En el presente ensayo
trataremos de enfocar someramente aspectos que han llamado nuestra
atención durante el tiempo en que se estudió el
Tema de la Reforma Universitaria.
Pensar en que una Reforma Universitaria llegará, así
como llega una novedad a nuestro país, sería desperdiciar
la oportunidad más valiosa para emprender un cambio de
rumbo que beneficie a nuestra Nación (la que vendrá)
y a toda una región posiblemente. El contexto actual,
mundialmente muestra el juego de intereses que rigen los destinos
de millones de personas. Luego, el desarrollo de países
o regiones queda supeditado a las decisiones de estos grupos
de poder. Pensar en el cambio o desarrollo de la Educación
Universitaria, implica uh cambio radical, un cambio en la concepción,
fines y funciones de la Universidad, además comprometería
no sólo a los actores universitarios, sino a la sociedad
donde se desarrolla esta actividad académica, es decir
las aulas y el campo de acción, éste último
vasto en nuestro país.
Es difícil aceptar que la participación de los
alumnos ha quedado relegada a lo que con muy buena intención
está realizando la OCU – MED y otras iniciativas
más, que son mínimas en comparación de
lo que realmente debería acondicionar una Reforma Educativa,
como es la Reforma Universitaria. Sin embargo, la generación
joven actual, carece de referentes, a nivel social, político
e ideológico. Es por ello muy importante todo lo que
podamos hacer de manera conjunta en la sociedad por sacar adelante
una pieza clave en el desarrollo del país. La Reforma
Universitaria está muy lejos del común alumno.
A pesar de ello se respira en el ambiente avidez de propuestas,
de asumir liderazgos, pero como lo dije anteriormente, no tenemos
referentes.
Esperamos que todas las propuestas sean tomadas en cuenta, y
que en algún momento, todos tengamos acceso a los diferentes
ensayos o propuestas mandadas por estudiantes universitarios
del Perú.
Sólo una reflexión más. Si lo que está
escrito no es referente de las generaciones que vienen, hemos
vuelto a perder la gran oportunidad del gran cambio por la Gran
Patria que nos merecemos, todos los que amamos a nuestro país
y que estamos dispuestos a proponer y luchar por que el cambio
real llegue...pero por nuestro propio esfuerzo.
I. La Universidad en el contexto de la Globalización
En nuestro país
el presupuesto en la educación superior no es el óptimo
para el desarrollo social, científico y tecnológico.
Esto nos aparta, como es evidente, de la inserción mundial
por las vías de la competitividad. La función
de la universidad casi se ha visto reducida a producir mano
de obra para el sector empresarial (nacional o internacional)
antes que investigadores o científicos en toda la gama
de opciones que ésta presenta.
Dentro del sistema económico
que impera en Latinoamericana (neoliberalismo) las sociedades
son orientadas dentro de un esquema de consumismo a no producir
conocimiento, o si es que se producen, sólo es para proyectarlo
en intereses ajenos al espíritu de la investigación.
“Que el globo sea el marco de referencia de nuestras acciones
quiere decir que el mundo entero se convierte en nuestra aldea,
en el espacio de sentido de la acción humana. Todo otro
espacio, el espacio nacional, por ejemplo, comienza a quedar
estrecho, resulta insuficiente para proveer de sentido al hombre
y sus acciones” .
Es muy difícil concebir a la universidad como gestora
o impulsora de desarrollo si es que su campo de acción
se ve reducido a servir para fines lucrativos en función
de la producción de bienes (que no siempre están
ligados a lo que es su especialidad) y no para la producción
de conocimiento apuntando a la creación individual con
fines académicos y a su repercusión en la sociedad.
La universidad pública
políticamente muchas veces ha sido utilizada para beneficiar
al gobierno de turno o a sus propias autoridades (ONPE en el
2000 utilizó la infraestructura de la UNI para encubrir
un fraude electoral; muchos rectores aspiran a tener un cargo
político luego y utilizan las universidades como medio
para conseguirlo) en desmedro del nivel académico de
ésta.
Como un país pluricultural debemos pensar que la universidad
debe partir de la identificación local, tomando en cuenta
el medio, sus potenciales y el nivel socio-económico
para su desarrollo. Las costumbres, así como el medio
geográfico son dejados de lado cuando se piensa en la
universidad, cuando allí radica la esencia del desarrollo
y superación tanto de la universidad como de la sociedad
que la rodea. “La universidad alternativa que necesitamos
es producto de un proyecto de sociedad que se forma también
al interior de las viejas universidades”
La demanda de estudios
superiores ha ido creciendo conforme pasan los años.
Esto refleja la idea que se tiene de universidad, la que sido
mal interpretada por el grueso de la población, pensando
que si uno quiere estudiar algo, será en la universidad.
En una sociedad desarrollada, el mayor porcentaje de profesionales
es técnico y no universitario. Sin embargo un porcentaje
de los egresados universitarios terminan haciendo trabajos que
le competen a los técnicos, y por pagos que distan mucho
de lo que se hubiera propuesto ganar. En plena era de las informaciones,
somos poco conocedores y menos aún usuarios de las bondades
que la tecnología nos da. En algunos casos se mal utilizan
estos avances o se acaparan para no dar a otros la oportunidad
de aprovecharlos (nuestra idiosincrasia es en promedio así)
debemos abrir el reducido concepto de universidad y ampliarlo
en términos de desarrollo universal del ser humano en
función de tal o cual carrera. No estamos a un nivel
siquiera aceptable. En nuestras universidades públicas,
en lo último en que se piensa es en el equipamiento (por
ejemplo de computadoras) y cuando se invierte en algo, es poco
probable que los estudiantes lo puedan utilizar con las libertades
que debieran conferirle a un universitario. Normalmente, cuando
se invierte en la adquisición de equipos, es para que
con éstos, la universidad recaude recursos económicos.
Si no invertimos en el
desarrollo de tecnología propia, si no incentivamos a
la sociedad a identificarse con el rol social de la universidad,
poco podemos esperar de los profesionales universitarios. La
universidad debe ser la incubadora donde se formarán
los profesionales que sacarán de manera autónoma
y con ideas propias adelante a nuestro país. Debemos
recordar que la mayoría de dirigentes – a todo
nivel – han salido de alguna universidad, lo que implica
que allí se deben de dar las condiciones para que se
formen personas de libre pensamiento y con parámetros
suficientes para que tanto a nivel interno como externo den
muestras de lo que significa haber estudiado en el Perú.
II. La Universidad
y la Sociedad Peruana
La universidad es fiel
reflejo de la sociedad en la que se desenvuelve. Bastaría
ver la diferencia entre las universidades públicas, en
las que las reglas no son respetadas por la mayoría de
actores (profesores incumplidos, infraestructura dañada
y mal utilizada, estudiantes que escriben obscenidades en los
baños), y las particulares en las que el alumno se adapta
rápidamente a las normas por el hecho de estar pagando
(pudiendo el estudiante tener otro comportamiento en una universidad
pública).
Desde principios de la
década de los años veinte se supuso un cambio
de orientación en la universidad peruana, éste
motivado por la gesta de los estudiantes de Córdoba,
en Argentina, pero no continuado: “no son de negar el
talento, la cultura, la buena fe de los hombres cultos en las
clases prominentes, algunos de cuyos miembros pueden ser modelo
de seriedad intelectual y de probidad. Pero pecaron por desidia,
por intermitencia en el trabajo, por preocupaciones desorientadoras,
ya sea sociales (en el sentido corriente o mundano), ya sea
profesionales.” La universidad siguió el curso
que las autoridades estimaron manejable y los estudiantes “victoriosos”
quedaron relegados a ser una vez más espectadores de
un supuesto cambio.
Si bien decimos que la
universidad debe formar profesionales con capacidades para dar
soluciones a los problemas que les compete, existe un divorcio
desde su creación, entre la obra universitaria y la realidad
nacional: “un triste destino se ha cernido sobre nuestra
Universidad y ha determinado que llene principalmente un fin
profesional y tal vez de snobismo científico; pero no
un fin educativo y mucho menos un fin de afirmación de
la conciencia nacional (...) se destaca este rasgo desagradable
y funesto: su falta de vinculación con la realidad nacional,
con la vida de nuestro medio, con las necesidades y aspiraciones
del país” .
Los modelos de educación
superior universitaria implantados siguieron desde sus inicios
modelos occidentales. Nunca partieron de la propia cultura para
pensar en el desarrollo de la ciencia, que asumimos es el fin
de la vída universitaria. Hasta hoy seguimos imitando
o buscando imitar los modelos y el tipo de desarrollo de otras
culturas.
El contexto actual de
la universidad, la presenta como un vago referente de la vida
democrática. El acceso a la educación universitaria
está necesariamente restringido a los recursos económicos
con los que cuenta la familia. Los estudiantes podrían
ser vistos como clientes al igual que las autoridades como un
directorio de gerentes de una empresa cualquiera con fines lucrativos.
Esto lo demuestra la promulgación de dos decretos legislativos
de la década pasada: D.L.882 “de inversión
privada en la educación”, por el cual se permitió
la creación de por lo menos dieciocho universidades lucrativas
(avalada por el CONAFU ), las que no necesariamente cumplen
los estándares establecidos mundialmente. A cambio del
dinero de los estudiantes no es seguro que les estén
dando la educación que ellos requieran (que la Nación
requiera). El D.L. 739, sustentado en la crisis universitaria
por motivos de terrorismo, tocó la membrana más
sensible de nuestra mal formada sociedad: la economía.
Mediante este decreto se le obliga al estudiante a pagar por
curso jalado, condiciona su situación como alumno regular
al número de créditos que estudie por ciclo, y
facilita el grado de bachiller supeditándolo al ámbito
laboral sobretodo en el aspecto empresarial antes que en el
académico. Lo curioso de este decreto es que si se asume
que estos cobros pasan a ser recursos directamente recaudados
por cada facultad, en el caso – y es lo óptimo
– de que ningún alumno desapruebe algún
curso, la Facultad se vería perjudicada económicamente,
más allá de la poca transparencia que han demostrado
en el uso de estos recursos las autoridades.
La relación estado-sociedad-universidad son por decir
lo menos aparentes, ni el Estado invierte concienzudamente en
la educación universitaria, ni la sociedad se identifica
con el rol de la universidad, ni la universidad se preocupa
en dar soluciones a los problemas de la sociedad ni en mejorar,
en muchos casos, su nivel académico. “No es posible
democratizar la enseñanza de un país sin democratizar
su economía y sin democratizar, por ende, su superestructura
política”
Resulta perjudicial concebir - como se está haciendo
- a la universidad como una empresa que se dedica a la recaudación
de ingresos, supeditando su rol a mantener las cifras en “azules”
y entrando a una competencia sin treguas con las demás
“universidades” con tal de captar más estudiantes
(clientes) sin antes preocuparse por el desarrollo académico
de las mismas.
Mientras que en otros
países se invierte en la educación superior no
pensando en obtener utilidades inmediatas, aquí el estado
y la nación lo ven como un gasto, sin pensar en los beneficios
que podrían tener luego. Claro está que viendo
a la universidad de esa manera poco o nada podremos pedirle
a los profesionales que de éstas saldrán y menos
aún a los docentes, que a fin de cuentas, estudiantes
también fueron y acarrean esa tradicional tara.
Tenemos que ser conscientes
que no por tener más universidades, el nivel de vida
de una nación subirá. Asimismo, debemos contemplar
la ubicuidad de estos centros (o de otros centros de educación
superior) para obtener el mayor provecho a favor de la misma
sociedad en la que se desenvuelva. Implica necesariamente que
cada región es responsable del funcionamiento de sus
centros de estudio superiores normando y adecuándolos
a su necesidad.
III. La Universidad y la importancia de la producción
del conocimiento
El nivel educativo superior gira en torno a los intereses
económicos de los sectores poderosos del país
(empresarios, políticos, etc.), prueba de ello es la
explosión de la oferta educativa en función al
lucro de algunos sectores así como la inversión
en mecanismos de generación de recursos económicos,
antes de repotenciar la infraestructura donde se desarrolla
la vida universitaria (en la UNI se invirtió gran cantidad
de dinero en la edificación de un Estadio y un Teatro,
los cuales no son usados con libertad por los miembros universitarios,
pero que significan cuantiosas sumas para la administración
central por el alquiler de los mismos).
La universidad debe ser
la principal gestora de la creación de conocimiento.
Desde que un estudiante ingresa debe dedicarse a estudiar y
ser un excelente profesional. Pero la realidad hace que un porcentaje
significativo tenga que también trabajar. Para estas
personas el sistema actual no les es propicio para terminar
sus estudios, más allá del pobre nivel académico
que ostentar conseguir. La pregunta es ¿ Creación
de conocimiento, tecnología, etc... para qué?
No pensamos que somos capaces de algún día tener
una comunidad competitivamente científica. Pensamos en
el corto plazo, en los beneficios inmediatos, es por ello que
la mayoría relaciona estos beneficios al beneficio económico,
y justamente de eso se encarga hoy la universidad: no amplía
el criterio de los estudiantes, más bien los enmarca
en apreciaciones que distan de las académicas. Y es que
el sistema social está dado de esa manera, y de tiempo
atrás: “mientras subsista el actual régimen
social, la Reforma no podrá tocar las raíces recónditas
del problema educacional” .
Se suele confundir un
profesional de una persona técnicamente capaz. La formación
humanista (o enfocada desde la perspectiva del ser humano) no
es la principal preocupación de los que dirigen los rumbos
de la universidad (autoridades y estudiantes), y es que, al
recibir un tipo de educación básica, luego pasar
por una incomprensible etapa de “preparación”,
entrar a la universidad significa un logro (no sobre la base
de la ciencia más sí de la habilidad) y no un
comienzo hacia la formación integral a la que podríamos
aspirar llegar, acorde a un buen funcionamiento y una buena
orientación de la universidad. En las universidades públicas
no es seguro contar con una plana de docentes altamente calificada,
como si ocurre en las privadas (donde un profesor gana mejor).
De allí se desprende que e l nivel educativo está
en manos de gente no necesariamente apta para conducir el presente
de futuros profesionales. Peor si pensamos en que muchas veces
la universidades es el “plan piloto de autoseguro económico
familiar” de muchos docentes y hasta trabajadores, que
a lo largo de los años ha ido viendo la manera más
fácil y eficaz de beneficiarse con los recursos del Estado,
que como bien sabemos, no cuentan con resguardo de ningún
tipo y están a merced de los que puedan acceder –con
cualquier fin- a ellos. Dentro de este esquema, los recursos
destinados a la fortificación de la sociedad académica,
son potencialmente utilizados en obras sin trascendencia con
relación a lo que es el fin de la universidad.
En el plano pedagógico,
sería bueno señalar la poca capacitación
que reciben los docentes para desempeñar su función.
Vemos casos en los que el docente utiliza mecanismos y metodologías
obsoletas para el aprendizaje, y muchas veces se debe al desconocimiento
del funcionamiento de mejores medios para su desempeño,
por parte de la plana docente. Es muy raro encontrar docentes
que tengan en mente un cambio en lo que a enseñanza se
refiere. Sin embargo, la avidez con la que recogen algunos temas
referidos a su permanencia en la universidad podría darnos
la impresión de que al menos podrían ser capaces
de reformar su propio papel dentro del espectro universitario,
y por tanto social.
En esta era de las informaciones
y del conocimiento, deberíamos apuntar a la multidisciplinariedad.
Partiendo de un conocimiento básico global, podremos
enfocar nuestro campo de acción a una realidad aún
más amplia, con la seguridad de tener conceptos o nociones
claros que puedan servir de eslabones en la consecución
de algún proyecto o estudio. No sería raro apuntar
a generar cadenas de materias de ciertas especialidades, que
pudieran complementarse o juntarse indistintamente entre sí,
procurando orientar a cada futuro profesional sobre en qué
área pudiera especializarse, así como también
descubrir nuevas especialidades acordes a nuestras potencialidades,
y buscando el desarrollo de la sociedad reconociéndose
ésta como productora de bienes en general (económicos,
de conocimiento, etc).
Los grados y títulos
han depreciado su valor. Si antes un estudiante debía
hacer una tesis para ser bachiller, hoy al completar el número
de créditos establecidos, ya obtiene el grado de bachiller.
Esto fue implantado para facilitar el acceso a puestos de trabajo
a los que culminan sus estudios. Pero también ha servido
para que muchos no opten por la titulación al estar dentro
de un trabajos que le significa inversión casi total
de su tiempo, más allá de los ingresos económicos,
que podría apaciguar cualquier interés por profundizar
en algún campo de acción de su especialidad. Con
los títulos ocurre algo similar. Hoy pueden titularse
llevando un año de cursos complementarios, lo que equivale
a una tesis. Es en ese sentido que el aspecto de la investigación
y el amor por el conocimiento se ve dejado de lado, por la comodidad
y celeridad por obtener un grado que al fin de cuentas no refleja
la real capacidad de quien lo ostenta.
Preocupante es ver las
cifras sobre estudiantes de educación universitaria.
Del cien por cien de estudiantes que ingresan a la universidad
menos del 50 por ciento terminan su carrera y menor aún
es el porcentaje que accede a un título, una maestría
o un doctorado. Refleja esto entonces la poca coherencia entre
el sistema y la demanda de estudiantes. Cabe señalar
que este porcentaje que ingresa a la universidad es mínimo
en comparación a la masa juvenil en edad de estudios.
Para crear conocimiento
debe haber un compromiso entre el sector estatal, el sector
privado y la sociedad. Si la universidad se beneficia y tiene
lo favorable para desarrollar sus actividades, el estado, y
por ende la Nación se verían positivamente afectados,
pues si hay investigación habrá puestos de trabajo,
y enfocados al academicismo, sin necesidad de ser estudiante
universitario. El sector privado podría generar espacios
donde los estudiantes podrían desempeñarse como
investigadores, pero no con un fin de lucro desde la empresa,
sino como un apoyo a una gama de acción con el fin de
poder contar con el apoyo de quien haga las prácticas,
mas no como suele ser ahora: los practicantes son mano barata
para trabajos distintos a los que su carrera es.
Dentro de un modelo primario
exportador como el que exhibe nuestro país, es muy difícil
apuntar al desarrollo de la ciencia. Será menester de
nosotros los futuros profesionales, romper con esta traba que
nos hunde en un pantano del que teniendo los medios para salir,
no lo hacemos. Con tanta riqueza que tenemos, debemos crear
tecnología o modos alternativos de uso de estos recursos,
y no explotarlos y venderlos para que luego los estemos comprando
en artículos importados y de una calidad mejorable desde
todo punto de vista.
Para producir conocimiento
se deben dar los espacios y los medios suficientes para desarrollarlo.
No es cuestión de formalismos o buenas intenciones. Se
trata de acciones concretas. Tales como periódicas reuniones
temáticas (el caso de la Reforma sería una esencial
en estos momentos), seminarios, exposiciones, o de repente,
periódicos murales, revistas, etc. En las que el estudiante
pueda y quiera (motivado por agentes que lo lleguen a comprometer)
manifestar su idea, más allá de si es constructiva
o no.
La mejor manera de asegurar
que los estudiantes que entren al mundo universitario acaben
su carrera es reformando la metodología de enseñanza.
Debemos hacer empíricas y teóricas las clases.
De esta manera los conceptos entran con más fluidez.
No sería descabellado pensar en la universidad como una
ciudad universitaria, en la que todos los integrantes conforman
una pequeña sociedad, donde ellos viven todos los días
preocupados en la obtención de resultados de índole
académico. Para desarrollar ciencia (humanidades, medicina,
ingeniería, etc) se necesita tener la suficiente disposición
y capacidad logística para que el grueso de los estudiantes
tenga la oportunidad de aprender de manera eficaz lo que le
enseñan. Un ejemplo: Si tenemos pabellones de residencia
de alumnos (la mayoría de los que estudian vivirían
allí durante su estancia, que sería corta si cambia
el status quo actual de la universidad) tendríamos la
ventaja de que éstos tendrían dedicación
exclusiva al estudio. Mejor aún si disponen de bibliotecas,
sala de lecturas abiertas durante las 24 horas del día,
podría ser una motivación para muchos. El hecho
de contar con un asesor (un grupo de asesores) en los laboratorios
perenne en horario de oficina (este asesor sería un egresado
dedicado a la investigación en dicho laboratorio) podrían
entrar los alumnos y repetir prácticas, avanzar otras
o descubrir lo que ningún libro le puede enseñar:
su propia forma de aprender.
IV. Gobierno
y Gestión de la Universidad Peruana
Si bien en 1919 se consiguieron cosas en beneficio
de los estudiantes de la época y de los que vinieron,
estos logros no fueron lo suficientemente fuertes para cambiar
todo el concepto de universidad de la época (occidentalizada).
A la larga las autoridades y docentes contrarios a la Reforma
de 1919, sabían que por ejemplo la representación
estudiantil podría ser manipulable al ser la tercera
parte de los representantes. Otros derechos conseguidos como
el derecho a tacha, hoy por hoy se han perdido por desconocimiento
de los mismos actores sociales.
El sistema de co-gobierno
implantado en las universidades públicas, no muestra
claridad respecto al funcionamiento de la universidad. Es más
un juego político de intereses en el que todos saben
que hay que negociar con el contrario para buscar un beneficio
para ambas partes, pero pocas veces piensan en el beneficio
no sólo de las partes si no de la institución
universitaria en sí. Las prebendas son muy conocidas
en el ámbito universitario. No sólo se suscitan
por el bajo nivel moral de los estudiantes, sino por la muy
mala costumbre en el manejo de los asuntos públicos por
parte de autoridades. En el caso de las universidades particulares
la representación estudiantil cuantitativamente hablando
depende de lo que sus reglamentos internos determinen. Por lo
demás es potencialmente manejable como en cualquier otra
universidad (becas por votos). Si hasta un ex rector de la UNI,
en el salón Raúl Porras Barrenechea admitió
que “a veces el rector debía comprar votos de representantes
para poder aprobar algo en beneficio de la Universidad”
aludiendo que el sistema de gobierno era defectuoso, lo que
suscitó más de una molestia en el distinguido
público y entre los panelistas.
Con la creación
de la ANR, poco se avanzó. Esta institución tuvo
un rol aparente. Esto se podría demostrar en su desenvolvimiento
a partir de 1989. El presidente de la ANR fue reelegido por
los rectores que ocupan cargos (que no democráticamente
se eligieron). Luego de que paso su segundo periodo entra un
nuevo presidente, quien a su vez acaba de ser reelegido por
el distinguido grupo de rectores. Se presentan las siguientes
interrogantes: ¿La reelección en principio no
es contraria al desarrollo democrático?, ¿Qué
balances han presentado los respectivos presidentes de la ANR?,
¿ Cuáles han sido los méritos o parámetros
utilizados parta volver a elegir al mismo presidente de la ANR?
Si la universidad está en crisis, es porque no han sabido
(desde la cabeza) encaminarla. Y esto escapa a la trillada frase
“más presupuesto para la universidad”. La
UNI recibe alrededor de 44 millones de soles, y recauda 55 millones
de soles. De ese dinero, hasta hoy no se presenta balance alguno.
Lo que es peor, los órganos de control interno y la contraloría
saben que existen irregularidades, pero el sistema, como repito,
está dado para que funcione así.
Si la universidad se
quisiera ver como una empresa y a la vez como una institución
educativa, la perspectiva que primaría sería la
empresarial, debido a que no puede estar la universidad en déficit
económico, pero sí por salvar el aspecto económico,
en déficit académico. A esto le podemos añadir
algunos reglamentos nocivos para los fines de la universidad,
como el Reglamento por prestación de bienes y servicios
UNI, en el estipula que cualquier individuo, por gestionar una
licitación entra la universidad y la empresa que presta
servicios (relacionista público) se hace acreedor a un
porcentaje entre el 2% y 7 % del monto de la obra . Vale decir,
si una tercera persona es el nexo entre una constructora y la
Universidad, esta tercera persona, se lleva parte del dinero
presupuestado para dicha labor (si en el mejor de los casos
esta obra está presupuestada). La finalidad de este tipo
de Reglamentos dista mucho del fin de la Universidad.
Sobre la representación
deberíamos consultar al entorno universitario sobre cual
sistema podría ser el mejor. Abrir el debate para las
propuestas. Por lo pronto, asumir un rol fiscalizador y propositivo,
por parte de los estudiantes y docentes sería un primer
paso. Los representantes deben constituir una organización
dinámica, flexible y objetiva, donde los apetitos políticos
se apaguen al entrar a las sesiones. No es poco común
que en Consejos o Asambleas no se llegue a mucho. Puede que
no haya el quórum respectivo. El tercio móvil
(número de alumnos supeditados al número de docentes)
es una burda manera de dominar el tipo de co-gobierno utilizado.
La burocratización de las sesiones es la mejor cortina
de humo para no tocar temas en los que se sabe, no hay respaldo.
Una propuesta sería crear un sistema de transparencia:
todo movimiento económico de la universidad o cualquier
facultad será registrado en tiempo real con número
de serie y copia del documento en la página web de la
respectiva entidad. Con esto se haría más difícil
que los dineros no lleguen adonde deberían llegar. El
preámbulo de la Reforma Cubana expresa sobre su universidad
en el año 1959: “desvertebrado, tocado por la corrupción
y sobre todo, inservible a los altos fines de la renovación
y el desarrollo económico, político y moral de
nuestra patria”. Realidad de la década del 60.
Hoy Cuba es una potencia en lo que a educación superior
se refiere.
La manera de financiamiento
podría ser mixta. Para empezar, podríamos tentar
de que cada alumno que salga del colegio, tenga una categorización
estipulada por su respectiva USE. De este modo, habría
objetividad al momento de evaluar, ya que en el caso de las
universidades, se piensa primero en el dinero que significa
un estudiante que entra a la universidad. Esto implicaría
que ningún estudiante sea discriminado en la universidad
a la que quiera ir, ya que mandaría su evaluación
socioeconómica de fines de colegio para asumir compromisos
de pago en la universidad que elija. El mérito debe ser
el parámetro de referencia a usar en la aceptación
de estudiantes a las universidades y no el dinero.
El estado debe invertir más en la educación superior,
pero no sólo en la universitaria, sino en todo el nivel
superior. La empresa privada debe invertir, pero no pensando
en retribuciones inmediatas, sino proyectándose a tener
una gama de profesionales que subirán el nivel y la producción
de su empresa, en el mediano y largo plazo. El sector privado
está interesado en entrar en las universidades. Desde
publicidad hasta seminarios de capacitación de estudiantes,
las empresas quisieran estar allí. Los mismos actores
universitarios deberían tener labor en lo que a recursos
propios dse refieren (contando con el apoyo de todos). Las universidades,
deben ser más transparentes en sus gestiones. Algunas
empresas de las universidades que benefician a personas y no
a la institución deberían de reformularse, ya
que lucrar con el dinero público está mal. Sobre
las “PRE” existe una elitización en lo que
a vacantes se refiere. Si tienes 2000 soles para pagar la “PRE”,
tienes una oportunidad más que aquel que no tiene ese
presupuesto. Las academias de la universidades NO deben ocupar
vacantes, eso es una acción injusta de la que no se pronuncia
ninguna autoridad, pese a los continuos reclamos de los estudiantes
de universidades nacionales.
Un sistema de administrativo
desburocratizado, el apoyo a la organización estudiantil,
docente y trabajadora, así como el ordenado respeto a
sus representantes, la apertura de la universidad a la sociedad,
la búsqueda del conocimiento como pilar básico
de la educación, son los ejes fundamentales por donde
debe transcurrir la vida universitaria, y son la base para el
financiamiento propio, que es lamentablemente a lo que apuntan
hoy las universidades.
Las universidades del
país no deben competir entre sí, sino tender redes
de conocimiento que nos permitan competir con universidades
y sociedades del extranjero.
V. Recomendaciones
y Conclusiones
· Reabrir el debate de manera masiva dentro
de las universidades previo a la discusión en el Congreso
de la Nueva Ley Universitaria.
· Crear un sistema a todo nivel de funcionamiento transparente,
dinámico, no burocrático, y de fácil acceso
a los actores universitarios, en tiempo real.
· Buscar el mayor financiamiento posible, pensando en
crear comunidades universitarias, en las que la vida de estudiante
será la pauta para la vida del profesional.
· Asegurar la no-discriminación económica
por parte de ninguna universidad.
· Eliminación tanto de las universidades lucrativas
como de las que no cumplen los estándares establecidos.
En todo caso su modificación hacia una institución
no lucrativa y que cuente con los recursos y la aprobación
pertinentes.
· Despolitización en el sentido de beneficio de
un grupo en las esferas gubernamentales y administrativas de
la universidad.
· Reafirmar la idea de Nación en todos los niveles
de educación.
· Pensar a la universidad como formadora de hombres libres
de pensamiento y con ideas propias que desarrollar.
· Sentar las bases para que las generaciones que vengan
encuentren mecanismos que hagan más fácil el adecuar
a la universidad al contexto del momento.
· Crear profesionales con una visión amplia basada
en la multidisciplinareidad, con el objeto de que el profesional
tenga un mucho más amplio rango de acción y criterios.
· Crear un Sistema de Asistencia Social a nivel escuelas,
con el propósito de que el aspecto económico no
rija la permanencia de un estudiante a una universidad.
· Fomentar el desarrollo de todas las propuestas de cambio
a nivel educación superior en el país.
Pedro
Heredia Muñoz
FIGMM – UNI