¿Libertad de expresión?

 

Por: Daniel G. Cardozo M.

 

Hace unos meses atrás en razón de la aprobación de la Ley RESORTE realicé un escrito denominado “Primero serán los mas pequeños” donde alertaba que entre otras cosas, no solo que la ferocidad de esa ley impulsaría una mordaza a los medios sino entre otras cosas, el hecho que los medios pequeños – de cualquier tipo – que basen sus finanzas en las pautas publicitarias gubernamentales tendrían entonces una espada de Damocles sobre sus cabezas.

 

No alcancé a imaginar que también los “medios oficialistas” serían alcanzados por este tipo de chantajes quizás porque en su necesidad, el régimen sería capaz de financiar cuanto periódico, radio o TV que estuviese dispuesto a lisonjearle.

 

No es que me solidarice con “Los papeles de Mandinga” u otros pasquines de ese estilo, con los locutores o periodistas botados o quizás con los que mantenían sus familias – obvio, los trabajadores – ya que no lo hago, pero esto que sirva de lección a los que creen que contratar con el régimen les asegura “la papa”.

 

Toda empresa depende de tres cosas primordiales para mantenerse y ser rentable: productos, compradores y buena administración.

 

En el caso de los medios – en especial los impresos –, el producto es la noticia y la publicidad, los compradores no son los que leen sino los que adquieren espacios publicitarios ya que lo que recauda un periódico cualquiera por la venta de sus ejemplares es solo una pequeña parte de la factura diaria, y la administración es la que desarrolla los planes comerciales para puedan mantener su operación aun cuando falle la publicidad o bajen las ventas, ya que un periódico serio, jamás depende exclusivamente de un anunciante para su operación.

 

Fíjense por ejemplo el caso de “La nueva Prensa de Oriente” o el diario “El Impulso” de Barquisimeto, “La Razón” y otros mas a quienes el SENIAT  ha cerrado uno o dos días por cosas absurdas y siguen funcionando, o de periódicos regionales a quienes las gobernaciones les han retirado las pautas publicitarias y si bien han pasado por problemas económicos, salen adelante, pues tienen algo que no tienen los medios subsidiados por el estado: son empresas, son independientes y no dependen de un solo anunciante.

 

Esta regla – de no depender de un solo cliente – es la que prevalece en casi todas las empresas, menos en las que como “Los papeles de Mandinga”, algunos otros pasquines, radios y Televisoras existen solo con el propósito de ser vehículos de publicidad ideológica a favor de un gobierno, y su destino estará siempre dependiendo de que tanto al dueño de los reales le caiga su trabajo: si no sirve, no lo necesita mas o no le agrada, lo eliminan sin intervenirlo: solo le quitan la publicidad y listo, el medio no es “rentable”  y debe se cerrado.

 

         Pero eso lo debían saber los editores de ese pasquín y seguro lo saben todos aquellos que ahora se lucran usando una de las mas antiguas formas para conseguir dinero: prostituyéndose, pues no hay diferencia entre aquel que escribe tarifado y expresa ideas con el fin de alabar al “amo” y prostituirse, pues vender la palabra es lo mismo que vender el cuerpo al mejor postor.

 

         Una cosa también esta clara con esto: la libertad de expresión solo es ejercida cuando el medio es independiente y este lo es cuando sus ingresos provienen de fuentes diversas, privadas o no, pero un medio pagado por el estado, financiado por este o a su servicio, adolece de libertad de expresión y esta es sustituida con la obligación de adular.

 

         Entonces ¿existe libertad de expresión? Si, en Internet, en medios no controlados por el régimen, en “radio bemba”, pero lo que es en los medios del estado esta claro que no, pues si alguien dentro, o el medio mismo critica, polemiza, exige o resulta incomodo por la razón que sea, sale del aire, de la imprenta, con la mágica formula china: “no hay leal no hay lopa”.

 

         No se realmente si eso fue lo que le paso a ese pasquín, pero todos los informes señalan que desaparece porque le retiraron la publicidad, así que, a llorar al valle o a preparar una nueva jalada magistral que haga que el “jefecito” de nuevo afloje “billete”, sino, chao “pescao”…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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