2339 La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que
es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre
controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace
desgraciado (cf Si 1, 22). ‘La dignidad del hombre requiere, en efecto, que
actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido
personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o
de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose
de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del
bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados’ (GS 17).
2340 El que quiere permanecer fiel a las promesas de su bautismo y
resistir las tentaciones debe poner los medios para ello: el
conocimiento de sí, la práctica de una ascesis adaptada a las situaciones
encontradas, la obediencia a los mandamientos divinos, la práctica de las
virtudes morales y la fidelidad a la oración. ‘La castidad nos recompone; nos
devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos’ (S. Agustín conf. 10,
29; 40).
2343 La castidad tiene unas leyes de crecimiento; éste pasa por grados marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado. ‘Pero el hombre, llamado a vivir responsablemente el designio sabio y amoroso de Dios, es un ser histórico que se construye día a día con sus opciones numerosas y libres; por esto él conoce, ama y realiza el bien moral según las diversas etapas de crecimiento’ (FC 34).