Manuel Machado


CANTARES

 

 

Vino, sentimiento, guitarra y poesía

hacen los cantares de la patria mía...

Cantares...

Quien dice cantares, dice Andalucía.

 

 

A la sombra fresca de la vieja parra,

un mozo moreno rasguea la guitarra...

Cantares...

Algo que acaricia y algo que desgarra.

 

 

La prima que canta y el bordón que llora...

Y el tiempo callado se va hora tras hora.

Cantares...

Son dejos fatales de la raza mora.

 

 

No importa la vida, que ya está perdida.

Y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...

Cantares...

Cantando la pena, la pena se olvida.

 

 

Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,

ojos negros, negros, y negra suerte...

Cantares...

En ellos, el alma del alma se vierte.

 

 

Cantares. Cantares de la patria mía...

Cantares son sólo los de Andalucía.

Cantares...

No tiene más notas la guitarra mía.


 

MALAGUEÑAS

 

 

Si te quise, no lo sé;

si me quisiste, tampoco...

Pues... borrón y cuenta nueva;

yo, con otra, y tú con otro.

 

 

Por querer a una mujer,

un hombre perdió la vida,

y aquella mujer perdió...

la diversión que tenía.

 

 

A la orillita del río

me pongo a considerar;

mis penas son como el agua,

que no acaban de pasar.

 

 

Publica la enfermedad

aquel que espera el remedio.

Yo no pregono mis males,

porque curarme no quiero.

 

 

No sólo canta el que canta,

que también canta el que llora...

No hay penita ni alegría

que se quede sin su copla.

 

 

Ya te lo decía yo

que aquello se acabaría;

que en la casa de los pobres

dura poco la alegría.

 

 

Cuando me miras, me matas...,

y si no me miras, más;

son puñales que me clavas

y los vuelves a sacar.

 

 

Cuando me pongo a cantar,

me salen, en vez de coplas,

las lágrimas de los ojos,

los suspiros de la boca.

 

 

¿Para qué quieren oir

y para qué quieren ver

oídos que no la escuchan

y ojitos que no la ven?

 

 

Te quiero porque te quiero,

no por interés ninguno;

dinero, sin gusto, es ná,

y el gusto, siempre es el gusto.

 

 

La Virgen de la Esperanza,

aquella que está en San Gil,

aquella Señora sabe

lo que yo te quiero a tí.

 

 

Con toíto lo que puede

el Señor del Gran Poder,

me dijo que no podía

curarme de tu querer.

 

 

¡Ay Maresita del Carmen!

¡Qué pena tan grande es

estar juntito del agua

y no poderla beber!

 

 


DESPEDIDA A LA LUNA

 

 

Yo fui, en mi tiempo mejor,

víctima -como el poeta-

de la pálida coqueta

del crimen y del amor.

 

 

Te amé, Noche, en el placer,

morena ardiente y sabida;

mas ya, mi vieja querida,

no son los tiempos de ayer.

 

 

Todas mis ternuras son

para mi joven esposa,

que es la mañana de rosa

que nace en mi corazón.

 

 

Tuve amores..., amoríos

pasajeros más que flores;

amores que no eran míos;

ni siquiera eran amores.

 

 

Pero, en ellos, de mil modos

mi juventud embriagué:

todas sus mieles y todos

sus acíbares gusté.

 

 

Imaginación, pasión,

en sus garras me han tenido,

y casi se ha consumido

ardiendo mi corazón.

 

 

Mas, como la buena brasa,

que de ceniza se cubre,

aún guardo candela en casa

para el prematuro octubre.

 

 

Deje el vagar infeliz

y la tristeza infinita

de un vivir cosmopolita,

sin amparo y sin raíz.

 

 

por la ventura posible

y por la dicha segura

y por la tibia dulzura

de un amor más apacible.

 

 

Volví de París, en fin,

donde nos hemos querido,

y he puesto ya en el olvido

mis venturas de Arlequín.

 

 

De tonos negros y rojos

limpiándose el alma va.

Mira el paisaje que está

en el cristal de mis ojos.

 

 

Es el campo, y amanece;

los árboles se cimbrean

y, orgullosos, cabecean

al despertar, y parece

 

 

que de cantar tienen gana

y que se tienden de risa

las mieses, bajo la brisa

alegre de la mañana.

 

 

Alegre el río retrata

el cielo, verdece el suelo,

y al aire, al campo y al cielo

dice, con su voz de plata:

 

 

"Vivir es supremo bien;

y, mejor que inteligente,

hay que ser bueno y valiente,

mirar claro y hablar bien."

 


Hosted by www.Geocities.ws

1