Represión endógena
Por:
Daniel G. Cardozo M.
Miércoles 7 de
septiembre de 2005
Represión es un término bastante fuerte. Generalmente se entiende como
la aplicación de la fuerza en contra de las personas por razones diversas, pero
entiendase una cosa: la represión no solamente
significa golpear, vejar, humillar, asesinar o encarcelar a las personas ni
solamente es una acción para contener el descontento sino que esta puede darse
en ámbitos tan intangibles como el las criticas o comentarios a las ideas expresadas
por los ciudadanos.
Los gobiernos de toda índole usan la fuerza policial o militar para
reprimir manifestaciones públicas pero son los autocráticos los que realmente
saben hacer uso de esta en formas mucho más veladas, incluso invisibles y hasta
“endógenas” como hace este régimen donde
desde adentro, manipulando la psiquis colectiva, avivando los sentimientos mas
elementales del ser humano – amor, odio, rabia, rencor, aceptación – y acrecentando las necesidades básicas de
cada quien limitando su acceso, se fundamenta la necesidad de atacar, de
destruir, de reprimir tanto a los demás como a los propias ideas ya que si el
menesteroso, el que necesita del estado para vivir no reprime sus sentimientos
y solo dice lo que el otro quiere oír de el, se convierte en un reprimido.
Se reprime como dije no solo golpeando, también se hace coartando,
entorpeciendo, obligando, creando dependencia al sistema y manipulando a las
personas para que el “poderoso” logre el objetivo de manejar todo a su antojo.
Se reprime a la economía y por ende a la libertad de asociación cuando el mismo estado viola las leyes
permitiendo invasiones e interviniendo tierras, empresas y operaciones
comerciales amparado no en la ley sino en la interpretación abstracta de esta
sazonándola con discursos donde se exalta y enaltece una clara acción delictiva
convirtiéndola en una acción “reivindicativa” transformando al delito en
patrimonio ideológico, al rencor en justicia, al odio en ley.
Se reprime a los derechos humanos cuando se critica la supuesta
exclusión de “antes” y resulta que ahora la exclusión, la segregación y el
apartheid por razones políticas es un hecho innegable, al punto que se reconoce
públicamente la existencia de una lista “negra” con millones de ciudadanos que
no podrán acceder a trabajos, cargos, créditos, políticas sociales ni ningún
derecho que graciosamente se le concede a los “otros” convirtiendo al racismo y
la segregación en políticas de estado asintiendo con esto que quienes no están
con el sistema son sus enemigos buscando obligar a todos a “bajar la cabeza”
ante el supremo.
Se reprime a la justicia cuando se crean leyes las cuales si bien las
justifican con el criterio de eliminar “excesos” en las opiniones de los medios
y los ciudadanos, estas solo son aplicadas en contra de un sector de la
población, precisamente aquellos que no están con el sistema impuesto pero que
a la larga impedirán que cualquiera, estando o no con el sistema pueda expresar
su punto de vista, denunciar, criticar o hasta llevar un consejo porque el
todopoderoso estado no necesita de la opinión de nadie.
Se reprime a la dignidad de cada individuo cuando a través de discursos
incendiarios cargados de resentimiento, odio y rencor se siembra en los
corazones de los mas desposeídos la idea que solo a través de la venganza anónima,
de la destrucción de lo que nunca llegaron a tener, de la subyugación propia y
ajena al poderoso, de la desaparición del individuo como célula fundamental de
la sociedad para pasar todos a ser una masa uniforme, numerada y etiquetada, de
la destrucción de las ideologías y de las religiones, de la aniquilación de la
libertad individual y su sustitución por la libertad condicionada, de la
sumisión y el fanatismo ciego se podrá crecer como individuos, como sociedad,
como país, cuando realmente el objetivo es el exterminio de la sociedad libre
para pasar a la sociedad propiedad del estado.
Pero lo mas curioso y triste es que quien reprime y quien promueve la
represión es aquel que pregona que ahora Venezuela es de todos, que somos un
país soberano y libre cuando en realidad intenta atarnos a todos del cuello con
una correa, y mientras unos nos resistimos a esto otros, mansamente se dejan
poner el cepo, los grillos, las mordazas y andan como perros falderos felices y
sin protestar con una cadena al cuello mientras el amo los exhibe cual mascotas
obedientes, que brincan cuando se les dice, que ladran cuando se les ordena y
que cuando les aprietan la cadena piensan que son amados.
Con todo y esto hay quienes luchamos contra la represión y hay quienes
por creerse redimidos se convierten en reprimidos.