ANTOLOGIA POETICA |
El madrej�n desnudo ya sin una sed de agua
y una luna perdida en el fr�o del alba
y el campo muerto de hambre, pobre como una ara�a.
El coche se hamacaba rezongando la altura;
un galer�n enf�tico, enorme, funerario.
Cuatro tapaos con pinta de muerte en la negrura
tironeaban seis miedos y un valor desvelado.
Junto a los postillones jineteaba un moreno.
Ir en coche a la muerte �qu� cosa m�s oronda!
El general Quiroga quiso entrar en la sombra
llevando seis o siete degollados de escolta.
Esa cordobesada bochinchera y ladina
(meditaba Quiroga) �qu� ha de poder con mi alma?
Aqu� estoy afianzado y metido en la vida
como la estaca pampa bien metida en la pampa.
Yo, que he sobrevivido a millares de tardes
y cuyo nombre pone retemblor en las lanzas,
no he de soltar la vida por estos pedregales.
�Muere acaso el pampero, se mueren las espadas?
Pero al brillar el d�a sobre Barranca Yaco
hierros que no perdonan arreciaron sobre �l;
la muerte, que es de todos, arre� con el riojano
y una de pu�aladas lo ment� a Juan Manuel.
Ya muerto, ya de pie, ya inmortal, ya fantasma,
se present� al infierno que Dios le hab�a marcado,
y a sus �rdenos iban, rotas y desangradas,
las �nimas en pena de hombres y de caballos.
JORGE LUIS BORGES ("Luna de enfrente")