BREVE
HISTORIA DE LOS PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DE SIÓN



Tomado de los
antecedentes para la introducción de una de las primeras
ediciones occidentales de los Protocolos de los Sabios de Sión
basada en las primeras publicaciones rusas originales
Ya algunos años ha
nos decían los rusos que los artículos que aparecieron en
nuestro periódico "Auf Vorposten" ("En el Puesto
Avanzado"), sobre la relación entre el judaísmo y la
masonería, debían complementarse con los "Informes de las
Sesiones de los Sabios de Sión", los que se conocen desde más
de una docena años en los círculos de iniciación. Pero nadie
nos había podido conseguir este libro; siempre recibíamos la
respuesta que las distintas ediciones ya se habían agotado.
Recién en otoño de
1918 nos trajo de Moscú un ruso-alemán, casualmente, los
deseados Informes; al mismo tiempo recibimos de otras dos partes
los mismos escritos de otras ediciones. El cotejo mostró que el
contenido de estos tres libros concordaba uno con el otro a pesar
de que a primera vista parecía que existía una gran diferencia.
Esto es, que las ediciones se diferencian por el distinto orden de
su contenido. Se trata de 24 informes de sesión, donde se
dilucidan los más variados problemas de derechos legales. Los
autores de las ediciones posteriores colocaron los distintos
informes de tal manera, que cada párrafo trate sólo uno o dos
objetos. Nosotros hemos usado la traducción de Sergey Nilus, la
que corresponde a la copia en francés.
(basile2.jpg)
Casa Municipal de Basilea, en donde se realizó la mayor parte de
las reuniones del Congreso Sionista de 1897, como lo conmemora
esta postal judía.
Los "Informes de
las Sesiones de los Sabios de Sión" tienen relación con el
movimiento sionista. El Dr. Theodor Herzl, que hasta entonces era
poco conocido en el mundo no judío, publicó en la primavera de
1896 en Viena, por intermedio de la librería Breitstein, un
escrito intitulado "Der Judenstaat" ("El Estado Judío"),
en la que aparentemente se hacía un ensayo para resolver el
problema judío. Herzl pidió en aquel tiempo que se fundara en
Palestina o Argentina un Estado judío, para darles la posibilidad
de ejercer sus actividades nacionales a aquellos judíos que no se
quieren asimilar a los pueblos donde se encuentran albergados. El
pidió ya en ese tiempo el trabajo de 7 horas. "El día de
siete horas lo adoptamos como un llamado mundial de reunión para
nuestra gente, la que tendrá que acercarse, pues, libremente. ¡Tiene
que ser verdaderamente la tierra prometida!".
Probablemente estaba en aquel tiempo en la imaginación de Herzl
el día de trabajo para el mundo. Herzl escribió que los judíos
tenían ciertos defectos que alimentaban al antisemitismo
propagado; él reconocía el peligro para su pueblo, el que
consistía, por una parte, en que los judíos son sub-oficiales de
todos los partidos revolucionarios y, por otra, que constituyen el
formidable poder internacional del dinero. Los judíos no pueden
asimilarse dentro de otras naciones, aunque se separen algunos de
sus miembros del grueso de su pueblo. Ciertamente ha demostrado el
judaísmo, no sólo desde nuestro tiempo, sino ya mil años antes,
que semejante asimilación y absorción como sucede frecuente y
libremente entre los pueblos arios, es imposible para los judíos.
Herzl adquirió para su causa con sus proposiciones no sólo la
parte del carácter de su propio pueblo, sino que encontró también
aplausos entre los círculos no judíos. El reconocimiento franco
y alegre del judaísmo formó un contraste aliviador con las
mentidas protestas de los judíos liberales que se hacen pasar por
alemanes, franceses o ingleses, encontrándose, sin embargo, extraños
frente a los pueblos que los albergan, sospechaban entonces sólo
unos pocos judíos, que el Estado judío no es el objeto final de
la codicia judaica, sino que debe servir como medio para lograr el
dominio mundial prometido por sus profetas, desde hace miles de años.
El nuevo reino de Sión debe recibir la parte sobrante de judíos
pobres, especialmente de Rusia, para que éstos no sigan siendo
por más tiempo una carga para las comunidades judías; pero por
encima de esto el Estado judío debe constituir más tarde el
patrimonio del amo del mundo (!). El mundo exterior se dejó engañar
con el ardid de guerra sionista; sólo los informes de las
sesiones de los sabios de Sión entregó la llave para el plan de
guerra de los dirigentes judíos.
El gobierno de Rusia
jamás confiaba de las protestas de los sionistas. Ella conocía
los caminos sangrientos que usaba el judaísmo desde hace siglos.
Ella sabía quién había instigado los asesinatos de sus
subordinados y de sus grandes dignatarios, sabía también que los
judíos y los masones seguían urdiendo su plan de derribar todos
los tronos y altares, llevado a la realidad en el siglo XVIII.
Como en los diarios se publicó en el otoño de 1897 que querían
llevar los sionistas a efecto una reunión en Basilea, a fin de
deliberar sobre la fundación de un Estado judío en Palestina, el
gobierno envió para allá a un espía, como nos fue participado
por un ruso, que ocupaba por muchos años un alto puesto en un
ministerio de Petersburgo. Este hombre sobornó a un judío que
gozaba de la confianza en la dirección superior de los masones y
que recibió al final de las deliberaciones el encargo de llevar
los informes de las sesiones secretas, las que, naturalmente, no
vieron la publicidad, a Frankfurt a M., donde la logia judía con
el sugestivo nombre de "Zur Aufgehenden Morgenroete"
("Aurora Naciente"), fundada el 16 de agosto de 1807,
mantiene relaciones desde hace un siglo con el Gran Oriente de
Francia. Este viaje representaba una preciosa oportunidad para la
proyectada traición. El enviado se alojó en un pequeño pueblo
del trayecto, donde lo esperaba un ruso con una banda de
escribientes; estos hicieron las copias durante la noche. Por eso,
posiblemente, los informes de de las sesiones no estén completos;
los hombres copiaron tanto como es posible hacerlo en una noche.
El original está escrito en francés.
Se han entregado
copias a diversas personas de confianza en Rusia, entre ellos
también el sabio Sergey Nilus, quien hizo una traducción al ruso
en diciembre de 1901. Nilus no es un pseudónimo; el que lleva
este nombre es un hombre de unos 70 años de edad, y goza en Rusia
de una alto prestigio y consideración como un sabio concienzudo y
como un hombre muy creyente de pensamientos distinguidos. El último
año vivía en Ukrania (Nota de nosotros: esto se escribía antes
de la guerra y poco antes de la muerte de Nilus).
La primera edición de
"Los Informes de las Sesiones de los Sabios de Sión"
apareció en el año 1902. A ella le siguieron dos ediciones. La
primera edición, de Nilus, se publicó en la segunda emisión de
su libro "Lo Grande en lo Pequeño y el Anticristo en la
Posibilidad Inminente de Gobierno". Probablemente se hizo la
impresión en el famoso convento de San Sergio, cerca de Moscú.
El mismo año apareció
en Petersburgo otra edición con el título "La Raíz de
Nuestro Males" sin el nombre del editor. Esta obra está en
nuestro poder.
El año de 1907 siguió
una tercera edición del conocido campeón ruso G. Butmi, con le título
"Los Enemigos del Género Humano". Este libro fue
impreso en la institución de los sordomudos de Petersburgo y
lleva sólo la observación: 4ta Edición. También ésta se
encuentra en nuestras manos. G. Butmi, junto con su hermano A. L.
Butmi, publicó además otros escritos contra los judíos y los
masones, que igualmente fueron impresos en la institución de
sordomudos de Petersburgo. El más conocido se llama "Los Judíos
en la Masonería y la Revolución", "Los Masones y la
Traición a la Nación". Aparecieron en dos tomos el año
1905 y 1906, y se dedicaron a la "Asociación del Pueblo
Ruso" ("Verband des Russischen Volkes"). Esta
asociación luchaba antes de la guerra contra los judíos y los
masones y, posiblemente esté en actividad aún hoy día.
El año 1917 Nilus
hizo confeccionar en la misma imprenta una tercera edición. Los
masones habían derribado, el 28 de febrero, al Zar, con ayuda de
sus hermanos de logias ingleses y franceses y entregaron la
dirección del gobierno al H. príncipe Lwow. El 2 ó 3 de marzo
debía entregarse el libro de Nilus a las librerías. Ya estaba en
el carro del ferrocarril cuando una pandilla de hombres armados
asalta la estación, abre el carro, bota toda la edición a la
calle, donde la quemaron. En cuanto se covirtió en ceniza la última
hoja, se retiró la banda sin cometer robos en la mercadería.
Todas las ediciones
anteriores de este libro desaparecieron pocos días después de
llegar a las librerías. Cuando llegó al poder el judío
Kerensky, hizo buscar en todas las librerías de Moscú y
Petersburgo los "Informes de las Sesiones de los Sabios de Sión",
confiscando todos los ejemplares que encontraban sus hombres. Ya
antes de la revolución en Rusia, costaba el libro 30 a 40 rublos;
desde la revolución es pagada con 500 a 600 rublos. Nuestros
hombres serios y de valer en Rusia no tienen ningún conocimiento
de que alguna vez hayan tratado los judíos o masones de poner en
duda la autenticidad de los informes. Ellos han creído proceder
mejor según sus costumbres experimentadas de aminorar el peligro
por medio del silencio, la compra y destrucción de los libros.
Muchos rusos, que
ocupaban antes de la revolución en Rusia puestos de espectación,
están convencidos que la demostración de los trabajadores el 21
de enero de 1905, bajo la dirección del judío Gapon disfrazado
de Pope, debe considerarse como preludio para la caída del Zar
Nicolás II, así como tienen relación de causales estas
revelaciones con el asesinato del gran duque Segius, llevada a
efecto el 17 de febrero de 1905 en el Kreml en Moscú. Ellos
dijeron que la primera edición de 1902 del libro, posiblemente,
habría sido comprada inmediatamente por los judíos, perdiendo
por esto su efecto.
En la edición de 1911
informa Nilus que aquella persona a quien le debe la copia en
francés, la recibió de una mujer, la que se la sustrajo en un
pueblo francés a un masón del grado 33 del rito escocés, para
hacerle un servicio a su patria. Pero nosotros consideramos
exactas las indicaciones de nuestra persona de confianza; la
historia del robo puede haber sido inventada para despistar la
huella del traidor.
(basilea.jpg)
Casa del dirigente judío Dreyfus Brodsky en Basilea. Este lugar
fue escenario de algunas de las reuniones del Congreso Sionista de
ese año de 1897, cuando fueron producidos los Protocolos.
Nilus escribe que
desde 1901 hasta 1905 hizo todo lo posible para poner sobre aviso
a los círculos dirigentes de Rusia por la tempestad que les
amenazaba. Él tuvo en su patria la misma experiencia que nosotros
en la nuestra. También en Newa los hombres dirigentes no han
querido ver ni oir. Toda advertencia la miraban como llamados de
sapo de los ignorantes; estaban ellos pues, en la idea de haber
arrendado ellos solos el arte de gobernar (!) Quién sabe hasta dónde
han tenido que fomentar, como los masones, los empleados públicos
de responsabilidad las conspiraciones en los distintos países, o
cuántos se han dejado sobornar por los contrarios.
Los informes podrían
aparecer, según Nilus, en una lectura superficial, como lo que
llamamos en la vida ordinaria frases cualesquiera. Pero estos
modos de hablar, como lo subraya Nilus, son expuestos con una
rudeza y un odio tal que sobrepasa las medidas acostumbradas, dándole
un colorido especial a los informes. El antiguo odio de la raza y
de creencias, arraigado, irreconciliable y por largo tiempo
retenido, surge de cada línea con todo su ardor. Oportunamente se
expresan con tanta franqueza la rabia y la venganza, que se
alcanza a ver la confianza de los judíos en la pronta realización
de sus anhelos.
Nilus escribe además
que con aparente derecho se le podría hacer reproche de haber
publicado un manuscrito no auténtico; que también sería
deseable conocer el nombre de las personas que están a la cabeza
de la conspiración mundial y que mantienen en sus manos sus hilos
sangrientos; pero que este secreto posiblemente quedará oculto
hasta que los mismos hijos del desastre lo den a conocer en la
primera ebriedad de victoria.
El no judío conocedor
puede encontrar, según la opinión de Nilus, una cantidad de
pruebas en la vida diaria, como también acontecimientos que
aparecen uno tras otro en su patria o en otros países. El que es
capaz de pensar con lógica, se convencerá pronto de la
autenticidad de los informes.
Todo lo que aconteció
desde la escritura de Nilus: la guerra mundial misma y el
derribamiento de los tronos de Rusia, Austria-Hungría y Alemania,
el caos anhelado por los masones, del cual debe desarrollarse la
Asociación del Género Humano, bajo la dirección judío-masónica,
proyectada desde hace más de doscientos años, está hoy día tan
claro que nos parece que no habrá necesidad de dar los
fundamentos por qué hemos hecho traducir e imprimir "Los
Informes de las Sesiones de los Sabios de Sión". Nosotros
abrigamos la esperanza de que con su aplicación se despertará y
se fomentará de tal manera la comprensión de los peligros de la
masonería y del judaísmo, que se tomarán medidas
contrarrestantes antes de que se destruya por entero la cultura
mundial.
En los informes se usa
a menudo la palabra "góyim"; en el singular,
"goi", en el plural "góyim" cuando se trata
de hombres, "goya", "góyorth" o
"goyos", tratándose de mujeres y significa, en su
origen, "pueblo impío". Los judíos hablaban más tarde
de Góyim Nózeri: estos son "impíos" nazarenos o
cristianos. Otra diferencia había entre Góyim y Ummin; según
esto, los Góyim son pueblos que habían subyugado a Israel, en
cambio, Ummin son los pueblos que no eran culpables de este
crimen.
Cuando los judíos están
entre ellos, jamás llaman a la gente en cuyo país viven rusos,
franceses o alemanes... Siempre "góyim". Nosotros hemos
traducido siempre la palabra "góyim" como "no judío".
Pero los lectores no judíos no deben olvidar que el judío usa
esta expresión en la misma forma como si nosotros los llamáramos
acaso "judío hediondo".
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