PESARES
Cuando la
pena hace presa de nosotros,
sentimos que
el mundo se desploma, que
la vida se
interrumpe y que todo alreedor
se obscurece.
El dìa de la
alficción llega, se aleja la
esperanza, la
paz parece un sueño
irrealizable
y una sensación de soledad
llena
nuestras horas.
En el momento
que la tristeza se hace
presente, la
risa ajena suena como un
insulto, la
alegrìa carece de significado y
la dicha se
convierte en un bien inalcanzable.
La
tribulación nos sacude, deseamos
despertar de
la pesadilla, concertir el
presente en
lejano pasado y transformar
el dolor en
felicidad.
Pero es
entonces cuando acude en
nuestra ayuda
todas las virtudes y la
presencia
divina se deja sentir.
El corazón alegre produce buena
disposición: Mas el espíritu triste seca los huesos.
(Proverbios 17:22)