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Reencarnación
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Desde que el hombre tuvo uso de
razón y comprendió que su existencia era
finita, una obsesión pobló para siempre su
mente: ¿Era la muerte el final de todo?
¿Debía resignarse a desaparecer de la faz
del planeta para siempre o existía algún
secreto para volver a la vida? De ser así:
¿Quién podría revelar ese secreto?. Con el
surgimiento de las religiones, las
diferentes culturas al igual que trataron de
encontrar una explicación de la muerte
física, se dedicaron a investigar si además
del cuerpo, existía otro elemento que
formara parte del ser humano. Es posible que
la respuesta surgiera a través de
revelaciones mágicas, testimonios de
experiencias esotéricas, sueños, visiones,
etc. De todo ello, el hombre sacó en claro
que además del cuerpo físico, el ser humano
posee un Alma, que es la sustancia
espiritual que mueve el cuerpo y que tiene
además una vida independiente de éste. De
esa forma, el hombre descubrío que la muerte
no es el final, ni nunca fue el final, sino
al contrario, la muerte puede ser un camino
en el cual la vida es el caminante y el alma
el guía hacia la eternidad.
"La Reencarnación es la reincorporación del
alma a un nuevo cuerpo. Al morir el cuerpo,
el alma se eleva al mundo espiritual para
retornar posteriormente al mundo material
dentro de un nuevo cuerpo físico".
Transmigración y
reencarnación, o renacimiento de un alma en
un nuevo cuerpo, son hasta cierto punto
sinónimos. Metamorfosis y resurrección no
son sinónimos de reencarnación. Metamorfosis
es la transformación de un ser vivo en otra
forma o substancia de vida (como una persona
en un árbol); resurrección, sobre todo en la
doctrina cristiana, es la vuelta del cuerpo
a la vida después de la muerte.
Los antiguos egipcios creían en la
reencarnación de las almas; a su muerte eran
embalsamados para proteger el cuerpo a fin
de que pudiera acompañar al mundo siguiente
al ka, una fuerza alentadora que era la
réplica del cuerpo. Entre los antiguos
griegos la reencarnación era una doctrina
asociada de forma estrecha a los discípulos
del filósofo y matemático Pitágoras. Según
las doctrinas pitagóricas el alma sobrevive
a la muerte física, siendo inmortal y
quedando confinada en el cuerpo. Tras una
serie de renacimientos en otros cuerpos, y
siguiendo a cada renacimiento un periodo de
purificación en el averno, el alma queda
libre para siempre del ciclo de las
reencarnaciones.
Platón afirmaba que el alma es eterna,
preexistente, y por completo espiritual. Una
vez que ha entrado en el cuerpo tiende a
hacerse impura por su asociación con las
pasiones humanas; sin embargo conserva un
mínimo conocimiento de las existencias
anteriores. La liberación del cuerpo se
produce en exclusiva cuando el alma ha
pasado por una serie de reencarnaciones. Si
el alma ha tenido buen carácter en sus
diversas existencias puede regresar a un
estado de ser puro. Pero si su carácter ha
continuado deteriorándose en sus
transmigraciones acaba en Tártaro, el lugar
de eterna condenación.
La idea de reencarnación nunca fue adoptada
por el judaísmo ni por el cristianismo
ortodoxo. Entre los judíos sólo la adoptaron
los cabalistas místicos como parte de su
sistema filosófico. Los gnósticos y los
maniqueos también creyeron en la
reencarnación, pero los cristianos
primitivos que adoptaron la filosofía
gnóstica y el maniqueísmo fueron declarados
herejes por la Iglesia.
En la filosofía y el pensamiento religioso
oriental, la creencia en la reencarnación
parece no haber formado parte de las
antiguas creencias religiosas de los
conquistadores arios de la India; aparece
por primera vez en forma doctrinal en la
recopilación religiosa y filosófica india de
los Upanisad, aunque desde entonces Samsara
(el término sánscrito para reencarnación) ha
sido uno de los principales dogmas de las
tres principales religiones orientales:
hinduismo, budismo, y jainismo. Según el
hinduismo popular moderno, el estado en el
que renace el alma está predeterminado por
las buenas o malas acciones (karma)
cometidas en anteriores encarnaciones; las
almas de los que hacen el mal, por ejemplo,
renacen en estados inferiores (como
animales, insectos, y espíritu de los
árboles). Por último, la liberación de
Samsara y karma se consigue después de la
expiación de las malas obras y el
reconocimiento de que el alma individual (atmán)
y el alma universal (Brahman) son idénticas.
El budismo rechaza de forma taxativa la
existencia del atmán. Sin embargo, su
conceptualización de la cadena causa-efecto
de los renacimientos es en la práctica
indistinguible de la doctrina hindú de la
transmigración.
Desde tiempos antiguos, las sociedades menos
estructuradas que las que abrazaron las
principales religiones orientales u
occidentales han creído también en diversas
formas de reencarnación. Suponían que el
cuerpo está habitado por una sola alma o
esencia vital, que se creía que se separaba
del cuerpo con la muerte (y también en el
sueño), saliendo por la boca o por la nariz.
Separada del cuerpo tras la muerte física,
el alma busca un nuevo cuerpo donde vivir, y
si fuera necesario entrará en el cuerpo de
un animal o de alguna otra forma de vida
inferior. Entre estas culturas se creía que
la reencarnación se lograba por la
transmigración del alma de una persona
muerta al cuerpo de un niño de la misma
familia, y la posterior animación del niño.
Los parecidos familiares se establecerían
gracias a este proceso.
Entonces, ¿Es la muerte el final?
No, la muerte no puede
ser jamás el final. Es el camino. la vida es
el viajero, el Alma es el guía. Cuando el
viajero se encuentra cansado y agotado, el
guía le ordena hacer una pausa, corta o
larga. Después, el viaje comienza otra vez.
Así que la muerte es necesaria (y lo único
de verdad seguro) como un proceso de
renovación; el miedo a la muerte es debido a
su desconocimiento, pero una vez comprendido
este proceso, o ciclo, no hay más que temer,
sino respetar.
El Alma viene a este mundo a recordar y
experimentar lo que Es, viene con un plan o
misión espiritual el cual depende de lo que
ella quiera lograr; que a su vez depende de
las acciones pasadas, positivas o negativas
en cuanto a que se alejan o se acercan a la
Luz. Cuando el Alma logra su objetivo, se va
a su verdadero hogar. Algunos autores
afirman que el Alma no puede alcanzar a Dios
a menos de haber "pagado" el karma,
comentario con el cual no estoy de acuerdo.
El Alma podrá siempre alcanzar a Dios (a la
esencia más pura, a la Luz) no imporando
tanto el hecho de su karma o de romper el
ciclo de reencarnaciones (Nirvana), sino el
hecho de que el Alma así lo eliga, así como
elige cuando, cómo, donde y por qué renacer;
lo que eligirá seguramente dependiendo de lo
que quiera experimentar en base a sus
acciones pasadas.
Entonces la muerte no es el final, el cuerpo
es el que muere, pero el alma siempre
regresa, pues nunca se cansará de
experimentarse a sí misma para saber lo que
realmente Es. Y comprender este proceso no
se trata de memorizar términos hindúes o
budistas, se trata de una comprensión más
personal que sólo la experiencia espiritual
puede dar.
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