El siguiente es la parte inicial del Capítulo II. El significado de la teoría general de los sistemas del libro Teoría General de los Sistemas(1968) de Ludwig Von Bertalanffy, editado por El Fondo de Cultura Económica(1994).
En pos de una teoría general de los sistemas
La ciencia moderna se caracteriza por la
especialización siempre creciente, impuesta por la inmensa
cantidad de datos, la complejidad de las técnicas y de las
estructuras teóricas dentro de cada campo. De esta manera, la
ciencia está escindida en innumerables disciplinas que sin cesar
generan subdisciplinas nuevas. En consecuencia, el físico, cl
biólogo, el psicólogo y el científico social están, por así
decirlo, encapsulados en sus universos privados, y es difícil
que pasen palabras dc uno de estos compartimientos a otro.
A ello, sin embargo, se opone otro notable aspecto. Al
repasar la evolución de la ciencia moderna topamos con un
fenómeno sorprendente: han surgido problemas y concepciones
similares en campos muy distintos, independientemente.
La meta de la física clásica era a fin de cuentas
resolver los fenómenos naturales en un juego de unidades
elementales gobernadas por leyes «ciegas» de la naturaleza.
Esto lo expresaba el ideal del espíritu laplaciano que, a partir
de la posición y momento de sus panículas, puede predecir el
estado del universo en cualquier momento. Esta visión
mecanicista no se alteró antes bien, se reforzó
cuando en la física las leyes deterministas fueron
reemplazadas por leyes estadísticas. De acuerdo con la
derivación por Boltzmann del segundo principio de la
termodinámica, los acontecimientos físicos se dirigen hacia
estados de máxima probabilidad, de suene que las leyes físicas
son esencialmente «leyes del desorden», fruto de
acontecimientos desordenados, estadísticos. Sin embargo, en
contraste con esta visión mecanicista han aparecido en las
varias ramas de la física moderna problemas de totalidad,
interacción dinámica y organización. Con la relación de
Heisenberg y la física cuántica se hizo imposible resolver los
fenómenos en acontecimientos locales; surgen problemas de orden
y organización, trátese de la estructura de los átomos, la
arquitectura de las proteínas o los fenómenos de interacción
en termodinámica. Parecidamente la biología, a la ¡luz,
mecanicista, veía su nieta en la fragmentación de los
fenómenos vitales en entidades atómicas y procesos parciales.
El organismo vivo era descompuesto en células, sus actividades
en procesos fisiológicos y por último fisicoquímicos, el
comportamiento en reflejos condicionados y no condicionados, el
sustrato de la herencia en genes discretos, y así sucesivamente.
En cambio, la concepción organísmica es básica para la
biología moderna. Es necesario estudiar no sólo partes y
procesos aislados, sino también resolver los problemas decisivos
hallados en la organización y el orden que los unifican,
resultantes de la interacción dinámica de partes y que hacen el
diferente comportamiento de éstas cuando se estudian aisladas o
dentro del todo. Propensiones parecidas se manifestaron en
psicología. En tanto que la clásica psicología de la
asociación trataba de resolver fenómenos mentales en unidades
elementales átomos psicológicos se diría, tales
como sensaciones elementales, la psicología de la Gestalt reveló
la existencia y la primada de todos psicológicos que no son
sumas de unidades elementales y que están gobernados por leyes
dinámicas. Finalmente, en las ciencias sociales el concepto de
sociedad como suma de individuos a modo de átomos sociales
el modelo del hombre económico fue sustituido por la
inclinación a considerar la sociedad, la economía, la nación,
como un todo superordinado a sus partes. Esto trae consigo los
grandes problemas de la economía planeada o La deificación de
la nación y el Estado, pero también refleja nuevos modos de
pensar.
Este paralelismo de principios cognoscitivos generales
en diferentes campos es aun más impresionante cuando se tiene
en cuenta que se dieron independientemente, sin que casi nunca
interviniera nada de la labor e indagación en campos aparte.
Hay otro aspecto importante de la ciencia moderna. Hasta
no hace mucho la ciencia exacta, el corpus de las leyes de
la naturaleza, coincidía casi del todo en la física teórica.
Pocos intentos de enunciar leyes exactas en terrenos no físicos
han merecido reconocimiento.
No obstante, la repercusión y el progreso de las
ciencias biológicas, de la conducta y sociales parecerían
imponer un ensanchamiento de nuestros esquemas conceptuales a
fin de dar cabida a sistemas de leyes en campos donde no es
suficiente o posible la aplicación de la física.
Semejante inclinación hacia teorías generalizadas es
patente en muchos campos y de diversas maneras. Partiendo de la
labor precursora de Lotka y Volterra, p. ej., se ha desarrollado
una compleja teoría de la dinámica de las poblaciones, la lucha
por la existencia y los equilibrios biológicos. La teoría opera
con nociones biológicas tales como individuo, especie,
coeficientes de competencia y demás. Un procedimiento parecido
se aplica en economía cuantitativa y econometría. Los modelos y
familias de ecuaciones aplicadas en esta última se asemejan a
los de Lotka o, por decirlo todo, a los de la cinética química,
pero el modelo de entidades y fuerzas interactuantes ocupa otro
nivel. Por tomar otro ejemplo: los organismos vivos son en el
fondo sistemas abiertos, es decir, sistemas que intercambian
materia con el medio circundante. La física y la fisicoquímica
ordinarias se ocupan de sistemas cerrados, y apenas en años
recientes ha sido ampliada la teoría para incluir procesos
irreversibles, sistemas abiertos y estados de desequilibrio. Sin
embargo, si deseamos aplicar el modelo de los sistemas abiertos
digamos a los fenómenos del crecimiento animal,
automáticamente llegamos a una generalización de la teoría,
referente no ya a unidades físicas sino biológicas. En otras
palabras, estamos ante sistemas generalizados. Lo mismo pasa en
los campos de la cibernética y la teoría de la información,
que han merecido tanto interés en los pasados años.
Así, existen modelos, principios y leyes aplicables a
sistemas generalizados o a sus subclases, sin importar su
particular género, la naturaleza de sus elementos componentes y
las relaciones o «fuerzas» que imperen entre ellos. Parece
legitimo pedir una teoría no ya de sistemas de clase más o
menos especial, sino de principios universales aplicables a los
sistemas en general.
De aquí que adelantemos una nueva disciplina llamada Teoría
general de los sistemas. Su tema es la formulación y
derivación de aquellos principios que son válidos para los
«sistemas» en general.
El sentido de esta disciplina puede ser circunscrito
como sigue. La física se ocupa de sistemas de diferentes niveles
de generalidad. Se dilata desde sistemas bastante especiales
como los que aplica el ingeniero a la construcción de un
puente o una máquina hasta leyes especiales de disciplinas
físicas como la mecánica o la óptica, y hasta leyes de gran
generalidad, como los principios de la termodinámica, aplicables
a sistemas de naturaleza intrínsecamente diferente
mecánicos, calóricos, químicos o lo que sean. Nada
prescribe que tengamos que desembocar en los sistemas
tradicionalmente tratados por la física. Podemos muy bien buscar
principios aplicables a sistemas en general, sin importar que
sean de naturaleza física, biológica o sociológica. Si
planteamos esto y definimos bien el sistema, hallaremos que
existen modelos, principios y leyes que se aplican a sistemas
generalizados, sin importar su panicular género, elementos y
«fuerzas» participantes.
Consecuencia de la existencia de propiedades generales
de sistemas es la aparición de similaridades estructurales o
isomorfismos en diferentes campos. Hay correspondencias entre los
principios que rigen el comportamiento de entidades que son
intrínsecamente muy distintas. Por tomar un ejemplo sencillo, se
puede aplicar una ley exponencial de crecimiento a ciertas
células bacterianas, a poblaciones de bacterias, de animales o
de humanos, y al progreso de la investigación científica medida
por el número de publicaciones de genética o de ciencia en
general. Las entidades en cuestión, bacterias, animales, gente,
libros, etc., son completamente diferentes, y otro tanto ocurre
con los mecanismos causales en cuestión. No obstante, la ley
matemática es la misma, O tómense los sistemas de ecuaciones
que describen la competencia entre especies animales y vegetales
en la naturaleza. Se da el caso de que iguales sistemas de
ecuaciones se aplican en ciertos campos de la fisicoquímica y de
la economía. Esta correspondencia se debe a que las entidades
consideradas pueden verse, en ciertos aspectos, como
«sistemas», o sea, complejos de elementos en interacción. Que
los campos mencionados, y otros más, se ocupen de
«sistemas», es cosa que acarrea correspondencia entre
principios generales y hasta entre leyes especiales, cuando se
corresponden las condiciones en los fenómenos considerados.
Conceptos, modelos y leyes parecidos surgen una y otra
vez en campos muy diversos, independientemente y fundándose en
hechos del todo distintos. En muchas ocasiones fueron
descubiertos principios idénticos, porque quienes trabajan en un
territorio no se percataban de que la estructura teórica
requerida estaba ya muy adelantada en algún otro campo. La
teoría general de los sistemas contará mucho en el afán de
evitar esa inútil repetición de esfuerzos.
También aparecen isomorfismos de sistemas en problemas
recalcitrantes al análisis cuantitativo pero, con todo, de
gran interés intrínseco. Hay, p. ej., isomorfismos entre
sistemas biológicos y «epiorganismos» (Gerard), como las
comunidades animales y las sociedades humanas. ¿Qué principios
son comunes a los varios niveles de organización y pueden, así,
ser trasladados de un nivel a otro, y cuáles son específicos,
de suerte que su traslado conduzca a falacias peligrosas?
¿Pueden las sociedades y civilizaciones ser consideradas como
sistemas?
Se diría, entonces, que una teoría general de los
sistemas seria un instrumento útil al dar, por una parte,
modelos utilizables y trasferibles entre diferentes campos, y
evitar, por otra, vagas analogías que a menudo han perjudicado
el progreso en dichos campos.
Hay, sin embargo, otro aspecto aun más importante de la
teoría general de los sistemas. Puede parafrasearse mediante una
feliz formulación debida al bien conocido matemático y fundador
de la teoría de la información, Warren Weaver. La física
clásica, dijo éste, tuvo gran éxito al desarrollar la teoría
de la complejidad no organizada. Por ej., el comportamiento de un
gas es el resultado de los movimientos desorganizados, e
imposibles de seguir aisladamente, de innumerables moléculas;
en conjunto, lo rigen las leyes de la termodinámica. La teoría
dc la complejidad no organizada se arraiga a fin de cuentas en
las leyes del azar y la probabilidad y en la segunda ley de la
termodinámica. En contraste, hoy el problema fundamental es el
de la complejidad organizada. Conceptos como los de
organización, totalidad, directividad, teleología y
diferenciación son ajenos a la física habitual. Sin embargo,
asoman a cada paso en las ciencias biológicas, del
comportamiento y sociales, y son de veras indispensables para
vérselas con organismos vivientes o grupos sociales. De esta
manera, un problema fundamental planteado a la ciencia moderna
es el de una teoría general de la organización. La teoría
general de los sistemas es capaz en principio de dar definiciones
exactas desemejantes conceptos y, en casos apropiados, de
someterlos a análisis cuantitativo.
Hemos indicado brevemente el sentido de la teoría
general de los sistemas. y ayudará a evitar malos entendidos
señalar ahora lo que no es. Se ha objetado que la teoría de los
sistemas no quiere decir nada más que el hecho trivial de que
matemáticas de alguna clase son aplicables a diferentes clases
de problemas. Por ej., la ley dcl crecimiento exponencial es
aplicable a muy diferentes fenómenos, desde la desintegración
radiactiva hasta la extinción de poblaciones humanas con
insuficiente reproducción. Así es, sin embargo, porque la
fórmula es una de las más sencillas ecuaciones diferenciales y
por ello se puede aplicar a cosas muy diferentes. O sea, que si
se presentan las llamadas leyes isomorfas del crecimiento en muy
diversos procesos, no es esto más significativo que el hecho de
que la aritmética elemental sea aplicable a todos los objetos
contables, que 2 y 2 sean 4, sin importar que se trate de
manzanas, átomos o galaxias.
La respuesta es la siguiente. No sólo en el
ejemplo citado como simple ilustración, sino en el
desenvolvimiento de la teoría de los sistemas, la cuestión no
es la aplicación de expresiones matemáticas bien conocidas.
Antes bien, son planteados problemas novedosos y que en parte
parecen lejos de estar resueltos. Según mencionamos, el método
de la ciencia clásica era de lo más apropiado para fenómenos
que pueden descomponerse en cadenas causales aisladas o que son
consecuencia estadística de un número «infinito» de procesos
aleatorios, como pasa con la mecánica estadística, el segundo
principio de la termodinámica y todas las leyes que de él
emanan. Sin embargo, los modos clásicos de pensamiento fracasan
en el caso de la interacción entre un número grande, pero
limitado, de elementos o procesos. Aquí surgen los problemas
circunscritos por nociones como las de totalidad, organización y
demás, que requieren nuevos modos de pensamiento matemático.
Otra objeción hace hincapié en el peligro de que la
teoría general de los sistemas desemboque en analogías sin
sentido. Este riesgo existe, en efecto. Así, es Una idea
difundida considerar el Estado o la nación como organismo en un
nivel superordinado. Pero semejante teoría constituida el
fundamento de un Estado totalitario, dentro del cual el individuo
humano aparece como célula insignificante dc un organismo o
como obren intrascendente en una colmena.
La teoría general de los sistemas no persigue
analogías vagas y superficiales. Poco valen, ya que junto a las
similitudes entre fenómenos siempre se hallan también
diferencias. El isomorfismo que discutimos es más que mera
analogía. Es consecuencia del hecho deque, en ciertos aspectos,
puedan aplicarse abstracciones y modelos conceptuales
coincidentes a fenómenos diferentes. Sólo se aplicarán las
leyes de sistemas con mira a tales aspectos. Esto no difiere del
procedimiento general en la ciencia. Es una situación como la
que se puede dar cuando la ley de la gravitación se aplica a
la manzana de Newton, el sistema planetario y los fenómenos de
las mareas. Quiere decir que de acuerdo con ciertos aspectos
limitados, un sistema teórico, el de la mecánica, es válido;
no se pretende que haya particular semejanza entre las
manzanas, los planetas y los océanos desde otros muchos puntos
de vista.
Una objeción más pretende que la teoría de los
sistemas carece de valor explicativo. Por ej.. algunos aspectos
de la intencionalidad orgánica, como lo que se llama
equifinalidad de los procesos del desarrollo (p. 40), son
susceptibles de interpretación con la teoría de los sistemas.
Sin embargo, hoy por hoy nadie está en condiciones de definir en
detalle los procesos que llevan de un zigoto animal a un
organismo, con su minada de células, árganos y funciones muy
complicadas.
Consideraremos aquí que hay grados en la explicación
científica, y que en campos complejos y teóricamente poco
desarrollados tenemos que conformarnos con ¡o que el
economista Hayek llamó con justicia «explicación en
principio». Un ejemplo indicará el sentido de esto.
La economía teórica es un sistema altamente adelantado
que suministra complicados modelos para los procesos en
cuestión. Sin embargo, por regla general los profesores de
economía no son millonarios. Dicho dc otra manera, saben
explicar bien los fenómenos económicos «en principio», pero
no llegan a predecir fluctuaciones dc la bolsa con respecto a
determinadas participaciones o fechas. Con todo, la
explicación en principio es mejor que la falta dc explicación.
Si se consigue insertar los parámetros necesarios, la
explicación «en principio» en términos de teoría de los
sistemas pasa a ser una teoría análoga en estructura a las de
la física.
Metas de la teoría general de los sistemas
Tales consideraciones se resumen así.
En varias disciplinas de la ciencia moderna han ido surgiendo
concepciones y puntos de vista generales semejantes. En tanto que
antes la ciencia trataba de explicar los fenómenos observables
reduciéndolos al juego de unidades elementales investigables
independientemente una de otra, en la ciencia contemporánea
aparecen actitudes que se ocupan de lo que un tanto vagamente se
llama «totalidad», es decir, problemas de organización,
fenómenos no descomponibles en acontecimientos ¡ocales,
interacciones dinámicas manifiestas en la diferencia de conducta
de partes aisladas o en una configuración superior, etc.; en una
palabra, «sistemas» de varios órdenes, no comprensibles por
investigación de sus respectivas partes aisladas. Concepciones y
problemas de tal naturaleza han aparecido en todas ¡as ramas de
la ciencia, sin importar que el objeto de estudio sean cosas
inanimadas, organismos vivientes o fenómenos sociales. Esta
correspondencia es más llamativa en vista de que cada ciencia
siguió su curso independiente, casi sin contacto con las demás
y basándose todas en hechos diferentes y filosofías
contradictorias. Esto indica un cambio general en la actitud y
las concepciones científicas.
No sólo se parecen aspectos y puntos de vista generales
en diferentes ciencias; con frecuencia hallamos leyes formalmente
idénticas o isomorfas en diferentes campos. En muchos casos,
leyes isomorfas valen para determinadas ciases o subclases de
«sistemas», sin importar la naturaleza de las entidades
envueltas. Parece que existen leyes generales de sistemas
aplicables a cualquier sistema de determinado tipo, sin importar
las propiedades particulares del sistema ni de los elementos
participantes.
Estas consideraciones conducen a proponer una nueva
disciplina científica, que llamamos teoría general de los
sistemas. Su tema es la formulación de principios válidos para
«sistemas» en general, sea cual fuere la naturaleza de sus
elementos componentes y las relaciones o «fuerzas» reinantes
entre ellos.
De esta suerte, la teoría general de ¡os sistemas es una ciencia general de la «totalidad», concepto tenido hasta hace poco por vago, nebuloso y semimetafísico. En forma elaborada seria una disciplina lógico-matemática, puramente formal en si misma pero aplicable a las varias ciencias empíricas. Para las ciencias que se ocupan de «todos organizados», tendría significación análoga a la que disfrutó la teoría de la probabilidad para ciencias que se las ven con «acontecimientos aleatorios»; la probabilidad es también una disciplina matemática formal aplicable a campos de lo más diverso, como la termodinámica, la experimentación biológica y médica, la genética, las estadísticas para seguros de vida, etc.
Esto
pone de manifiesto las metas principales de la teoría general de
los sistemas:
(1) Hay una tendencia general hacia la integración en
las varias ciencias, naturales y sociales.
(2) Tal integración parece girar en torno a una teoría
general de los sistemas.
(3) Tal teoría pudiera ser un recurso importante para buscar una teoría exacta en los campos no físicos de la ciencia.
(4) Al elaborar principios unificadores que corren
verticalmente por el universo de las ciencias, esta
teoría nos acerca a la meta de la unidad de la ciencia.
(5) Esto puede conducir a una integración, que hace
mucha falta, en la instrucción científica.