La fecundación artificial y el lenguaje jurídico

Por Eduardo Martín Quintana 4/5

(Publicado en la revista "LATRIA" n°183 año 2002, del Consorcio de Médicos Católicos)

por injurias, pero nunca al uso de la fuerza. Otro tanto sucede en las relaciones laborales: el derecho del empleador es sobre el trabajo o prestación laboral, pero no sobre la persona del empleado, quien si no cumple será despedido con causa, pero nunca forzado a ejercer la tarea no deseada.

Estos ejemplos sirven para disipar los equívocos que pretender consagrar el inexistente "derecho al hijo", contemporáneamente difundido a raíz de la fecundación artificial. En realidad tal derecho no existe, pues el hijo nunca puede ser el objeto del derecho del padre, por el contrario, como sujeto de derecho que es,  su existencia es constitutiva de relaciones jurídicas con respecto a sus progenitores. Estas relaciones entre un padre y un hijo, aun cuando puedan fundarse en la autoridad de los padres, nunca podrán justificar la posibilidad de reducir al hijo a la condición de objeto. Jurídicamente, siempre el sentido de la relación paterno-filial es el bien del hijo, sin perjuicio que establecida normalmente, sea a su vez el bien de los padres. En los casos de separación de estos, la decisión judicial sobre la tenencia, régimen de visitas y cuestiones conexas se establece en beneficio de los hijos y no conforme a los deseos y apetencias de los padres.

Lamentablemente, todos estos derechos humanos de los hijos  fundados en  la más simple evidencia del orden natural, han sido avasallados por las técnicas de la fecundación artificial, que entre otras variantes hoy día presentan la posibilidad de la clonación. Una interesante investigación llevada a cabo en base a encuestas realizadas a genetistas de dieciocho naciones sobre distintas cuestiones atinentes a conflictos éticos ligados con la genética, ha demostrado las infundadas y excesivas facultades que pretenden poseer los  futuros padres que recurren a este tipo de técnicas. En sus conclusiones se resalta la importancia que los genetistas otorgan a la autonomía del paciente, destacándose que -según la óptica de estos profesionales-, ni el bienestar del niño ni el del feto tienen real significación cuando entra en conflicto con el de los progenitores. Por lo tanto, desde estas perspectivas, el "paciente" es el padre, quien decide respecto a su eventual hijo, sin tener en cuenta que dado el actual desarrollo de estas técnicas, aproximadamente el 75% morirán, porcentaje que aumenta

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