ACEPTAR LA VICTORIA, DISFRUTAR DE LA DERROTA

Acabo de ver la final de la liga de baloncesto de España. Es un hecho que deseaba la victoria de mi equipo, el F.C. Barcelona. Y así fué, aunque nada fácil como se esperaba, en cancha de su más encarnizado rival, el Real Madrid. Ambos clubes están prácticamente igualados en cuanto a finanzas, jugadores, fama e historia. Sin embargo, yo esperaba que ganasen los míos y, bueno, lo consiguieron. Felicidades. Pero, al terminar el encuentro, algunos espectadores (no voy a cometer el error de llamarles madridistas) mostraron su disgusto arrojando objetos a la cancha. Nada ocurrió, afortunadamente y todo acabó bien. Los dos entrenadores hablaron más tarde en términos muy deportivos y corteses, premio para ellos. Todo este asunto me ha llevado a reflexionar un poco acerca de la experiencia de ganar o perder, no sólo en el deporte sino en la vida. Ya que cada uno de nosotros tiene unas expectativas de vida limitadas, me parece a mí extremadamente claro que no debemos tomar cualquier incidencia negativa como un asunto de vida o muerte. No tiene sentido sufrir excesivamente cuando nuestros deseos no se ven satisfechos en su totalidad. Para perder una guerra, hay que haber llegado a la batalla final, mucho peor es aún para los que se han quedado antes, quizás mucho antes. Una vez que has llegado a poder luchar en la batalla final, ya has triunfado. Luego, alguien tiene que perder y alguien tiene que, necesariamente, ganar; Tenemos que aceptar esa regla. Y aún hay otro punto: No hay absolutamente ninguna situación en la que uno siempre pierda o siempre gane. Tu oportunidad siempre llegará, antes o después. Ya que no puedes disfrutar el presente, disfruta el futuro. La vida se compone de ladrillos así de pequeños y mejor que nos los tomemos con buena cara o estaremos muriendo un poco hasta el final. Felicidades de nuevo, a ambos equipos.

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