EL CARACTER DEL SAMOYEDO
El Samoyedo casi desde que abre los
ojos muestra una especial predisposición a derrochar
simpatía. Cualquier Samy que se precie sabe perfectamente cómo
mover su rabito, dar la mano y cómo sonreír a modo de
salutación, y, como decimos, desde su más tierna infancia.
El Samy tiene unas condiciones innatas para el juego desde que
nace hasta que se muere de viejo.
El Samoyedo es siempre un pequeño payaso, que busca provocar la
hilaridad de propios y extraños, aunque para él nadie es
totalmente extraño, pues es amigo de todo el mundo, o cuando
menos arrancar una sonrisa o una caricia, o ambas cosas a la vez.
Es el compañero ideal de juegos y deportes para niños y
jóvenes. Disfruta enormemente paseando y corriendo por el campo,
bañándose en la playa o en el río, nadando con o sin su amo,
chapateando en los charcos cuando llueve, revolcándase en la
nieve, haciendo «footing» si su amo hace «footing», etc.
Es compañero ideal de personas solas, pues es muy inteligente y
sensible y sabe captar los necesidades de afecto de su amo, de
forma que puede llegar o convertirse en un auténtico amigo y se
comportará exactamente como su amo desea.
El Samoyedo es un perro muy apreciado para hacer compañía a los
abuelitos en residencias de ancianos. Es también utilizado en
instituciones dedicadas a la educación de niños con problemas
de comunicación, pues, como suele decirse, «hacen hablar hasta
a los muertos». Si el amo se sienta, cuando menos el Samoyedo se
sentará a sus pies. Pero si puede compartirá la butaca o el
sofá con el amo. Si se le permite se subirá también a la cama,
mientras el amo esté acostado. Pero todo ello no es por
comodidad, sino por estar junto al amo, al que, ancestralmente,
en su Siberia de origen, tenía que suministrar calor con su
cuerpo.
Perfectamente un Samoyedo puede vivir en un piso. Incluso en un
piso pequeño; más aún, reducido a un pequeño espacio dentro
de la casa, siempre y cuando se le dé a diario un gran paseo, de
una hora al menos, haciendo auténtico ejercicio, corriendo,
jugando con la pelota, jugando con los niños o con otros perros,
etc. Eso aparte de los rituales paseos para evacuar ciertas
necesidades fisiológicas, que deben hacerse siempre a la misma
hora.
Dentro de casa el Samoyedo buscará siempre la proximidad del amo
o de la familia; pero, eso si, a veces también tendrá ratos de
«retiro espiritual», metido debajo de una cama, detrás de una
butaca, en la terraza, etc.
Gustan de pasar la noche al sereno, en la terraza, en un porche o
a la intemperie sin mas. Nosotros estamos acostumbrados a ver a
nuestros perros dormir bajo la helada y la escarcha tripa arriba,
con los pelos de la barriga completamente helados. Ellos aquí no
notan el frío, pues hay que tener en cuenta que están
preparados para resistir temperaturas de 60 grados bajo cero,
No obstante lo dicho anteriormente, los Samoyedos se adaptan
perfectamente a nuestro clima y pasan el verano como cualquier
perro celtibero, con tanto calor como pueda sentir otro
cualquiera de raza autóctona. Quizá dé menos muestras de
sofoco ante el calor estival. Estamos acostumbrados a verles
persiguiendo lagartijas o corriendo detrás de los pájaros por
el jardín a las tres de la tarde en pleno mes de diciembre.
En años y años no les hemos conocido enfermedades a los
samoyedos. El dueño de un Samoyedo casi puede olvidarse del
veterinario, a no ser para vacunaciones y desparasitaciones, pues
el Samy no tiene propensión a ningún tipo de enfermedad. Es
más, llega a viejo, a muy viejo, por lo general sin haber estado
enfermo nunca jamás.
Son muy parcos en la comida los Samoyedos. Comen poca cantidad, y
no a diario. Hay que tener en cuenta que su naturaleza está
preparada para trabajar mucho, corriendo con los rebaños de
renos, tirando de las barcazas en la orilla de los ríos,
arrastrando trineos o cazando, y encima de todo ello mal
alimentados, pues sus amos y criadores originales eran tribus de
economía muy pobre, y por tanto no podían sobrealimentar a sus
perros.
Algunos personas suelen asustarse ante el pelo del Samoyedo,
pensando que necesita peluquería continuamente a que la casa va
a estar permanentemente llena de pelos, pero nada de eso es
cierto. El Samy necesita, como mucho, dos o tres baños al año,
y más para evitar que coja parásitos que para limpiarle, pues
tiene un tipo de pelo que rechaza la suciedad. En cuanto a los
pelos, si se le cepilla dos o tres veces por semana, no más, no
habrá pelos por lo casa. Es muy fácil de educar un Samoyedo,
pues es muy inteligente y capta perfectamente las enseñanzas que
se le imparten. Pero si se da cuenta de que no hay disciplina o
que el amo no es muy tenaz intentará hacer su voluntad, de la
mañana a la noche, con la mayor frescura. A un Samoyedo hay que
decirle quinientas veces al día que no, y si a las
cuatrocientas noventa y nueve el amo se rinde de ya está
perdido. El Samy procura hacer siempre lo que quiere, pero, eso
sí, con gracia y simpatía, lo cual es peor porque no se le
nota.
Los primeros exploradores del Artico manifestaron inmediatamente
su preferencia por estos perros terriblemente dóciles y
simpáticos. Sin embargo, no admiten un trato autoritario ni
despótico. Necesitan un trato de camaradería, casi de tú a
tú.
Tampoco se podrá utilizar el Samoyedo como perro de guarda y
defensa.
Sería necesario cambiarle sus esquemas mentales, lo cual es
arriesgado. Pero como guardián, desde luego, es un auténtico
desastre, pues estamos seguros de que puede recibir a un caco con
la misma efusión que si se tratara del mismo maharajá de
Kapurtala, ofreciéndole sus mejores juguetes para que juegue con
él, y al final el ladrón, después de desvalijar la casa, será
acompañado hasta la puerta y despedo amistosamente por el
hospitalario can, si no es que aquél decide llevarse a éste
como parte del botín. Para el Samoyedo todo ser humano es un
amigo incondicional, y no le cabe en su cabeza que haya hombres
malvados.
Fragmento extraído de la
revista El Mundo del Perro