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Capacidad de establecer comunicación, en estado de
trance, con entes supuestamente inmateriales, que a
veces va acompañada de fenómenos físicos paranormales.
La mediumnidad es una práctica antigua y universal que
se realiza con el fin de comulgar con lo divino,
profetizar, comunicarse con los espíritus de los
muertos, ejecutar hazañas paranormales y canalizar la
fuerza vital universal con el objeto de curar.
A los
médiums se les ha conocido por denominaciones tan
diversas como oráculos, adivinos, hechiceros, brujos,
curanderos, ensalmadores, shamanes, videntes, místicos,
sacerdotes, zahoríes, profetas y canal izadores.
La
mediumnidad puede corresponder a dos grandes categorías:
la mental y la física. En la mental, el médium se
comunica a través de la visión interior, la
clariaudiencia, y la escritura y el habla automáticas.
La mediumnidad física se caracteriza por toques,
apariciones, levitaciones y el movimiento de objetos y
otros fenómenos paranormales. Los médiums de ambas
categorías se comunican con los espíritus por intermedio
de uno o más entes denominados "controles" (o espíritus
guías), que por lo general permanecen constantemente con
el médium. Entre los parapsicólogos prevalece la teoría
de que los controles no son espíritus externos, sino
aspectos secundarios de la personalidad del médium que
se exteriorizan. Sin embargo, los creyentes aceptan la
existencia de los espíritus.
El
don de la mediumnidad se manifiesta a edad temprana,
cuando el niño percibe el mundo oculto. Especialmente en
Occidente, esta capacidad puede ser reprimida por los
adultos que mantienen una actitud desaprobatoria. Pero
la mediumnidad puede manifestarse a cualquier edad,
pudiendo ser desencadenada por traumatismos como un
golpe en la cabeza, por una intensa experiencia
emocional, una experiencia al borde de la muerte o un
dolor profundo. En el Occidente contemporáneo la
mediumnidad es el sello del espiritualismo, y trata
básicamente de la comunicación con los muertos. Antes
del desarrollo del espiritualismo a nediados del siglo
XIX, los mesmeristas habían descubierto que algunos
sujetos, al ser "magnetizados" o hipnotizados, parecían
caer bajo el control de los espíritus y comunicaban
mensajes "desde el más allá".
A
medida que el espiritualismo se difundía, comenzó a
atraer hacia la mediumnidad principalmente a las amas de
casa, no necesariamente porque las mujeres tuviesen una
mayor predisposición hacia la mediumnidad, sino por el
alivio que representaba en sus estrechas existencias. La
mediumnidad atrajo la atención sobre estas mujeres y, lo
que es más importante, les dio libertad tanto para
viajar como para el escandaloso comportamiento
"provocado" por los espíritus. Desde los años 50 hasta
los 70 del siglo pasado, período de mayor auge del
espiritualismo, las amas de casa comenzaron a organizar
tardes de té que se convertían en sesiones caseras para
sus amigas. Las asistentes, a su vez, descubrían sus
supuestos talentos de médiums. De hecho, la mediumnidad
parecía ser cosa hereditaria, pues en muchas familias
todas las mujeres parecían compartir el don. Debido a
las críticas de la prensa contra las médiums por
corromper su feminidad con esas prácticas, muchas de
ellas evitaban la publicidad y se conformaban con el
pequeño pasatiempo social que significaba. Otras, en
cambio, se hicieron profesionales, anunciándose y
cobrando por sus actuaciones. Los médiums que se
lanzaron a dar conferencias en diversas instituciones y
a deleitar y sorprender al público con el histrionismo
de sus profundas voces de estado de trance, siempre
fueron mayormente mujeres. Cora Richmond, famosa en
ambas riberas del Atlántico, dictaba "conferencias en
trance". El público seleccionaba un jurado (generalmente
integrado por hombres) que elegía el tema de la
disertación, casi siempre sobre ciencias o sobre algún
tema "masculino". Entonces la señora Richmond caía en
trance y dictaba de inmediato una conferencia
"espiritual" sobre el tema escogido. La audiencia
quedaba invariablemente impresionada, aunque los
escépticos sostenían que las charlas eran insulsas,
monótonas y predictibles.
Otras
médiums femeninas eran más espectaculares, afirmando
estar poseídas por espíritus masculinos que las
"obligaban" a blasfemar y a beber whisky a pico de
botella. En los Estados Unidos, dos médiums femeninas se
entraron a dar puñetazos en el escenario porque sus
controles se odiaban. Semejantes histrionismos tanto
asombraban como divertían a los espectadores de ambos
sexos.
La
mediumnidad espiritualista tuvo también su costado de
liberación sexual. Médiums y clientes disfrutaban por
igual del contacto físico al tocarse las manos,
rodillas, piernas y pies, y de besar y acariciar las
materializaciones "espirituales".
Algunas médiums iniciaban relaciones amorosas a
sugerencia de sus espíritus. Las que daban a luz hijos
ilegítimos decían a veces que sus niños eran 'bebés de
los espíritus', resultado del aparejamiento con sus
controles. Otras decían que sus controles les ordenaban
que se divorciaran, y que aconsejaran a otras mujeres
que hicieran lo mismo.
A
pesar de la fama, la notoriedad y la libertad, pocas
veces la mediumnidad condujo a la riqueza. Algunos
médiums afortunados, como Daniel Dunglas Home, atrajeron
a ricos benefactores. En los Estados Unidos, una médium
normal ganaba cinco dólares por una función nocturna
fuera de su casa, y un dólar la hora en su casa. Las
mujeres médiums se quejaban amargamente de sus bajos
ingresos. El ostracismo era otro de los riesgos que
corrían. A pesar de la adulación de sus clientes, muchas
mujeres convertidas en médiums se vieron rechazadas por
familiares y amigos que no aprobaban su comportamiento.
La
mediumnidad, especialmente la física, se vio acusada de
fraude en los primeros tiempos del espiritualismo. La
competición llevó a algunos médiums a valerse de los
artificios de la magia para producir efectos especiales.
Muchos médiums que decían materializar espíritus fueron
sorprendidos in fraganti impersonando ellos mismos a los
espíritus, deambulando envueltos en gasa por los oscuros
cuartos de las sesiones. Ver Materialización. El
físico-químico británico William Crookes, que
investigaba a los médiums, aseguraba que de los más de
cien médiums que conocía, todos recurrían ocasionalmente
a los trucos. Algunos de los médiums desenmascarados,
como Eusapia Palladino, se quejaron de que las
expectativas del público los habían obligado a hacer
trampa. La mayoría de la mediumnidad espiritualista que
se practica hoy en día es mental. Sin embargo, los
fraudes no explican todos los fenómenos relacionados con
la mediumnidad. Es posible, por ejemplo, que en la
mediumnidad tenga lugar una auténtica psicokinesis, pero
el que sea provocada por el médium mismo o por los
espíritus es cuestión de controversia.
Algunas teorías han sostenido que la mediumnidad es una
forma de desequilibrio mental, porque en la
esquizofrenia ocurren fenómenos similares: estados
alterados de conciencia, visiones, voces y la posesión
temporal del enfermo por un ente o personalidad
espiritual. Muchos médiums prominentes han sido
entrevistados y observados por psiquiatras y psicólogos.
Sin embargo, los médiums llevan una vida normal y
aprenden a controlar sus estados de trance, mientras que
los esquizofrénicos no tienen control sobre las voces,
visiones y personas, las que los toman desprevenidos.
A
partir de finales del siglo XIX, los investigadores de
la psicología paranormal comenzaron a estudiar a los
médiums en busca de pruebas de supervivencia después de
la muerte. Y aunque con algunos médiums se obtuvieron
resultados impresionantes, la investigación no ha
arrojado resultados definitivos. El interés científico
en los médiums disminuyó a partir de la segunda mitad
del presente siglo, a medida que los investigadores
desplazaban su interés hacia otras áreas. |