Bill escribe acerca del

AMOR

La próxima etapa

SOBRIEDAD EMOCIONAL

 

Creo que muchos de los veteranos que han puesto nuestro modo de recuperación en A.A. a prueba de fuego y sin embargo han salido con éxito, todavía necesitan encontrar sobriedad emocional. Tal vez será la punta de lanza que nos abrirá el camino para nuestro principal y próximo desarrollo en A.A. - el desarrollo de una madurez mucho más verdadera y balance emocional (o sea, humildad) en nuestras relaciones con nosotros mismos, con el prójimo y con Dios.

Esas urgencias de adolescente que muchos de nosotros tenemos de aprobación total, seguridad perfecta e idilios perfectos - deseos muy apropiados para los diecisiete años - resultan ser un modo de vida imposible al llegar a los cuarenta y siete o cincuenta y siete años de edad.

Desde que comenzó A.A., he recibido tremendas palizas en todos esos campos por no haber logrado crecer emocional y espiritualmente. Dios mí, cómo es de doloroso seguir exigiendo lo imposible y cuán doloroso es descubrir al final que siempre habíamos estado tratando de "ensillar antes de traer las bestias". Luego llega la agonía final de ver hasta qué grado nos habíamos equivocado, pero todavía nos encontramos incapacitados para salirnos de ese círculo vicioso emocional.

Cómo traducir una convicción mental acertada a un resultado emocional acertado y de ahí a una forma de vida sencilla, fácil y buena - bueno, eso no es solamente problema del neurótico, es el problema de la vida misma para todos los que hemos llegado al punto de estar dispuestos realmente a labrar los principios acertados en todos nuestros asuntos.

Aún entonces, haciendo esto, la paz y el gozo se nos escapan. Ese es el lugar a donde hemos llegado muchos de los veteranos en A.A. Y es un problema serio. Cómo vamos a lograr que ese subconsciente - del cual fluyen aún muchos de nuestros temores, compulsiones y aspiraciones falsos - alcance a marchar parejo con lo que verdaderamente creemos, sabemos y deseamos. Cómo convencer a ese monstruo estúpido, rabioso y escondido del otro YO, es nuestra tarea principal.

He podido llegar a la creencia que esto sí se puede lograr. Eso se debe a que he llegado a ver gente descarriada - gente común y corriente - lograr resultados buenos. Hace un tiempo, la depresión, casi me deja en la calle. Me empecé a asustar de pensar que iba a ser otro período de depresión crónica. Al considerar cómo he sufrido con las depresiones, no era un prospecto halagador.

Me preguntaba: "¿Por qué no sirven los Doce Pasos para quitarme esta depresión?". Me pasaba horas mirándola "Plegaria Simple" de San Francisco de Asís . . . "Que no busque ser consolado sino consolar . . . " Allí se encontraba el remedio, pero, ¿por qué no servía? De repente, me di cuenta qué pasaba: mi falla básica había sido siempre la dependencia - dependencia así absoluta - de la gente o las circunstancias para darme prestigio, seguridad y cosas por el estilo. Al no recibirlas de acuerdo a mis sueños y requisitos perfeccionistas, había luchado para lograrlas. Al fracasar, también llegaba la depresión.

No había manera de que del amor hacia todos que tenía San Francisco pudiera hacerse un modo de vida que sí diera resultados y produjera gozo hasta que esas dependencias fatales y casi absolutas se rompieran.

Por haber experimentado a través de los años un poco de desarrollo espiritual, la calidad absoluta de esas dependencias, se me reveló ahora con toda claridad. Ayudado de la Gracia que pude conseguir con la oración, encontré que me fue necesario apelar hasta el último grado de voluntad y acción para coartar estas defectuosas dependencias emocionales de la gente, de A.A. inclusive, y de cualquiera otra circunstancia.

Por fin entonces podría estar libre para amar como lo había hecho San Francisco. Las satisfacciones emocionales y de los instintos, me di cuenta, eran los dividendos de tener amor, ofrecer amor y expresar amor apropiado a cada relación de la vida.

Era muy sencillo ver que no podría posesionarme del amor de Dios hasta estar en capacidad de ofrecérselo a El amado al prójimo como El quisiera. Y yo no estaría en capacidad de hacerlo mientras fuera víctima de dependencias falsas, pues mi dependencia significaba exigencia - exigencia de poseer y controlar a la gente y las condiciones que me rodeaban.

A pesar de que esas palabras "dependencia absoluta" pueden parecer un truco, fueron las mismas que me ayudaron a obtener la estabilidad y tranquilidad mental en que me encuentro, cualidades que estoy tratando de consolidar ofreciendo amor a otros sin preocuparme de que me lo devuelvan.

Este parece ser el circuito primario de la curación: un amor hacia las criaturas de Dios y hacia su gente por medio del cual procuramos Su amor para nosotros. Es claro que la verdadera corriente no puede fluir hasta que las dependencias que nos paralizan se rompan y se rompan del todo. Sólo entonces podemos tener una visión de lo que es el amor adulto.

¿Cálculo espiritual, puede pensar usted? De ningún modo. Fíjese en un A.A. con seis meses de sobriedad trabajando con un nuevo caso del Paso Doce. Si la persona le dice: "Váyase al diablo", el que está haciendo el Paso Doce sonríe y se va a ayudarle a otro. No se siente frustrado ni rechazado. Si su próximo caso sí tiene éxito y a su vez prodiga amor y atención a otros alcohólicos pero no a él, el padrino se regocija de todos modos. No se siente rechazado aún entonces; en vez de eso está contento de que su "candidato" de hace algún tiempo se encuentra sobrio y feliz. Y si su próximo caso se convierte, con el correr del tiempo, en su mejor amigo (o idilio), entonces el padrino se regocija aún más. Pero él sabe muy bien que su felicidad es un dividendo - el dar sin esperar nada en retorno.

Lo que sí le ayudó a estabilizarse fue el hecho de tener y ofrecer amor a ese borracho desconocido en su puerta. Así era San Francisco en su labor, poderoso y práctico, sin dependencias y sin exigencias.

En los primeros seis meses de mi propia sobriedad, trabajé mucho con muchos alcohólicos. Ni uno solo tuvo éxito. Sin embargo ese trabajo me conservó sobrio. No se trataba de que ninguno de esos alcohólicos me diera nada. Mi estabilidad llegó al tratar de dar, no de exigir que yo recibiera en igual medida.

Así pienso que puede resultar con la sobriedad emocional. Si examinamos los disturbios emocionales que tenemos, tanto grandes como pequeños encontramos en la raíz de esto, alguna dependencia dañina y por consiguiente una exigencia también dañina. Librémonos entonces, con la ayuda de Dios, de esas dependencias que nos hacen cojear. Así nos hallaremos en libertad de vivir y de amar; así podremos ayudarnos a nosotros mismo y a otros con la sobriedad emocional.

Naturalmente que no les he ofrecido una idea nueva - sólo un vislumbre o rayo de luz que me ha ayudado a desenganchar algunas de mis propias "crisis" de manera profunda. Hoy en día mi cerebro no corre compulsivamente en ninguna excitación, grandiosidad ni depresión. Me ha sido otorgado un lugar tranquilo en medio del solo luminoso.

 

 

ORACIÓN DE SAN FRANCISCO

Señor, hazme instrumento de tu paz!

Haz que donde haya odio, siempre yo amor;

donde haya injuria, perdón;

donde haya duda, fe;

donde haya desaliento, esperanza;

donde haya sombras, luz;

donde haya tristeza, alegría;

Oh, Divino Maestro!:

Concédeme que no busque ser consolado, sino consolar;

que no busque ser comprendido, sino comprender;

que no busque ser amado, sino amar;

porque dando, de Ti recibimos;

perdonando, Tú nos perdonas;

y muriendo en Ti, nacemos a la vida eterna.

 

 

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