Burrocracia participativa
Por:
Daniel G. Cardozo M.
En siete años este régimen ciertamente ha obtenido muchos logros,
bastantes diría yo, pero esos “logros” no necesariamente implican la consecución
de metas que reviertan el grave problema socioeconómico que ya teníamos, el
cual ha sido acrecentado exponencialmente por la acción depredadora,
confiscatoria, hegemónica, absolutista y hasta secuestradora del delincuente
que tenemos por presidente.
Estos logros tiene varias lecturas porque si bien a la gente se la
mantiene “en vilo” y con la expectativa de tener unas tierritas, una fabrica,
un trabajo, una casa, un programa de TV y en algunos casos la oportunidad de
entrar en el club de corruptos alegres, todo pasa por formar parte del circo de
pulgas amaestradas, con ser parte del coro de focas, con ser los burrocratas que representan el papel de bolsas y jaletis que tanto adoran tener a su alrededor los
dictadores aunque se hagan llamar “presidentes”.
La burrocracia participativa en este periodo
oscuro no tiene parangón histórico, porque si cuando Gómez era tácito que nada
se movía bajo el sol sin su consentimiento, al menos el tipo no usaba
maquillajes ni escondía su verdadera faz, pero el nuevo “Gómez”, el cabito, el
caudillo, el aprendiz de dictador se disfraza de presidente mientras que actúa
como lo que es, como todo un tirano mientras una cuerda de chupamedias
andan como locos aguantándole la mascara tratando que no se le caiga.
Da tristeza observar como el tipo es capaz de regañar e insultar a sus
seguidores – o mejor dicho, a sus sirvientes – en público, como los descalifica, como les
recuerda que deben ser serviles y estos en lugar de darse su puesto, de hacerse
respetar sencillamente agachan la cerviz y lamen las botas de quien les patea
el trasero.
Da mas dolor ver y oír a seres que parecen haber perdido su dignidad convertidos
en extrovertidos aduladores alabando las andanzas de alguien que claramente les
indica que el único camino para no ser esclavos es ser manumisos del negrero
explotador, que no tienen derecho a aspirar a ser mejores ni a tener algo de su
propiedad, que serán lo que el diga y harán lo que el quiera mientras se
dediquen a darle brillo a sus “pelotas”.
Da pena leer a quienes creen que diciendo como los demás dejaran de ser
libres ellos jamás pasaran por esa penuria porque las cosas son hechas para
destruir “a los otros”, nunca a ellos sin terminar estos de aceptar que la
esclavitud y la dictadura trata por igual a todos, no hace concesiones y solo
se “salvan” de la miseria los que mas hayan jalado siempre y cuando mantengan
ese equilibrio macabro de estar guindados del tirano manteniendo la boca
callada, solo usándola para proferir cánticos y halagos al tirano.
En Venezuela no hay democracia, hay burrocracia
participativa porque el presidente delincuente participa a una cuerda de
personas transmutadas en burros lo que deben hacer, pensar y decir para ser
tomados en cuenta y así tener lo que nunca tuvieron en su existencia humana, y
ojo con esto, no hablo de ese humilde pueblo que como mulas ha llevado a
cuestas el peso de la pobreza, hablo de esos burros enzapatados que antes
comieron de otros gobiernos y de los que nunca lo hicieron quienes ahora están
como rémoras chupando del régimen.
Como los burros, estos nuevos orejudos no opinan pero participan llevando
en sus lomos el fardo de la ignorancia, la sumisión, la obediencia obtusa, la adulancia
vil, el servilismo abyecto y demás situaciones
denigrantes de la dignidad humana, pero es que no podíamos esperar nada
distinto de quienes toda su vida solo han sido utiles
para de esparadrapo, de coleto, de burros enzapatados que renuncian a ser
personas para convertirse a cambio de plata en marionetas al servicio de un
tirano, en cómplices de la destrucción de Venezuela, en simples piltrafas
descerebradas.
Señores, la dignidad tiene un costo muy alto, puede costarnos la vida, pero
es preferible morir de pie como hombre que vivir de rodillas como los chavistas
burrocratas arrastrados.