Diciembre 16th, 2005
Por: Daniel Cardozo
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Si hay algo que exacerba a quienes están detrás de toda la campaña de
“mantenerse en la ruta democrática” es que la gente definitivamente no se come
ese cuento que la única salida que existe para restituir el sistema de
libertades que esta siendo conculcado por este régimen es mantenerse en el
juego de charadas en que este CNE ha convertido al sistema de votaciones.
Realmente si tuviésemos instituciones confiables y con honor, la única
vía seria esa, la de las elecciones, para como debería ser, mantener la
alternabilidad del poder, pero ante las amenazas de modificar la constitución
para ajustarla mas aun al insaciable hambre de poder y control del gobierno y
convertir a las elecciones en solo un requisito necesario para mantener las
apariencias, las estrategias deben y tienen que cambiar.
La ruta democrática – como se empeñan en llamarla algunos que dicen llamarse
“demócratas”– tiene varias aristas que no solo contemplan el ir a una elección
presidencial ya anunciada como plebiscitaria y arreglada, sino que posee muchas
variantes en la forma y los modos de exigir y hacer cumplir los derechos que se
quieren torcer.
Resulta inconcebible que luego de saberse que el CNE no solo tenia una
trampa-jaula montada con las capta-huellas, sino que el sistema esta diseñado
para crear votos virtuales y cambiar la voluntad del elector selectivamente, haya
quienes se empeñen en ir a elecciones sin que hayan cambiado en un ápice el
sistema electoral ni las condiciones de amplio ventajismo jurídico-legal que
tiene el régimen.
Tampoco podemos caer en el planteamiento sin sustento que solo con
cambiar al actual CNE – que el régimen, por supuesto cambiará con ayuda de su
oficina legislativa – las condiciones electorales cambiaran radicalmente y
entonces todo volverá a ser confiable, porque la jugada del régimen es el de
extenuarnos en vericuetos, conspiraciones, discusiones sin salida y decisiones
demoradas.
Se debe aceptar el hecho que estamos ante un régimen que controla
absolutamente todos los poderes públicos y que estos actúan según sus caprichos
y necesidades, también se debe aceptar el hecho que la población no votara por
nadie – así sea Jesús Cristo que nombren candidato – mientras continué el
férreo control del régimen sobre las instituciones, los partidos no terminen de
adecuarse a la lucha que ha de venir y aparezcan los lideres necesarios en
estos momentos.
Este juego de cansancios lo gana el régimen, por supuesto, porque son
ellos quienes al estar en posición de ventaja ante sus “enemigos” pueden
soportar el acoso, pero la “ruta democrática” puede derivarse de nuevo hacia
las acciones de calle, a las marchas, paros y protestas porque motivos hay
suficientes y se sabe que lo único que pone al régimen a temblar es la protesta
generalizada puesto que así se evidencia lo virtual y falso de su supuesto
apoyo popular – demostrado el 4D –, pero lo primero es retomar el animo y la
confianza de la gente, desgastados ya por una lucha sin cuartel entre un
gobierno autoritario y una oposición hasta ahora encajonada entre la indecisión
y la falta de acciones realmente contundentes.
La ruta democrática entonces no necesariamente es el solo ir a
elecciones o seguir a pie juntillas las decisiones tramposas de unas
autoridades ilegitimas y bandidas. Esta ruta también puede ser seguida con
luchas, insubordinación y desconocimiento de la autoridad, rebelión, golpe de estado
y cualquier otra cosa, porque algo si debe estar claro: cuando la democracia
desaparece para ser fachada de una dictadura, desaparecen entonces las
formalidades y las “reglas”, así que cualquier cosa se vale para restituir la
libertad.