Con el ánimo de propiciar el debate sobre qué cambios introducir en la vida universitaria en el Perú, ensayamos las siguientes hipótesis sobre lo que creemos serían las líneas de acción favorables al desarrollo académico e institucional de la universidad peruana. Se trata de hipótesis relativas a cambios estructurales que -creemos- convendría generar.

En primer lugar, entendemos que un marco legal renovado constituye un mecanismo importante para viabilizar tales cambios, pero estamos lejos de suponer que los cambios legislativos sean suficientes para tal propósito. Ninguna reforma universitaria será viable sin el impulso de actores universitarios con mentalidad -y sensibilidad- renovada. Nuestra apuesta es por crear el espacio favorable para su presencia y protagonismo.

En nuestro país las normas jurídicas han tenido un paradójico destino: fetichizadas hasta el punto de otorgárseles un carácter cuasimágico, taumatúrgico, se multiplicaron en abundancia -tenemos leyes para todo- deviniendo excesivamente reglamentaristas; pero precisamente en esa exuberancia barroca -de raigambre colonial- se revela irónicamente su esterilidad e inoperancia. Ramón Castilla solía decir que en el Perú, tan abundante en leyes, sólo faltaba una, con un solo artículo que dijera "cúmplanse todas las leyes". Tal situación no parece haber variado mayormente. Por lo mismo no sobrevaloramos -ni subestimamos- iniciativas legislativas como las que ahora buscan favorecer una nueva Reforma Universitaria. Creemos sí que una nueva Ley Universitaria deberá evitar el reglamentarismo asfixiante y vacuo. Tendrá que delinear orientaciones globales y expresar acuerdos estratégicos de quienes apuestan por una universidad libre, democrática y de calidad, que potencie el desarrollo de nuestra comunidad. Es por eso que estas hipótesis apelan -en primer lugar- al compromiso activo de los actores universitarios y, en definitiva, al interés común de los peruanos. Su pertinencia deberá establecerse por contrastación con la práctica, una práctica renovada de actores renovados, pues sólo desde tal condición es posible impulsar cambios con coherencia e integridad.

Asimismo consideramos que el debate sobre la nueva Reforma Universitaria atañe sobre todo a los principios doctrinarios, teóricos, que establecen el sentido de la actividad e institucionalidad universitaria; sentido que sólo puede evaluarse desde una doble mirada, atenta tanto al devenir de la escena contemporánea, como a los horizontes axiológicos que definen proyectos de vida. La productividad y alcance del debate dependerá de la medida en que esa dimensión reflexiva le provea sustento. Ceñir el debate a marcos estrictamente jurídico normativos -como espontáneamente tiende a hacerse- equivale a estrechar su horizonte y ahogar su aliento. Por ello conviene, el considerar estas hipótesis, atender a los presupuestos e implicancias que llevan implícitas. No hay mejor modo de visualizarlas que en el diálogo. Abrir un espacio favorable al diálogo es el propósito con que ponemos a tu consideración estas ideas provisorias.

Hipótesis relativas a cambios estructurales que favorezcan la tarea universitaria en el Perú


En el plano curricular:

-Articular la tarea universitaria con las demandas de la sociedad y el Estado y, particularmente con las demandas regionales. La universidad debe mantener nexos permanentes y estrechos con las instituciones centrales del país, brindándoles información y asesoría permanente. Allí deben formarse los líderes de todas las ramas del quehacer nacional.
-Promover la pertinencia de la actividad académica a un contexto pluricultural y de biodiversidad, fomentando su desarrollo en el actual proceso de mundialización.
-Modernizar los regímenes académicos favoreciendo el ejercicio de la investigación y producción de conocimientos.
-Instalar la investigación seria sobre las potencialidades del entorno, nuestra condición y posibilidades de acción colectiva, como eje de la función universitaria, reforzando al mismo tiempo la enseñanza de postgrado, y favoreciendo en este terreno los intercambios institucionales. Una universidad que no produce conocimiento nuevo no merece tal nombre.
- Las instancias de coordinación universitaria deberían establecer políticas de recuperación o contacto y colaboración permanente con cuadros académicos peruanos de calidad que se hallan actualmente en el extranjero.
-Es preciso que el Estado apoye decididamente el desarrollo de las ciencias y saberes básicos. Estos no son rentables al corto plazo, pero tienen un valor estratégico para el desarrollo del país; por lo tanto no pueden estar sujetos a los vaivenes del mercado.
-Promover el desarrollo de la interdisciplinariedad y flexibilidad en los planes de estudio, la formación integral y continua -en un modelo de educación permanente-, replanteando el sentido del actual régimen facultativo para superar la compartimentación académica que genera.
-Fortalecer las áreas profesionales que favorezcan la incorporación de valor agregado a la producción nacional.
-Rediseñar las carreras en el sentido de diversificar las opciones ocupacionales, procurando en el marco de un Sistema de la Educación Superior que integre diversos niveles y modalidades, favorecer el desarrollo de opciones técnicas en otras instituciones de nivel superior, desde las cuales se posibilite los tránsitos académicos y profesionales que sean precisos hacia la universidad.
-En un horizonte del saber en constante expansión, móvil y cambiante, es preciso contar con políticas de permanente capacitación tanto metodológica como conceptual de los docentes universitarios. Es preciso por ello fortalecer las maestrías en docencia universitaria y los mecanismos de complementación pedagógica, como medio para dotar a los docentes de recursos metodológicos que optimicen su labor.
-Lo anterior parece ir de la mano con la reconversión de las actuales facultades de educación, en el sentido de evitar la inútil y hasta perjudicial suplantación de especialistas por los licenciados en educación que hoy producen -sobre todo en el nivel secundario- con escaso manejo temático y exceso de pedagogismo y formalismo metodológico. Las facultades de educación deberían ante todo brindar complementación pedagógica a los egresados de otras áreas y fortalecer el postgrado en pedagogía, como una condición necesaria para quienes opten por la carrera docente universitaria.
-Insistir en que hoy en día la democratización de la educación pasa por democratizar el acceso a una educación de calidad. La idea de una "universidad popular" entendida como abierta a un acceso irrestricto es hoy absolutamente inadecuada. Se trata de establecer la mayor democracia en la selección junto con un rigor y selectividad extremamente cuidadoso.

En el plano institucional:

-La Ley universitaria debe evitar el sesgo reglamentarista. Debería constituir un marco ágil, orientador de prioridades estratégicas.
- La universidad debe fijarse políticas de largo plazo. Estas serán más viables desde niveles de coordinación interuniversitaria que promuevan políticas de Estado, las culaes van más allá de las decisiones gubernamentales de coyuntura.
-Articulación de un Sistema Nacional de Educación Superior que, además de las universidades, involucre las escuelas de arte, periodismo, institutos superiores, etc. Tal sistema favorecería el establecimiento de niveles y funciones concurrentes en la educación superior que vayan desde una base profesionalizante hasta el nivel superior de investigación y postgrado. Además, facilitando la planificación y uso racional de recursos, permitiría inducir mayor calidad académica, posibilitaría un mayor intercambio de alumnos y docentes, becas, integrar exámenes, racionalizar la creación de nuevas especialidades, etc.
-Priorizar las actividades de investigación y la formación de postgrado en determinadas universidades, de modo que pasen a constituir verdaderos ejes regionales dentro de un sistema de la Educación Superior integrado y coherente que permita intercambios fluidos de docentes y estudiantes. Cabría en tal sentido favorecer la creación de un vicerectorado de investigación y postgrado………………….
-Creación de una instancia de coordinación, fijación de políticas y fiscalización -¿Consejo Nacional de la Educación Superior?- con participación mayoritaria de la comunidad universitaria y con presencia de representantes de la sociedad civil y del Estado. Ella debería contar con mecanismos y fondos suficientes para promover el desarrollo de líneas estratégicas y coherentes de producción académica en cada espacio universitaria regional.
-Creación de una instancia autónoma de acreditación -¿Instituto Nacional de Acreditación?- conformada por académicos de prestigio, que evalúe permanentemente el desempeño de las instituciones educativas de nivel superior y promueva procesos de calidad académica integral abarcando los ingresos, el proceso y los resultados.
-Propiciar la internacionalización de las universidades, insertándolas en redes académicas y de cooperación internacional, etc)

En la gestión:
-Establecer instancias nacionales y regionales de coordinación.
-Democratizar la representación mediante elección universal y directa -ponderada- de las autoridades por la comunidad universitaria, creando mecanismos de consulta y fiscalización ágiles y adecuados.
-Replantear las tareas y dimensiones de los órganos de gobierno colegiados, favoreciendo las funciones de fijación de políticas globales y de largo plazo, así como la gestión académica. Propiciar la toma de decisiones con responsabilidad de los decisores.
-Las gestión administrativa debe subordinarse a las políticas académicas.
-Racionalizar el número de facultades y dependencias administrativas.
-En la gestión académica, replantear los criterios -hoy predominantemente administrativos- que fijan la carrera docente -captación de cuadros, promoción, etc-, poniendo como eje la calidad académica y la calificación permanente. Las categorías docentes deberían ampliarse a fin de premiar la calidad y producción académica.
-Facilitar los contratos por cualquier número de horas, como medio para captar para la docencia universitaria profesionales de calidad que laboran en otros sectores.
-Propiciar una mayor autonomía administrativa y económica de la universidad. Esta debe tener sus propios marcos administrativos, no dependientes de los de la administración pública.
-Modernizar la gestión, diferenciando la carrera académica de la administrativa, estableciendo responsabilidades gerenciales en este último ámbito y propiciando la calificación de cuadros mediante el desarrollo de postgrados en administración universitaria.
-Desconcentrar las decisiones, descentralizar, derivar funciones administrativas.
-Establecer sistemas de seguimiento y control de la gestión administrativa.

En el financiamiento:

-Incrementar, racionalizar y diversificar el financiamiento de las universidades públicas. A la par de un incremento sustantivo del financiamiento estatal a través de mecanismos como la creación de fondos de inversión concursables o la dotación de fondos intangibles y permanentes para generar recursos propios; deberán crearse mecanismos institucionales y jurídicos que permitan un mayor acceso a la cooperación internacional, la interacción con la empresa y otras instancias de la sociedad civil en términos de subvención e intercambio de producción y servicios.
-Asimismo deberán replantearse los mecanismos de obtención de recursos propios en el sentido de garantizar el respeto irrestricto del derecho constitucional a no ser discriminado del acceso a la educación superior por razones económicas, tal como ocurre de facto -por ejemplo- con los centros preuniversitarios. En esa misma línea debería reexaminarse el sentido justo de la gratuidad de la enseñanza, garantizándola plenamente para los ciudadanos carentes de recursos, sin concesiones a un falaz igualitarismo que otorga similar status a quienes -situados en mejores condiciones- podrían contribuir con su aporte al mejoramiento de las condiciones materiales en que discurre la actividad universitaria, bajo el justo principio de "a cada quien según su necesidad, de cada quien según su capacidad".

En lo que respecta a los actores:

-Gran potencial de las movidas estudiantiles (talleres, etc)…………………..

OCU, otoño del 2002


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