Defendámonos y ataquemos

 

Por: Daniel G. Cardozo M.

 

Resulta interesante y severamente contradictoria la manera en que los regimenes autocráticos interpretan las formalidades de la ley.

 

Y no me vengan con el cuento que el régimen de Hugo Chávez y sus partida de bribones no es ni autocrático, ni despótico o que no se asemeja a una dictadura porque sus acciones encuadran dentro de lo que universalmente se conocen como las características de ese tipo de sistemas: negación del derecho a pensar distinto, creación de leyes para limitar y condicionar las libertades colectivas, conformación de grupos de persecución ideológica y demás cuestiones que, sumadas nos indican la existencia de un estado dirigido por un déspota.

 

Pero vayamos al punto: las dictaduras del tenor que sean siempre exigen a los ciudadanos – sobre todo a los que no los alaban – a que actúen “dentro del marco de la ley” y les acusa de “no entender las reglas del juego”.

 

Si los ciudadanos que no comulgamos con este régimen queremos hacer una marcha a donde sea, tenemos que pedir permisos, ir a reuniones de coordinación policial y hasta asegurar que nuestros correligionarios se “portarán bien”, cuestión que no sucede cuando “ellos” lo hacen con o sin permiso pues van donde quieren, destrozan lo que se les atraviesa, agraden a mujeres y niños, la policía los protege y de paso, si alguien se defiende de su agresión, entonces es calificado de “violento y alborotador”.

 

Pero eso es solo un ejemplo de cómo las dictaduras usan a la ley para dar impunidad a unos y limitar o eliminar los derechos de otros, pues ejemplos tenemos por montones.

 

Si por ejemplo, un opositor se le ocurre declarar que tenemos derecho a rebelarnos, a activar los mecanismos constitucionales para restituir el orden legal extraviado, entonces somos “golpistas, violentos, traidores, etc.”, si se nos ocurre llamar a las cosas por su nombre, entonces cometemos injurias y calumnias o proclamamos el magnicidio y la violencia, pero tenemos que aguantarnos que del otro lado diariamente seamos bombardeados con un discurso de odio, feroz, inmisericorde, cargado de violencia y donde se incita a los embobados a destruir, matar, invadir y saquear a los que el régimen considera “enemigos”.

 

Prácticamente desean que actuemos “civilizadamente”, que nunca alcemos la voz, que jamás digamos ni una mala palabra en su contra mientras somos agredidos de diversas formas, pero es que la ley no escrita de la “revolución” dice que nosotros no podemos y ellos si, según su concepción del derecho.

 

Es como que si en nuestra casa entrase un ladrón, estuviese amenazándonos de muerte con un arma, llevándose nuestras pertenencias y abusando de nuestra familia y nosotros tengamos que vernos obligados a pedirle “por favor” que no lo haga y esperar a ver si al tipo le da la gana de hacernos el favor de dejarnos vivir, y si de casualidad lo enfrentamos y nos defendemos, entonces cometemos un delito, convirtiéndose el agresor en “victima inocente”.

 

Eso y la actuación impune del gobierno y sus pandilleros es inaceptable. Es inaceptable que tengamos que pasivamente dejarnos agredir y que cualquier acto de defensa sea un delito, es inaceptable que nosotros no podamos pedir para ellos lo mismo que ellos nos desean.

 

Entonces, debemos dejar la mojigatería, las buenas maneras, el actuar civilizado y responder con la misma intensidad en que somos agredidos, es mas, debemos ya de una vez atacar, con fuerza, con fiereza para defender lo que es nuestro por derecho y restituir la legalidad suplantada por esta especie de halo de impunidad que protege al régimen.

 

Si me gritas, te grito, si me disparas te disparo, y no esperemos mas a que ellos lo hagan ya que todas sus acciones deben ser acumuladas y respondidas retroactivamente. Ya tienen 7 años agrediéndonos, insultándonos, segregándonos y persiguiéndonos, así que mis amigos, ojo por ojo, diente por diente, pues ya es tiempo de combatir.

 

Seamos serios: la libertad no es una concesión que alguien nos da por ser sumisos, es un derecho con el que nacemos y es nuestro deber mantenerla así nos cueste la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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