San Tarcisio
Tarcisio
era un niño romano que vivió en la época de las últimas persecuciones a los
cristianos.
En esos días la Iglesia
estaba convulsionada, el Papa no podía conseguir quien llevara la comunión a
los futuros mártires que estaban en la cárcel e iban a morir en el circo romano.
Fue entonces cuando Tarcisio de 12 años, pidió
permiso para ir, alegando que como era niño, nadie sospecharía de él.
En un principio el niegan el permiso, pero finalmente el Papa accede y Tarcisio asume la responsabilidad de llevar el alimento
para el alma de los cristianos que estaban a punto de morir, responsabilidad
que implicaba defenderla hasta con la propia vida.
Parte San Tarcisio con la Sagrada
Eucaristía colgada al cuello y apretada sobre su pecho, protegida con sus
manos. El niño es atacado, le pegan, lo apeléan y
tratan de separar sus manos pero no pueden conseguirlo y, al no lograrlo, lo
dejan tirado en la calle medio muerto. En esas condiciones lo encuentra un
soldado romano que lleno de codicia pensando que lo que lleva entre sus manos
es dinero, quiere separárselas pero no lo consigue.
Cuando llega a oídos del
Papa que Tarcisio había sido atacado se dirige
inmediatamente al lugar donde se encontraba, pero al llegar, Tarcisio ya había muerto. Pero fue el único que pudo
separar las manos de Tarcisio y sacar de entre ellas
el cofre de la Eucaristía.
Tarcisio
la defendió con su vida porque su amor por Jesús fue tan grande que no le
importó perderla.