Se cumplen cinco años de la muerte de la Madre Teresa. Tras su marcha, el mundo se queda un poco más huerfano. Perdimos el referente de humanidad en un mundo acelerado por la búsqueda del bienestar. Mientras la "dirigencia" del globo se entretiene en Johannesburgo en una cumbre de muchas palabras y escasos compromisos, las Hermanitas de la Caridad "globalizan la solidaridad" por las esquinas del planeta. "Mientras ustedes continúan discutiendo sobre las causas y los motivos de la pobreza, yo me arrodillaré ante los más pobres de los pobres y me preocuparé de sus necesidades", decía la Madre ante las críticas sobre lo estéril de su actuación. 

El testimonio de la Madre Teresa no ha dejado indiferente a nadie. Es el testimonio de la verdad, del amor y de la paz. Pero también del sacrificio. La "madre" dejó escrito lo siguiente: "En el momento de la muerte, no se nos juzgará por la cantidad de trabajo que hayamos hecho, sino por el peso de amor que hayamos puesto en nuestro trabajo. Este amor debe resultar del sacrificio de sí mismos y ha de sentirse hasta que haga daño". La vida de la madre Teresa fue una vida de amor, pero también de dolor. De intenso dolor por el sufrimiento de los hombres, destinados por Dios a la Felicidad suprema. ¿Cómo encajar esta contradicción? La "madre" se dejó hacer por el Amor. 

En una ocasión, un hombre "de provecho" vio como trabajaba la Madre Teresa atendiendo a un "repugnante" moribundo y susurró: "Yo no haría esto ni por un millón de dólares". La Madre se dio la vuelta y le respondió: "Yo tampoco". No es posible "quemar la vida" como lo hizo esta mujer albanesa por dinero. La obra de la Madre Teresa sólo se entiende por Amor. Ese amor, fruto de la fe y que es el único capaz de construir una Paz verdadera y duradera. 

Las palabras de la Madre nos golpean la conciencia personal, y nos ofrecen la llave de los problemas. Ante la pobreza, compartir; ante la violencia, el amor que engendra paz. Y ante la violencia intrauterina, acogida sin reproches: "Si no queréis los niños, dádmelos a mi. Yo los cuidaré". ¿Con qué recursos? pregunta la mentalidad programática, forjada en la hoja de cálculo. La Madre responde: La Providencia no nos abandonará. Las Hermanas de la Caridad testimonian al mundo el poder de la Providencia. No planifican. No ahorran. No mendigan. "Sólo" aman. Y Dios no las ha abandonado jamás, como tampoco abandona a los pajarillos del campo. 

Madre Teresa, servidora de los pobres, instructora de corazones encogidos, hermana de los desarrapados de la Tierra, y látigo de las conciencias dormidas: Gracias.

 

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