Nació el 17 de febrero de 1914 en el Barrio Santa Cruz, de Carolina y falleció trágicamente en la urbe neoyorquina, el 6 de julio de 1953. Sus restos fueron traídos a la Isla el 6 de septiembre de 1953. Su cuerpo se mantuvo en capilla ardiente en el Ateneo Puertorriqueño y luego en la Sociedad de Periodistas. Recibió sepultura en el cementerio de su pueblo natal.
En 1939, Julia de Burgos publicó su primer libro; Poema en Veinte Surcos y al año siguiente, Canción de la Verdad Sencilla. En 1954, un año después de su muerte, se publicó El Mar y Tú. En 1961, el Instituto de Cultura Puertorriqueña dio a la estampa Obra Poética de Julia de Burgos, en el cual se recopilan esos tres libros y otros poemas conservados por su hermana Consuelo, de los cuales algunos eran inéditos hasta entonces y otros habían sido publicados en la prensa.
La niñez de Julia es una lucha constante y desenfrenada debido a la situación económica de la década (son los años veinte). Ya en la adolescencia se separa del ambiente campesino y tiene el encuentro con la ciudad y con las dificultades para dedicarse al estudio. Finalmente logra obtener el grado de Maestra Normalista. Trabajó durante un año (1934) en una oficina de rehabilitación económica (la P.R.E.R.A.), más tarde regresa a trabajar al campo a ejercer el magisterio en el Barrio Cedro Arriba de Naranjito (1935). La obra de Julia está determinada en gran parte por el contacto directo con la naturaleza, el cual vivió plena e intensamente. Tempranamente aprende el poeta que el destino del hombre es el “dolorido sentir”. Cuando en 1940 parte hacia New York, empujada por las circunstancias asfixiantes de la vida en la Isla. En una de sus cartas la oíamos reflexionar:
“La tristeza es un común denominador del género humano, que ataca a unos ahora y a otros más tarde...” (New York, enero de 1940).
La poeta acepta en y desde su dolor, el reto que le ofrece la vida. En pos del amor, llega a Cuba en junio del 1940. Después de la experiencia neoyorquina, Cuba, por su cercanía a lo propio, es lugar de afirmación, de sentir patriótico. Se da en su poesía una nota de revaloración de las raíces hispánicas. Los años transcurridos en Cuba abarcan los dos momentos más intensos en la vida del poeta: la plenitud ilusionada del amor y la muerte vertical del sentido de la vida, de este destierro en Cuba surgen los poemas, El Mar y tú y Velas sobre el pecho del mar (el amor), Poemas para un naufragio (la muerte).
Años más tarde, Julia nuevamente se reintegra al vacío, New York. En una de sus cartas ella reflexiona:
“Trataré de ahogarme en el instante doloroso del mundo para no sentir tan en los huesos mi profunda soledad”....
Marzo de 1942
Se silencia entonces la Julia poeta lírica, para dedicarse brevemente a la lucha cívico-política y a la labor periodística. Los altibajos del ambiente culminaban en un peregrinaje trágicamente doloroso de hospital en hospital, de derrota en derrota, en una soledad magnificada. Puerto Rico se convierte en el puerto de la esperanza y la voluntad de regreso se acentúa en el poeta que cree de momento en una pronta mejoría física. Así le escribe a su hermana:
“Me siento fuerte, serena, preparo mi viaje con más calma, espero que cuando llegue todas las flores de Puerto Rico estén abiertas para esperar mi llegada y se vistan las playas con su más bello azul para recibir mi vida, entera y saludable, como antes”.
Cuando siente la llegada de la muerte, Julia, sin embargo habla de regresar a la Isla, así le escribe a su hermana:
“Si me muero no quiero que este trágico y brutal país se trague mis huesos. Necesitan el calor de Borinquen”...
(Golwater Memorial Hospital, Ward D-12)
Pero cuando ya el desenlace es inudible, habla de no volver a Puerto Rico. “Yo no voy para Puerto Rico... Tal vez yo vuelva al hospital, pero no importa”. En el anonimato de una calle de New York, muere en julio de 1953.
La poesía de Julia de Burgos
es la belleza que destiló su vida, la realización artística
de sueños que existencialmente fracasaron. Vivió y murió
apasionadamente, sin rendir uno solo de sus estandartes, pero mucho más
que eso, creó una obra sin comparación en la lírica
puertorriqueña.