La TV, esa otra
escuela
LA NACION | 13/10/2002 |
Página 24 | Opinión
Uno de los aspectos más negativos de
la televisión que los argentinos consumimos a diario es su proclividad a
transmitir una visión falsa e ilusoria de la realidad a través de historias de
ficción artificiosas y poco naturales. Se describen hechos, conductas y
atmósferas como si fueran un reflejo fiel del mundo real -cuando, en rigor, no
lo son- y se rodea a los personajes y a los ambientes de la ficción de un falso
prestigio.
.
Un caso muy característico es el de
la telenovela "Rebelde way", que
narra las peripecias de un grupo de chicas y chicos que son pupilos en un
colegio de nivel socioeconómico alto -llamado sugestivamente Elite School -,
en el cual cursan el tercer año del secundario. Todo lo que ocurre en el
programa es peligrosamente irreal, empezando por la absoluta libertad con que
los alumnos se desplazan por las dependencias del colegio -del cual se escapan,
a veces, sin que nadie lo advierta- y siguiendo por ciertos comportamientos
obsesivos de los personajes.
.
En efecto, la novela se apoya, en
lo anecdótico, en dos ejes recurrentes y poco saludables: por un lado, se
exalta la iniciación precoz de los adolescentes en la experiencia sexual; por
el otro, los caminos que conducen a la droga y el alcohol son presentados como
vías prestigiosas de liberación y de maduración de los adolescentes.
.
Los personajes que desfilan por la
historia -profesores, alumnos y miembros del personal del colegio- se mueven permanentemente
en un clima exasperado de celos, envidias, maltrato y faltas de respeto. La
figura del director está completamente desvalorizada: es una persona sin
carácter, a la que se puede engañar y "coimear" con la mayor
facilidad.
.
Los profesores son demagogos con
los alumnos -salvo alguna excepción, que llega como una rara avis enviada
por la providencia- y los adolescentes sólo piensan en escapadas y engaños,
mientras miran a los profesores sin el menor respeto, lo cual es aceptado por
los docentes. No existe en ese colegio el menor atisbo de estudio y esfuerzo
personal.
.
Una visión del mundo como la que
ofrece este programa podría justificarse como expresión de una narrativa que
apuntase simplemente a describir la realidad sin prejuicios y con espíritu
crítico. Pero ese argumento queda invalidado cuando está de por medio la
necesaria protección de la minoridad. El target de espectadores de
"Rebelde way" empieza,
presumiblemente, en los preadolescentes -11 o 12 años- y se extiende hasta los
adolescentes de 15 años.
.
En muchos aspectos, el programa es
la continuación de "Chiquititas", lo que hace pensar que es visto
también por niños de edades aún menores. Es fácil imaginar el efecto que puede
tener sobre esos espectadores una visión de la escuela tan negativa y
deprimente.
.
Pero el caso que hemos descripto es
sólo una cara de la TV que influye sobre nuestros niños y adolescentes. Hay
otra cara aún peor, que es la del llamado "reality show". Porque una
historia de ficción, al fin y al cabo, puede ampararse en su propía naturaleza,
que tiende a novelar la realidad. Los "reality show", en cambio, en
sus diferentes modalidades, muestran el propio rostro de la sociedad desde una
perspectiva deformante y a menudo cruel.
.
Programas como "Popstars"
y "Camino a la gloria" se presentan -o se presentaron- como
generadores de "oportunidades maravillosas para nuestros adolescentes y
jóvenes". El objetivo que se les propone a los menores es, en este caso,
"triunfar" sobre los otros. Y la cámara se encargará de documentar el
dolor de los perdedores, que morderán, llorosos, el polvo de la derrota antes
millares de espectadores.
.
La lección que parecen impartir
estos programas es la siguiente: vivimos en una sociedad en la que sólo tienen
verdadera cabida los triunfadores. A los que pierden les espera seguramente una
vida mediocre y gris. Es fácil imaginar el efecto que habrá de tener sobre las
nuevas generaciones esa cultura del exitismo y esa competitividad egoísta y cruel.
Se está consolidando en la televisión una subcultura que desdeña el esfuerzo y
divide a la sociedad en ganadores y perdedores y que alienta en los
televidentes, especialmente en los niños y adolescentes, un falso sentimiento
de autoexclusión o de automarginalidad, de impotencia.
.
Se ha dicho muchas veces, con
razón, que los medios de comunicación masiva -y muy especialmente la
televisión- son la cara visible de un sistema educativo informal o paralelo que
en muchos casos desmiente o contradice las enseñanzas del sistema educativo
formal. Dicho de otro modo: lo que las escuelas, los colegios y las
universidades de todo el mundo se esfuerzan por transmitir a las nuevas
generaciones es desvirtuado y negado a diario por la prédica destructiva y
disolvente de muchos programas de televisión.
.
Todavía
estamos a tiempo de reaccionar. Que no nos pase en el área cultural y educativa
lo que nos sucedió en la conducción de la política y de la economía. No
esperemos a tomar conciencia del problema cuando ya sea tarde.