Bueno, yo también quiero participar en el relato de los momentos vividos, como integrante del elenco. Pero con una salvedad que en vez de referirme al debut, que es similar a lo que nos contaran nuestros compañeritos Javier, Betti, Gabi, Marta, Mario, Lucio, Mabel, y perdón si me olvido de alguno/a, yo me voy a referir a la segunda puesta, o sea a la del sábado pasado. Bueno, y ahí está el tema, pues no estábamos conformes con el debut, entonces decidimos con las hermanitas, cambiar de ritmo, hacerlo un poco más ágil, con más fuerza y menos silencios. Y para eso tenía la necesidad de darle más entrega al personaje, que se viera y escuchara más, había que meterse para adentro, sentirlo, que en definitiva el personaje y uno fueran la misma cosa.-Y entonces empecé por buscar algún elemento que me llevara hasta mi suegro, un tano laburante, bueno, cascarrabias cuando lo buscaban, pero siempre positivo y con buena onda aún en los peores momentos, al que quise tanto o más que a mi padre, y ...encontré en un armario de casa dos pequeñas pesitas ( de esas que se usaban en las balanzas con dos platos de los  viejos boliches, y que fueron de su almacén de barrio ) y  me las puse en un bolsillo, jugué con ellas en mis manos mientras esperaba nuestro momento en el subsuelo del teatro y con ellas salí a escena, las coloqué sobre el escritorio donde comienza mi papel, y me largué con todo, sin temblores ni titubeos, sabiendo que el viejo... el vecchio, el nono del que yo hablaba en la obra, me transmitía su forza desde esas dos pequeñitas pesitas de 100 grs cada una. Por supuesto las voy a llevar a nuestra tercera presentación el domingo, necesito su compañía.- Un beso grande a todos, y gracias. Alberto.-  

 

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