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30 Enero, 2001
P_E_R_U<---- PROYECTO ESTUDIANTIL DE REFORMA UNIVERSITARIA
INTRODUCCIÓN

En el presente ensayo trataremos de enfocar someramente aspectos que han llamado nuestra atención durante el tiempo en que se estudió el Tema de la Reforma Universitaria.
Pensar en que una Reforma Universitaria llegará, así como llega una novedad a nuestro país, sería desperdiciar la oportunidad más valiosa para emprender un cambio de rumbo que beneficie a nuestra Nación (la que vendrá) y a toda una región posiblemente. El contexto actual, mundialmente muestra el juego de intereses que rigen los destinos de millones de personas. Luego, el desarrollo de países o regiones queda supeditado a las decisiones de estos grupos de poder. Pensar en el cambio o desarrollo de la Educación Universitaria, implica uh cambio radical, un cambio en la concepción, fines y funciones de la Universidad, además comprometería no sólo a los actores universitarios, sino a la sociedad donde se desarrolla esta actividad académica, es decir las aulas y el campo de acción, éste último vasto en nuestro país.
Es difícil aceptar que la participación de los alumnos ha quedado relegada a lo que con muy buena intención está realizando la OCU – MED y otras iniciativas más, que son mínimas en comparación de lo que realmente debería acondicionar una Reforma Educativa, como es la Reforma Universitaria. Sin embargo, la generación joven actual, carece de referentes, a nivel social, político e ideológico. Es por ello muy importante todo lo que podamos hacer de manera conjunta en la sociedad por sacar adelante una pieza clave en el desarrollo del país. La Reforma Universitaria está muy lejos del común alumno. A pesar de ello se respira en el ambiente avidez de propuestas, de asumir liderazgos, pero como lo dije anteriormente, no tenemos referentes.
Esperamos que todas las propuestas sean tomadas en cuenta, y que en algún momento, todos tengamos acceso a los diferentes ensayos o propuestas mandadas por estudiantes universitarios del Perú.
Sólo una reflexión más. Si lo que está escrito no es referente de las generaciones que vienen, hemos vuelto a perder la gran oportunidad del gran cambio por la Gran Patria que nos merecemos, todos los que amamos a nuestro país y que estamos dispuestos a proponer y luchar por que el cambio real llegue...pero por nuestro propio esfuerzo.

I. La Universidad en el contexto de la Globalización

En nuestro país el presupuesto en la educación superior no es el óptimo para el desarrollo social, científico y tecnológico. Esto nos aparta, como es evidente, de la inserción mundial por las vías de la competitividad. La función de la universidad casi se ha visto reducida a producir mano de obra para el sector empresarial (nacional o internacional) antes que investigadores o científicos en toda la gama de opciones que ésta presenta.

Dentro del sistema económico que impera en Latinoamericana (neoliberalismo) las sociedades son orientadas dentro de un esquema de consumismo a no producir conocimiento, o si es que se producen, sólo es para proyectarlo en intereses ajenos al espíritu de la investigación. “Que el globo sea el marco de referencia de nuestras acciones quiere decir que el mundo entero se convierte en nuestra aldea, en el espacio de sentido de la acción humana. Todo otro espacio, el espacio nacional, por ejemplo, comienza a quedar estrecho, resulta insuficiente para proveer de sentido al hombre y sus acciones” .
Es muy difícil concebir a la universidad como gestora o impulsora de desarrollo si es que su campo de acción se ve reducido a servir para fines lucrativos en función de la producción de bienes (que no siempre están ligados a lo que es su especialidad) y no para la producción de conocimiento apuntando a la creación individual con fines académicos y a su repercusión en la sociedad.

La universidad pública políticamente muchas veces ha sido utilizada para beneficiar al gobierno de turno o a sus propias autoridades (ONPE en el 2000 utilizó la infraestructura de la UNI para encubrir un fraude electoral; muchos rectores aspiran a tener un cargo político luego y utilizan las universidades como medio para conseguirlo) en desmedro del nivel académico de ésta.
Como un país pluricultural debemos pensar que la universidad debe partir de la identificación local, tomando en cuenta el medio, sus potenciales y el nivel socio-económico para su desarrollo. Las costumbres, así como el medio geográfico son dejados de lado cuando se piensa en la universidad, cuando allí radica la esencia del desarrollo y superación tanto de la universidad como de la sociedad que la rodea. “La universidad alternativa que necesitamos es producto de un proyecto de sociedad que se forma también al interior de las viejas universidades”

La demanda de estudios superiores ha ido creciendo conforme pasan los años. Esto refleja la idea que se tiene de universidad, la que sido mal interpretada por el grueso de la población, pensando que si uno quiere estudiar algo, será en la universidad. En una sociedad desarrollada, el mayor porcentaje de profesionales es técnico y no universitario. Sin embargo un porcentaje de los egresados universitarios terminan haciendo trabajos que le competen a los técnicos, y por pagos que distan mucho de lo que se hubiera propuesto ganar. En plena era de las informaciones, somos poco conocedores y menos aún usuarios de las bondades que la tecnología nos da. En algunos casos se mal utilizan estos avances o se acaparan para no dar a otros la oportunidad de aprovecharlos (nuestra idiosincrasia es en promedio así) debemos abrir el reducido concepto de universidad y ampliarlo en términos de desarrollo universal del ser humano en función de tal o cual carrera. No estamos a un nivel siquiera aceptable. En nuestras universidades públicas, en lo último en que se piensa es en el equipamiento (por ejemplo de computadoras) y cuando se invierte en algo, es poco probable que los estudiantes lo puedan utilizar con las libertades que debieran conferirle a un universitario. Normalmente, cuando se invierte en la adquisición de equipos, es para que con éstos, la universidad recaude recursos económicos.

Si no invertimos en el desarrollo de tecnología propia, si no incentivamos a la sociedad a identificarse con el rol social de la universidad, poco podemos esperar de los profesionales universitarios. La universidad debe ser la incubadora donde se formarán los profesionales que sacarán de manera autónoma y con ideas propias adelante a nuestro país. Debemos recordar que la mayoría de dirigentes – a todo nivel – han salido de alguna universidad, lo que implica que allí se deben de dar las condiciones para que se formen personas de libre pensamiento y con parámetros suficientes para que tanto a nivel interno como externo den muestras de lo que significa haber estudiado en el Perú.

II. La Universidad y la Sociedad Peruana

La universidad es fiel reflejo de la sociedad en la que se desenvuelve. Bastaría ver la diferencia entre las universidades públicas, en las que las reglas no son respetadas por la mayoría de actores (profesores incumplidos, infraestructura dañada y mal utilizada, estudiantes que escriben obscenidades en los baños), y las particulares en las que el alumno se adapta rápidamente a las normas por el hecho de estar pagando (pudiendo el estudiante tener otro comportamiento en una universidad pública).

Desde principios de la década de los años veinte se supuso un cambio de orientación en la universidad peruana, éste motivado por la gesta de los estudiantes de Córdoba, en Argentina, pero no continuado: “no son de negar el talento, la cultura, la buena fe de los hombres cultos en las clases prominentes, algunos de cuyos miembros pueden ser modelo de seriedad intelectual y de probidad. Pero pecaron por desidia, por intermitencia en el trabajo, por preocupaciones desorientadoras, ya sea sociales (en el sentido corriente o mundano), ya sea profesionales.” La universidad siguió el curso que las autoridades estimaron manejable y los estudiantes “victoriosos” quedaron relegados a ser una vez más espectadores de un supuesto cambio.

Si bien decimos que la universidad debe formar profesionales con capacidades para dar soluciones a los problemas que les compete, existe un divorcio desde su creación, entre la obra universitaria y la realidad nacional: “un triste destino se ha cernido sobre nuestra Universidad y ha determinado que llene principalmente un fin profesional y tal vez de snobismo científico; pero no un fin educativo y mucho menos un fin de afirmación de la conciencia nacional (...) se destaca este rasgo desagradable y funesto: su falta de vinculación con la realidad nacional, con la vida de nuestro medio, con las necesidades y aspiraciones del país” .

Los modelos de educación superior universitaria implantados siguieron desde sus inicios modelos occidentales. Nunca partieron de la propia cultura para pensar en el desarrollo de la ciencia, que asumimos es el fin de la vída universitaria. Hasta hoy seguimos imitando o buscando imitar los modelos y el tipo de desarrollo de otras culturas.

El contexto actual de la universidad, la presenta como un vago referente de la vida democrática. El acceso a la educación universitaria está necesariamente restringido a los recursos económicos con los que cuenta la familia. Los estudiantes podrían ser vistos como clientes al igual que las autoridades como un directorio de gerentes de una empresa cualquiera con fines lucrativos. Esto lo demuestra la promulgación de dos decretos legislativos de la década pasada: D.L.882 “de inversión privada en la educación”, por el cual se permitió la creación de por lo menos dieciocho universidades lucrativas (avalada por el CONAFU ), las que no necesariamente cumplen los estándares establecidos mundialmente. A cambio del dinero de los estudiantes no es seguro que les estén dando la educación que ellos requieran (que la Nación requiera). El D.L. 739, sustentado en la crisis universitaria por motivos de terrorismo, tocó la membrana más sensible de nuestra mal formada sociedad: la economía. Mediante este decreto se le obliga al estudiante a pagar por curso jalado, condiciona su situación como alumno regular al número de créditos que estudie por ciclo, y facilita el grado de bachiller supeditándolo al ámbito laboral sobretodo en el aspecto empresarial antes que en el académico. Lo curioso de este decreto es que si se asume que estos cobros pasan a ser recursos directamente recaudados por cada facultad, en el caso – y es lo óptimo – de que ningún alumno desapruebe algún curso, la Facultad se vería perjudicada económicamente, más allá de la poca transparencia que han demostrado en el uso de estos recursos las autoridades.
La relación estado-sociedad-universidad son por decir lo menos aparentes, ni el Estado invierte concienzudamente en la educación universitaria, ni la sociedad se identifica con el rol de la universidad, ni la universidad se preocupa en dar soluciones a los problemas de la sociedad ni en mejorar, en muchos casos, su nivel académico. “No es posible democratizar la enseñanza de un país sin democratizar su economía y sin democratizar, por ende, su superestructura política”


Resulta perjudicial concebir - como se está haciendo - a la universidad como una empresa que se dedica a la recaudación de ingresos, supeditando su rol a mantener las cifras en “azules” y entrando a una competencia sin treguas con las demás “universidades” con tal de captar más estudiantes (clientes) sin antes preocuparse por el desarrollo académico de las mismas.

Mientras que en otros países se invierte en la educación superior no pensando en obtener utilidades inmediatas, aquí el estado y la nación lo ven como un gasto, sin pensar en los beneficios que podrían tener luego. Claro está que viendo a la universidad de esa manera poco o nada podremos pedirle a los profesionales que de éstas saldrán y menos aún a los docentes, que a fin de cuentas, estudiantes también fueron y acarrean esa tradicional tara.

Tenemos que ser conscientes que no por tener más universidades, el nivel de vida de una nación subirá. Asimismo, debemos contemplar la ubicuidad de estos centros (o de otros centros de educación superior) para obtener el mayor provecho a favor de la misma sociedad en la que se desenvuelva. Implica necesariamente que cada región es responsable del funcionamiento de sus centros de estudio superiores normando y adecuándolos a su necesidad.


III. La Universidad y la importancia de la producción del conocimiento

El nivel educativo superior gira en torno a los intereses económicos de los sectores poderosos del país (empresarios, políticos, etc.), prueba de ello es la explosión de la oferta educativa en función al lucro de algunos sectores así como la inversión en mecanismos de generación de recursos económicos, antes de repotenciar la infraestructura donde se desarrolla la vida universitaria (en la UNI se invirtió gran cantidad de dinero en la edificación de un Estadio y un Teatro, los cuales no son usados con libertad por los miembros universitarios, pero que significan cuantiosas sumas para la administración central por el alquiler de los mismos).

La universidad debe ser la principal gestora de la creación de conocimiento. Desde que un estudiante ingresa debe dedicarse a estudiar y ser un excelente profesional. Pero la realidad hace que un porcentaje significativo tenga que también trabajar. Para estas personas el sistema actual no les es propicio para terminar sus estudios, más allá del pobre nivel académico que ostentar conseguir. La pregunta es ¿ Creación de conocimiento, tecnología, etc... para qué? No pensamos que somos capaces de algún día tener una comunidad competitivamente científica. Pensamos en el corto plazo, en los beneficios inmediatos, es por ello que la mayoría relaciona estos beneficios al beneficio económico, y justamente de eso se encarga hoy la universidad: no amplía el criterio de los estudiantes, más bien los enmarca en apreciaciones que distan de las académicas. Y es que el sistema social está dado de esa manera, y de tiempo atrás: “mientras subsista el actual régimen social, la Reforma no podrá tocar las raíces recónditas del problema educacional” .

Se suele confundir un profesional de una persona técnicamente capaz. La formación humanista (o enfocada desde la perspectiva del ser humano) no es la principal preocupación de los que dirigen los rumbos de la universidad (autoridades y estudiantes), y es que, al recibir un tipo de educación básica, luego pasar por una incomprensible etapa de “preparación”, entrar a la universidad significa un logro (no sobre la base de la ciencia más sí de la habilidad) y no un comienzo hacia la formación integral a la que podríamos aspirar llegar, acorde a un buen funcionamiento y una buena orientación de la universidad. En las universidades públicas no es seguro contar con una plana de docentes altamente calificada, como si ocurre en las privadas (donde un profesor gana mejor). De allí se desprende que e l nivel educativo está en manos de gente no necesariamente apta para conducir el presente de futuros profesionales. Peor si pensamos en que muchas veces la universidades es el “plan piloto de autoseguro económico familiar” de muchos docentes y hasta trabajadores, que a lo largo de los años ha ido viendo la manera más fácil y eficaz de beneficiarse con los recursos del Estado, que como bien sabemos, no cuentan con resguardo de ningún tipo y están a merced de los que puedan acceder –con cualquier fin- a ellos. Dentro de este esquema, los recursos destinados a la fortificación de la sociedad académica, son potencialmente utilizados en obras sin trascendencia con relación a lo que es el fin de la universidad.

En el plano pedagógico, sería bueno señalar la poca capacitación que reciben los docentes para desempeñar su función. Vemos casos en los que el docente utiliza mecanismos y metodologías obsoletas para el aprendizaje, y muchas veces se debe al desconocimiento del funcionamiento de mejores medios para su desempeño, por parte de la plana docente. Es muy raro encontrar docentes que tengan en mente un cambio en lo que a enseñanza se refiere. Sin embargo, la avidez con la que recogen algunos temas referidos a su permanencia en la universidad podría darnos la impresión de que al menos podrían ser capaces de reformar su propio papel dentro del espectro universitario, y por tanto social.

En esta era de las informaciones y del conocimiento, deberíamos apuntar a la multidisciplinariedad. Partiendo de un conocimiento básico global, podremos enfocar nuestro campo de acción a una realidad aún más amplia, con la seguridad de tener conceptos o nociones claros que puedan servir de eslabones en la consecución de algún proyecto o estudio. No sería raro apuntar a generar cadenas de materias de ciertas especialidades, que pudieran complementarse o juntarse indistintamente entre sí, procurando orientar a cada futuro profesional sobre en qué área pudiera especializarse, así como también descubrir nuevas especialidades acordes a nuestras potencialidades, y buscando el desarrollo de la sociedad reconociéndose ésta como productora de bienes en general (económicos, de conocimiento, etc).

Los grados y títulos han depreciado su valor. Si antes un estudiante debía hacer una tesis para ser bachiller, hoy al completar el número de créditos establecidos, ya obtiene el grado de bachiller. Esto fue implantado para facilitar el acceso a puestos de trabajo a los que culminan sus estudios. Pero también ha servido para que muchos no opten por la titulación al estar dentro de un trabajos que le significa inversión casi total de su tiempo, más allá de los ingresos económicos, que podría apaciguar cualquier interés por profundizar en algún campo de acción de su especialidad. Con los títulos ocurre algo similar. Hoy pueden titularse llevando un año de cursos complementarios, lo que equivale a una tesis. Es en ese sentido que el aspecto de la investigación y el amor por el conocimiento se ve dejado de lado, por la comodidad y celeridad por obtener un grado que al fin de cuentas no refleja la real capacidad de quien lo ostenta.

Preocupante es ver las cifras sobre estudiantes de educación universitaria. Del cien por cien de estudiantes que ingresan a la universidad menos del 50 por ciento terminan su carrera y menor aún es el porcentaje que accede a un título, una maestría o un doctorado. Refleja esto entonces la poca coherencia entre el sistema y la demanda de estudiantes. Cabe señalar que este porcentaje que ingresa a la universidad es mínimo en comparación a la masa juvenil en edad de estudios.

Para crear conocimiento debe haber un compromiso entre el sector estatal, el sector privado y la sociedad. Si la universidad se beneficia y tiene lo favorable para desarrollar sus actividades, el estado, y por ende la Nación se verían positivamente afectados, pues si hay investigación habrá puestos de trabajo, y enfocados al academicismo, sin necesidad de ser estudiante universitario. El sector privado podría generar espacios donde los estudiantes podrían desempeñarse como investigadores, pero no con un fin de lucro desde la empresa, sino como un apoyo a una gama de acción con el fin de poder contar con el apoyo de quien haga las prácticas, mas no como suele ser ahora: los practicantes son mano barata para trabajos distintos a los que su carrera es.

Dentro de un modelo primario exportador como el que exhibe nuestro país, es muy difícil apuntar al desarrollo de la ciencia. Será menester de nosotros los futuros profesionales, romper con esta traba que nos hunde en un pantano del que teniendo los medios para salir, no lo hacemos. Con tanta riqueza que tenemos, debemos crear tecnología o modos alternativos de uso de estos recursos, y no explotarlos y venderlos para que luego los estemos comprando en artículos importados y de una calidad mejorable desde todo punto de vista.

Para producir conocimiento se deben dar los espacios y los medios suficientes para desarrollarlo. No es cuestión de formalismos o buenas intenciones. Se trata de acciones concretas. Tales como periódicas reuniones temáticas (el caso de la Reforma sería una esencial en estos momentos), seminarios, exposiciones, o de repente, periódicos murales, revistas, etc. En las que el estudiante pueda y quiera (motivado por agentes que lo lleguen a comprometer) manifestar su idea, más allá de si es constructiva o no.

La mejor manera de asegurar que los estudiantes que entren al mundo universitario acaben su carrera es reformando la metodología de enseñanza. Debemos hacer empíricas y teóricas las clases. De esta manera los conceptos entran con más fluidez. No sería descabellado pensar en la universidad como una ciudad universitaria, en la que todos los integrantes conforman una pequeña sociedad, donde ellos viven todos los días preocupados en la obtención de resultados de índole académico. Para desarrollar ciencia (humanidades, medicina, ingeniería, etc) se necesita tener la suficiente disposición y capacidad logística para que el grueso de los estudiantes tenga la oportunidad de aprender de manera eficaz lo que le enseñan. Un ejemplo: Si tenemos pabellones de residencia de alumnos (la mayoría de los que estudian vivirían allí durante su estancia, que sería corta si cambia el status quo actual de la universidad) tendríamos la ventaja de que éstos tendrían dedicación exclusiva al estudio. Mejor aún si disponen de bibliotecas, sala de lecturas abiertas durante las 24 horas del día, podría ser una motivación para muchos. El hecho de contar con un asesor (un grupo de asesores) en los laboratorios perenne en horario de oficina (este asesor sería un egresado dedicado a la investigación en dicho laboratorio) podrían entrar los alumnos y repetir prácticas, avanzar otras o descubrir lo que ningún libro le puede enseñar: su propia forma de aprender.

IV. Gobierno y Gestión de la Universidad Peruana

Si bien en 1919 se consiguieron cosas en beneficio de los estudiantes de la época y de los que vinieron, estos logros no fueron lo suficientemente fuertes para cambiar todo el concepto de universidad de la época (occidentalizada). A la larga las autoridades y docentes contrarios a la Reforma de 1919, sabían que por ejemplo la representación estudiantil podría ser manipulable al ser la tercera parte de los representantes. Otros derechos conseguidos como el derecho a tacha, hoy por hoy se han perdido por desconocimiento de los mismos actores sociales.

El sistema de co-gobierno implantado en las universidades públicas, no muestra claridad respecto al funcionamiento de la universidad. Es más un juego político de intereses en el que todos saben que hay que negociar con el contrario para buscar un beneficio para ambas partes, pero pocas veces piensan en el beneficio no sólo de las partes si no de la institución universitaria en sí. Las prebendas son muy conocidas en el ámbito universitario. No sólo se suscitan por el bajo nivel moral de los estudiantes, sino por la muy mala costumbre en el manejo de los asuntos públicos por parte de autoridades. En el caso de las universidades particulares la representación estudiantil cuantitativamente hablando depende de lo que sus reglamentos internos determinen. Por lo demás es potencialmente manejable como en cualquier otra universidad (becas por votos). Si hasta un ex rector de la UNI, en el salón Raúl Porras Barrenechea admitió que “a veces el rector debía comprar votos de representantes para poder aprobar algo en beneficio de la Universidad” aludiendo que el sistema de gobierno era defectuoso, lo que suscitó más de una molestia en el distinguido público y entre los panelistas.

Con la creación de la ANR, poco se avanzó. Esta institución tuvo un rol aparente. Esto se podría demostrar en su desenvolvimiento a partir de 1989. El presidente de la ANR fue reelegido por los rectores que ocupan cargos (que no democráticamente se eligieron). Luego de que paso su segundo periodo entra un nuevo presidente, quien a su vez acaba de ser reelegido por el distinguido grupo de rectores. Se presentan las siguientes interrogantes: ¿La reelección en principio no es contraria al desarrollo democrático?, ¿Qué balances han presentado los respectivos presidentes de la ANR?, ¿ Cuáles han sido los méritos o parámetros utilizados parta volver a elegir al mismo presidente de la ANR? Si la universidad está en crisis, es porque no han sabido (desde la cabeza) encaminarla. Y esto escapa a la trillada frase “más presupuesto para la universidad”. La UNI recibe alrededor de 44 millones de soles, y recauda 55 millones de soles. De ese dinero, hasta hoy no se presenta balance alguno. Lo que es peor, los órganos de control interno y la contraloría saben que existen irregularidades, pero el sistema, como repito, está dado para que funcione así.

Si la universidad se quisiera ver como una empresa y a la vez como una institución educativa, la perspectiva que primaría sería la empresarial, debido a que no puede estar la universidad en déficit económico, pero sí por salvar el aspecto económico, en déficit académico. A esto le podemos añadir algunos reglamentos nocivos para los fines de la universidad, como el Reglamento por prestación de bienes y servicios UNI, en el estipula que cualquier individuo, por gestionar una licitación entra la universidad y la empresa que presta servicios (relacionista público) se hace acreedor a un porcentaje entre el 2% y 7 % del monto de la obra . Vale decir, si una tercera persona es el nexo entre una constructora y la Universidad, esta tercera persona, se lleva parte del dinero presupuestado para dicha labor (si en el mejor de los casos esta obra está presupuestada). La finalidad de este tipo de Reglamentos dista mucho del fin de la Universidad.

Sobre la representación deberíamos consultar al entorno universitario sobre cual sistema podría ser el mejor. Abrir el debate para las propuestas. Por lo pronto, asumir un rol fiscalizador y propositivo, por parte de los estudiantes y docentes sería un primer paso. Los representantes deben constituir una organización dinámica, flexible y objetiva, donde los apetitos políticos se apaguen al entrar a las sesiones. No es poco común que en Consejos o Asambleas no se llegue a mucho. Puede que no haya el quórum respectivo. El tercio móvil (número de alumnos supeditados al número de docentes) es una burda manera de dominar el tipo de co-gobierno utilizado. La burocratización de las sesiones es la mejor cortina de humo para no tocar temas en los que se sabe, no hay respaldo. Una propuesta sería crear un sistema de transparencia: todo movimiento económico de la universidad o cualquier facultad será registrado en tiempo real con número de serie y copia del documento en la página web de la respectiva entidad. Con esto se haría más difícil que los dineros no lleguen adonde deberían llegar. El preámbulo de la Reforma Cubana expresa sobre su universidad en el año 1959: “desvertebrado, tocado por la corrupción y sobre todo, inservible a los altos fines de la renovación y el desarrollo económico, político y moral de nuestra patria”. Realidad de la década del 60. Hoy Cuba es una potencia en lo que a educación superior se refiere.

La manera de financiamiento podría ser mixta. Para empezar, podríamos tentar de que cada alumno que salga del colegio, tenga una categorización estipulada por su respectiva USE. De este modo, habría objetividad al momento de evaluar, ya que en el caso de las universidades, se piensa primero en el dinero que significa un estudiante que entra a la universidad. Esto implicaría que ningún estudiante sea discriminado en la universidad a la que quiera ir, ya que mandaría su evaluación socioeconómica de fines de colegio para asumir compromisos de pago en la universidad que elija. El mérito debe ser el parámetro de referencia a usar en la aceptación de estudiantes a las universidades y no el dinero.
El estado debe invertir más en la educación superior, pero no sólo en la universitaria, sino en todo el nivel superior. La empresa privada debe invertir, pero no pensando en retribuciones inmediatas, sino proyectándose a tener una gama de profesionales que subirán el nivel y la producción de su empresa, en el mediano y largo plazo. El sector privado está interesado en entrar en las universidades. Desde publicidad hasta seminarios de capacitación de estudiantes, las empresas quisieran estar allí. Los mismos actores universitarios deberían tener labor en lo que a recursos propios dse refieren (contando con el apoyo de todos). Las universidades, deben ser más transparentes en sus gestiones. Algunas empresas de las universidades que benefician a personas y no a la institución deberían de reformularse, ya que lucrar con el dinero público está mal. Sobre las “PRE” existe una elitización en lo que a vacantes se refiere. Si tienes 2000 soles para pagar la “PRE”, tienes una oportunidad más que aquel que no tiene ese presupuesto. Las academias de la universidades NO deben ocupar vacantes, eso es una acción injusta de la que no se pronuncia ninguna autoridad, pese a los continuos reclamos de los estudiantes de universidades nacionales.

Un sistema de administrativo desburocratizado, el apoyo a la organización estudiantil, docente y trabajadora, así como el ordenado respeto a sus representantes, la apertura de la universidad a la sociedad, la búsqueda del conocimiento como pilar básico de la educación, son los ejes fundamentales por donde debe transcurrir la vida universitaria, y son la base para el financiamiento propio, que es lamentablemente a lo que apuntan hoy las universidades.

Las universidades del país no deben competir entre sí, sino tender redes de conocimiento que nos permitan competir con universidades y sociedades del extranjero.

V. Recomendaciones y Conclusiones

·
Reabrir el debate de manera masiva dentro de las universidades previo a la discusión en el Congreso de la Nueva Ley Universitaria.
· Crear un sistema a todo nivel de funcionamiento transparente, dinámico, no burocrático, y de fácil acceso a los actores universitarios, en tiempo real.
· Buscar el mayor financiamiento posible, pensando en crear comunidades universitarias, en las que la vida de estudiante será la pauta para la vida del profesional.
· Asegurar la no-discriminación económica por parte de ninguna universidad.
· Eliminación tanto de las universidades lucrativas como de las que no cumplen los estándares establecidos. En todo caso su modificación hacia una institución no lucrativa y que cuente con los recursos y la aprobación pertinentes.
· Despolitización en el sentido de beneficio de un grupo en las esferas gubernamentales y administrativas de la universidad.
· Reafirmar la idea de Nación en todos los niveles de educación.
· Pensar a la universidad como formadora de hombres libres de pensamiento y con ideas propias que desarrollar.
· Sentar las bases para que las generaciones que vengan encuentren mecanismos que hagan más fácil el adecuar a la universidad al contexto del momento.
· Crear profesionales con una visión amplia basada en la multidisciplinareidad, con el objeto de que el profesional tenga un mucho más amplio rango de acción y criterios.
· Crear un Sistema de Asistencia Social a nivel escuelas, con el propósito de que el aspecto económico no rija la permanencia de un estudiante a una universidad.
· Fomentar el desarrollo de todas las propuestas de cambio a nivel educación superior en el país.

Pedro Heredia Muñoz
FIGMM – UNI



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