Después de la final

Podría ser una costumbre, una rutina. Pero no lo toman así porque llevan la camiseta pegada en la piel, con orgullo y sentimiento.

El equipo no tuvo la cuota de magia que alguna vez soñamos. Pero ganó bien, sin discusiones. Oponiendole personalidad. Había que ganar no porque fuera obligación. había que ganar como ganaron, soportando la presión de ser una fija, un número puesto, una generación bendecida por el trabajo de un cuerpo técnico que supo suplir los diamantes.

Había que ganar como ganaron, teniendo todas las miradas encima. Siendo tapa de diario y de revista. Alarido de las adolescentes, un precio en el mercado. Una cifra perseguida por innumerables ceros, ahí, en la hoguera, tuvieron coraje y no perdieron su candidez. Cumplieron con el primero de los deseos , clasificarse para el mundial. Volver a ser campeones.

 

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