La masacre de Barrio Kennedy, apología de la pena de muerte

 

Por: Daniel G. Cardozo M.

 

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Miércoles, 06 de Julio de 2005

 

 

De lunáticos y anormales deben ser calificadas las reacciones de los diversos personeros del régimen chavista ante la absurda y cruel muerte que sus esbirros delincuentes propinaron a un grupo de jóvenes estudiantes de la universidad Santa Maria.

 

Aunque lo que sucedió en Kennedy fue pavoroso y solo comparable con las limpiezas raciales de Hitler o Milosevich, desgraciadamente no son noticias nuevas: lo único que cambió son los actores, pero los motivos para semejante atrocidad siguen siendo los mismos de siempre.

 

Patéticas son pues las lagrimas de cocodrilo derramadas por los bufones de boina y capucha que tratan de convertir un hecho abominable en una cruzada política para “adecentar” un sistema policial que si bien ya tenia la moral y la decencia por el piso con este régimen esta se pulverizó demostrando que el sistema de ejecuciones sumarias continua en vigencia plena.

 

         Indudablemente la muerte de esos jóvenes y decentes estudiantes no es algo que al régimen le preocupe realmente, lo que le preocupa es que estos muertos si tienen dolientes, son muertos que no podrán ser colocados en el olvido colectivo ni convertidos en criminales comunes que se auto exterminan entre si y por lo tanto deben de por esta vez “condenar” a las bestias ávidas de sangre que ellos mismos han promovido y colocado al frente de los grupos de exterminio en que ahora han convertido a los órganos de seguridad dependientes del ejecutivo nacional.

 

Pero hay otra verdad inocultable que ha facilitado  la actuación de los grupos de exterminio y es que desgraciadamente los ciudadanos de este país y sobre todo los que habitan las barriadas mas azotadas por la delincuencia han perdido la capacidad de sentir misericordia, han perdido el sentido de justicia y equidad y en cierta forma avalan este tipo de practicas malvadas ya que el sistema legal venezolano da la impresión de estar mas preocupado de cuidar al delincuente que al ciudadano decente… o a los estudiantes.

 

         No obstante, aquellos que crean o siquiera supongan que este régimen hará justicia por este caso están equivocados: el régimen encarcelará esta vez a sus propios monstruos porque simplemente no les es posible encubrirlos y necesitan mantener las apariencias porque todo el mundo sabe que esas bestias forman parte de los escuadrones de exterminio y persecución política del régimen, solo que esta vez “se les paso la mano” y no supieron hacer las cosas para salir bien librados, colocando a sus jefes en una incomoda situación.

 

         No basta con encarcelarlos y darles “la pena máxima” como vociferaba el capo di tutti en su parodia dominical, no bastan las lagrimas de cocodrilo de un ministro asesino de inocentes y desarmados vigilantes, no basta con cerrar a la DIM o al CICPC ni con los lamentos del fiscal cómplice de tantos crímenes, hace falta mucho mas para que en este país desaparezcan las practicas vejatorias de un sistema policial que eternamente ha aplicado la pena de muerte, hace falta mucho mas que esos “mea culpa” lastimeros y acomodaticios para que en Venezuela la justicia no sea solo un remedo de las practicas del linchamiento al estilo salvaje oeste.

 

         Nada de lo que hagamos devolverá la alegría a los que perdieron a sus hijos en manos de los verdugos del régimen, pero hay que hacer algo para cambiar la concepción de justicia, hay que dar un vuelco a la manera en que nosotros mismos pensamos, pero primero hay que devolver la civilidad y la cordura a todos los niveles de la administración publica y de justicia pues mientras mantengamos la idea que solo con plomo resolveremos la inseguridad seguiremos viendo a la caravana de la muerte llevar los restos del futuro hacia las fosas de los cementerios.

 

         El asesinato en Kennedy de jóvenes e inocentes estudiantes es abominable, pero también lo son todos aquellos cometidos en nombre de una “justicia” que es ejercida por los asesinos de uniforme, por bandas delincuenciales de toda índole, o de aquellos ciudadanos quienes se creen con el poder divino de decidir quien vive o quien muere, pues para condenar a alguien a cualquier pena primero hay que juzgarlo, pero nadie, ninguna autoridad o quien diga tenerla tiene en este país potestad de matar a nadie aunque este sea el delincuente mas aborrecible una vez que este es capturado y reducido, y así fue que mataron a esos muchachos: una vez capturados, esposados y indefensos.

 

         Justicia es lo que se pide, no venganza tal y como esas bestias asesinas buscaban por la muerte de uno de sus compañeros, pero para que haya justicia lo primero es que los ciudadanos terminemos de comprender lo que es esta y que exista un gobierno que practique dicha justicia en forma tal que esta no termine siendo una formalidad previa a la ejecución sumaria que las bestias de la masacre de Kennedy creyeron era la manera de ellos impartirla.

 

        

 

        

        

 

 

 

 

 

 

 

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