ADIMU


Departamento de Atención Psicológica Integral de la Mujer, la Pareja y la Familia

Dr. Gregorio Tisera-López, médico psicoterapeuta y Psic. Eduardo Martínez psicólogo especialista en terapia de familia

Indice de temas

1. La pareja y relaciones significativas en estos tiempos de crisis

Psic. Eduardo Martínez psicólogo especialista en terapia de familia

2. Conflicto de pareja

Psic. Eduardo Martinez, psicólogo especialista en terapia de familia

La pareja y relaciones significativas en estos tiempos de crisis

Eduardo O. Martínez, psicólogo especialista en terapia de familia

En estos tiempos de crisis aparece con más fuerza la problemática que gira alrededor de la pareja. Los que tienen pareja manifiestan su desencanto, su hastío y el que no la tiene responsabiliza al hecho, su infelicidad a veces con una candidez que llama sospechosamente la atención, por qué digo sospechosamente, porque cuánto habrá hecho esta persona a veces objetivamente interesante, para no correr el riesgo de una herida de amor. Al referirme al amor me refiero a algo mayor, más amplio, una postura de vida, una actitud ante la vida.

Cuando empezamos a diagramar esta exposición, lo primero que nos preocupó - cómo ser entendidos en cuanto a resignificar conceptos mal tratados, tratados mal, como algo no científico. Nos llamó la atención cuando empezamos a debatir, la dificultad en hablar del amor, siendo que el amor es la esencia de toda relación y el sentido último de toda existencia. Esto lo podemos encontrar en cualquier tratado de Filosofía, en tanto que madre de todas las ciencias. Entonces ¿qué es el amor? Es una ilusión, una espera, es estar con un ser, en la espera que ese ser, ese otro, me "colme", me "llene", y esperar esperamos siempre. El amor es una ilusión tan extraordinaria, tan fecunda. Hay un mundo real a partir de esa ilusión. El amor es aire, es nada, pero de ese aire, de esa nada surgen cosas reales como un bebé, por ejemplo. Por más divorcios que haya, por más rupturas, a pesar de la disolución de los valores familiares, de la declinación de la figura del padre, y todo lo demás, el hombre, el ser humano necesita amar y de esta manera está expuesto al dolor.

Quién reconoce que a amar se aprende, adquiere capacidad para amar y ser amado. Cómo lograr que los ame, cómo ser dignos de amor. La gente cree que amar es sencillo y lo difícil es encontrar un objeto apropiado para amar o para ser amado por él. Muy antiguamente el matrimonio se efectuaba por un convenio entre las respectivas familias, sobre la base de consideraciones sociales, pero luego surge la idea de algo romántico (?) Un error frecuente lleva a suponer que no hay nada que aprender sobre el amor y radica en la confusión inicial de enamorarse y la situación permanente de estar enamorado o permanecer. Al comienzo dejan caer barreras que los separan y se sienten cercanos, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida, y resulta aún más maravilloso y milagroso para aquellas personas que han vivido encerradas, aisladas, sin amor. Luego estas dos personas llegan a conocerse bien y su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo terminan por matar lo que puede quedar de la excitación inicial.

Pero al comienzo consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar "locos" el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior. Hay abrumadoras pruebas de que no es fácil amar, no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. Si ello ocurriera con cualquier otra actividad, la gente estaría interesada en conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores que a menudo repite. Por eso se hace necesario examinar las causas del fracaso y estudiar el significado del amor. El primer paso es tomar conciencia, que a amar se aprende, tal como se aprende a vivir, como se aprende cualquier arte, música, pintura, carpintería, y de este proceso de aprender se irá despejando dudas, ampliando conocimiento ¿quién soy? ¿quién es el otro? ¿los otros? ¿qué significado le otorgo? de donde surgirá mi intuición. Entonces es necesario resignificar que las rupturas amorosas pueden ser parte de un proceso de aprendizaje.

Antes decíamos que el amor es una ilusión, una espera, pero no una espera azarosa, ya que a partir de un mayor conocimiento de uno mismo, mi intuición hará que nop me mueva en un mundo de sombras, porque siempre quien me llena, me completa, tiene que ver con mi persona, en la medida que el amor es el rasgo. Lo importante del tema del amor no se refiere solamente a la pareja, de allí al título de esta exposición: Relaciones significativas, porque como decíamos una actitud ante la vida, una orientación del carácter que determina el tipo de relación del mundo como totalidad, no como objeto amoroso, pues en este caso si es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino una relación simbiótica, un egotismo ampliado. La mayoría supone que el amor está constituido por el objeto, no por la facultad, y una prueba de la intensidad de su amor es que aman a una determinada persona, es una falacia, no comprenden que el amor es un poder del alma, creen que lo único necesario es encontrar un objeto adecuado, y que después todo viene solo, y va a completar "todo". Unicamente podré amar a una persona, si amo al mundo, amo la vida, me amo a mí mismo. Si puedo decirle a alguien te amo, debo poder decir amo a todos en tí, a través de tí amo al mundo, en tí me amo a mí mismo.

Es importante agregar aquí algo respecto a este amarse a sí mismo. Surgen interrrogantes. ¿Es el amor a sí mismo un fenómeno similar al egoísmo, o son opuestos? ¿Es un egoísmo idéntico al amor a sí mismo, o es la causa de la falta de este último? Es necesario explicitar ciertas premisas psicológicas básicas: No sólo los demás, sino nosotros mismos, somos "objeto" de nuestros sentimientos y actitudes: las actitudes para con los demás y para con nosotros mismos, lejos de ser contradictorias, son básicamente conjuntivas. El amor a los demás y el amor a nosotros mismos no son alternativas. Por el contrario, en todo individuo capaz de amar a los demás se encontrará una actitud de amor hacia sí mismo. El amor genuino constituye una expresión de la productividad y contiene ciertos elementos básicos.

Elementos básicos comunes

Cuidado: amor de la madre por su hijo, alimentarlo, bañarlo, proporcionarle bienestar físico. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de los que amamos. Cuando falta preocupación activa no hay amor. La esencia del amor es trabajar por algo, hacer crecer, amor y trabajo son inseparables. Se ama aquello por lo que se trabaja y se trabaja por lo que se ama.

Responsabilidad: Hoy en día suele usarse el término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior, pero la responsabilidad en su verdadero sentido es un acto enteramente voluntario, satisfactorio, gratificante. Constituye mi respuesta a las necesidades expresadas o no de otro ser humano. Ser responsable significa estar listo y dispuesto a responder.

Respeto: La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer elemento del amor: el respeto. Denota de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere: mirar) la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única, respetar significa preocuparse porque la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. En la forma que le es propia, y no para servirme: ausencia de explotación. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad. El amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación. "L'amour est l'enfant de la liberté" dice una vieja canción francesa.

Conocimiento: Respetar a una persona sin conocerla no es posible. El cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento.

Cuidado, respeto, responsabilidad y conocimiento son mutuamente interdependientes, constituyen un síndrome de actitudes que se encuentran en la persona madura, esto es en la persona que desarrolla productivamente sus propios poderes. Amar a alguien es, entonces, la realización y concentración del poder de amar. Entonces mi propia persona debe ser objeto de mi amor al igual que lo es la otra persona. ¿Cómo explicamos ahora el egoísmo? que excluye evidentemente toda genuina preocupación por los demás? La persona egoísta sólo se interesa por sí misma, desea todo para sí misma, no siente placer en dar, sino únicamente en tomar. Considera al mundo exterior sólo desde el punto de vista de lo que puede obtener de él: carece de interés en las necesidades ajenas y de respeto por la dignidad e integridad de los demás. Juzga a todos según su utilidad: es básicamente incapaz de amar. El egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos son realmente opuestos. El individuo egoísta no se ama demasiado, sino muy poco; en realidad, se odia. Tal falta de cuidado y cariño de sí mismo, que no es sino la expresión de su falta de productividad, lo deja vacío y frustrado. Parece preocupado demasiado por sí mismo, pero, en realidad sólo realiza un fracasado intento de disimular y compensar su incapacidad de cuidar de su verdadero ser. Los egoístas son incapaces de amar a los demás pero tampoco pueden amarse a sí mismos. Si uno no se cuida a sí mismo es expresión de desarrollo hacia otro. A mí que me quieran como soy. Uno se sabe muy querible, le puede creer a otro que lo quiera, no duda.

Cuando decíamos que a amar se aprende. ¿Cuándo comienza este aprendizaje? Desde el nacimiento. Comienza su aprendizaje del amor en una actitud pasiva: ser amado, esto lo percibe a través de gratificaciones, de necesidades individuales, alimento, calor, caricias, aún no ama, sólo responde con gratitud y alegría al amor que se le brinda, luego en el cuadro del desarrollo infantil aparece un nuevo factor, un nuevo sentimiento de producir amor por medio de la propia actividad, ya no se contenta con ser amado, piensa en dar algo a sus padres, en producir algo, un poema, un dibujo, lo que fuere. Por primera vez en la vida del niño, la idea del amor se transforma de ser amado a amar, en crear amor. Muchos años transcurren desde este primer comienzo hasta la madurez del amor. Dar es más satisfactorio, más dichoso que recibir. El amor infantil sigue el principio: Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: Me aman porque amo.

Ahora bien, lo esencial en la existencia del hombre es el hecho de que ha emergido del reino animal, de la adaptación instintiva, de que ha trascendido la naturaleza. El hombre sólo puede ir hacia adelante desarrollando su razón, encontrando una nueva armonía humana en reemplazo de la pre- humana. Cuando el hombre nace se ve arrojado de una situación definida, tan definida como los instintos, hacia una situación indefinida, incierta, abierta. El hombre está dotado de razón, es vida conciente de sí misma, tiene conciencia de sí mismo, de sus semejantes, de su pasado y de las posibilidades futuras. Esa conciencia de sí mismo como una entidad separada, la conciencia de su breve lapso de vida, la conciencia de su soledad, de su separatividad, de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su conciencia separada y desunida, una insoportable prisión. Se volvería loco si no pudiera liberarse de su prisión para unirse a otros hombres y con el mundo exterior.

Por eso amar es más importante que ser amado. Al amar ha abandonado la prisión de soledad y aislamiento que representaba el estado de narcisismo y atocentrismo. Siente una nueva sensación de unión, de compartir, de unidad. O sea supera la separatividad.

Debiéramos preguntarnos si este lugar de soledad, aislamiento es un lugar elegido. Más bien debiéramos considerar que se trata de alguien que ha perdido su alternativa, ésto si se tratara de ello. Amar no es una alternativa. Es importante por tanto investigar profundamente los obstáculos que le impiden alcanzar este objetivo máximo, sublime. Cuando hablamos de amor no podemos evitar introducirnos en el tema del dolor. Puesto que amr significa estar expuesto al dolor. El dolor es ruptura brutal del amor. En todo el desarrollo del individuo se van registrando experiencias de pérdidas, que dan lugar al dolor. El dolor está presente en todo ser humano.

Vamos a enunciar cuatro objetos de amor:

Perder de manera súbita, sorpresiva, cualquiera de esas relaciones implica dolor en sus cuatro formas:

Perder, decíamos entonces, de manera súbita, sorpresiva, brutal, provoca dolor. El dolor tiene que ver con la certeza, con lo inmediato, con la sorpresa, la angustia, con la duda, lo lento, la previsión, la anticipación del peligro, el dolor es imprevisible, una especie de rayo que hunde, que quiebra a las personas. Pero lo complejo de todo esto es que las heridas de amor sólo las cura el amor, ahora bien, qué difícil es ir en busca nuevamente del amor si uno ha quedado tan herido, pero recordando que el amor es aprendizaje, una ruptura puede tener una lectura diferente, es necesario abandonar el mito popular de fracaso rotulando toda ruptura de amor, siendo que desde un punto de vista evolutivo, se capitalizan errores y se está en una posición superior respecto a la anterior, diríamos que contiene a las anteriores, se avanza hacia una mayor completud. Sería oportuno clarificar aquello de "me dejan", reconocer mi propio aspecto contenido en esto. Es importante señalar también que es necesario tomar contacto con el dolor, que no se reniegue del dolor de la pérdida, tomar conciencia de la pérdida, y de la crisis personal que dicha pérdida acarrea, porque ruptura es crisis, cambio, cambio de hábitos relacionados con la otra persona, reacomodación de tiempos, espacios, esto necesariamente provocará una crisis, y ésta implica dos posibilidades:

Como consecuencia de toda ruptura emergen cuatro sentimientos: dolor, odio, angustia y culpabilidad. Los mismos están ligados entre sí, pero no hayamos hilo que los reúna a todos juntos. Salvo el tema del amor que es una especie de telón de fondo. La angustia y el dolor son cosas distintas, la angustia es el sentimiento de la amenaza, de un peligro que puede ocurrir, nosotros estamos angustiados porque dudamos de que algo pueda pasar. El dolor es un sentimiento de lo inmediato, de lo certero, es la reacción a la herida presente. La angustia femenina es la angustia de ser abandonada por el ser amado, la angustia del hombre es perder una parte de él que tenga valor fálico (puesto, dinero, algo que para él tenga poder). Para la mujer el valor fálico, no para todas, es el amor del hombre, porque aquí está "yo soy reconocida", por consiguiente existo. Estos límites se están desdibujando, ya casi no se puede hablar de una diferencia femenino-masculino, para el hombre también es importante "ser reconocido". La culpa es bien narcisista, es una angustia entre yo y yo (dúo). En este segundo tiempo, es uno mismo que se trata mal, porque ha cometido una falta. Cuando se confiesa: Disculpame, te he engañado, me arrepiento, se está buscando que a uno lo castiguen: "es esta culpa lo que hace que se necesite sacarse esa angustia, liberarse de esta opresión, por eso se arrepiente. Pero la culpa puede convertirse en síntoma, porque hay sujetos que al revés de los que sienten culpa y se arrepienten; éstos necesitan de la angustia, si no la tienen la buscan, porque es una forma de tener miedo, como si dijesen, la vida no es bastante peligrosa. Podemos agregar con respecto a la culpa que el odio está escondido en cada culpa, la culpa es una manera indirecta de hacerse mal porque él no se quiere y quiere castigarse.

Síntomas

Es probable que ante una situación de pérdida, la palabra quede atrapada, "de eso no se habla", aparecen en ese espacio, o es muy probable que del área de la mente se pase al área 2 - cuerpo, y sea éste quien tome la palabra en forma de síntomas. Es necesario tomar al síntoma como signo positivo de cambio. Desciframiento psicológico del síntoma. Producido el síntoma implica la continuidad de un eterno presente, y puede transformarse en experiencia catastrófica. Aunque es posible trabajar día a día sobre él. El síntoma es expresión de necesidades.

La función del psicólogo es traducir un síntoma, traducirlo en palabras y que el paciente lo incluya en su discurso haciendo propias dichas palabras, o el registro de una nueva perspectiva de evaluación. No se cambia cuando se cambia de conducta, sino cuando cambia la perspectiva de evaluación, de lo cual el cambio de conducta no será voluntario sino consecuente y natural. El síntoma como campo de conocimiento de uno mismo es de enormes perspectivas, pero en tanto fisura en general se oculta. Escuchamos el dolor de nuestro síntoma pero no entendemos ni registramos qué nos dice.

Cambio entonces, significa incursión en lo desconocido, comprometerse con hechos futuros que no son previsibles y enfrentar consecuencias, esto sin duda crea ansiedad, depresión y también estimula la tendencia a conservar lo conocido, familiar, a través de la compulsión a la repetición, como mecanismo de defensa a veces patológico ante lo nuevo. Es posible sostener situaciones seriamente conflictivas, carentes de sentido favorable, de crecimiento para el individuo, por temor a ese abismo que a veces aparece como amenazante para la integridad, identidad del individuo. Una primera evidencia del cambio es la conciencia de las conductas repetitivas. La conciencia crítica deja de percibir las conductas repetitivas como naturales. El cambio es, en primera instancia, experiencia de la imposibilidad de seguir actuando según cánones habituales, y en segunda instancia, conciencia crítica de los contenidos conflictivos de las conductas repetitivas. La conciencia crítica aparece fundada en la evidencia de la disfuncionalidad creadora de las conductas repetitivas. Estas dejan de ser espontáneas, decíamos o automáticas, para convertirse en problemáticas.

Las crisis desencadenan en el individuo ansiedad, constituyen los zig-zags del desarrollo personal frente a cada logro que operan como avanzadas de cambio hasta la situación definitiva: ser un hombre situado, comprometido y adaptado activamente. El sujeto establece una relación dialéctica con el mundo y transforma las cosas: de cosas en sí, en cosas para sí. A través de una praxis permanente, en la medida en que él se modifica, modifica el mundo, en un movimiento de permanente espiral.

Conflicto de pareja

Eduardo O. Martínez, psicólogo especialista en terapia de familia

La familia, en medio de los divorcios, cambios de roles, y la crisis de fin de milenio, va buscando caminos para seguir cumpliendo con su antigua misión: asegurar mediante lazos de afecto y protección la crianza de los hijos. Tres de cada diez matrimonios terminan en divorcio, sin tener en cuenta las numerosas parejas que se forman y desarman sin llegar a los papeles. Sin embargo, la gente no pierde la confianza en los lazos matrimoniales: 30%de las bodas son en segundas nupcias. Muchos volverán a disolverse. En uno de cada cuatro hogares, el jefe de familia es una mujer soltera, viuda o divorciada. Las estadísticas señalan que en nuestro país hay más de 1.200.000 hogares monoparentales, ocho de cada diez son encabezados por una mujer. A esto hay que sumarle mujeres solteras que deciden tener un hijo "por su cuenta". Hay, además, un creciente grupo de varones que solicitan la tenencia de sus hijos; personas solteras (hombres y mujeres) que adoptan chicos, otras parejas deciden tener hijos, pero vivir en diferentes casas.

En medio del desbarajuste, de la velocidad de los cambios, del acomodamiento a nuevas estructuras ¿cómo quedó la familia?, ¿corre peligro de desaparecer o está evolucionando hacia otra forma que se adapte a las necesidades cambiantes de los seres humanos cumpliendo con su FUNCION BASICA Y FUNDAMENTAL: asegurar la crianza de los hijos?

En sociedades primitivas (hombres cazadores - recolectores) que no conocían la función del padre en la procreación, los bebés "salían" del cuerpo de la madre y, por lo tanto, eran de ella y por extensión de la familia materna. El padre biológico quedaba como compañero de la mujer, quien además debía cuidar de los hijos de su hermana. Los lazos de afecto y protección eran tan intensos como los actuales.

Más adelante, con el nacimiento de la agricultura, de la ganadería y la observación de las cruzas de animales SURGIO EL PADRE: el hijo que una mujer llevaba en su vientre era necesariamente el resultado de su unión con el varón y este conocimiento revolucionó las cosas. Los varones quisieron proteger a aquellos bebés que llevaban su sangre (o sus genes).

Las sociedades fueron generando sus propios sistemas de procreación pero el más difundido, a pesar de las crisis es aun el matrimonio conviviente y monogámico de largo plazo. A menudo la familia se ampliaba con abuelos y tíos. Dos o tres generaciones convivían en una misma casa y siempre había alguien en la casa para ocuparse de los niños y los ancianos. Sólo a mediados del siglo pasado la idea del amor invadió el matrimonio; además de tener hijos y criarlos, se esperaba que la pareja se amara durante toda la vida.

En este siglo, por los cambios sociales y económicos, la familia quedó constituida sólo por mamá, papá y los hijos. Pero por la aparición de la píldora anticonceptiva y la consiguiente revolución sexual, y la mayor independencia económica femenina, patearon el tablero y los matrimonios empezaron a tambalearse. Se acentuó la tendencia que se perfilaba desde la Revolución Industrial: menos hijos, más divorcios, cada vez más mujeres que trabajan fuera de casa.

Dentro de este contexto el índice de divorcio no deja de crecer. No se trata de que las parejas se lleven peor que antes, terminan en separación parejas que antes hubieran continuado (aun con indiferencias, infidelidades y rencillas) bajo una fachada de normalidad. Esto es el resultado de un cálculo de conveniencia: la familia unida bajo el mismo techo ya no es el único camino que garantiza el alimento y la crianza de los hijos.

El soñado y dramático juramento "hasta que la muerte los separe" tenía sentido dentro del contexto histórico en el que nació: la gente vivía pocos años, muchas mujeres no pasaban el primer parto y la mayoría de los hombres morían jóvenes en la guerra o agachados sobre el surco.

Pero ¿qué pasa en un mundo con una expectativa de vida de ochenta años y más? ¿Es obligatorio mantener a los 50 un compromiso de amor que se tomó a los 18?

En 1966, la antropóloga Margaret Mead, basándose en sus estudios sobre sociedades primitivas, aseguró que los seres humanos estamos destinados a una monogamia sucesiva: la 1ª pareja se forma por la pasión y el enamoramiento, la 2ª para procrear y la 3ª, la más estable, nace de la necesidad de compañía. Este proceso de matrimonios sucesivos será cada día más intenso: terapias de rejuvenecimiento, técnicas de reproducción asistida harán aumentar las alternativas de formar pareja y tener hijos más allá de los 50 años. A pesar de que más de la tercera parte de los adultos argentinos no creen que el matrimonio sea para toda la vida, la gente mantiene la fe en la pareja y sus beneficios, según el último Censo Nacional, 6 de cada 10 argentinos mayores de 14 años viven en pareja (la mitad legalmente casados).

A pesar de tantos cambios, el instinto gregario y familiero del hombre lleva a formular las normas de convivencia para seguir ofreciéndoles a los chicos un hogar, un ámbito de protección donde crecer y aprender, donde alimentarse y convertirse en adulto. Un gran número de familias está abandonando el modelo tradicional para seguir otro que se adapte a las necesidades de cada uno de los integrantes. Se observa la tendencia que los hijos quedan con la madre y a menudo conviven con las sucesivas parejas de esta. Aquellos varones que tienen a sus propios hijos en otros hogares colaboran con la crianza de los hijos de sus compañeras.

Cuando se rompe un matrimonio, la familia pasa a ser una familia de padres separados, pero sigue siendo una familia. Se llega así al concepto de familia ampliada en un marco en el que las sucesivas parejas de los padres no hacen sino aportar nuevas aristas al modelo de identificación básica que para todo niño es su padre (o madre) biológica. Pero este es un fenómeno muy reciente y para lograr armonizar todas las piezas se necesita esa ayuda profesional. Se trata de entender que un divorcio no es fracaso sino el fin de una etapa al que sigue un nuevo comienzo.

Se observa que muchas mujeres quedan a cargo de los chicos sin contar con el apoyo de sus ex esposos. Pero al mismo tiempo cada vez más hombres están haciéndose cargo de la tenencia de sus hijos y un cierto número de ellos reclama a sus mujeres el correspondiente pago de alimentos. Hay madres solteras, como algo cada vez más frecuente como elección de vida. Otros (varones y mujeres) prefieren adoptar, dándose el fenómeno que en la última década el número de familias monoparentales creció más que el de familias convencionales.

Dentro de este "collage" de situaciones y formas de vida queda claro que el ser humano nació para vivir acompañado aun con divorcios y CONVIVENCIAS a repetición. La gente casada es, en general, más saludable y vive más que quienes eligieron la soltería.


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