
Gustav Klimt
1862 - 1918
Nació el 14 de Julio de 1862 en Baumgarten, cerca de Viena, ingresó en la Escuela de Artes y Oficios de Viena a los 14 años, teniendo como profesores a Ferdinand Laufberger y Julius Victor Berger, hasta los 21 años de edad. Sus primeras obras las hizo junto a su hermano Ernst, que también estudiaba en la misma escuela; fueron retratos, que cobraba a 6 florines, a partir de fotografías. Luego los dos hermanos, junto a su amigo Franz Marsch, realizan numerosos encargos, como decorar el patio del Kunsthistorisches Museum, la decoración de la villa Hermes (lugar de reposo de la emperatriz Isabel), etc. En el año 1886, Klimt empieza a practicar un estilo diferenciado del de su hermano y su amigo Marsch, por lo que deciden pintar cada uno por su cuenta. En 1888 Gustav Klimt recibe de manos del emperador Francisco José, la Medalla de Oro al Mérito, por su creación artística. En 1892 muere su padre y su hermano Ernst. En 1893 le es negado, por parte del ministro de cultura, el nombramiento como catedrático de la Academia de Arte. En 1897 pinta sus primeros paisajes junto al lago Atter, donde pasa los veranos con su amiga Emilie Flöge. En 1900, su cuadro Filosofía recibe la medalla de oro en la Exposición Universal de París. En 1911 Muerte y Vida recibe el primer premio en la Exposición Universal de Roma. Ese mismo año viaja por Florencia, Roma, Bruselas, Londres y Madrid. Es elegido en 1917 miembro de honor de las academias de arte de Viena y Münich. Muere el 6 de febrero de 1918 de un ataque de apoplejía.

Gustav Klimt con bata de pintor, sosteniendo un gato, en Viena.

El beso - 1907/08

Retrato de Adele Bloch-Bauer I - 1907
"Todo Arte es erótico" declaró Adolf Loos en "Ornament und Verbrechen" (Ornamento y Crimen). Mucho antes de que la historia atribuyera al expresionismo y al surrealismo el mérito de haber expuesto abiertamente la sexualidad en el campo del arte, ya Gustav Klimt había convertido el tema en el leitmotiv de su obra. La atmósfera de su Viena, indolente y exaltada a un tiempo, incita ostensiblemente a poner en escena el erotismo como elemento determinante de la mujer.
"El primero de los ornamentos, la cruz, era de origen erótico. La primera obra de arte, el primer acto artístico realizado por el primer artista que, para liberar sus excesos, dibujó en una pared. Una raya horizontal: la mujer yacente. Una raya vertical: el hombre que la penetra... Pero el hombre de nuestro tiempo que, por impulso interior, ensucia las paredes con símbolos eróticos, es un criminal o un degenerado...Dado que el ornamento ya no está orgánicamente relacionado con nuestra cultura, tampoco es la expresión de nuestra cultura"....... Con este artículo, Loos pretende estigmatizar la "suciedad erótica", de cuyo abuso acusa a Klimt. La mujer es su tema exclusivo: la pinta desnuda o ricamente adornada, en movimiento, sentada, de pie, yacente, en todas las posiciones y gestos, incluso los más secretos... Preparada para el abrazo, en éxtasis, en sensual expectación... Como Rodin, con quien comparte esta pasión por la representación de la mujer en todos sus estados de ánimo, necesita durante su trabajo constantemente dos o tres modelos desnudas en su estudio, sin pintarlas realmente. Como ardiente mirón, un dibujante que iguala a un reportero sensacionalista, las pinta en la posición que le excita a él, en el movimiento que despierta su líbido. Y también a nosotros, que observamos el resultado de su trabajo, nos convierte en mirones y ´cómplices. Contemplamos un cuerpo femenino sobre una cama, descubriendo toda su sensualidad natural y todas sus actividades secretas.

Se conservan más de 3000 dibujos de Klimt. Después de haber sido descuidados durante largo tiempo, hoy se consideran un complemento esencial de sus pinturas. Los dibujos de Klimt muestran, efectivamente, el proceso creativo de las obras, reflejan su esfuerzo diario por captar la realidad, el planteamiento de las composiciones y sus variantes. Como sucede con las obras de los artistas japoneses, de la relación cambiante entre lo exhibido y lo oculto surge la tensión erótica que seduce al espectador. La íntima relación del artista con su modelo es a menudo tan clara, que uno, al contemplar un dibujo de Klimt, tiene la sensación de ser indiscreto, de penetrar en una esfera íntima, en breve, de ser un mirón. Pero, ¿no és exactamente eso lo que quería Klimt, convertirnos en mirones? Ese hombre que ha dicho de sus propios dibujos que son un homenaje a "la raza ingenua y voluptuosa de los hipersensibles", a la que él mismo pertenecía.

Los dibujos de Klimt son la quintaesencia de la sensualidad. Carecen de la agresividad y desesperación de los dibujos de Schiele, del cinismo de Picasso, del salvajismo de Tolouse-Lautrec. Su erotismo es siempre, como en Igres o Matisse, refinado y elegante. Su sensualidad da testimonio de su gusto por el esteticismo decadente, algo que nadie puede quitarle o prohibirle, como Loos hubiera querido. Esta mezcla de erotismo y esteticismo forma también parte de la representación de las poses más osadas y provocantes o de la reproducción detallada de las zonas erógenas del cuerpo. Klimt no es nunca atroz o vulgar, aún cuando se le ha tachado de pornográfico. El dibujante Klimt parece coquetear siempre con el objeto de su pintura. Es el dibujo de un amante cariñoso que acaricia con ternura el cuerpo amado para excitarlo en cada posición, y es el intento de retener un momento del éxtasis para hacer de él un algo de eternidad. uno se adentra en este mundo como en un templo cuyas columnas son muslos de mujeres, un templo que recorremos para elevarnos al cielo.

Las amigas - 1916/17
Klimt, el gran "mirón" de la vida, amante de las mujeres y servidor del eros, gusta de multiplicar los cuerpos de sus seres carnosos y prefiere representar el amor de las mujeres (como ya hiciera en Serpientes marinas I y II, y poco antes de su muerte en Las amigas) a introducir al hombre en sus cuadros. Y cuando lo hace, parece como si el hombre le diera pena, como por ejemplo en el cuadro inacabado Adán y Eva. El hombre es, también aquí, únicamente accesorio, no la figura principal del cuadro. El centro de gravedad está en Eva, regordeta como una vienesa bien alimentada. Incluso los tonos de la carne son diferentes en las figuras femeninas y masculinas, una técnica que el artista toma de la antigua pintura de vasijas. El estilo es menos denso, la fiel reproducción fotográfica ha cedido el paso a un compromiso entre la representación superficial y espacial. La mujer fatal se ha vuelto más accesible, está a nuestra disposición, espera...

Danae - 1907/08
A su muerte, por un ataque de apoplejía en febrero de 1918, quedan inacabados cuadros como el Retrato de Johanna Staude o la famosa pintura La novia. Estos cuadros nos permiten penetrar en el mundo de Klimt, que, al irse, nos ha dejado la puerta abierta. Ahora es evidente que el dibujo de Klimt, antes de que la imagen sea reconocible a través del revelado, se parece a un clisé. El desnudo, dibujado en toda su intimidad, se va cubriendo de colores paulatinamente en el baño revelador, como por arte de magia o por un sentimiento de vergüenza.

La novia - 1917/18
De este modo, toda la obra de Klimt se hace realidad en la primera parte del discurso de Loos: "Todo arte es erótico", pero rechaza radicalmente la segunda afirmación, según la cual "el ornamento no está en relación con la civilización". Por el contrario, la plétora decorativa significa para Klimt un enriquecimiento de la realidad, pues (como más tarde harían también los surrealistas con el sueño freudiano) ello le permite hacer penetrar el inconsciente en la vida consciente. La hermosura de la mujer, enaltecida mediante los colores y los dorados del esteticismo, permite a Klimt recrear la magnificencia del paraiso perdido, donde el hombre, condenado a una prosperidad transitoria, puede disfrutar momentos de la más sublime felicidad antes de volver a sumergirse en el eterno ciclo vital de la naturaleza.

