La siguiente entrevista es tomada del libro: El Diseño Industrial de la Biblioteca Salvat de Grandes Temas.
El tema del diseño industrial es hoy en día uno de los
más actuales, y no sólo por lo que él es en sí, sino
también, y diríamos básicamente, por lo que representa de
impacto social para el hombre de nuestra época. Este utiliza lo
que el diseño crea en proporciones de dominio, vive envuelto e
inmerso por objetos artificiales, se siente modelado por ellos
mismos. Para hablar de cuestiones tan importantes hemos recurrido
al famoso diseñador italiano Ettore Sottsass(1917, Austria).
¿Puede
definirnos qué se entiende por diseño industrial, cuál es su
origen, su evolución histórica y su función social y
artística? ¿Cuál es la responsabilidad del diseñador frente a
la sociedad?
Uno va a la selva, escoge con
cuidado una rama y la corta. Después coge hierbas, o pelos de
cabra, o de jabalí, o incluso sus propios cabellos, y hace una
cuerda. Después ata fuertemente la cuerda a una extremidad de la
rama. Después tira de la cuerda y la ata a la otra extremidad
de la rama, de manera que ésta quede curvada. Terminado esto,
ya tenemos construido el arco, Después se hace una flecha y ya
se puede ir de caza.
Alguien debió inventar el
arco, Otros, después, han continuado construyendo arcos según
un modelo que se ha transmitido a través de la experiencia, y,
teóricamente, esta historia podría terminar aquí, o casi
terminar: teóricamente también, la historia podría resumirse
en la historia de la construcción de un instrumento para
quitar la vida a un animal.De hecho, una historia tan
simple no existe, porque en la realidad no existe
creo un instrumento totalmente
determinado por su funcionalidad mecánica.
Un cazador, antes no se decide
a matar un animal, debe tener hambre, o prever que tendrá
hambre, o estar enojado porque el animal no se deja coger, o
tener miedo porque el animal le amenaza; el animal le parece
demasiado grande y el arco demasiado frágil, o se siente él
mismo un animal rastreado por otro animal, o tiene miedo de que
el espíritu del animal que va a matar no le deje jamás en paz,
o cosas similares. Dentro de cualquiera de estas situaciones,
si bien el arco es un instrumento para matar a un animal, es
también parte integrante, elemento insustituible, señal de
reconocimiento, clave de codificación dcl drama (o comedia) del
cazador que va de caza, de toda la aventura de cazar, que
comprende: el cazador, la presa, la hora y el lugar. En la
realidad no existe, ciertamente, un modelo
hipotético-funcional de un
arco-instrumento-para-matar. Cada cazador que construye su arco
añade o quita cosas por propia decisión, invención o proyecto:
uno construye el arco pequeño, otro grande; uno lo pinta con
colores o con rayas o con puntos, o no lo pinta en absoluto;
uno pega plumas o colas de marta o tiras de papel, o no pega
nada; uno puede hacerle una asa, hacerlo desmontable, limarlo,
o pulirlo y puede hacer o dejar de hacer lo que crea
conveniente o no. Ahora bien, en un sentido más general,
global, todas estas operaciones del cazador respecto a un arco
tienen como objeto hacer que éste funcione mejor para facilitar
la caza, para encontrar el animal y asustarlo, para matarlo de
golpe, para sobresalir entre los de su tribu, entre los ancianos
poderosos, los jóvenes competidores y las muchachas casaderas;
que funcione mejor para sentirse bien y seguro y afortunado en
el presente y en el futuro, todas estas cosas que el hombre ha
deseado siempre.
Cuando un cazador se ha construido él mismo un arco
así, se puede decir al respecto que se lo ha
diseñado, entendiendo que, para resolver los problemas
de su arco, cl cazador ha realizado cierta cantidad de
razonamientos (que se llaman diseño o proyecto) mezclados a un
cierto número de acciones (llamados construcción) para
adaptarlo lo mejor posible a los usos para los cuales lo destina
y también adaptarlo a si mismo, persona solitaria y social a la
vez: a sí mismo tal como se conoce o no se conoce, se encuentra
o no se encuentra, consigue existir o no existir dentro de una
cultura, por primitiva o avanzada que ésta sea.
Si este cazador existe sea en los desiertos de
Australia, en las montañas de Nueva Guinea o en las selvas del
Amazonas, el proyecto, la construcción y el uso
del instrumento son problemas que él resuelve por sí mismo.
Es el cazador quien se hace diseñador, productor y consumidor
del objeto-instrumento-arco; es el cazador quien toma todas las
decisiones respecto a su instrumento, todas las elecciones y lo
experimenta él solo, saca las conclusiones de sus experiencias y
modifica sus decisiones, y aun se modifica a sí mismo sobre la
realidad de sus experiencias, y también vive (o muere)
registrando su vida sobre experiencias que decide él mismo y de
las cuales él sólo o casi administra los
resultados.
Puede ocurrir que el cazador no quiera ir más de caza,
que se haya vuelto demasiado viejo para salir a cazar o que su
mujer haya empezado a cultivar un pedazo de tierra en medio de la
selva; con un poco de carne que lleven los hijos cazadores a la
casa y unas cuantas zanahorias que lleve la mujer, el viejo
consigue sobrevivir.
Un buen día, al viejo cazador se le ocurre ponerse a
construir arcos; no arcos para él, sino arcos para los demás,
para sus hijos y para sus amigos cazadores.
Con esta idea comienza una nueva historia, porque se
empieza a dividir el trabajo: el que hace arcos y el que va de
caza, el que se especializa en resolver los problemas que
afectan al arco y el que resuelve aquellos que afectan a la caza;
quien llega a profesional diseñador o constructor de arcos, y
quien a profesional cazador...
Con esta idea de la división del trabajo las cosas se
complican en seguida.
Para empezar, puede ocurrir que, después de un
tiempo, el que diseña o construye los arcos olvide lo que es
en realidad una verdadera cacería. Puede darse el caso de que
haga arcos diseñados más sobre una idea de caza imaginaria que
no sobre una cacería vivida; puede también ocurrir que no
escuche bien aquello que le cuentan los cazadores o incluso que
interprete mal lo que le cuentan..., sus verdaderos terrores, sus
verdaderas necesidades, sus verdaderas técnicas mágicas, o no
mágicas, los verdaderos calor, frío, lluvia y viento.., y
así puede suceder que el arco no se produzca como el
instrumento perfecto (o imperfecto), pero completo, vivo e
integrado en la aventura global de la caza, que era el arco que
se construía un antiguo cazador.
Puede también darse el caso contrario: que el viejo
cazador, que dispone de tiempo y de capacidad de
concentración, logre especializarse de tal forma que
construya los mejores arcos. Esto puede muy bien suceder.
Pero puede suceder también que, al correr el tiempo y a
fuerza de tener que usar arcos diseñados y construidos por
otro, los cazadores se vean forzados a modificar su profesión,
y puede ser que se vean obligados a ejecutar gestos diferentes, a
cambiar el sitio y la distancia para sus acechos,
la cantidad de flechas a usar, el tipo de palabras
mágicas que debe pronunciar; puede suceder que cambie el estado
de miedo o de euforia; puede suceder que cambien tantas cosas en
la profesión de un cazador que no se construye más los arcos
él mismo.
Todo esto puede suceder porque ahora se han creado dos
clases de personas: aquellas que diseñan y construyen cosas,
objetos o instrumentos, y aquellas que usan las cosas, los
objetos y los instrumentos diseñados y construidos por otras.
Puede suceder que, cuando uno posee un secreto, aunque
sea el secreto de una experiencia o el secreto de un
conocimiento, termine por creer que él ha sido
escogido por poseer tal secreto; puede ocurrir que el que
diseña y hace los arcos se divierta mucho haciéndolos porque
son el resultado de conocimientos secretos que sólo él posee, y
puede también ocurrir que el constructor de arcos se crea y se
considere el único capaz de hacer cierta cosa, más aún, de
hacer ciertas cosas; el único capaz por elección
sobrenatural de diseñar y construir arcos, más todavía,
capaz de diseñar y construir; y puede empezar a pensar que
diseñar y construir (arcos) es una gesta mágica y que él, el
diseñador-constructor (de arcos) es en realidad un
mago.
Puede suceder, como ha sucedido y sucede, que un
diseñador-constructor se envanezca y se crea un mago. Hoy,
cuando sucede un hecho similar, esto es, cuando uno cree moverse
en un ambiente exclusivo, especial, misterioso, como si fuera un
clima de magia, dice de sí mismo que es un artista,
y, naturalmente, si la sociedad que le rodea le anima en esta
creencia, si tal sociedad, por connivencias secretas o no, por
negocios ocultos o no, por políticas oscuras o no, le ayuda, le
apoya, le consuela, el diseñador-productor de arcos, de
objetos, de cosas o instrumentos tanto más desarrollará
dentro de sí mismo y a su alrededor una cultura de lo mágico,
quiero decir una cultura en la cual él se sienta el amo. Encima,
las cosas pueden ir todavía más lejos. Puede suceder que
convenga o incluso se demuestre que es necesario que la cultura
de lo mágico no se pierda y que en cierto modo se transmita:
pueden formarse dinastías, sectas, clubes, asociaciones y,
finalmente, castas y también escuelas especiales que transmitan
el diseño-construcción como cultura de lo mágico.
De todas formas, estas cosas suceden porque alguien ha
empezado a especializarse diseñando y construyendo arcos de
caza, pero no solamente arcos. Hay también quienes se han
especializado en diseñar y construir espadas, puñales y
escudos, incluso en hacer estatuas de dioses y diosas, de
emperadores y reyes, y también joyas para decorar estas estatuas
y el ornato de reinas, baronesas o prostitutas; hay también
especialistas en hacer muebles, camas, sillas y mesitas, vasos de
terracota, de porcelana y de ónice, en hacer cestos y después
alfombras y zapatos y todo aquello que se necesita para vivir
cómodamente.
Todos estos especialistas se han llamado
artesanos para decir que sabían y saben el arte de
diseñar y construir con las manos todas las cosas, objetos e
instrumentos necesarios para una vida cómoda; naturalmente, la
difusión de estos artesanos especialistas empezó cuando el arco
no fue ya el único instrumento útil para sobrevivir, sino
cuando cosas, objetos e instrumentos empezaron a multiplicarse,
porque la gente había comenzado a habitar en casas, y hasta a
aglomerarse en casas, aglomeradas a su vez en ciudades, etc.,
como todos saben...
Ahora, llegados a este punto, se verifican otros fenómenos
extraordinarios. Por ejemplo, se verifica el fenómeno de que
estos artesanos, especialistas, etc., para vivir deben ser
pagados, y dado que esos artesanos estaban convencidos de que
eran unos magos, o casi, y que de todos modos estaban convencidos
de que cuanto mas uno se ha especializado más raro es, y cuanto
más raro más necesario es, estos artesanos querían ser bien
pagados; bien, respecto a las condiciones en las cuales se
encontraban. De todos modos, querían que se les pagara, y por
poco que pidieran no podían ser pagados ciertamente por aquella
pobre gente que no tenía ni el dinero para pagar-se a sí misma,
quiero decir, para pagar el grano, el queso, los higos y el vino
para ir tirando.
Por lo que he leído en los libros de los sabios y los
científicos, de la historia y de la prehistoria y por lo que
puedo imaginarme dados los viajes que he hecho y las experiencias
personales, cuando las relaciones entre aquellos que han
acumulado mucho dinero y aquellos que no les llega para nada,
entre aquellos que representan el poder y aquellos que se
llaman el pueblo, eran muy simples, esto es, eran unas relaciones
entre déspotas y siervos, entre déspotas y pobres diablos,
campesinos y desgraciados, la cultura del diseño-construcción
de cosas, objetos e instrumentos para pobres, era
aquello que era: muy pobre, y tendía a representar la posición
del siervo, no en comparación con el déspota (pues no era el
caso hacer comparaciones), pero sí en sus confrontaciones con
los elementos o fenómenos que le eran más benignos: quizá los
cielos, los ríos o las estaciones, quizá la hierba, las flores
o los animales, o quizás el amor o la muerte, quizás aquello
que se llama cosmos; y después también los dioses, tal vez
porque al siervo no le eran concedidas otras referencias que no
fuesen cosas totalmente inventadas, esto es, cualquier cosa
completamente y para siempre alienante, o quizá también porque,
si uno sabe que su destino es ser siervo, da lo mismo que se
refugie bajo un contra-patrón imaginario, un superpatrón dotado
de poderes superiores, que un día u otro conseguirá castigar al
patrón real. Todo puede suceder...
De todas maneras, cuando las relaciones entre poder eran
sencillas, los especialistas diseñadores-productores de cosas,
objetos e instrumentos para el poder, para los ricos,
para la casta militar, para la casta de los prelados, y así al
infinito, asumían el deber de configurar el poder en su riqueza
que era potencia después en su proclamado téte-a-téte
con el más allá y, en fin, en su hermetismo cultural,
quiero decir, en la posesión y dominio total y exclusivo del
conocimiento.
La distancia entre las dos áreas de
diseño-producción era tan grande que cada una seguía por su
cuenta y no se miraban nunca a la cara. Lo que se llama el pueblo
tenía sus especialistas diseñadores-productores que operaban
dentro los límites de la pobreza: debían arreglárselas con
materiales, técnicas, exigencias y lenguaje pobres: quizá
conmovedores, pero pobres; debían arreglárselas para imaginar
una vida más que poseerla realmente, debían arreglárselas para
cubrir la desesperación con sal, o canela, o azúcar. El juego
del artesanado para los pobres era es- breve;
siempre ha sido breve, sometido, melancólico, patético y alguna
vez conmovedor. Como cuando en Bali ponen campanas en los
eucaliptos y en los canales que irrigan los campos de arroz, o
como cuando en la isla de Futuna hacen cestos de paja tan suaves
que parecen nubes, o como cuando los Bororós se hacen adornos de
plumas, palitos, botones y pequeñas conchas para ser más
bellos que Dios, o como cuando las geishas se pintan la
cara de muñecas moribundas o cosas similares, como se pueden
encontrar y explicar a lo largo de toda la historia de esta
inmensa humanidad de los pobres: a lo largo de toda la historia
de la cultura de los pobres y de los siervos.
Los potentados han pagado siempre bien a aquellos que
diseñaban y construían cosas, objetos, instrumentos para
configurar su imagen de poderosos, para hacerse una hermosa
imagen a su alrededor, para definirse, reconocerse,
reencontrarse, presentarse, mantenerse en calidad de
potentados, etc. Los potentados han cuidado siempre atentamente
la creación, el desarrollo y manutención de los signos
provisionales o estables con los cuales ellos, los potentados,
están de acuerdo en ser descritos y diseñados, y han cuidado
siempre minuciosamente incluso la creación y mantenimiento de
una idea general del concepto calidad, o si se
quiere, del concepto de lo estético o de lo
bello, calibrando con cuidado y atención estos
conceptos sobre la situación histórica del poder, o sea, sobre
la cantidad de lo poseído, donde por poseído se
pueden imaginar tierras o castillos, dinero o joyas, armas o
esclavos, conocimientos o ciencia, etc.
Quiero decir que lo bello siempre lo ha
decidido el poder. Porque hacer leyes y normas y dar
juicios es prerrogativa del poder. Esto ya se sabe. Si quiero
decir que el diseño-construcción de una cosa, objeto o
instrumento está bien hecho, es bello, ciertamente lo puedo
decir cuando quiera, aunque sea un siervo o un pobre diablo, pero
si no soy un potentado no lo puedo sostener. Solamente si soy
un potentado puedo difundir mi juicio entre gente dispuesta a
escucharme, y convertirlo en ley, norma, cultura. Si
soy un potentado puedo encontrar incluso gente dispuesta a
difundir el juicio y a sostener la norma con convicción. Puedo
también instruir a diseñadores-constructores de objetos,
cosas e instrumentos, armas, muebles y ornamentos,
explicándoles bien qué es lo que me diseña mejor, qué es lo
que me define mejor; puedo también explicarle c6mo quiero ser
diseñado y definido. Si mi diseñador no sabe, no entiende o
no quiere escucharme, lo despediré.
Actualmente no existen ya en la práctica
diseñadoresconstructores de arcos. Son escasos también los
diseñadores-constructores de otros objetos e instrumentos
hechos con las manos o fabricados con herramientas sencillas
utilizadas por la misma persona que ha tenido las ideas para
adaptar cosas, objetos e instrumentos a su historia personal o
a la historia del adquiriente o, como se dice, del consumidor.
Hoy estos artesanos especialistas diseñadores-constructores son
muy pocos, porque en la historia de la humanidad, como todos
sabemos, se ha producido la invención de las máquinas y éstas
no son útiles sencillos que sirvan de auxiliares a las manos en
su labor, sino que son instrumentos muy complicados y elaborados
que sustituyen por completo o casi el trabajo de las manos; hacen
por sí mismas todas o casi todas las operaciones que antes se
hacían con las manos y las hacen, además, a gran velocidad y
hasta mejor, en el sentido de que posiblemente no cometen los
errores que se cometen con aquéllas y realizan por otra parte
trabajos que por medios normales no se podrían nunca llevar a
cabo, ni de prisa ni lentamente.
Con la invención de las máquinas todo problema
resulta muy complicado debido a la velocidad y a la cantidad.
Resulta complicado decidir lo que se va a hacer, encontrar dinero
para hacer aquello que se ha decidido hacer, saber cómo
proyectarlo y llevarlo a cabo, encontrar los materiales para
ejecutarlo, saber dónde poner aquello que se ha hecho y luego
cómo expedirlo, transportarlo, distribuirlo, cómo venderlo
más tarde, como lograr que se le pague a uno, qué hacer si no
se vende y que hacer si no resulta suficiente, así como otras
muchas cosas que son muy complicadas debido a la velocidad y
a la cantidad.
Por eso hoy existen tantos especialistas: cada uno sabe
o debería saber muchas cosas, todo lo que habría que saber
sobre cualquier aspecto especial de todo este proceso complicado
que se ha puesto en movimiento a partir del momento en que se
inventaron las maquinas, a partir del momento en que se
produce, a gran velocidad y sin cesar, una cantidad enorme de
cosas, de objetos e instrumentos, y se producen asimismo
Instrumentos para construir otras máquinas y se producen
máquinas para producir incluso materiales. No sólo materiales
viejos, que se encontraban ya en el mundo, sino también
materiales nuevos, que no habían existido anteriormente y con
los cuales se pueden fabricar otros tipos de cosas, de objetos
y de instrumentos nunca vistos, y así sucesivamente.
Incluso en la fase del trabajo referente al proyecto
existen muchos especialistas, como pueden imaginarse, porque para
hacer el proyecto de cualquier cosa, aun cuando sólo sea el de
una aspiradora, el de un fregadero de cocina o el de un grifo
para el agua de la bañera, o bien el de una simple silla, para
no hablar del proyecto de un automóvil o el de un teletipo, un
tren o una casa prefabricada, se requieren muchos especialistas
de todo género: ingenieros para los proyectos de los mecanismos
y de las estructuras necesarias, otros ingenieros que estudien
los materiales para fabricar los mecanismos y las estructuras o
bien que investiguen los elementos indispensables, etcétera, y
asimismo son precisos especialistas en matemáticas y en lógica,
y otros especialistas que estudien cómo podrán fabricar-se
estos mecanismo y estructuras estudiados por los ingenieros y
cómo podrán proyectarse y construirse las máquinas para
fabricar los mecanismos y estructuras estudiados por los
ingenieros, etcétera, etcétera; y se necesitan, asimismo,
especialistas que proyecten la forma, la imagen, la presencia y,
más en general, el significado que una cosa, un objeto, un
instrumento asume finalmente, para bien o para mal, cuando se
depositan entre la gente, cuando entran en contacto con una
determinada sociedad, con su historia, con sus religiones y
creencias, con sus utopías, con sus tabúes, con sus costumbres,
con sus lenguajes, etcétera.
Son estos últimos especialistas los que actualmente se
denominan diseñadores industriales o también industrial
designer para significar que diseñan aquellas partes
del proyecto de un producto que tienen que ver con la relación
global, física, cultural, psíquica, etc., del producto con la
persona o las personas que lo usan (y lo consumen), y la
relación también con la gente que habita los espacios donde
aquel producto se encuentra, y asimismo la relación de aquel
producto con la gente que acaso no lo usa y acaso no habita
físicamente los espacios donde el producto se encuentra, pero
habita espacios que resultan más o menos deformados por la
presencia próxima o aun muy lejana de aquel pro-dudo, de enormes
cantidades de aquel producto.
Esta parte del proyecto, esta parte tan esencial que se
denomina design resulta tan complicada que también para
realizar esta parte del proyecto se requieren hoy en día muchos
especialistas, y así se dice que también para esta parte se
exige la interdisciplinaridad, para significar que se deben
reunir todos los especialistas posibles y necesarios que sepan lo
que es preciso hacer para adecuar el proyecto y luego el
producto a la necesidad para la cual se está haciendo, y
no sólo para adecuarlo a la necesidad presente sino también
para la necesidad futura.
Porque naturalmente ha ocurrido que toda esta masa de
cosas, objetos e instrumentos producida por las máquinas se ha
precipitado con tanta velocidad e ímpetu sobre la gente que
ésta ha acabado por verse completamente rodeada de cosas,
objetos e instrumentos diseñados y construidos por otros, o sea,
decididos por otros, y así la gente ya no es ella misma y no
consigue ya ser ella misma, no consigue decidir nada por sí
misma, no consigue siquiera conocer los procedimientos a
utilizar para decidir por sí misma. Así ha ocurrido también
que si uno tiene el poder de producir todas estas cosas, objetos
e instrumentos, produce asimismo el destino de la gente para bien
o para mal.
En suma, ha sucedido que los que toman todas las
decisiones importantes son aquellos que tienen el poder de
producir las cosas: son ellos quienes elaboran la política sobre
lo que debe y no debe producirse y para quién producirlo y para
quién no; son ellos quienes definen las
necesidades por las cuales se dice que se producen
las cosas, y son ellos quienes ponen las necesidades en orden
de precedencia; son ellos quienes controlan las necesidades,
quienes las distribuyen a determinados grupos de gente y
quienes impiden a otros grupos distribuirlas en ciertos países.
Esto es lo que sucede con esta invasión de cosas, objetos e instrumentos fabricados por las máquinas, y siendo así, sucede que el problema de base no es tanto el de hacer el proyecto de todas estas cosas a producir, sino el de proyectar la gestión de todas las cosas que se pueden producir, esto es, es el de escoger qué cosas producir o no producir y decidir con cuáles rodear y asfixiar a la gente o con cuáles no rodearla o asfixiarla, y así sucesivamente. O al menos, si debe hablarse de especialistas de aquellos que hacen el proyecto el problema de base en su labor y en su especialización es el de ver hasta qué punto se hallan implicados, son conscientes y responsables frente a la gente de lo que hacen, de sus decisiones.