgenes las acarreen a través de la puerta y las entreguen a
los que edifican. Porque», [dijeron ellos], «si no son
acarreadas a través de la puerta por las manos de estas vírgenes
no pueden cambiar su color. No trabajéis, pues», [dijeron], «en
vano.»
[82] V. Y el
edificio quedó terminado en aquel día; con todo, la torre no
quedó terminada por completo, porque había de ser elevada [todavía]
un poco más; y hubo una interrupción en la edificación. Y los
seis hombres ordenaron a los edificadores que se retiraran un rato
[todos ellos] y descansaran; pero a las vírgenes no les ordenaron
que se retiraran de la torre. Y yo pensé que las vírgenes se habían
quedado para guardar la torre. Y después que todos se hubieron
retirado [y descansado], yo le dije al pastor: «Señor, ¿por qué
no ha sido completada la edificación de la torre?» «La torre»,
me contestó, «no puede ser completamente terminada hasta que su
Señor venga y ponga a prueba este edificio, con el fin de que, si
hay algunas piedras que se desmenuzan, las pueda cambiar porque la
torre es edificada según su voluntad.» «Quisiera saber, señor»,
le dije, «qué es el edificio de esta torre, y respecto a la roca
y la puerta, y las montañas, y las vírgenes, y las piedras que
vinieron de lo profundo y no fueron labradas, sino que fueron
usadas tal como estaban en la edificación; y porqué fueron
colocadas primero diez piedras en los fundamentos, luego
veinticinco, luego treinta y cinco, luego cuarenta; y respecto a
las piedras que han entrado en la edificación y fueron quitadas
otra vez y devueltas a su lugar; con respecto a todas estas cosas
da descanso a mi alma, señor, y explícamelas.» Y me dijo: «Si
no eres dominado por una curiosidad yana, conocerás todas estas
cosas. Porque después de unos pocos días vendremos aquí, y verás
lo que a continuación ocurrirá a esta torre y entenderás todas
las parábolas con exactitud.» Y después de unos días volvimos
al lugar en que nos habíamos sentado, y él me dijo: «Vayamos a
la torre, porque el propietario de la torre viene para
inspeccionarla.» Y fuimos a la torre y no había nadie allí
cerca, excepto las vírgenes. Y el pastor preguntó a las vírgenes
si el amo de la torre había llegado. Y ellas le dijeron que
llegaría pronto para inspeccionar el edificio.
[83] VI. Y he aquí,
después de poco vi un despliegue de muchos hombres que venían, y
en medio un hombre de una estatura tal que sobrepujaba la torre. Y
los seis hombres que habían dirigido la edificación andaban con
él a su derecha y a su izquierda, y todos los que habían
trabajado en la edificación estaban con él, y muchos otros
gloriosos ayudantes alrededor. Y las vírgenes que
vigilaban la torre se adelantaron y le besaron, y empezaron a
caminar a su lado alrededor de la torre. Y este hombre inspeccionó
el edificio tan cuidadosamente, que palpó cada una de las
piedras, y empuñaba una vara en la mano, con la cual golpeaba
cada una de las piedras que estaba colocada en el edificio. Y
cuando golpeaba, algunas de las piedras se volvían negras como
hollín, otras mohosas, otras se resquebrajaban, otras se rompían,
otras no se volvían ni blancas ni negras, otras deformes y no
encajaban con las otras piedras, y otras mostraban muchas manchas;
éstos eran los aspectos diversos de las piedras que se veía eran
impropias para el edificio. Así que ordenó que todas ellas
fueran quitadas de la torre, y fueran colocadas junto a la torre,
y fueran traídas otras piedras y colocadas en lugar de aquéllas.
Y los edificadores le preguntaron de qué montaña deseaba que
fueran traídas las piedras y puestas en su lugar. Y él no quiso
que fueran traídas de las montañas, sino que mandó que fueran
traídas de cierta llanura que había muy cerca. Y cavaron en la
llanura, y se hallaron piedras allí brillantes y cuadradas, pero
algunas de ellas eran demasiado redondeadas. Y todas las piedras
que había por todas panes en aquella llanura fueron traídas, y
fueron acarreadas a través de la puerta por las vírgenes. Y las
piedras cuadradas fueron labradas y puestas en el lugar de las que
habían sido quitadas; pero las redondeadas no fueron colocadas en
el edificio, porque era difícil darles forma, y el trabajo en
ellas era lento. Así que fueron colocadas al lado de la torre,
como si se intentara darles forma y colocarlas en el edificio;
porque eran muy brillantes.
[84] VII. Así
que, habiendo realizado estas cosas, el hombre glorioso que era el
señor de toda la torre llamó al pastor hacia sí, y le entregó
todas las piedras que había puestas al lado de la torre, y que
fueron quitadas del edificio, y le dijo: «Limpia estas piedras
cuidadosamente, y ponlas en el edificio de esta torre; se entiende
las que puedan encajar con el resto; pero las que no puedan
encajar, échalas lejos de la torre.» Habiendo dado estas órdenes
al pastor, se marchó de la torre con todos los que habían venido
con él. Y las vírgenes estaban alrededor de la torre observándole.
Yo le dije al pastor: «¿Cómo pueden estas piedras entrar otra
vez en el edificio de la torre, siendo así que han sido
desaprobadas?» Él me contestó: «¿Ves estas
piedras?» «Las veo, señor», le dije. «Yo mismo daré forma a
la mayor parte de estas piedras y las pondré en el edificio, y
encajarán con las piedras restantes.» «¿Cómo es posible», le
dije, «cuando sean recortadas con el cincel, que encajen en el
mismo espacio?» El me dijo como respuesta: «Todas las que sean
halladas pequeñas, serán puestas en medio del edificio; pero las
que sean mayores, serán colocadas cerca del exterior, y se
enlazarán con las otras.» Con estas palabras me dijo: «Vayámonos,
y después de dos días volvamos y limpiemos estas piedras y pongámoslas
en el edificio; porque todas las cosas alrededor de la torre han
de ser limpiadas, no sea que el señor venga súbitamente y halle
los alrededores de la torre sucios y se enoje, y resulte que estas
piedras no entren en la edificiación de la torre y yo sea tenido
por descuidado a los ojos de mi señor.»
Y después de dos días fuimos a la torre, y él
me dijo: «Inspeccionemos todas las piedras, y veamos cuáles
pueden servir para la edificación.» Yo le dije: «Señor,
inspeccionémoslas.»
[85] VIII. Y así,
empezando, primero inspeccionamos las piedras negras; y tal como
habían sido descartadas del edificio, así las hallamos. Y el
pastor ordenó que fueran quitadas de la torre y fueran puestas a
un lado. Luego inspeccionó las que eran mohosas, y las tomó y
moldeó muchas de ellas, y ordenó a las vírgenes que las tomaran
y las pusieran en el edificio. Y las vírgenes las tomaron y las
colocaron en el edificio de la torre en una posición media. Pero
para las restantes ordenó que fueran colocadas con las negras,
porque éstas también eran negras. Luego empezó a inspeccionar
las que tenían rajas; y de éstas moldeó algunas, y ordenó que
fueran llevadas por las manos de las vírgenes para el edificio. Y
fueron colocadas hacia fuera, porque se vio que eran sanas. Pero
el resto no pudo ser moldeado debido al número de rajas. Por esta
razón, pues, fueron echadas fuera del edificio de la torre. Luego
siguió inspeccionando (las piedras) de tamaño reducido, y muchas
de ellas estaban negras, y algunas tenían grandes rajas; y ordenó
que éstas también fueran colocadas con las que habían sido
descartadas. Pero las que quedaban, él las limpió y les dio
forma, y ordenó que fueran colocadas en el edificio. Así que las
vírgenes las tomaron y las encajaron en medio del edificio de la
torre; porque eran algo débiles. Luego empezó a inspeccionar las
que eran medio blancas y medio negras, y muchas de ellas (ahora)
eran del todo negras; y ordenó que éstas fueran llevadas con las
que habían sido descartadas antes. +Pero todas las restantes
fueron [halladas blancas, y fueron] llevadas por las vírgenes;
porque siendo blancas fueron encajadas por las mismas [vírgenes]
en el edificio.+ Pero fueron colocadas hacia fuera, porque estaban
sanas, de modo que podían unirse a las que habían sido colocadas
en medio; porque ni una sola de ellas era demasiado pequeña.
Entonces empezó a inspeccionar las duras y deformes; y unas pocas
fueron descartadas, debido a que no se podían moldear, porque
eran demasiado duras. Pero moldeó las restantes, les dio forma [y
fueron llevadas por las vírgenes], y fueron encajadas en medio
del edificio de la torre, porque eran algo débiles. Luego siguió
inspeccionando las que tenían manchas, y algunas de éstas se habían
vuelto negras y fueron echadas con el resto; pero las restantes
eran brillantes y sanas, y fueron encajadas por las vírgenes en
el edificio; pero fueron colocadas hacia fuera debido a su fuerza.
[86] IX. Entonces
fue a inspeccionar las piedras blancas y redondas, y me dijo: «¿Qué
haremos con estas piedras?» «¿Cómo puedo saberlo yo, señor?»,
le respondí. [Y él me dijo]: «j,No te das cuenta de nada con
respecto a las mismas?» Y le dije: «Señor, no entiendo en este
arte, ni soy cantero, ni puedo decir nada.» «¿No ves», me
dijo, «que son muy redondas, y si quiero hacerlas cuadradas es
necesario quitar de ellas mucho con el cincel? Con todo, algunas
tienen que ser colocadas por necesidad en el edificio.» «Señor»,
dije, «si ha de ser así, ¿por qué te desazonas, y por qué no
escoges para el edificio las que quieras y las encajas en él?»
El escogió de entre las grandes y brillantes algunas y las picó;
y las vírgenes las tomaron y las encajaron en las panes
exteriores del edificio. Pero las restantes que habían quedado se
las llevaron y las pusieron en la llanura de donde habían sido
traídas; éstas no fueron echadas, sin embargo, porque», dijo él,
«queda todavía parte de la torre para ser construida. Y el señor
de la torre desea muchísimo que estas piedras sean encajadas en
el edificio, porque son muy brillantes.» Así que fueron llamadas
doce mujeres, de muy hermosa figura, vestidas de negro, [ceñidas
y con los hombros desnudos], con el pelo colgando. Y estas
mujeres, pensé yo, tenían un aspecto arisco. Y el pastor ordenó
que tomaran las piedras que habían sido desechadas del edificio,
y las llevaran a las mismas montañas de las cuales habían sido
traídas; y ellas las tomaron con alegría, y se llevaron todas
las piedras y las pusieron en el lugar de donde habían sido
sacadas. Y después que habían sido quitadas todas las piedras, y
no quedaba una sola alrededor de la torre, el pastor me dijo: «Demos
la vuelta a la torre y veamos que no haya defecto en ella.» Y yo
di la vuelta con él. Y cuando el pastor vio que la torre era muy
hermosa en la edificación, se puso en extremo contento; porque la
torre estaba tan bien edificada que, cuando yo la vi, deseé con
ansia la edificación de la misma; porque estaba edificada como si
fuera de una sola piedra, encajada toda junta. Y la obra de piedra
parecía como si hubiera sido excavada de la roca; porque me parecía
como si fuera todo una sola piedra.
[87] X. Y cuando
andaba con él yo estaba contento al ver una vista tan
airosa. Y el pastor me dijo: «Ve y trae yeso y arcilla fina, para
que pueda rellenar las formas de las piedras que han sido tomadas
y puestas en el edificio; porque toda la torre alrededor ha de ser
lisa.» E hice lo que me mandó, y se lo traje. «Ayúdame», me
dijo, «y la obra será realizada rápidamente.» Así que él
llenó las formas de las piedras que habían entrado en el
edificio, y ordenó que los alrededores de la torre fueran
barridos y limpiados. Y las vírgenes tomaron
escobas y barrieron, y quitaron todos los escombros alrededor de
la torre, y rociaron con agua, y el terreno alrededor de la torre
quedó alegre y muy hermoso. El pastor me dijo: «Todo ha quedado
limpio ahora. Si el señor viene a inspeccionar la torre, no tiene
nada de qué acusarnos.» Diciendo esto, quería marcharse. Pero
yo eché mano de su zurrón y le conjuré por el Señor que me
explicara [todo] lo qüe me había mostrado. El me dijo: «Estoy
ocupado durante un rato; luego te lo explicaré todo. Espérame
aquí hasta que vuelva.» Yo le dije: «Señor, cuando esté solo
aquí, ¿qué es lo que tengo que hacer?» «Tú no estás solo»,
me contestó, «porque estas vírgenes están aquí contigo.» «Encomiéndame,
pues, a ellas», le dije. El pastor las llamó y les dijo: «Os
encomiendo a este hombre hasta que vuelva», y se marchó. Así
que yo quedé solo con las vírgenes; y ellas estaban muy alegres,
y amablemente dispuestas hacia mí, especialmente las cuatro que
eran más gloriosas en apariencia.
[88] XI. Las vírgenes
me dijeron: «Hoy el pastor no viene aquí.» «¿Qué haré yo,
pues?», dije. «Espérale», dijeron, «hasta el anochecer; y si
viene, él hablará contigo; pero si no viene, te quedarás aquí
con nosotras hasta que venga.» Yo les dije: «Le esperaré hasta
el anochecer, y si no viene, me marcharé a casa y regresaré
temprano por la mañana.» Pero ellas contestaron y me dijeron:
«Él te encomendó a nosotras, y no puedes marcharte de nosotras.»
«¿Dónde me quedaré, pues?» «Tú pasarás la noche con
nosotras», dijeron, «como un hermano, no como un marido; porque
tú eres nuestro hermano, y a partir de ahora nosotras moraremos
contigo; porque te amamos entrañablemente.» Pero yo tenía vergüenza
de quedarme con ellas. Y la que parecía ser la principal empezó
a besarme y abrazarme; y las otras, viendo que ella me abrazaba,
empezaron también a besarme, y me llevaban alrededor de la torre
y jugaban conmigo. Y yo me había vuelto como si fuera un joven, y
comencé yo mismo a jugar con ellas. Porque algunas de ellas
empezaron a danzar, [otras a dar saltos], otras a cantar. Pero yo
me quedé en silencio y andaba con ellas alrededor de la torre, y
estaba contento con ellas. No obstante, cuando llegó la noche,
deseaba irme a casa; pero ellas no me dejaron, sino que me
detuvieron. Y yo pasé la noche con ellas, y dormí al lado de la
torre. Porque las vírgenes esparcieron sus túnicas de lino sobre
el suelo, y me hicieron echar en medio de ellas, y ellas no hacían
otra cosa que orar; y yo oraba con ellas sin cesar, y no menos que
ellas. Y las vírgenes se regocijaban de que yo orara. Y yo estuve
con las vírgenes allí hasta la mañana a la segunda hora.
Entonces vino el pastor y dijo a las vírgenes: «¿Le habéis
hecho algún daño?» «Pregúntaselo», dijeron. Y yo le dije: «Señor,
estuve contento de estar con ellas.» «¿Qué comiste para cenar?»,
me preguntó. «Cené, señor, las palabras del Señor durante
toda la noche», le dije. «¿Te trataron bien?», preguntó él.
«Sí, señor», contesté. «Ahora», dijo él, «¿qué es lo
que quieres oír primero?» «En el orden en que me lo has
mostrado, señor, desde el principio», le dije; «te ruego, señor,
que me lo expliques exactamente en el orden en que te lo preguntaré.»
«Según tu deseo, así te lo interpretaré», me dijo, «y no te
esconderé nada a ti.»
[89] XII. «Primero,
señor», le dije, «explícame esto. La roca y la puerta, ¿qué
son?» «Esta roca», me contestó, «y la puerta, son el Hijo de
Dios.» «Señor», le dije, «¿cómo es que la roca es antigua
pero la puerta reciente?» «Escucha», me dijo, «y entiende,
hombre insensato. El Hijo de Dios es más antiguo que toda su
creación, de modo que fue el consejero del Padre en la obra de su
creación. Por tanto, también El es antiguo.» «Pero la puerta,
¿por qué es reciente, señor?», le pregunté. «Porque», dijo
él, «El fue manifestado en los últimos días de la consumación;
por tanto, la puerta es hecha recientemente, para que los que son
salvos puedan entrar por ella en el reino de Dios. ¿Viste», me
dijo, «que las piedras que pasaron por la puerta han entrado en
la edificación de la torre, pero las que no pasaron por ella
fueron echadas otra vez a su lugar?» «Lo vi, señor», dije yo.
«Así, pues», dijo él, «nadie entrará en el reino de Dios a
menos que haya recibido el nombre de su Hijo. Porque si tú
quieres entrar en una ciudad, y esta ciudad está amurallada por
completo y sólo tiene una puerta, ¿puedes entrar en esta ciudad
como no sea por medio de la puerta que tiene?» «Señor, ¿cómo
sería posible hacerlo de otra manera», le pregunté yo. «Así
pues, si no puedes entrar en la ciudad excepto a través de la
puerta que tiene, lo mismo», dijo él, «ninguno puede entrar en
el reino de Dios excepto en el nombre de su Hijo que es amado por
Él. ¿Viste», me dijo, «la multitud que está edificando la
torre?» «La vi, señor», le contesté. «Estos», dijo él, «son
todos ángeles gloriosos. De éstos, pues, está rodeado por todas
panes el Señor. Pero la puerta es el Hijo de Dios; sólo hay esta
entrada al Señor. Nadie puede entrar hasta Él de
otra manera que por medio de su Hijo. ¿Viste», me dijo, «los
seis hombres, y el hombre glorioso y poderoso en medio de ellos,
que andaba alrededor de la torre y rechazaba las piedras del
edificio?» «Le vi, señor», le dije. «El hombre glorioso»,
dijo él, «es el hijo de Dios, y los seis son los gloriosos ángeles
que le guardan a su derecha y a su izquierda. De estos gloriosos
ángeles ni uno entrará ante Dios aparte de Él; todo el que no
recibe su nombre, no entrará en el reino de Dios.»
[90] XIII. «Pero
la torre», dije yo, «¿qué es?» «La torre», contestó él,
«¡cómo!, es la Iglesia.» «Y estas vírgenes, ¿quiénes son?»
Y me dijo: «Son los espíritus santos; y ningún hombre puede
hallarse en el reino de Dios a menos que éstos le revistan con su
vestido; porque si tú recibes sólo el nombre, pero no recibes el
vestido de ellos, no te sirve de nada. Porque estas vírgenes son
poderes del Hijo de Dios. [Por lo tanto] si tú llevas el Nombre,
y no llevas su poder, llevarás el Nombre sin ningún resultado. Y
las piedras», dijo él, «que viste que eran echadas, éstas
llevaban el Nombre, pero no estaban vestidas con el vestido de las
vírgenes.» «¿De qué clase, señor», pregunté yo, «es su
vestido?» «Los mismos nombres», dijo él, «son su vestido.
Todo el que lleva el nombre del Hijo de Dios, debería llevar los
nombres de éstos también; porque incluso el Hijo mismo lleva los
nombres de estas vírgenes. Todas las piedras que viste que
entraban en el edificio de la torre», me dijo, «siendo dadas por
sus manos y esperando para la edificación, han sido revestidas
del poder de estas vírgenes. Por esta causa tú ves la torre
hecha de una sola piedra con la roca. Así también los que han
creído en el Señor por medio de su Hijo y están revestidos de
estos espíritus, pasarán a ser un espíritu y un cuerpo, y sus
vestidos son todos de un color. Pero estas personas que llevan los
nombres de las vírgenes tienen su morada en la torre.» «Las
piedras que son echadas, pues», dije yo, «¿por qué fueron
echadas? Porque pasaron por la puerta y fueron colocadas en el
edificio de la torre por manos de las vírgenes.» «Como todas
estas cosas te interesan», dijo él, «e inquieres con
diligencia, escucha lo que se refiere a las piedras que han sido
echadas. Todas éstas», [dijo él], «recibieron el nombre del
Hijo de Dios, y recibieron también el poder de estas vírgenes.
Cuando recibieron, pues, estos espíritus, fueron fortalecidas, y
estaban con los siervos de Dios, y tenían un espíritu y un
cuerpo [y un vestido]; porque eran de un mismo pensar, y obraban
justicia. Después de cierto tiempo, pues, fueron persuadidas por
las mujeres que viste vestidas en ropa negra, y tenían los
hombros desnudos y el pelo suelto, y eran de hermosa figura.
Cuando las vieron las desearon, y se revistieron de su poder, pero
se despojaron del poder de las vírgenes. Estos, por tanto, fueron
echados de la casa de Dios y entregados a estas (mujeres). Pero
los que no fueron engañados por la hermosura de estas mujeres
permanecieron en la casa de Dios. Aquí tienes la interpretación
de las que fueron descartadas», dijo él.
[91] XIV. «¿Qué
pasa, pues, señor», dije yo, «si estos hombres, siendo lo que
son, se arrepienten y se desprenden de su deseo hacia estas
mujeres, y regresan a las vírgenes, y andan en su poder y en sus
obras? ¿No entrarán en la casa de Dios?» «Entrarán», dijo él,
«si se desprenden de las obras de estas mujeres y vuelven a tomar
el poder de las vírgenes y andar en sus obras. Porque ésta es la
razón por la que hubo una interrupción en la edificación, para
que si éstos se arrepienten, puedan entrar en el edificio de la
torre; pero si no se arrepienten, entonces otros ocuparán su
lugar, y ellos serán expulsados finalmente.» Por todas estas
cosas yo di gracias al Señor, porque Él tuvo compasión de todos
los que invocan su nombre, y nos envió al ángel del
arrepentimiento a los que habíamos pecado contra Él, y reavivó
nuestro espiritu, y cuando ya estábamos echados a perder y no teníamos
esperanza de vida, restauró nuestra vida.» «Ahora, señor»,
dije yo, «muéstrame por qué la torre no está edificada sobre
el suelo, sino sobre la roca y sobre la puerta.» «Porque careces
de sentido», dijo él, «y eres sin entendimiento [haces esta
pregunta].» «Me veo obligado, señor», dije yo, «a preguntarte
todas las cosas a ti porque yo soy
totalmente incapaz de comprender nada en absoluto; porque todas
estas cosas son grandes y gloriosas y difíciles de entender para
los hombres.» «Escucha», continúo él. «El nombre del Hijo de
Dios es grande e incomprensible, y sostiene a todo el mundo. Así
pues, si toda la creación es sostenida por el Hijo [de Dios], ¿qué
piensas tú de los que son llamados por Él, y
llevan el nombre del Hijo de Dios y andan conforme a sus
mandamientos? ¿Ves tú en qué manera Él sostiene a los hombres?
Los que llevan su nombre de todo corazón. Él mismo, pues, es su
fundamento, y Él los sustenta alegremente, porque ellos no están
avergonzados de llevar su nombre.»
[92] XV. «Declárame,
señor», le dije, «los nombres de las vírgenes y de las mujeres
vestidas de ropas negras.» «Escucha», respondió él, «los
nombres de las vírgenes más poderosas, las que se hallaban
situadas en los extremos. La primera es Fe; la segunda,
Continencia; la tercera, Poder; y la cuarta, Paciencia. Pero las
otras estacionadas entre ellas tienen por nombres: Simplicidad,
Inocencia, Pureza, Alegría, Verdad, Entendimiento, Concordia,
Amor. El que lleva estos nombres y el nombre del Hijo de Dios podrá
entrar en el reino de Dios. Escucha», me
dijo, «también los nombres de las mujeres que llevan las ropas
negras. De ellas hay también cuatro que son más poderosas que el
resto: la primera es Incredulidad; la segunda, Intemperancia; la
tercera, Desobediencia; la cuarta, Mentira; y las que siguen son
llamadas Tristeza, Maldad, Lascivia, Irascibilidad, Falsedad,
Locura, Calumnia, Rencor. El siervo de Dios que lleva estos
nombres verá el reino de Dios, pero no entrará en él.» «Pero
las piedras, señor», dije yo, «que vinieron de lo profundo y
fueron encajadas en el edificio, ¿quiénes son?» «Las primeras»,
dijo él, «a saber, las diez, que fueron colocadas en los
fundamentos, son la primera generación; las veinticinco son la
segunda generación de los justos; las
treinta y cinco son los profetas de Dios y
sus ministros; las cuarenta son los apóstoles y maestros de la
predicación del Hijo de Dios.» «¿Por qué, pues, señor»,
pregunté yo, «entregaron las vírgenes también estas piedras
para la edificación de la torre y las llevaron a través de la
puerta?» «Porque estas primeras», contestó él, «llevaban
estos espíritus, y nunca se separaron los unos de los otros, ni
los espíritus de los hombres ni los hombres de los espíritus,
sino que los espíritus permanecieron con ellos hasta que
durmieron; y si ellos no hubieran tenido estos espíritus con
ellos, no habrían sido hallados útiles para la edificación de
esta torre.»
[93] XVI. «Muéstrame
algo más aún, señor», le dije. «¿Qué deseas saber además»,
me dijo. «¿Por qué, señor», le pregunté «salieron las
piedras de lo profundo, y por qué fueron colocadas en el edificio
aunque traían estos espíritus?» «Les era necesario que se
levantaran a través del agua, para que
pudieran recibir vida; porque de otro modo no habrían podido
entrar en el reino de Dios, a menos que hubieran puesto a
un lado lo mortal de su vida [previa]. Lo mismo, pues, los que
durmieron recibieron el sello del Hijo de Dios y entraron en el
reino de Dios. Porque antes que un hombre lleve el nombre
[del Hijo de] Dios, es muerto; pero cuando ha recibido el
sello, deja a un lado la mortalidad y asume otra vez la vida. El
sello, pues, es el agua; así que descienden en el agua muertos y
salen vivos. Así que, también a ellos fue
predicado este sello, y ellos se beneficiaron de él para poder
entrar en el reino de Dios.» «¿Por qué, señor», le pregunté,
«salieron las cuarenta piedras también de lo profundo, aunque ya
habían recibido el sello?» «Porque éstas», dijo él, «los apóstoles
y los maestros que predicaron el nombre del Hijo de Dios, después
que hubieron dormido en el poder y la fe del Hijo de Dios,
predicaron también a los que habían quedado dormidos antes que
ellos, y ellos mismos les dieron el sello de la predicación. Por
tanto, descendieron con ellos en el agua y salieron
de nuevo. Pero éstos descendieron vivos [y de nuevo salieron
vivos]; en tanto que los otros que habían dormido antes que ellos
descendieron muertos y salieron vivos. Así que por medio de ellos
fueron vivificados y llegaron al pleno conocimiento del nombre del
Hijo de Dios. Por esta causa también subieron con ellos, y fueron
encajados con ellos en el edificio de la torre y fueron edificados
con ellos, sin que se les diera nueva forma; porque ellos
durmieron en justicia y gran pureza. Sólo que no tenían este
sello. Tú tienes, pues, la interpretación de estas cosas también.»
«Las tengo, señor», le dije.
[94] XVII. «Ahora pues, señor,
explícame respecto a las montañas. ¿Por qué son sus formas
distintas la una de la otra, y son varias?» «Escucha», me dijo.
«Estas doce montañas son [doce] tribus que habitan todo el
mundo. A estas (tribus), pues, fue predicado el Hijo de Dios por
los apóstoles.» «Pero explícame, señor, por qué son varias
—estas montañas— y cada una tiene un aspecto diferente.» «Escucha»,
me respondió. «Estas doce tribus que habitan todo el mundo son
doce naciones; y son diversas en entendimiento y en mente. Siendo
diversas, pues, según viste, estas montañas, también lo son las
variedades de la mente de estas naciones, y su entendimiento. Y yo
te mostraré la conducta de cada una.» «Primero, señor», le
dije, «muéstrame esto: por qué las montañas, siendo tan
distintas, pese a todo, cuando sus piedras fueron puestas en el
edificio, se volvieron brillantes y de un color como el de las
piedras que habían ascendido de lo profundo.» «Porque», me
dijo, «todas las naciones que habitan bajo el cielo, cuando
oyeron y creyeron, fueron llamadas por el nombre único de [el
Hijo de] Dios. Así que, habiendo recibido el sello, tenían un
entendimiento y una mente, y pasó a ser suya una fe y [un] amor,
y llevaron los espíritus de las vírgenes
junto con el Nombre; por lo tanto, el edificio de la torre pasó a
ser de un color brillante como el sol. Pero después que
estuvieron juntas y se hicieron un cuerpo, algunas de ellas se
contaminaron, y fueron echadas de la sociedad de los justos, y
pasaron de nuevo a ser igual que eran antes, o aún peor.»
[95] XVIII. «Señor»,
le pregunté, «¿cómo se hicieron peor después
de haber conocido plenamente a Dios?» «El que no conoce a Dios»,
respondió él, «y comete maldad, tiene cierto castigo por su
maldad; pero el que conoce a Dios plenamente ya no debería
cometer más maldad, sino hacer lo bueno. Así pues, si el que
debería obrar bien comete maldad, ¿no parece cometer una maldad
mayor que el que no conoce a Dios? Por tanto, los que no habían
conocido a Dios y cometen maldad son condenados a muerte,
pero los que han conocido a Dios y visto sus
obras poderosas, y, con todo, cometen maldad, recibirán un
castigo doble y morirán eternamente. De esta
forma, pues, será purificada la Iglesia de
Dios. Y así como tú viste las piedras quitadas de la torre y
entregadas a los espíritus malos, ellos también serán echados
fuera; y habrá un cuerpo de ellos que son purificados, tal como
la torre, después de haber sido purificada, pasó a ser como si
fuera una sola piedra. Así será la Iglesia de Dios
también después de haber sido purificada, y los malvados
e hipócritas y blasfemos e indecisos y los que cometen varias
clases de maldad hayan sido echados fuera. Cuando éstos hayan
sido echados fuera, la Iglesia de Dios será un cuerpo, un
entendimiento, una mente, una fe, un amor. Y entonces el Hijo de
Dios se regocijará y se gozará en ellos, porque Él ha vuelto a
recibir a su pueblo puro.» «Grandes y gloriosas son, señor,
todas estas cosas. Una vez más, señor», [le dije], «muéstrame
la fuerza y las acciones de cada una de las montañas, para que
cada alma que confía en el Señor, cuando lo oiga, pueda
glorificar su nombre grande, maravilloso y glorioso.» «Escucha»,
me dijo, «la variedad de las montañas y de las doce naciones.
[96] XIX. »De la
primera montaña, que era negra, los que han creído son como
sigue: rebeldes y blasfemos contra el Señor, y traidores de los
siervos de Dios. Para éstos no hay arrepentimiento, sino que hay
muerte. Por esta causa son también negros; porque su raza es
rebelde. Y de la segunda montaña, la desolada, los que han creído
son así: hipócritas y maestros de maldad. Y éstos, pues, son
como los primeros en no tener el fruto de la justicia. Porque, tal
como su montaña es sin fruto, del mismo modo estos hombres tienen
un nombre, verdaderamente, pero están vacíos de fe, y no hay
fruto de verdad en ellos. A éstos, por tanto, se les ofrece
arrepentimiento si se arrepienten presto; pero si lo demoran,
morirán con los anteriores.» «¿Por qué, señor», pregunté
yo, «es posible el arrepentimiento para ellos, pero no lo es para
los anteriores? Porque sus actos son casi los mismos.» «Por esto»,
me dijo, «les es ofrecido arrepentimiento a éstos, porque no han
blasfemado de su Señor ni han traicionado a los siervos de Dios;
pese a todo, por afán de lucro actúan de modo hipócrita, y se
enseñan el uno al otro [según] los deseos de los pecadores. No
obstante, éstos recibirán cierto castigo; con todo, hay
arrepentimiento ordenado para ellos, porque no han sido blasfemos
o traidores.
[97] XX. »Y de la
tercera montaña, la que tiene espinos y zarzas, los que han creído
son así: algunos de ellos son ricos, y otros están enzarzados en
muchos asuntos de negocios. Las zarzas son los ricos, y los
espinos son los que están mezclados en varios asuntos de
negocios. Estos [pues, que están mezclados en muchos y varios
asuntos de negocios] no se juntan con los siervos de Dios, sino
que se descarrían, siendo ahogados por sus asuntos; por su parte,
los ricos no están dispuestos a unirse a los siervos de Dios, no
sea que se les pueda pedir algo. Estos hombres, pues, difícilmente
entrarán en el reino de Dios. Porque tal como
es difícil andar entre espinos con los pies descalzos, también es
difícil que estos hombres entren en el reino de Dios. Pero
para todos éstos es posible el arrepentimiento, aunque ha de ser
rápido, para que lo que omitieron hacer en días pasados, puedan
ahora compensarlo y hacer algo bueno. Si se arrepienten, pues, y
hacen algo bueno, vivirán para Dios; pero si continúan en sus
actos, serán entregados a aquellas mujeres, las cuales les darán
muerte.
[98] XXI. »Y con
respecto a la cuarta montaña, la que tenía mucha vegetación, la
parte superior de la hierba era verde y la parte hacia las raíces
seca, y alguna había sido secada por el sol, los que han creído
son así: los indecisos y los que tienen al Señor en sus labios
pero no lo tienen en su corazón. Por tanto, sus fundamentos son
secos y sin poder, y sólo viven sus palabras, pero sus obras son
muertas. Estos hombres no son ni vivos ni muertos. Son, por
consiguiente, como los indecisos; porque el indeciso no es ni
verde ni seco; porque ellos no están vivos ni muertos. Porque
como su hierba se secó cuando vio el sol, así también el hombre
indeciso, cuando oye que se acerca tribulación, por su cobardía
adora a los ídolos y se avergüenza del nombre de su Señor. Éstos
no están ni vivos ni muertos. Pese a todo, éstos también, si se
arrepienten presto, podrán vivir; pero si no se arrepienten, han
sido entregados ya a las mujeres que les quitan la vida.
[99] XXII. »Y de
la quinta montaña, la que tenía la hierba verde y era abrupta,
los que han creído son así: son fieles, pero lentos para
aprender y obstinados, y procuran agradarse a sí mismos, deseando
saber todas las cosas y, con todo, no saben nada en absoluto. A
causa de su obstinación, el entendimiento se mantuvo alejado de
ellos, y entró en ellos una insensatez sin sentido; y se alaban a
sí mismos como si tuvieran entendimiento, y desean ser maestros
que se han nombrado a sí mismos, aunque carezcan de sentido.
Debido, pues, a este orgullo del corazón de muchos, aunque se
exaltan a sí mismos, han sido vaciados; porque la obstinación y
la yana confianza son un demonio poderoso. De éstos, pues, muchos
fueron echados, pero algunos se arrepintieron y creyeron y se
sometieron a los que tenían entendimiento, habiéndose dado
cuenta de su propia insensatez. Con todo, y para el resto que
pertenece a esta clase, se les ofrçce arrepentimiento; porque
ellos no se hicieron malos, sino más bien insensatos y sin
entendimiento. Si éstos, por tanto, se arrepienten, vivirán para
Dios; pero si no se arrepienten, tendrán su morada con las
mujeres que obran mal contra ellos.
[100] XXIII. »Pero
los que han creído de la sexta montaña, que tiene barrancos
grandes y pequeños, y en las hendiduras la hierba se ha secado,
son así: los que se hallan en las hendiduras pequeñas, éstos
son los que tienen algo el uno contra el otro, y por sus
murmuraciones se han secado en la fe; pero muchos de éstos se
arrepienten. Sí, y el resto de ellos se arrepentirá cuando oigan
mis mandamientos; porque sus murmuraciones son pequeñas y se
arrepentirán pronto. Pero los que se hallan en las grandes
hendiduras, éstos persisten en sus murmuraciones y guardan
rencores, manteniendo la ira el uno contra el otro. Estos, pues,
fueron quitados inmediatamente de la torre y rechazados de su
edificación. Estas personas, pues, con dificultad vivirán. Si
Dios y nuestro Señor, que gobierna sobre todas las cosas y tiene
autoridad sobre toda su creación, no guarda rencor contra los que
confiesan sus pecados, sino que es misericordioso, ¿debe el
hombre, que es mortal y lleno de pecado, guardar rencor contra
otro hombre, como si pudiera destruirle o salvarle? Os digo yo el
—ángel del arrepentimiento— a cuantos sostenéis esta herejía,
apartadla de vosotros y arrepentíos, y el Señor curará vuestros
pecados anteriores si os purificáis de este demonio; pero si no,
seréis entregados a él para que os dé muerte.
[101] XXIV. »Y de
la séptima montaña, en la cual había hierba verde y sonriente,
y toda la montaña prosperaba, y había ganado de todas clases y
las aves del cielo se alimentaban de la hierba de esta montaña, y
la hierba verde de la cual se alimentaban crecía aún más
lozana, los que creyeron son así: son simples e inocentes y
benditos, no teniendo nada los unos contra los otros, sino regocijándose
siempre en los siervos de Dios, y revestidos del santo Espíritu
de estas vfrgenes, y teniendo compasión siempre de todo hombre, y
de sus propias labores suplen la necesidad de todos sin reproches
y sin recelos. El Señor, pues, viendo su simplicidad y su
humildad, hizo que abundaran en las labores de sus manos, y les ha
concedido favor sobre ellos en todas sus acciones. Pero os digo a
los que sois como los tales —yo, el ángel del
arrepentimiento—, permaneced hasta el fin como sois, y vuestra
simiente nunca será borrada. Porque el Señor os ha puesto a
prueba, y os ha contado entre su número, y toda vuestra simiente
morará con el Hijo de Dios; porque recibisteis de su Espíritu.
[102] XXV. »Y
de la octava montaña, la que tenía muchas fuentes, y todas las
criaturas del Señor bebían de las fuentes, los que creyeron son
así: apóstoles y maestros, que predican a todo el mundo, y que
enseñan la palabra del Señor en sobriedad y pureza, y no
retienen parte alguna por mal deseo, sino que anduvieron siempre
en rectitud y verdad, y también recibieron el Espíritu Santo.
Estos, por tanto, tendrán entrada con los ángeles.
[103] XXVI. »Y de
la novena montaña, que estaba desierta, que tenía [los] reptiles
y las fieras que destruyen a los hombres, los que creyeron son así:
los que tienen las manchas son diáconos que ejercieron mal su
oficio, y saquearon la sustancia de viudas y huérfanos, e
hicieron ganancia para sí con las ministraciones que habían
recibido para ejecutar. Estos, pues, si permanecen en el mismo mal
deseo, son muertos y no hay esperanza de vida para ellos; pero si
se vuelven y cumplen sus ministraciones con pureza les será
posible vivir. Pero los que están mohosos, éstos son los que han
negado al Señor y no se han vuelto a Él, sino que se han vuelto
estériles y desérticos, porque no se juntan con los siervos de
Dios, sino que viven en soledad, éstos destruyen sus propias
almas. Porque como la vid dejada a solas en un seto, si se la
descuida es destruida y echada a perder por las malas hierbas, y
con el tiempo se vuelve silvestre y ya no es útil para su dueño,
así también los hombres de esta clase se han entregado al
abatimiento y se vuelven inútiles para su Señor, haciéndose
silvestres. A éstos, pues, les llega el arrepentimiento, a menos
que hayan negado en su corazón; y yo no sé si uno que ha negado
en su corazón es posible que viva. Y esto no lo digo con
referencia a estos días, que un hombre después de haber negado
haya de recibir arrepentimiento; porque es imposible que sea salvo
el que ahora intente negar a su Señor; pero para los que le han
negado hace mucho tiempo, el arrepentimiento parece posible. Si un
hombre se arrepiente, por tanto, que lo haga rápidamente antes
que la torre sea completada; pues si no, será destruido por las
mujeres y le darán muerte. Y las piedras de tamaño reducido, éstos
son los traidores y los murmuradores; y las fieras que viste en la
montaña son éstos. Porque como las fieras con su veneno
envenenan y matan a un hombre, así también las palabras de estos
hombres envenenan y matan a un hombre. Estos, pues, están
mutilados en su fe, a causa de lo que se han hecho a sí mismos;
pero algunos de ellos se arrepintieron y fueron salvos; y el resto
que son de esta clase pueden ser salvos si se arrepienten; pero si
no se arrepienten, hallarán la muerte en las manos de aquellas
mujeres, por cuyo poder son poseídos.
[104] XXVII. »Y
de la décima montaña, en que había árboles que cobijaban a
ciertas ovejas, los que creyeron son así: obispos, personas
hospitalarias, que reciben alegremente en sus casas en todo tiempo
a los siervos de Dios sin hipocresía. [Estos obispos] en todo
tiempo sin cesar dieron albergue a los necesitados y a las viudas
en sus ministraciones, y se condujeron con pureza en todo momento.
A [todos] éstos, pues, les dará asilo el Señor para siempre.
Los que han hecho estas cosas, por consiguiente, son gloriosos a
la vista de Dios, y su lugar es ahora con los ángeles si siguen
hasta el fin sirviendo al Señor.
[105] XXVIII. »Y
de la undécima montaña, en que había árboles llenos de fruto,
adornados con varias clases de frutos, los que creyeron son así:
sufrieron por el Nombre [del Hijo de Dios], y también sufrieron
dispuestos de todo corazón, y entregaron sus vidas.» «¿Por qué,
pues, señor», pregunté yo, «tienen todos los árboles frutos,
pero algunos de estos frutos son más hermosos que otros?» «Escucha»,
me dijo: «todos cuantos han sufrido por amor al Nombre son
gloriosos a la vista de Dios, y los pecados de ellos fueron
quitados porque sufrieron por el nombre del Hijo de Dios. Ahora
escucha por qué sus frutos son diversos y algunos sobrepujan a
otros. Todos cuantos fueron torturados y no negaron», dijo él,
«cuando fueron puestos delante del magistrado, sino que sufrieron
dispuestos, éstos son los más gloriosos a la vista del Señor;
su fruto es el que sobrepasa. Pero todos los que se acobardaron, y
se perdieron en la incertidumbre, y consideraron en sus corazones
si debían negar o confesar, y pese a todo sufrieron, sus frutos
son menores, porque este designio entró en su corazón; porque
este designio es malo, que un siervo niegue a su propio señor.
Procurad, pues, los que albergáis esta idea, que este designio no
permanezca en vuestros corazones y, con todo, muráis para el Señor.
Pero, el que sufre por amor al Nombre debería glorificar a Dios,
porque Dios te considera digno de que lleves este nombre, y que
todos tus pecados sean sanados. Consideraos, pues,
bienaventurados; sí, pensad, más bien, que habéis hecho una
gran obra si alguno de vosotros sufre por amor a Dios. El Señor
os concede vida, y no la echáis de ver; porque vuestros pecados
os hunden, y si no hubierais sufrido por el Nombre [del Señor]
habríais muerto para Dios por razón de vuestros pecados. Estas
cosas os digo a los que vaciláis con respecto a la negación o la
confesión. Confiesa que tienes al Señor, para que Él no te
niegue, no sea que, denegándole, seas entregado a la cárcel. Si
los gentiles castigan a sus esclavos, si uno de ellos niega a su
señor, ¿qué pensáis que os hará el Señor que tiene autoridad
sobre todas las cosas? ¡Fuera estos designios de vuestros
corazones, para que podáis vivir para siempre en Dios!
[106] XXIX. »Y de
la montaña duodécima, que era blanca, los que creyeron eran así:
eran como verdaderos recién nacidos, en cuyo corazón no hay
astucia alguna, ni han aprendido lo que es maldad, sino que
permanecen siendo niños para siempre. Estos, pues, moran, sin
duda, en el reino de Dios, porque no contaminaron los mandamientos
de Dios en nada, sino que siguen siendo niños todos los días de
su vida en su mentalidad. Cuantos de vosotros, por tanto, continuéis
así», dijo él, «siendo como niños que no tienen malicia, seréis
más gloriosos [aún] que los que han sido mencionados antes;
porque los niños son gloriosos a la vista de Dios, y se hallan
primero ante su vista. Bienaventurados sois, pues, cuantos habéis
ahuyentado la maldad de vosotros yos habéis revestido de
inocencia; viviréis para Dios más que todos los demás.»
Y después que hubo terminado las parábolas de
las montañas, le dije: «Señor, explícame ahora respecto a las
piedras que fueron sacadas de la llanura y colocadas en el
edificio en lugar de las piedras que habían sido quitadas de la
torre, y respecto a las (piedras) redondas que fueron colocadas en
el edificio, y respecto a las que son todavía redondas.»
[107] XXX. «Oye
también», me dijo, «con respecto a todas estas cosas. Las
piedras que fueron traídas de la llanura y colocadas en el
edificio de la torre en lugar de las que fueron rechazadas, son
las raíces de esta montaña blanca. Cuando los que creyeron de
esta montaña fueron hallados todos sinceros, el señor de la
torre ordenó que estos de la raíz de esta montaña fueran
puestos en el edificio de la torre. Porque sabía que si estas
piedras entraran en el edificio [de la torre] permanecerían
brillantes y ni una de ellas se volvería negra. Pero si hubiera añadido
(piedras) de otras montañas, se habría visto obligado a visitar
la torre de nuevo y purificarla. Así pues, todos éstos han sido
hallados blancos, que han creído y que creerán; porque son de la
misma clase. ¡Bienaventurada es esta clase, porque es inocente!
Oye ahora, asimismo, respecto a las piedras redondas y brillantes.
Todas éstas son de esta montaña blanca. Ahora oye por qué
fueron halladas redondas. Sus riquezas las han oscurecido y
ofuscado un poco de la verdad; pese a todo, nunca se han apartado
de Dios ni ha salido ningún mal de su boca, sino toda equidad y
virtud que viene de la verdad. Por lo tanto, cuando el Señor
percibió su mente, +que ellos podían favorecer la verdad+ y al
mismo tiempo permanecer buenos, Él mandó que les fuera quitada
parte de sus posesiones, aunque no que se las quitaran del todo,
de modo que pudieran hacer algún bien con lo que les había
quedado, y pudieran vivir para Dios, porque vienen de una clase
buena. Así pues, han sido recortadas un poco y colocadas en el
edificio de esta torre.
[108] XXXI. »Pero
las otras (piedras), que han permanecido redondas y no han sido
encajadas en el edificio porque no han recibido todavía el sello,
han sido vueltas a su propio lugar, porque fueron halladas muy
redondas. Porque hay que separarlas de este mundo y de las
vanidades de sus posesiones, y entonces van a encajar en el reino
de Dios. Porque es necesario que entren en el reino de Dios;
porque el Señor ha bendecido a esta clase inocente. De esta
clase, pues, ninguno perecerá. Sí, incluso si alguno de ellos,
habiendo sido tentado por el demonio más malvado, haya cometido
alguna falta, retornará rápidamente a su Señor. A todos os digo
que sois bienaventurados —yo, el ángel del arrepentimiento—,
que sois sinceros e inocentes como niños, porque vuestra parte es
buena y honrosa a la vista de Dios. Además, os mando a todos,
cualesquiera que recibáis este sello, manteneos sin doblez, no
guardéis rencor, y no sigáis en vuestra maldad ni en el recuerdo
de las ofensas de amargura; sino
tened un solo espíritu, y sanad estas malas divisiones y
quitadlas de entre vosotros, para que el dueño de los rebaños
pueda regocijarse respecto a vosotros. Porque él se gozará si
halla todas las cosas bien. Pero si halla alguna parte del rebaño
desparramada, ¡ay de los pastores! Porque si resulta que los
mismos pastores están esparcidos, ¿cómo van a responder de los
rebaños? ¿Dirán que fueron hostigados por el rebaño? Nadie los
creería. Porque es algo increíble que un pastor sea herido por
su rebaño, y aún será castigado más a causa de su falsedad. Y
yo soy el pastor, y me corresponde estrictamente rendir cuentas de
vosotros.
[109] XXXII. »Enmendaos,
pues, en tanto que la torre está en curso de edificación. El Señor
mora con los hombres que aman la paz; porque El ama la paz; pero
de los contenciosos y de los que son dados a la maldad, manteneos
lejos. Restaurad, pues, a El íntegro vuestro espíritu tal como
lo recibisteis. Porque supongamos que has dado a un lavandero un
vestido entero, y deseas recibirlo de nuevo entero, pero el
lavandero te lo devuelve rasgado, ¿vas a aceptarlo? ¿No vas al
punto a indignarte, y le llenarás de reproches, diciendo:
"El vestido que te di estaba entero; por qué lo has rasgado
y lo has hecho inútil? Como ves, a causa del desgarro que has
hecho en él ya no puede ser usado." ¿No dirás, pues, todo
esto a un lavandero a causa del desgarro que ha hecho en tu
vestido? Por tanto, si tú te enojas tanto a causa de tu vestido,
y te quejas porque no lo recibiste entero, ¿qué crees que te hará
el Señor a ti, El, que te dio el espíritu entero, y tú lo has
dejado absolutamente inútil, de modo que no puede servir para
nada a su Señor? Porque su utilidad se volvió inutilidad cuando
tú lo echaste a perder. ¿No va, pues, el Señor de este espíritu
a castigarte [a ti con la muerte] por este hecho?» «Ciertamente»,
le dije, «a todos aquellos a quienes Él halla persistiendo en la
malicia, Él los castigará.» «No pisotees su misericordia»,
dijo él, «sino glorifícale, porque Él es tan paciente con tus
pecados, y no es como tú. Practica, pues, el arrepentimiento que
es apropiado para ti.
[110] XXXIII. »Todas
estas cosas que he escrito antes yo, el pastor, el ángel del
arrepentimiento, las he declarado y dicho a los siervos de Dios.
Así pues, creeréis y escucharéis mis palabras, y andaréis en
ellas, y enmendaréis vuestros caminos y podréis vivir. Pero si
seguís en la maldad y en albergar malicia, ninguno de esta clase
vivirá para Dios. Todas las cosas que yo había de decir (ahora)
te las he dicho a ti.» El pastor me dijo: «¿Me has hecho todas
tus preguntas?» Y yo le contesté: «Sí, señor.» «¿Por qué,
pues, no me has preguntado respecto a la forma de las piedras
colocadas en el edificio cuando llenamos sus formas?» Y le dije:
«Señor, me olvidé.» «Oye ahora», me dijo, «respecto a
ellas. Estas son los que han oído mis mandamientos, y han
practicado arrepentimiento con todo su corazón. Por ello, cuando
el Señor vio que su arrepentimiento era bueno y puro, y que podían
continuar en él, ordenó que sus pecados anteriores fueran
borrados. Sus formas, pues, eran sus pecados anteriores, y han
sido borrados con cincel para que no puedan aparecer más.»
Décima Parábola
[111] I. Después
de haber escrito este libro por completo, el ángel que me había
puesto en manos del pastor vino a la casa en que yo estaba, y se
sentó en un sofá, y el pastor estaba de pie a su mano derecha.
Entonces me llamó y me habló de esta manera: «Te he puesto en
las manos de este pastor», me dijo, «a ti y a tu casa, para que
puedas ser protegido por él.» «Cierto, señor», le contesté.
Y él me dijo: «Así pues, si deseas ser protegido de toda
molestia y toda crueldad, tener éxito también en toda buena obra
y palabra, y todo el poder de la justicia, anda en sus
mandamientos, que te he dado, y podrás dominar toda maldad.
Porque si guardas sus mandamientos, se te someterá todo mal deseo
y dulzura de este mundo; además, te acompañará el éxito en
toda buena empresa. Abraza su seriedad y moderación, y proclama a
todos los hombres que él es tenido en gran honor y dignidad por
el Señor, y es un gobernante de gran autoridad y poderoso en su
cargo. A él solo, en todo el mundo, se le ha asignado autoridad
sobre el arrepentimiento. ¿Te parece, pues, que es poderoso? Con
todo, tú desprecias la seriedad y moderación que él usa hacia
ti.»
[112] II. Yo le
dije: «Pregúntale, señor, a él mismo, si desde el momento en
que él llegó a mi casa he hecho algo impropio con lo cual le
haya ofendido.» «Yo ya sé», me contestó él, «que no has
hecho nada impropio ni estás a punto de hacerlo. Y por ello te
digo estas cosas, para que perseveres. Porque él me ha presentado
un buen informe acerca de ti. Tú, pues, dirás estas palabras a
otros, para que aquellos que también practican o practicarán el
arrepentimiento puedan ser del mismo sentir que tú; y él pueda
darme un buen informe de ellos a mí y al Señor.» «Yo también,
señor», le dije, «declaro a todo hombre las poderosas obras del
Señor; porque espero que todos los que han pecado en el pasado,
si oyen estas cosas, se arrepentirán con gozo y recobrarán la
vida.» «Sigue, pues», me dijo él, «en tu ministerio, y complétalo
hasta el fin. Porque todo el que cumple sus mandamientos tendrá
vida; sí, este hombre (tendrá) gran honor ante el Señor. Pero
todos los que no guardan sus mandamientos huyen de su propia vida,
y se oponen a Él, y no siguen sus mandamientos, sino que se
entregan ellos mismos a la muerte; y cada uno de ellos pasa a ser
culpable de su propia sangre. Pero a ti te digo que obedezcas
estos mandamientos, y tendrás remedio para tus pecados.
[113] III. »Además,
te he enviado a estas vfrgenes para que puedan morar contigo;
porque he visto que son propicias hacia ti. Tenlas, pues, como
ayudadoras, para que seas más capaz de guardar sus mandamientos;
porque es imposible guardar estos mandamientos sin la ayuda de
estas vfrgenes. Veo también que están contentas de estar
contigo. Pero te encargo que no se aparten en absoluto de tu casa.
Sólo que purifiques tu casa; porque en una casa limpia ellas
residen contentas. Porque son limpias y castas y diligentes, y
todas son favorecidas por el Señor. Por tanto, si hallan tu casa
pura, permanecerán contigo; pero si ocurre la más leve
contaminación, abandonarán tu casa al instante. Porque estas vírgenes
no toleran la contaminación en forma alguna.» Y yo le dije: «Señor,
espero que les seré agradable, de modo que puedan residir
contentas en mi casa para siempre; y tal como aquel a quien tú me
encomendaste reside en mi casa para siempre, del mismo modo ellas
no se quejarán.» Y él dijo al pastor: «Veo que desea vivir
como siervo de Dios, y que guardará estos mandamientos y dará a
estas vfrgenes una habitación limpia.» Con estas palabras, una
vez más me encomendó al pastor, y llamó a las vírgenes, y les
dijo: «Por cuanto veo que estáis contentas de residir en la casa
de este hombre, os lo encomiendo, a él y a su casa, para que no
os apartéis en absoluto de su casa.» Y ellas escucharon estas
palabras con alegría.
[114] IV. Entonces
el ángel me dijo a mí: «Pórtate como un hombre en este
servicio; declara a todos las poderosas obras del Señor, y tendrás
favor en este ministerio. Todo el que anda en sus mandamientos,
pues, vivirá y será feliz en su vida; pero todo el que los
descuida, no vivirá y será desgraciado en su vida. Encarga a
todos los hombres que pueden obrar rectamente que no cesen en la
práctica de las buenas obras; porque es útil para ellos. Digo,
además, que todo hombre debe ser rescatado de la desgracia;
porque el que tiene necesidad, y sufre desgracias en su vida
diaria, está en gran tormento y necesidad. Así pues, todo el que
rescata de la penuria una vida de esta clase, obtiene un gran gozo
para sí mismo. Porque el que es hostigado por la desgracia de
esta clase es afligido y torturado con igual tormento que el que
está en cadenas. Porque muchos hombres, a causa de calamidades de
esta clase, como ya no lo pueden resistir más, recurren a la
violencia contra ellos mismos. Por tanto, el que conoce la
calamidad de un hombre de esta clase y no lo rescata, comete un
gran pecado, y se hace culpable de la sangre del mismo. Haced,
pues, buenas obras todos los que hayáis recibido (beneficios) del
Señor, no sea que, demorándoos en hacerlas, sea completada
entretanto la edificación de la torre. Porque es a causa de
vosotros que ha sido interrumpida la obra de edificación. A menos
que os apresuréis a obrar bien, la torre será completada
entretanto, y vosotros os quedaréis fuera.»
Cuando hubo terminado de hablar conmigo, se
levantó del sofá y se marchó, llevándose consigo al pastor y a
las vírgenes. Me dijo, sin embargo, que enviaría al pastor y a
las vírgenes de nuevo a mi casa.
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