SALTOS MORTALES

 

La fiesta transcurría ruidosa y alegre, como todas las fiestas de ese tipo. Era una fiesta de jóvenes. Fiesta de despedida de soltero. La amenizaban música rock, cerveza, vino y champán. Había también juegos, chistes, bromas y desafíos.

 

Uno de esos desafíos lo lanzó uno de los jóvenes: «¡Salta, si eres valiente! ¡Salta, que por algo eres campeón de saltos!» Guillermo Craig era, en efecto, campeón en carreras de obstáculos de cuatrocientos metros. Y como el ambiente de la fiesta se prestaba para locuras, Guillermo saltó.

 

Saltó sobre el sofá que le pusieron los amigos. Saltó tanto y tan bien que pasó por encima del sofá, rompió la ventana, pasó a través de ella y cayó en la calle, ocho pisos abajo. Eran las dos de la madrugada de un 28 de agosto, en Montevideo, Uruguay. Guillermo Craig tenía veintidós años de edad.

 

Las fiestas de despedida de soltero no siempre terminan bien. Se bebe demasiado. Se cometen muchas locuras. Hay muchos que no conciben una fiesta sin bebidas alcohólicas, sin borrachera y, en muchos casos, sin drogas. Les parece que no hay alegría si no hay exceso de todo: de comida, de bebida y de extravagancias.

 

Tengamos la sobriedad suficiente para reflexionar sobre el caso de este joven de Montevideo. En el caso suyo la locura de una fiesta juvenil desenfrenada produjo el «salto mortal». Pero hay muchos otros «saltos mortales» que el ambiente de esta vida también produce.

 

«Salto mortal» es el que da el hombre de negocios, el «caballero» que se destaca por su habilidad de manejar bien un negocio, pero que fácilmente abandona honradez e integridad a cambio de una ganancia cuestionable.

 

«Salto mortal» es el que da el joven que, por no saber decir «no», se inicia en la marihuana y se deja llevar a la drogadicción y la ruina.

 

«Salto mortal» es el que da la mujer que, llevada de su vanidad, se deja cortejar y seducir por su amante, abandonando sus deberes de esposa y de madre.

 

Y «salto mortal» es el que da el esposo y padre de familia al permitir que la «mujer ajena» lo enloquezca, haciéndolo perder su sentido de dirección moral.

 

Débil es el carácter de la persona que está dispuesta a ceder absoluta y total integridad si su bienestar está amenazado.

 

Hay alguien que tiene mano firme para salvarnos. Es el Señor Jesucristo. No cedamos a la tentación que nos destruirá. Aferrémonos a la mano de Jesucristo.

 

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