Eran poco más
de las cinco de tarde y contaban con la
suficiente visibilidad como para comprobar
que el ofidio en cuestión media, según sus
cálculos, unos setenta metros de longitud,
presentando una cabeza en forma de barril
con una cresta arrugada coronando la misma.
“Estoy
completamente convencido – relataba en su
informe el Capitán Harrington – que el
animal pertenecía a la familia de las
serpientes. Era de un color oscuro por la
cabeza, y estaba cubierta de manchas
blancas. De haberme encontrado lejos del
animal no lo hubiera distinguido bien, pero
paso a menos de18 metros del barco. Además
de mis oficiales y yo, la vimos unas 20
personas y puedo asegurar que la vi tan
claramente como estoy viendo el mechero de
gas que me da la luz para escribir este
informe”.
Relatos como
este abundan por toda la geografía del
planeta, conformando un buen número de
tradiciones que han alimentado la creencia
en la existencia de serpientes gigantes. Al
capitán Harrington se le acusó de fabulador,
poniéndose en tela de juicio su tan cuidada
reputación e intentando ridiculizarle,
esgrimiéndose que había confundido un puñado
de algas a la deriva con un monstruo marino.
El experimentado marino fue contundente:
“las probabilidades de haberse confundido
serian las mismas que confundir una anguila
con una ballena”.
En julio de 1897, la cañonera francesa
Avalanche, que estaba patrullando en el
norte de la bahía de Along, en el Tokin,
trata de matar a dos serpientes de mar.
a Avalanche no
es el primer buque en descubrir tales
animales en la bahía de Along, pero es el
único que lo encuentra tres veces en ocho
meses y su experiencia constituye uno de los
testimonios más importantes en favor de la
existencia de la gran serpiente de mar.
Revelado en la edición del 5 de marzo de
1898 del Courrier d'Haiphong (Correo de
Haiphong), el pleito del teninete de navío
Lagrésille y de su tripulación con los
monstruos marinos comienza en julio de 1897
durante una patrulla frente a la bahía de
Along.
Si se cree en
la declaración del oficial, dos animales de
más de veinte metros y de un diámetro de dos
a tres metros aparecieron repentinamente en
la superficie del agua.
Contrariamente
a las serpientes, se desplazan con
ondulaciones verticales. Inmediatamente,
Lagésille hace alistar uno de los cañones de
repetición del buque y ordena un disparo a
600 metros. El tiro es ligeramente corto y
los animales, asustados, vuelven a
sumergirse "resoplando ruidosamente y
dejando en la superficie un remolino similar
al de una rompiente. Los testigos tienen el
tiempo de observar la pequeña dimensión de
sus cabezas.
DE LA LEYENDA
A LA REALIDAD
Lejos de
equivocarse, el capitán estaba en lo cierto
y la ciencia nos ha permitido saber mucho de
la existencia de estos animales, e incluso
se han mostrado fotos de ejemplares que han
alcanzado hasta 15 metros de longitud, como
la efectuada a una cobra, en 1959 desde un
helicóptero belga por el Capitán Remy Van
Lierde, en El Congo. No obstante el
descomunal animal que describe el capitán
Harrington puede parecer algo inaudito con
ese tamaño, pero no es el único que se ha
podido recopilar, lo que nos lleva a pensar
que podrían existir ejemplares de unas
dimensiones descomunales, ejemplares
desconocidos para el hombre que al contrario
del relato descrito, no habitarían
precisamente en medios marinos.
Y es que la
serpiente que todos conocemos, no es un
animal precisamente común. Pertenece a la
familia de los reptiles, se mueven reptando
utilizando movimientos ondulantes, para lo
cual utilizan sus poderosos músculos. Sus
ojos están especialmente adaptados a la
oscuridad ya que durante la noche tiene su
mayor tiempo de actividad, poseyendo unos
párpados transparentes soldados y careciendo
de tímpano. Su bífida lengua cumple un papel
importantísimo en su sistema de caza, ya que
la utilizan como órgano táctil y de olfato,
por lo cual la sacan y mueven continuamente.
Si bien es
cierto que se afirma haber encontrado
ejemplares de Anaconda de unos 11 ó 12
metros en las regiones más selváticas de
América del Sur, la mayor largura
autentificada de una de estas serpientes no
pasó de los 8,73 metros, correspondientes a
una hembra cazada en 1960.
Pero hay
testimonios de ejemplares de mas de 12 y 13
metros dignos de todo crédito.