El estilo Art Déco

Como sucede con todas las obras de arte, es difícil señalar con exactitud de dónde surgen las ideas o la inspiración para un estilo. Pero ¿por qué el Art Déco fue tan especial, tan diferente? Hay muchas razones. El Art Déco fue el primer estilo auténtico del siglo XX; además, fue internacional. El hecho de que apareciera en ese momento y con tanta oportunidad es casi accidental, fue un estilo que podía adaptarse a cualquier objeto producido por el hombre, fuera cual fuese su aplicación o su coste. Además, surgió en una época en la que los nuevos sistemas de comunicación aseguraron su rápida difusión. Finalmente, y sobre todo, fuel el último estilo total. Como el barroco, el clasicismo o el estilo regencia, el Art Déco podía adornar una casa, un yate o un cuchillo. Desde entonces, nada ha coloreado e iluminado tanto nuestra vida.

Que el Art Déco fue el estilo del período de entreguerras es indiscutible, pero ¿por qué este estilo concreto? Las modas tienden a ser cíclicas, ¿por qué no un neo-barroco, por ejemplo? ¿Por qué la gente apostó por lo nuevo cuando podían haber modernizado lo antiguo? Es aquí donde radica el secreto. El Art Déco hizo exactamente eso: re-presentó lo viejo, pero condimentándolo con nuevos ingredientes. Parte del interés actual por el Art Déco es pura nostalgia -el charlestón y las primeras películas-, pero en su época la perspectiva era totalmente distinta.

El espíritu del Art Déco era el espíritu de la modernidad. Aun cuando adaptara estilos antiguos para su propio uso, sigue siendo el estilo de lo nuevo. Una pieza Art Déco puede ser apreciada por su forma, por el arte inherente a su factura y, dado que cada objeto tiene su lugar en la historia, también por ser una muestra del pasado. En las puertas de un nuevo siglo, sólo nuestros abuelos pueden recordar la sorpresa y excitación de ver un automóvil, de un primer viaje en avión, de la primera radio, teléfono, y más tarde televisión. Saciados y hastiados de la actual superabundancia de nueva tecnología, nos es fácil olvidar que siempre hay una primera vez. Cada paso hacia lo nuevo debió de haber tenido el impacto del primer hombre en la Luna. El Art Déco fue el estilo de una época que no podía perdurar y que buscaba en esa época su contenido, su significado y a menudo sus temas.

El Art Déco fue el estilo moderno, pero surgió con tantas direcciones diferentes como aplicaciones tuvo. Alcanzó su mayor cohesión en la Exposición de París de 1925, que también era el París de Pablo Picasso, Georges Braque, Fernand Léger y Robert y Sonia Delaunay. Piezas Art Déco tales como un encendedor decorado por Gérard Sandoz, un servicio de té de plata de Jean Puiforcat o un plato de la fábrica Royal Doulton no pudieron haber sido concebidos antes de 1910. El Art Déco es esencialmente un estilo aplicado a las artes aplicadas, aunque la mayor parte de sus fuentes radican en las bellas artes, arquitectura, escultura y pintura.

París fue el escenario en el que se han librado casi todas las batallas del arte moderno. La rapidez con la que un estilo ha seguido a otro desde entonces ha hecho casi imposible discernir una dirección perdurable hoy. Desde el impresionismo, pasando por el post-impresionismo, simbolismo, cubismo, futurismo, orfismo, constructivismo, purismo, surrealismo y vorticismo, cada "ismo" ha sido sustituido por el siguiente con desarmante regularidad. Lo que muchos de estos "ismos" tienen en común, lo que iba a ser de gran importancia para el Art Déco, era que compartían una tendencia hacia la abstracción, un movimiento desde el obvio tema subjetivo hacia los elementos básicos de la pintura o escultura, de modo que la forma, el color, la línea y el volumen adquirieron importancia por sí mismos. Se suponía que los sentimientos y sensibilidad del artista se reflejarían mediante la manipulación esas variables infinitamente flexibles. La arquitectura tenía la necesidad adicional de ser funcional: proteger de la lluvia, mantener el calor, proporcionar un espacio habitable. El ornamento no es absolutamente necesario en un edificio ni en los objetos cotidianos. Las teteras sirven para echar el té y mantenerlo caliente, un plato es para comer.

Las artes decorativas en estilo Art Déco oscilaban entre lo puramente funcional, con decoración simple y clara, y el puro ornamento. He aquí por qué es imposible hablar de un sólo Art Déco: había tantas tendencias, híbridos y corrientes, como artistas. El camino más fácil para comprender y componer el rompecabezas es averiguar de dónde vino el Art Déco y cuáles fueron sus fuentes.

Cuando en 1907-8 Picasso y Braque iniciaron juntos su viaje a través de los radicales descubrimientos que conducirían al cubismo, "encordados como montañeros", tansformaron el arte tal como se entendía entonces. Las olas producidas por este cambio atravesaron Europa hasta Rusia y llegaron hasta Norteamérica en menos de cinco años. Los artistas italianos Severini, Boccioni y Marinetti se unieron rápidamente bajo la bandera futurista; en Holanda los arquitectos, diseñadores y pintores Gerrit Rietveld, Bart van der Leck y Piet Mondrian formaron De Stijl, y en Rusia se concibió el constructivismo. En Inglaterra surgió el vorticismo, en Alemania se fundó la Bauhaus pocos años después, y, otra vez en París, apareció el orfismo. Picasso había dado a luz la abstracción. El proceso del arte se había convertido en una búsqueda, un experimento. Nació el modernismo, se inventó la vanguardia. Ya era factible, y en el fondo necesario, probar todas las infinitas opciones, jugar a juegos intelectuales y extender y expandir las fronteras del arte. Estar a la cabeza de la propia época, o al menos marchar a su ritmo, ir hacia delante, era ser modernista. Los diseñadores de la misma opinión podían aplicar estos principios a las artes decorativas y conseguir algo enteramente novedoso. De una forma menor podían aplicar los esquemas de color de un cuadro de Mondrian, Gontcharova, El Lissitzky, Wyndham Lewis o, aún más sencillo, del cuadro de Malevich Cuadrado blanco sobre fondo negro, y lograr la simplicidad. En la transición desde las bellas artes a las artes aplicadas, el motivo más simple había pasado de ser chocante, vanguardista y desconcertante, a ser aceptado y meramente decorativo.

El Art Nouveau tuvo una importancia capital en el nacimiento del Art Déco, aunque sólo fuera como un estilo contra el cual reaccionar. Igualmente las obras de Hoffmann, Olbrich, Pêche y Moser, fundadores de la Wiener Werkstätte a principios de siglo, reflejan con anticipación un estilo que, refinado, se parece mucho al primitivo Art Déco. Otra influencia, probablemente la más importante de todas, fue el arte primitivo. Ya pintores como Van Gogh y Whistler se habían inspirado en grabados japoneses. Más tarde Derain y Picasso se volvieron hacia el arte africano, y posteriormente Matisse se basará en el potencial decorativo de Marruecos. Lo que sucedió durante los últimos años del siglo XIX fue una revalorización del arte primitivo. Los museos de toda Europa habían redescubierto y desempolvado sus colecciones de arte primitivo, abriendo la viejas vitrinas repletas de antiguos artefactos todos mezclados y volviendo a disponerlos como obras de arte. Todo aquello que no fuera europeo obtenía al final un reconocimiento como algo con cierto valor artístico. En efecto, Europa apartaba la mirada de una sociedad enferma que había elegido masacrar a su juventud en los campos de batalla del Somme para fijarla en un arte que era primitivo, natural y permanecía intacto. Esto fue particularmente relevante para el Art Déco, ya que en la época en la que este estilo empezó a desarrollarse, la tendencia hacia lo primitivo no era una alternativa, sino una obligación.

Nadie que recuerde París en el primer cuarto de este siglo podría ignorar el impacto de los ballets rusos sobre el arte. Dirigidos por su apasionado Svengali y empresario Serge Diaghilev, sus diseños escenográficos y de vestuario mezclaban lo oriental con lo occidental, la vanguardia con lo primitivo, Leon Bakst, su diseñador más famoso, realizó vestidos cuya extravagancia y orientalismo causaron un auténtico shock al público parisino. La producción de Sheherezade por Diaghilev fue un derroche de ricos colores que inspiraron la tendencia decorativa más extremista del Art Déco y del diseño de interiores. Más ambiciosos aún en estilo Art Déco fueron los miles de dibujos en gouache de Erté para escenografías. Las sinuosas curvas de vestidos y cortinajes caían ante un telón de fondo rígidamente simple pero evocador. Ventanales elegantemente arqueados se abrían sobre interiores adornados con camas cubiertas con pieles de leopardo y muebles de líneas abstractas, animados por bailarinas vestidas a la oriental. Éste fue parte del legado de Diaghilev al Art Déco. Por si esto no fuera suficiente, también incorporó lo último en danza, música y diseño contemporáneos. En 1917 el ballet Parade empleó el talento de Picasso como diseñador escenográfico, Erik Satie como compositor y Jean Cocteau como coreógrafo. En años posteriores Diaghilev involucró además a rusos como Naum Gabo, Antoine Pevsner y Larionov, cuyos escenarios constructivistas exhibirían una ultrajante pureza formal que continuó estimulando los extremos más austeros y minimales del Art Déco.

Si los ballets rusos pusieron de moda el arte oriental, el arte mexicano, egipcio y el de los indios de Norteamérica y Sudamérica fue igualmente importante. La influencia egipcia, así como la africana, son evidentes en las sillas de Pierre Legrain. Son pesadas y sólidas piezas de mobiliario, toscas y hechas para durar, al igual que los primeros aparatos de radio y los relojes triangulares para repisas de chimenea que instantáneamente recuerdan a las pirámides egipcias o a los templos aztecas. Lo que el Art Déco enseñaba, y el público aprendió, fue la audacia del diseño. Si los colores tenían que ser brillantes, lo eran hasta el deslumbramiento, si las líneas debían ser nítidas, eran tan austeras y duras como la escalinata de un templo. Lo obvio podía ser elegante.

La última y una de las influencias más evidentes sobre el Art Déco procede de cualquier esquina, de cualquier casa, fábrica y tienda, del mar y del aire. El siglo XX es la era de la máquina. El Art Déco fue moderno porque utilizó como inspiración aspectos del diseño maquinista: las alas de un aeroplano, la proa de un barco, el ojo de buey de las cabinas de los nuevos transatlánticos, los dientes y ruedas de una máquina de coser o de un motor de automóvil. Fue incluso más moderno porque aceleró la adopción de nuevos materiales como los plásticos, la baquelita y el cromo.

La mezcla de todas estas influencias conformó al Art Déco como el estilo que hoy conocemos. En las manos del genio, los objetos trascendieron sus fuentes. En manos de diseñadores competentes, o de plagiarios, pudieron ser monótonos o deslumbrantes, pero no obstante fueron verdaderamente Art Déco.

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