Hace unos meses mi esposo comenzó a pasar mucho tiempo frente a la
computadora, a altas horas de la noche y en la madrugada, diciéndome que
tenía que "buscar información". Hace unos días entré inesperadamente al
cuarto y lo sorprendí mirando escenas eróticas... Me dijo que era pura
curiosidad. Cuando me fijé mejor en lo que estaba viendo, me dieron
náuseas, pues se trataba de una mujer "virtual" a la que él podía acariciar
"virtualmente" y concederle todos los deseos eróticos más desenfrenados. Él
se sintió avergonzado y me prometió que no lo haría más. Yo le creí, pues
siempre ha sido un hombre respetable, pero me sentí muy herida, como si
realmente me hubiera engañado con otra mujer. Mi pregunta es ¿Se puede
considerar el cibersexo como una nueva forma de adulterio?


Al igual que su esposo, muchos se inician en el cibersexo por curiosidad. A
fin de no ser descubiertos, se conectan muy entrada la noche o de
madrugada. Si los sorprenden, por lo general se disculpan con mentiras.

Desgraciadamente, cualquier persona que use internet se enfrenta al
problema de la pornografía o erotismo virtual: tarjetas con imágenes y
escenas obscenas, sitios en donde se explota el cuerpo de la mujer o del
hombre, invitaciones para tener charlas eróticas "en tiempo real", y para
los más avanzados, tecnológicamente hablando, videos, cámaras de televisión
privadas y aparatos que invitan a experimentar sensaciones similares a las
de una relación sexual.

Pero, respondiendo a su pregunta, todas estas formas de presentar la
sexualidad humana por internet y aquellas que estén por llegar, no se
pueden considerar una nueva forma de adulterio, ya que el adulterio implica
la relación carnal de un hombre y una mujer fuera del matrimonio, siendo
cuando menos uno de ellos casado.

En este caso no se da la relación sexual "real", sino una simulación de
dicha relación por más "reales" que sean los efectos logrados. Podemos
entonces solamente considerarlo como una variante nueva de la pornografía o
de la masturbación.

La pornografía, de acuerdo a la definición del Catecismo de la Iglesia
Católica, es la exhibición de los actos íntimos del hombre y la mujer con
fines comerciales, es decir, la explotación de la sexualidad; la
masturbación es buscar el placer sexual en forma solitaria.

Si bien es cierto que algunos aspectos o manifestaciones del sexo virtual o
cibersexo no se refieren a la exhibición de material procaz como
actualmente se conoce, al estar buscando mediante estímulos el placer
sexual o al imitar "virtualmente" los actos de una relación sexual, se está
cayendo en la masturbación, o en la pornografía, o en ambos.

La pornografía en cualquiera de sus variantes rebaja la dignidad de la
persona humana, convirtiéndola en un objeto de uso para satisfacer las
necesidades de otra persona.

Como en su caso, la afición al sexo virtual puede desembocar en graves
problemas personales y familiares. En algunas ocasiones se llegan a generar
dificultades que impiden luego disfrutar las relaciones normales con su
cónyuge, pues la persona deja de cultivar una cálida relación de amor e
intimidad para buscar solamente la satisfacción de sus deseos sexuales.

El hombre casado que se entretiene con el cibersexo puede empezar a ver a
su esposa como un mero objeto, alguien destinado exclusivamente a
complacerle a él, actitud que dista mucho de los planes de Dios para el
matrimonio.

Vivimos en una sociedad que se dice ha derribado los tabúes del sexo; sin
embargo parece vivir de tal forma obsesionada por el sexo que no puede
presentar una película sin una escena inconveniente, un spot televisivo sin
hacer referencia a alguna connotación sexual.

¿Liberados u obsesionados?

Ya lo decía Paulo VI en su encíclica Humanae vitae: "Todo lo que en los
medios modernos de comunicación social conduce a la excitación de los
sentidos, al desenfreno de las costumbres, como cualquier forma de
pornografía y de espectáculos licenciosos, debe suscitar la franca y
unánime reacción de todas las personas, solícitas del progreso de la
civilización y de la defensa de los supremos bienes del espíritu humano.

En vano se trataría de buscar justificación a estas depravaciones con el
pretexto de exigencias artísticas o científicas, o aduciendo como
argumentos la libertad concedida en este campo por las Autoridades
Públicas". (HV. 22)

No podemos tragarnos el anzuelo y pretender que todo puede permitirse en
detrimento de los valores espirituales, sólo por qué está permitido por las
autoridades.
Desgraciadamente debemos recordar que en cuestión de internet muy poco está
escrito. Los católicos debemos alzar la voz, tomar cartas en el asunto y
hacer algo al respecto a escala mundial. Te dejo como reflexión unas
palabras de Paulo VI en su exhortación post-sinodal Evangelii nuntiandi.
¿Estás dispuesto a ponerlas en práctica?

"¿Por qué únicamente la mentira y el error, la degradación y la pornografía
han de tener derecho a ser propuestas y, por desgracia, incluso impuestas
con frecuencia por una propaganda destructiva difundida mediante los medios
de comunicación social, por la tolerancia legal, por el miedo de los buenos
y la audacia de los malos?" (EN. 80)
Autor: Germán Sánchez Griese

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encontrarás a alguien al otro lado de la pantalla, que agradecerá tus
comentarios y los enriquecerá con su propia experiencia.
 

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