Los Cazadores de Brujas llegaron al pueblo. El Conde Elector, cansado de los incesantes informes que hablaban de extra�os sucesos, innumerables muertes, apariciones y otros fenomenos inexplicables, y temiendo que la poblacion sucumbiera a la histeria colectiva, finalmente habia decidido enviar a los Cazadores de Brujas. Se les habia concedido un edicto de plena autoridad que tenia estampado el sello del propio Teogonista. Con la rapidez y el celo habitual en ellos, empezaron a trabajar inmediatamente. Detuvieron rapidamente un grupo de infelices que habian acorralado con la turba de seguidores que seguian a los Cazadores de Brujas de pueblo en pueblo, �Quien sabe cuantos de estos infelices ajusticiados sumariamente con la espada, empalados o quemados en la hoguera eran realmente vampiros o brujos? Los Cazadores de Brujas no son personas razonables, sino que abusan constantemente de la supersticion de los ignorantes.
Una vez purgados los campesinos, los Cazadores de Brujas dedicaron toda su atencion a la nobleza. Sus riquezas, lujo y decadencia fueron denunciados en la plaza mayor del pueblo, exaltando a la plebe, que se concentro ante las mansiones de los ricos, vociferando y amenazando a gritos a sus habitantes. Incluso el Conde se alarm� ante el cariz que estaban tomando las cosas, por lo que decidio que era el mejor momento para visitar Altdorf con todos sus allegados, para ponerse a salvo apartandose del camino de los Cazadores de Brujas. La extra�a familia Zmada, que eran mercaderes procedentes de Ostland, tambien desaparecio en medio de la noche, dejando su grande y ricamente decorada mansion de madera desierta en el centro del pueblo. Poco despues, el lider de los Cazadores de Brujas, Lars Tonowe, irrumpio en la casa con la habitual turba de gente pisandole los talones. En cuanto vio el esplendor de la mansion y se convencio de que los Vampiros habian huido (pues no dud� ni por un momento que los fugitivos eran Va mpiros), Lars decidio establecer su cuartel general en la mansion mientras duraran las purgas.
Esa noche, Lars cen� en la mansion con los otros dos Cazadores de Brujas. La sala tan solo estaba iluminada por unas vacilantes velas. Bebieron el magnifico vino de la bodega de los Zmada, y devoraron la comida de su despensa. No se entretuvieron ni por un instante en considerar que los Vampiros no necesitan comida normal para alimentarse. En vez de ello, la conversacion gir� en torno al valor estimado de los ornamentos y las pinturas del gran salon, y de como podian convertirse en fondos para la causa.
Las pinturas eran realmente muy buenas. Retratos de diversas generaciones de la familia Zmada colgaban en las paredes por encima de los Cazadores de Brujas, apenas iluminados por la luz de las velas. Las mujeres de la familia eran particularmente bellas, con sus palidas caras y su largo cabello negro engalanado con joyas. Parecia que el vino no iba a acabarse nunca, y la jarra era necesario rellenarla de los barriles de la bodega despues de cada ronda.
Al dia siguiente la plebe entr� otra vez en la mansion, esta vez irritada por que los Cazadores de Brujas no habian aparecido en todo el dia. En su interior encontraron a Lars y sus compa�eros desplomados sobre las sillas. Sus caras estaban caidas sobre la mesa y goteaba sangre de unas heridas que tenian en el cuello. La plebe retrocedio asustada. Entonces, alguien se�alo los retratos de la familia Zmada. Por las paredes resbalaba pintura roja que caia desde los labios de las damas Zmada. Pero no era pintura, era sangre. La plebe huy� aterrorizada, gritando y haciendo la se�al de Sigmar. Esa noche la mansion ardi� hasta los cimientos.