El Desarrollo del sí mismo

Una perspectiva de la Organización

FRACTURAS EN EL CRISTAL: PSICOPATOLOGIA DEL DESARROLLO Y LA APARICIÓN DEL SÍ MISMO

Dante Ciccetti

Universidad de Rochester

 Developmental Review, 11,Volumen Nº3, Set. 1991 

Published by Academic Press Inc. State University of New York

FRACTURES IN THE CRISTAL: DEVELOPMENTAL  PSYCHOPATHOLOGY AND THE EMERGENCE OF SELF

 

  

 Abstract

 La primera parte de este artículo define los conceptos y el desarrollo del sí mismo desde una perspectiva de  la organización.

 El énfasis se dirige a la interacción de los factores ambientales, cognoscitivos, y ecológicos biológicos, de la crianza.

 Se examinan una serie de estudios con niños que tienen el síndrome de Down para mostrar los efectos de los factores de riesgo biológico  manifestados en el auto desarrollo temprano.

 Asimismo usando muestras de niños maltratados, los datos se utilizan para revelar la perturbación en el desarrollo del sí mismo que se presentan por problemas con el vínculos de la relación con  el niño y el ambiente del cuidado, de acuerdo a la teoría del apego.

 La sección de conclusiones sugiere cómo entender el desarrollo temprano del sí mismo  y proporciona una visión sobre el comportamiento y psicopatología de adaptación del sí mismo como consecuencia del riesgo. Alternativamente, las investigaciones de condiciones de riesgo elevado nos informan sobre el  desarrollo normal del sí mismo. Ambos acercamientos abren la perspectiva para los estudios a largo plazo del desarrollo temprano del sí mismo.

 La Perspectiva de la  “organización”

 Mi pensamiento e investigación sobre la ontogénesis del sí mismo han sido dirigidos por una aproximación del desarrollo conocido como perspectiva de la “organización”. Según la perspectiva de la organización, el desarrollo implica una serie de reorganizaciones entre y dentro de los sistemas del comportamiento, ecológico-ambientales, y biológicos que tienen lugar  por medio de la creciente diferenciación, de la integración jerárquica, y de la organización (Cicchetti, 1990; Sroufe, 1990).

 El sistema general del comportamiento tal como percepción, cognición, emoción, lenguaje, representación y procesos sociales ha sido enfocados para el estudio por los investigadores que adoptaban un acercamiento de organización.  

De especial preocupación están las organizaciones de estos sistemas en el desarrollo normal así como la carencia de organizaciones o de diverso modelos de la organización en el desarrollo anormal. En este papel ilustro cómo el estudio de estos sistemas puede aclarar la organización y la coherencia del sistema del sí mismo en poblaciones normales  y anormales.

 

UNA PERSPECTIVA DE ORGANIZACIÓN EN CÓMO SE CONCIBEN Y SE DESARROLLA EL SÍ MISMO

 Uno de los primeros teóricos para aplicar la perspectiva de la organización al estudio del sí mismo fue Alan Sroufe (1990), que describió al sí mismo como emergiendo de una matriz organizada de crianza. En esta conceptualización, las transacciones tempranas entre padres y el bebé promueven la aparición del sí mismo, el cual es visto como agrupación internamente ordenada de actitudes, expectativas, de significados y de sensaciones.

Mientras que inicialmente los bebes son sobre todo receptores del cuidado parental, se convierten luego en más activos en el proceso de desarrollo.

La experiencia de cuidado temprano encaminadas al desarrollo de autorregulaciones afectivas y de regulación del  comportamiento de los bebes  tiene implicaciones importantes para la aparición del sí mismo.

Especialmente, la historia de su cuidado (infantil), los motivan para buscar o para evitar ciertos aspectos del ambiente. Sus historias de crianza también afectan cómo enganchan con el ambiente así como su interpretación de la experiencia (Sroufe y Fleeson, 1986).

 Louis  Sander describe una serie de fases asociadas con la organización básica diádica (madre- bebe), que promueve el desarrollo de una organización interna de sí mismo. Cada nuevo nivel de organización de relaciones, implica un cambio en la organización del sí mismo y viceversa (expansión vital del desarrollo). El sí mismo es un emergente de estas experiencias más que algo que está presente en determinada edad.

 

ESQUEMA DEL DESARROLLO

 2-3 MESES

 Los padres juegan un rol central en ayudar al bebe a modular sus estados internos. Pueden influir (manteniendo la homeostasis  del niño) en el desarrollo y organización del sistema nervioso, y esto tiene efectos de larga duración en el niño.

Cierto tipo de experiencia de recibir el “estímulo esperado” de parte de los encargados de su crianza, puede ayudar al infante a madurar cerebralmente. Al proveerle de una rutina de respuesta adecuada a sus necesidades, los padres le permiten (al bebe), modular su tensión fisiológica y apoyar el desarrollo de su regulación, y estructurar su mundo y el desarrollo de su control interno.

 4-9 MESES

 Los bebes son más interactivos en sus intercambios con los padres y más sensitivos a las conductas que promueven respuestas en los padres. El afecto es expresado en forma más refinada, adaptan su conducta a la de los padres, (es decir se capta mejor el ambiente, modificando su conducta para adaptarse mejor a las expectativas de su ambiente).

El desarrollo de estas habilidades es necesario para una adecuada diferenciación del sí mismo que se da  mediante 3 procesos:

La maduración del sistema neurológico.- La creciente habilidad del bebe para autorregular sus emociones y diferenciar la expresión de sus afectos, que se da en trascurso del primer año de vida, indica una maduración del sistema de control neurológico.

Socialización parental.- Los padres ayudan al bebe a tolerar sus crecientes tensiones y le apoyan a desarrollar auto regulación de sí mismo y adaptación continua al mundo.

El desarrollo cognitivo.-Según el cual estaría en la fase sensorio motora de elaboración de esquemas de acción (ver esquema de etapas de Piaget).

 9-12 MESES

 Ocurre otra reorganización de desarrollo. El bebe empieza a internalizar sus historias de las interrelaciones con quienes lo crían, y la matriz de crianza se convierte en parte de una emergente organización interna.

Responde a situaciones nuevas, basado en experiencias tempranas con quienes lo crían, reflejando más modelos de las figuras del apego (de acuerdo a la teoría del apego, el vínculo afectivo que une a un bebe con su madre, siendo esta conducta de tipo instintiva y ligada a las necesidades de supervivencia).

 18 MESES

 La percepción del mundo que desarrolla el bebe depende la forma o tipo del cuidado que recibe. Con el emerger de un incremento en la diferenciación del sentido de sí mismo  el desarrollo se ubica en la transición de lo sensorio-motor a lo representacional.  A los 18 meses el bebe ya  reconoce en cierta forma a sí mismo, pero siempre sobre la base del modelo del apego.

Se da una reorganización de las estrategias regulatorias del sí mismo a nivel cognitivo-emocional y representacional. La influencia de estas nuevas estrategias, trae también un cambio natural en la relación del bebe con sus figuras de crianza o cuidadores.

 18-36 MESES 

Establece una contenido de sí mismo y una reacción emocional con los cuidadores. Se vuelve capaz de perseguir metas, aún en contra de los deseos de los padres. Su sí mismo está separado ya pero a la vez conectado al de los

padres, de forma que a veces puede oponerse a los deseos de estos, en especial en la primera mitad del segundo año de vida.

 Del 2 a 3 Año

 Tiene un avance en la cognición, relación social y lenguaje. Se comunica y reconoce mejor el significado, relaciones y sentimientos. Con la maduración del bebe y con la expansión de su capacidad, desarrolla un más complejo y diferenciado modelo de sí mismo, de los demás y de sus relaciones. Los modelos de representación de sí mismo en relación con las figuras del apego que se han formado durante este proceso tienen importantes implicaciones para entender las futuras interacciones del niño con su ambiente y su adaptación positiva o negativa.

 Basándose en estas consideraciones, el autor examina los problemas en el desarrollo de niños con síndrome de Down y de niños con problema de maltrato encontrando importantes perturbaciones en el desarrollo de sí mismo que derivan de los problemas de las relaciones tempranas con las figuras de crianza (teoría del apego).

 

CONTRIBUCIONES DEL ESTUDIO DE LAS POBLACIONES NO TÍPICAS PARA LA COMPRENSIÓN DEL DESARROLLO DEL SÍ MISMO

 Generalmente se ha enfocado estudios del sí mismo en procesos  bajo condiciones normales. En casos normales, es decir en que las funciones de la madre como del padre están dentro de  una  normalidad, el desarrollo del sí mismo se despliega como se describió previamente. Sin embargo, como un Psicólogo del desarrollo, creo que todas las teorías del desarrollo deberían ser capaces de informar sobre las perturbaciones del desarrollo desde la normalidad. A través de los exámenes  hechos a poblaciones no típicas se pudo comprobar que las teorías del sí mismo basadas en el desarrollo normal pueden ser apoyadas y mejor elaboradas por este reto.

 Como forma de explorar el sí mismo, para saber mejor como este es establecido y  como se representa, presentamos algunos resultados de investigaciones hechas con dos poblaciones no típicas, niños con Síndrome de Down (SD) y niños con antecedentes de Maltrato.    

 DESARROLLO DEL “SÍ MISMO” EN BEBES Y NIÑOS CON SINDROME DE DOWN

 Debido a la variedad neurobiológicas y las anomalías bioquímicas que influyen en los factores como el desarrollo cognitivo, diferenciación afectiva, intensidad y el auto-control, los niños con el Síndrome de Down son vulnerables a tener problemas en el desarrollo de los sistemas del “sí mismo”, (Cicchetti y Beegly,1990).

Por ejemplo, la madurez del cerebro en bebés con Síndrome de Down disminuye significativamente después del nacimiento.  Consecuentemente las ramas de dendritas de neuronas y la cadena neuronal  en individuos con Síndrome de Down aparece menos diferenciada y compleja que en bebés normales, (Coyle, Oster-Granite & Gearhart, 1986). Adicionalmente la actividad de sus sistemas neurotransmisores pueden disminuir.

Esta madurez retrasada de los sistemas reguladores neurológicos en unión con los niveles relativamente bajos de la características fisiológicas y la reactividad del comportamiento o la conducta de bebés con Síndrome de Down, provocan muchas dificultades para los encargados de la crianza, en todos los factores del despliegue de las etapas del desarrollo del sí mismo. El bebé con Síndrome de Down tiene un pobre desarrollo de los mecanismos inhibidores lo que les limita la extensión por la cual podrían asumir un control independiente de los procesos neurofisiológicos, (Cicchetti y Sroufe, 1978).

Los niños con Síndrome de Down en contraste con los niños que han sufrido maltrato, son confrontados con  situaciones biológicamente significativas basadas en limitaciones que se presentan en el nacimiento.

ALGUNOS ESTUDIOS- Se llevaron  cabo estudios sobre primeras impresiones, auto reconocimiento, representaciones lingüísticas y no-lingüísticas.

Aunque la Perspectiva de la Organización hace hincapié en que el sí mismo proviene de una matriz organizada de la crianza, este modelo también reconoce que los procesos preceptuales que se dan para la detección de la naturaleza de las relaciones entre la persona y el medio ambiente también son importantes para el desarrollo más temprano del sí mismo, ( Cicchetti y Sroufe, 1978).

Una serie de investigaciones dirigidas a las respuestas de bebés frente as “objetos virtuales” colocados en un “salón móvil” proporciona información sobre el desarrollo ecológico del sí mismo en niños con Síndrome de Down. La mayor parte de  los resultados  de esos estudios revelan ambas manifestaciones, tanto sea semejanzas como notables diferencias en la manifestación y evolución del  sí mismo ecológico  en niños normales con edad mental sin retrazo y niños con Síndrome de Down.

Tanto niños normales como con Síndrome de Down, respondieron “defensivamente” a los objetos virtuales, apartándose  cuando se acercaba el objeto, parpadeando y levantando los brazos frente a la cara cuando el objeto se acercaba  o se movía muy cerca, ambos grupos manifestaron una reacción de defensa muy clara.

 

Dos diferencias

Todo el tiempo los bebés con Síndrome de Down parpadearon con mayor frecuencia frente a los objetos virtuales, un resultado interpretado como causado por problemas en el desarrollo del sistema inhibidor.

Los bebés con Síndrome de Down manifestaron mucho menos llanto frente  a los objetos que los niños en edad mental considerados “normales”, En contraste casi el 50% de los recién nacidos normales emitieron reacciones  negativas frente a los objetos virtuales.

Mientras que la reacción de llanto desaparecía en la mayoría de ambos grupos en los meses sucesivos, aproximadamente a los 8 meses de edad, los bebes normales reasumen el llorar y a los 12 meses los bebés normales estudiados lo hacen en un 60 % comparados con solo dos bebés (6%) con Síndrome de Down que lo hacen antes de los 16 meses.

Los bebés con Síndrome de Down tuvieron mayores dificultades para auto controlar sus afectos negativos.

Esos resultados sugieren que los aspectos sub.corticales del sí mismo Ecológico pueden estar intactos, sin embargo como el sí mismo ecológico en niños con Síndrome de Down continúa sufriendo problemas de diferenciación e integración biológica, bioquímica, y cognitiva, y las dificultades para controlar o regular sus afectos, en concierto con sus problemas iniciales de madurez del cerebro y su regulación fisiológica hacen con que la integración del sí mismo ecológico sub.cortical funcione con dificultades.

La reacción del llanto permite tener una referencia segura de cúando es que los bebés normales muestran una respuesta ante un posible peligro como los objetos virtuales, y esto no ocurre sino hasta los 8-9 meses. Los niños con Síndrome de Down que lloran demuestran tener un desarrollo cognitivo más diferenciado que los que no lloran, proporcionando así además un apoyo para entender que esas manifestaciones de llanto son el producto de una comprensión del suceso para el sí mismo.

Nuestros experimentos de Salón Móvil, reflejan semejanzas y diferencias consistentes en niños normales y niños con síndrome de Down:

Los bebés con Síndrome de Down que acababan de aprender a sentarse sin apoyo manifestaron significativamente menos  respuesta frente  al movimiento del salón que los bebés normales.

Los bebés con Síndrome de Down que acababan de aprender a levantarse sin apoyo respondieron de alguna forma un poco  más a los movimientos del salón que los bebés normales.

Respecto del lenguaje, los niños representan su crecimiento en el juego simbólico y en el lenguaje. Nuestros  estudios de juegos simbólicos y lenguaje  en niños con Síndrome de Down, han aportado importantes contribuciones al entendimiento acerca de cómo es representado el sí mismo, y como se organiza durante la infancia (Beeghly, Weiss-Perry & Ciccetti, 1990).

Encontramos que los niños con Síndrome de Down produjeron significativamente un lenguaje  menos maduro que los niños normales; los niños con Síndrome de Down usaron menos pronombres personales, hablaron menos de sí mismos y de sus estados internos. Sin embargo, en las habilidades de representación no-verbal, no diferían significativamente ambos grupos. Las habilidades de discusión de las acciones y estados internos del sí mismo fueron más retrasadas de lo que se esperaba (en  niños con Síndrome de Down), teniendo en cuenta su nivel de desarrollo cognitivo solamente.

Estos hallazgos tienen implicaciones significativas para la regulación emocional del sí mismo, ya que sugieren que los niños con Síndrome de Down son menos capaces de entender las respuestas emocionales tanto de sí mismos como de los demás. Debido a las diferencias morfológicas en su expresión facial, así como a sus anomalías neurológicas y bioquímicas y problemas afectivos, los encargados de la crianza de estos niños, sus padres, suelen tener problemas para identificar adecuadamente las emociones de estos niños, lo cual puede contribuir al atraso en la adquisición y uso del  lenguaje emocional, así como en la evolución del sí mismo.

 

DESARROLLO DEL SÍ MISMO EN NIÑOS MALTRATADOS

La influencia del apego en el desarrollo del sí mismo.-A diferencia de los niños con síndrome de Down, los niños maltratados que desde el nacimiento tienen claras señales desventajosas, los niños maltratados no muestran un periodo común en que sus problemas de desarrollo del sí mismo se producen ya que esto tiene que resulta de cuando se produce la experiencia del maltrato.

La gran mayoría de niños maltratados forman Apegos inseguros con sus primeros cuidadores. Los niños maltratados tienden a demostrar patrones peculiares o poco usuales de Apego Inseguro.

A menudo demuestran el acercamiento y evitación al mismo tiempo; se muestran  apáticos; manifiestan estereotipias; tienden a demostrar agresión no contextual con sus cuidadores.

En vez de mostrar un patrón de apego organizado, los niños maltratados forman preferentemente un apego de tipo desorganizado, “apego tipo D” (Carlson, Ciccetti, Barnett & Braunwald, 1989). Esto es debido a que el cuidador provoca miedo y de allí que  éstos corren mayor riesgo de desarrollar  relaciones de control de sus cuidadores, o relaciones de guardián, las cuales se caracterizan en que el niño se convierte en “cuidador de sus cuidadores”.

Una posible implicación de esto es que a través de desarrollar  relaciones de control de sus cuidadores el niño maltratado es capaz de aprender a cuidar a los otros pero no a sí mismo, al menos no en forma adaptativa.

Adicionalmente a la representación interna de esos apegos desordenados, se forman modelos complementarios de funcionamiento del sí mismo, una comprensión cognitiva y componentes emocionales.

Como resultado de la inconsistencia en la relación con figuras insensibles y que no están presentes, el niño desarrolla un sentimiento de no poder ser amado.

Nuestros estudios de reconocimiento visual de uno mismo permite aclarar cómo se forman los modelos representacionales del sí mismo en niños maltratados.

Se pudo observar que los niños maltratados al reconocerse en el espejo se mostraron  indiferentes o con afectos negativos, comparándolos con niños normales.

Recientemente se verificó que los niños con Síndrome de Down manifiestan un afecto predominantemente positivo cuando se autoreconocen en el espejo.

Sobre las relaciones entre la calidad del apego y desarrollo del sí mismo:

El establecimiento de apegos seguros proporciona al niño bases para ser más independientes  y desarrolla en ellos un sentido de sí mismo a una edad relativamente más temprana que los niños que tuvieron Apegos inseguros con sus primeros cuidadores.              

El Apego seguro es un elemento importante para el desarrollo de las funciones comunicativas. Se observó que las verbalizaciones de los niños con apegos seguros se refieren más a menudo a ellos mismos y a los otros en sus relaciones con los demás, que los niños con apego inseguro.

Hemos examinado asimismo el impacto del efecto del temprano maltrato de niños y la cualidad del apego madre-niño en el surgimiento del estado interno de lenguaje en niños de ambientes de bajo desarrollo socio-económico, (Ciccetti, 1990).       

En exámenes realizados a niños pequeños de 24, 30 y 36 meses de vida con Apego inseguro, estos resultaron ser menos maduros en la producción de estados internos del lenguaje que los niños no maltratados con Apego seguro.

En cada edad de niños con Apego seguro hablaban más sobre emociones, comportamiento afectivo, y estados internos, tuvieron mayor elaboración de estado interno de vocabulario, estuvieron más a gusto a exteriorizar los estados internos de sí mismo y de  los otros.

El niño maltratado usa más que los otros niños referentes contextuales de lenguaje  (relacionados al contexto que no sea maltrato propiamente dicho). El niño maltratado usa proporcionalmente pocas palabras de estados internos, atribuyendo sus estados internos a menos agentes sociales, en un contexto más cerrado y en el aquí y ahora, con respecto a los otros niños no maltratados.

Los niños maltratados hablan menos de sus estados internos negativos en comparación con los No maltratados.

Un dato importante es que los niños maltratados no solo tienen un afecto negativo inhibido sino que también demuestran un afecto positivo falseado. Estas expresiones no son para comunicar sentimientos verdaderos, sino son concebidas como manifestaciones falsas cuyo propósito es hacer que el cuidador se sienta bien. ( Main y Salomon,1990).       

 

CONCLUSIONES

En el desarrollo evolutivo del sí mismo participan múltiples  componentes y que pueden estar representados en diferentes áreas del desarrollo y que siguen su curso durante los primeros tres (3) años de vida.

En este desarrollo evolutivo del Sí mismo influyen varios mecanismos como: El desarrollo y la madures del cerebro, el desarrollo cognitivo y perceptual, la interacción madre- hijo, modelos de representación de figuras de Apego y socialización parental del afecto. Creciente es el efecto que se tribuye  la experiencia vivida y  las transacciones entre lo biológico y la relación con los padres.

Las condiciones de alto riesgo como es el Síndrome de Down y el Maltrato influyen negativamente en el desarrollo del sí mismo.

Se verifica la posibilidad favorable a la adaptación de acuerdo  los cuidados recibidos por niños con síndrome de Down, es decir con un sistema nervioso normal. Similarmente, se puede hipotetizar acerca del efecto de un cuidado inadecuado en funciones en el plano biológico en niños maltratados.

Y esto puede extenderse a la comprensión de muchos problemas de psicopatología en la vida adulta.

El progreso en la conceptualización del sí mismo como un proceso de desarrollo es alentado por estos estudios que enfocan la psicopatología del desarrollo, que impulsan el estudio del sí mismo.

Entender los procesos tempranos del desarrollo del sí mismo, provee una visión sobre la psicopatología y problemas de adaptación de sí mismo, como consecuencia del riesgo.

Más de  90 investigaciones publicadas sobre estos temas por el autor, y la dedicación más reciente a tema del desarrollo neurológico, procesos de la química cerebral y del estudio de a neurobiología molecular, dan un mayor realce a las conclusiones sobre la importancia del tema investigado.

Fuente:

Ciccetti, Dante:  Fractures in the Cristal: Developmental Psychopathology and the Emergence of the Sef”. Developmental Review, 11,  Volumen N 3, Set. 1991, Published by Academic Press Inc. State University of New York

( DEL CURSO “INVESTIGACIÓN DEL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO”- DRA. BELÉN GARCÍA TORRES, TRADUCCIÓN: MIGUEL MOLLA Y ANTONIO RODRÍGUEZ , Madrid, 2001).

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