SOBRE LA INNOVACION. FRAGMENTOS DE TEXTOS TOMADOS DEL LIBRO "ECONOMÍA" DEL PROFESOR SAMUELSON. Editorial McGrawHill.
El progreso técnico y el crecimiento continuo.
De hecho, ni la sombría visión maltusiana ni el punto de vista del estancamiento con la estabilización de los salarios y los beneficios estaban en el guión de la historia. Los países occidentales no vieron poblarse cada vez más su tierra de crecientes hordas de campesinos al borde de la subsistencia. Tampoco se estancaron los salarios reales, al concluir la acumulación de capital.
|
Muy al contrario, una corriente continua de inventos científicos y técnicos y de prácticas empresariales mejoró extraordinariamente las posibilidades de producción de los países de Europa y Norteamérica, como muestra la Figura 36-2, en la que vemos que la curva de producto marginal de la izquierda y la frontera de precios de los factores de la derecha se desplazaron hacia arriba y hacia fuera debido al progreso técnico. El Capital y el trabajo son hoy más productivos al desplazarse en sentido ascendente y hacia fuera la curva de rendimiento del capital y la frontera de precios de los factores. Es posible obtener una mayor producción con las mismas cantidades de capital y trabajo a medida que avanzan el tiempo y la tecnología.
![]() |
¿Cuál es la interpretación de los acontecimientos mostrados en la Figura 36-2? Este gráfico afirma que en lugar de pasar a una situación estable con una producción, unos salarios y unos tipos de interés constantes- los inventos elevaron la cantidad de producción que se podía obtener con cada unidad de factor. Si no hubiera habido inventos, quizá se habría cumplido la profecía de Marx de la disminución de la tasa de beneficio. Sin embargo, los inventos elevaron la productividad del capital y recusaron la ley de la tasa de beneficio descendente. En la carrera entre los rendimientos decrecientes y el progreso tecnológico, la tecnología ha ganado por varios cuerpos, o al menos así ha evolucionado la historia hasta ahora.
Sesgo de la invención. No todos los inventos son imparciales, unos favorecen al capital, otros al trabajo. Las máquinas y los tractores reducen la necesidad de trabajo y aumentan la demanda de capital, por lo que se denominan <<inventos ahorradores de trabajo>>. Estos tienden a elevar los beneficios en relación con los salarios. Los inventos que reducen las necesidades de capital más que las de trabajo (como la introducción de jornadas laborales de turnos múltiples) son <<ahorradores de capital>> y elevan los salarios en relación con los beneficios. En una situación intermedia se encuentran los <<inventos neutrales>>, que no influyen significativamente en las demandas relativas o rendimientos de los diferentes factores. Desde la Revolución industrial, parece que los inventos han sido, en general, ahorradores de trabajo.
La figura 36-2 recoge la esencia de lo que dice la teoría moderna del crecimiento económico sobre el progreso de los sistemas capitalistas modernos. La combinación de la intensificación del capital y las mejoras tecnológicas explicará, las principales tendencias de la historia económica moderna. No obstante, no debemos olvidar que estas tendencias no son inevitables. Si cesara la intensificación del capital, se detuvieran la invención y las mejoras tecnológicas y la sociedad se encontrara por debajo de sus fronteras de posibilidades de producción y de precios de los factores, tal vez hubiera que sustituir la visión esperanzadora del crecimiento económico por las visiones sombrías de la dinámica capitalista expuestas por Malthus, Ricardo o Marx.
El cambio tecnológico y las innovaciones. Además de los factores fundamentales de la población, los recursos naturales y la formación de capital, hay un cuarto factor de vital importancia: la tecnología, en la cual los países en vías de desarrollo tienen una ventaja potencial.
Pueden tener la esperanza de beneficiarse utilizando las cualificaciones técnicas de las naciones avanzadas.
El desarrollo histórico de Japón y Estados Unidos ilustra claramente todo esto. Japón se unió tarde a la carrera industrial. A finales del siglo xix envió a sus estudiantes al extranjero y comenzó a copiar la tecnología occidental. Su gobierno desempeñó un activo papel al estimular el ritmo del desarrollo construyendo vías férreas y otros servicios públicos. Basándose en la adaptación de la tecnología extranjera, Japón pasó a ocupar su posición actual como la segunda economía industrial más grande del mundo.
El propio caso de Estados Unidos constituye un esperanzador ejemplo para el resto del mundo. Hasta la década de 1930, este país no alcanzó la primera línea de ataque en el campo de la ciencia pura. No obstante, durante un siglo su tecnología aplicada había sido claramente destacada. Examínense uno a uno los inventos clave de la industria del automóvil. ¿Dónde tuvieron su origen? Principalmente fuera. Y, sin embargo, Henry Ford y la General Motors aplicaron los inventos extranjeros y sobrepasaron en producción al resto del mundo. Por la misma razón, hoy, cuando Estados Unidos domina en el campo de la ciencia pura, no debemos sorprendernos si ello no le proporciona el dominio económico sobre sus socios comerciales imitadores y adaptadores.
El espíritu empresarial y la innovación. Cuando se leen historias como las de Japón o Estados Unidos, tal vez parezca que la adaptación de la tecnología extranjera es una fácil receta para el desarrollo. Quizá el lector se diga: «Vete al extranjero y copia los métodos más eficientes; ponlos en marcha en tu país y luego siéntate a esperar a que se salga la producción adicional».
Naturalmente, esto no funciona precisamente así. Unos pocos expertos pertrechados de una lista de proyectos no pueden resolver todos los problemas de un país pobre. Hay miles de barreras culturales y económicas que se oponen al progreso.
La experiencia demuestra que para que las tecnologías avanzadas funcionen, se necesitan personas emprendedoras que recojan esas ideas y las empleen. No es una tarea rutinaria adaptar la tecnología extranjera avanzada para el uso propio de un país subdesarrollado. Recuérdese que ésta se desarrollé para hacer frente a las condiciones especiales de los países avanzados: elevados salarios, abundante capital en relación con el trabajo y numerosos ingenieros cualificados, condiciones que no se dan en los países más pobres.
La tarea de fomentar un espíritu emprendedor es el papel clave del Estado. Comporta establecer servicios de divulgación para los agricultores, educación, formación, creación de escuelas de administración de empresas, y asegurarse de que el propio Estado tiene un respeto saludable por el papel de la iniciativa privada.
El círculo vicioso. Hemos hecho hincapié en que los países pobres se enfrentan a grandes obstáculos para combinar los cuatro elementos del progreso: el trabajo, el capital, los recursos y el espíritu empresarial, a los que hay que añadir las dificultades que les llevan a permanecer en un circulo vicioso de la pobreza.
La Figura 37-3 ilustra cómo exacerba un obstáculo a los demás. Las rentas bajas pueden generar un bajo ahorro; el bajo ahorro retrasa el crecimiento del capital; un capital insuficiente impide que la productividad crezca rápidamente; una baja productividad conduce a una baja renta. Existen otros elementos en la pobreza que se autorrefuerzan. La pobreza va acompañada de bajos niveles de cualificaciones y educación, los cuales impiden, a su vez, la adaptación de las nuevas y mejores tecnologías.
Dado que la pobreza nacional a menudo conlleva interacciones y refuerzos, algunos destacan que el desarrollo requiere un «gran salto hacia delante» para romper el circulo vicioso. Si un país es afortunado, la adopción de medidas simultáneas para invertir más, desarrollar cualificaciones y frenar el crecimiento de la población puede crear un circulo vicioso de rápido desarrollo económico.
...Basándose en el argumento expuesto por primera vez por Joseph Schumpeter, muchos han afirmado que la fuente de innovación y del cambio técnico se halla en las compañías gigantes y en la competencia imperfecta. Aunque es cierto que los competidores ineficientes generan ineficiencias debido a que sus precios son superiores a sus costos marginales, Schumpeter pensaba que los monopolios son los motores de la invención dinámica y del crecimiento tecnológico en una economía capitalista.
... la investigación y el desarrollo (I&D) son mayores en las industrias concentradas que en las competitivas. El caso clásico es el de Bell telephone Labs. Esta gigantesca entidad investigadora funcionaba con el apoyo del mayor monopolio del mundo la AT&T. Durante las cuatro décadas anteriores a la división de Bell System, Bell Labs inventó o hizo valiosas aportaciones a los transistores y los semiconductores, a las microondas y las fibras ópticas, a la memoria burbuja y a los lenguajes de programación, a los satélites y a las comunicaciones electrónicas. En la década de 1970, el 10% de toda la investigación básica industrial americana fue llevada a cabo por Bell Labs.
Los poderosos esfuerzos realizados en la vía de la I&D también han mostrado resultados similares en Du Pont, RCA, IBM, GE, GM y muchas otras grandes compañías.
¿Dónde entra la imperfección dc la competencia? la I&D y la invención son muy distintas de otras actividades económicas. Constituyen excelentes ejemplos de economías externas. Cuando Bell Labs inventó el transistor, sus beneficios (expresados en nuevos productos mejores o más baratos), se difundieron con una rapidez inusitada y espectacular por todo el mundo, los televisores japoneses, los automóviles alemanes, las microcomputadoras americanas, los relojes digitales que lleva todo el mundo se beneficiaron extraordinariamente del transistor y de los semiconductores. Sin embargo, el inventor, Bell Labs, sólo recibió por los inventos una ínfima retribución monetaria en forma de royalties.
Tampoco es el transistor un caso aislado. Los cuidadosos estudios de Edwin Mansfield y otros indican que el rendimiento que generan a Estados Unidos (en valor de nuevos productos) las nuevas innovaciones constituyen alrededor del triple de lo que recoge el innovador. Esta imposibilidad de recoger todos los frutos de los inventos se denomina «inapropiabilidad», es decir, la imposibilidad del inventor de capturar los beneficios de una actividad.
La imposibilidad de apropiarse de los rendimientos de los inventos -junto con los estudios empíricos que muestran que éstos tienen un rendimiento social muy elevado indica que son demasiados pocos los recursos que se destinan a la I&D privada. Por otro lado, el área más crucial del sector privado a la que se destinan menos recursos es la investigación básica, por lo que muchos estados subvencionan una gran parte de ella, en áreas como la sanidad, la ciencia y la tecnología.
La imposibilidad de apropiarse de los inventos también explica por qué es mucho más probable que las grandes empresas realicen I&D en comparación con las pequeñas- Si IBM vende el 65% de las computadoras de Estados Unidos, es probable que todo invento que se realice en este campo le beneficiara significativamente. Así pues, tiene un fuerte incentivo para invertir en I&D, mientras que los pequeños inventores tienen un incentivo mucho menor: si el lector inventara un nuevo «disco duro», dado que sólo vende una proporción insignificante de las computadoras del país, es mucho más difícil que se beneficie del invento. Por otro lado, sólo si puede conseguir una patente que tenga fuerza legal podrá como individuo o como pequeña empresa recoger los frutos de su actividad inventora(*). Por último, las grandes empresas pueden financiar los elevados costos de desarrollo y comercialización de nuevos productos. logrando de esa forma una buena posición en la carrera por una gran cuota de mercado.
Fue exactamente esta teoría la que llevó a Joseph Schumpeter a presentar su atrevida Hipótesis:
El nivel de vida actual de la población surgió durante el período de relativa libertad de las «grandes empresas». Si enumeramos los artículos que figuran en el presupuesto del trabajador moderno y observamos la evolución de sus precios a partir de 1899, no sólo en términos monetarios sino también en las horas de trabajo necesarias para comprarlos es decir, los precios monetarios anuales divididos por los salarios por hora anuales no podemos menos de sorprendernos ante la tasa de avance que, considerando la espectacular mejora de la calidad, parece haber sido mayor y no menor que antes.
Pero esto no es todo. Tan pronto como entramos en detalles e indagamos en los conceptos en los que el progreso ha sido más evidente, el rastro no nos conduce a las puertas de las empresas que trabajan en condiciones de competencia relativamente libre sino precisamente a las de los grandes establecimientos que, como en el caso de la maquinaria agrícola, también explican una gran parte del progreso del sector competitivo y surge en nosotros la asombrosa sospecha de que tal vez las grandes empresas hayan tenido más que ver con la creación de ese nivel de vida que con su reducción.
Aún mayor entusiasmo mostraba J. K. Galbraith:
Una Providencia benigna... ha hecho de la industria moderna de unas pocas grandes empresas un instrumento casi perfecto para fomentar el cambio técnico... No existe ficción más agradable que la de que el cambio técnico es el resultado del incomparable ingenio del individuo obligado por la competencia a emplear su inteligencia para beneficiar a su vecino. Desgraciadamente, es una ficción. El desarrollo técnico se ha convertido desde hace tiempo en cosa de científicos e ingenieros. Dicho de una forma contundente, ya se han hecho la mayoría de los inventos baratos y sencillos.
Estas osadas predicciones impresionaron a los economistas y han sido objeto durante años de intensas investigaciones. ¿Superan estas ideas un escrutinio minucioso? En primer lugar, todos admitirían que existe algo de cierto en la hipótesis schumpeteriana. No vemos que nuestra tienda local de comestibles, la estación de servicio o el cultivador de tomates mantengan un gran establecimiento de I&D. Así, en Estados Unidos, por ejemplo, las empresas de más de 5.000 trabajadores representaban el 87% de la I&D realizada mediante financiación privada. Del cuarto de millón de empresas manufactureras que tenían menos de 1.000 trabajadores, sólo el 4% contaba con un programa formal de I&D, en comparación con la cifra de 90% correspondiente a las grandes empresas.
Aunque la mayoría admite que las pequeñas empresas realizan pocas investigaciones, algunos no van más allá. Los escépticos respecto a la hipótesis schumpeteriana señalan que muchas empresas que tienen una baja cuota de mercado cuentan con considerables y fructíferos programas de I&D. Por otro lado, cuando John Jewkes y sus colaboradores rastrearon la historia de los inventos más importantes de este siglo, observaron que menos de la mitad procedía de los laboratorios de grandes compañías. La importancia de los pequeños inventores se ha visto confirmada en los últimos años al surgir nuevos e importantes productos aparentemente de la nada, como ocurrió cuando App1e Computers lanzó la revolución de la microcomputadora a principios de los años ochenta.
La relación entre innovación y poder de mercado es compleja. La gran contribución de muchas grandes empresas a la investigación y la innovación debería hacer dudar a los que las pulverizarían o a aquellos que sostienen que el gigantismo es un mal absoluto. Al mismo tiempo, las pequeñas empresas y los individuos han realizado algunos de los avances más revolucionarios, para fomentar la rápida innovación, un país debe proteger distintos enfoques y organizaciones. Dejemos que florezcan cientos de ideas.
...
Investigación y desarrollo dinámicos. Del mismo modo, la osada hipótesis schumpeteriana sostiene que los monopolios y los oligopolios dirigen grandes y fructíferos establecimientos de I&D. Si atomizáramos nuestras grandes empresas, es posible que destruyéramos al mismo tiempo los grandes laboratorios privados de I&D del país.
· Las consecuencias de los inventos han preocupado a los economistas desde la Revolución Industrial. Los instrumentos de este capítulo nos permitirán analizar los patrones de invención y crecimiento de una economía competitiva. He aquí dos ejemplos:
Marx predijo que en el curso del capitalismo descendería la tasa de rendimiento del capital y se empobrecería la clase trabajadora. Sin embargo, utilizando la frontera de precios de los factores podemos ver que hay aquí una predicción de más. S i desciende la tasa de beneficio, debe aumentar el salario real; y dado que los inventos deben desplazar hacia fuera la frontera p-f, sería sorprendente que uno de los precios de los factores descendiera bruscamente.
· Algunos sostienen hoy que los robots y las máquinas dejarán obsoletos a los seres humanos desde el punto de vista económico. Según esta sombría opinión, los seres humanos seguirán el papel del caballo en la historia, es decir, pasarán de ser un factor económico esencial a constituir un mero lujo.
· Para analizar este punto de vista, basta recordar que los robots son un tipo de bien de capital diferente. La robotización de la economía sugiere, en ese caso, que los inventos serán muy ahorradores de trabajo y que, como consecuencia, subirá tanto el tipo de interés real que los salarios descenderán espectacularmente. La variable clave que debe observarse en la robotización de Estados Unidos es, pues, las variaciones de la tasa de rendimiento del capital y de los tipos de interés reales.
(*) Los países han reconocido hace tiempo la necesidad de que el Estado proteja los inventos. Actualmente, Estados Unidos concede patentes al inventor de un producto o proceso original. Este tiene el derecho monopolista a utilizar el invento patentado o bcneficiarse de él durante diecisiete años. Al conceder ese monopolio en circunstancias muy concretas, el Estado aumenta las posibilidades de apropiarse del invento y de esa forma incrementa los incentivos de los inventores para inventar. Ejemplos de patentes prósperas son las del teléfono, la fotocopiadora Xerox y la cámara Polaroid.