Análisis situacional ante las elecciones de Diciembre

 

Por: Daniel G. Cardozo M.

 

Lunes 22 de Agosto de 2005

 

 

Indiscutiblemente los venezolanos estamos absolutamente polarizados políticamente hablando, pero esta división no solo esta en el ámbito de las preferencias o las vertientes ideológicas – tomando en cuenta que hay tres tendencias principales, oposición, oficialismo y NI-NI – sin también esta presente en la forma y manera en que los ciudadanos expresamos nuestra posición ante el reto electoral que se avecina: las elecciones parlamentarias.

 

La tendencia mayoritaria demostrada por la continua baja de participación electoral post-referéndum es la abstención, y aunque el organismo electoral se empeñe en decir que la cifra record alcanzada el 7 de Agosto – según ellos solo un 69 , casi 70%, según los cálculos opositores serios de mas del 80% – es “históricamente parecida a los últimos comicios del mismo rango”, lo cierto es que realmente, el numero de electores que dejo de concurrir es mayor al del 2000 si tomamos en cuenta que para ese entonces el REP era de poco mas de 10MM y ahora supera los 14MM, lo que demuestra la falta de motivación del electorado a concurrir a las urnas.

 

También está el factor desconfianza, que incide enormemente en la decisión final de cada quien, pero esta no es generada por un capricho maligno de la oposición ni porque se esté conspirando contra el sistema, sino que la desconfianza del electorado en la idoneidad, transparencia y pulcritud de los procedimientos electorales y del mismo ente rector ha sido directamente motivada por el mismo régimen con fines claros y precisos y magnificada por la constante denuncia de la oposición y la respuesta grosera, arbitraria, soez y altanera de los organismos del poder publico que en lugar de buscar formulas para dar mas confianza parecen mas bien empeñados en profundizarla.

 

Este 7 de Agosto pasado se demostró con cifras que hasta aquellos “comprometidos con la revolución” dejaron de votar y del total de votantes se puede intuir que en su mayoría los concurrentes fueron empleados públicos – del régimen y la oposición –, los beneficiarios de los ”planes sociales” y una gran cantidad de manipulables ya que se sabe por ejemplo que en muchas regiones del país durante la “prorroga” dada por el CNE los acólitos del régimen movilizaron sus maquinarias para prácticamente obligar a votar a todos los que tienen contabilizados en sus listas bajo pretextos, excusas, presiones y hasta chantaje.

 

De manera subjetiva también se intuye que apenas un 20% de los electores asistentes lo hicieron por convicción y también de manera subjetiva se desprende de estas cifras que el régimen solo tiene menos de 1.5MM de votos “duros”, por lo que, sabiendo que la mayoría de la oposición ha concurrido a votar – a pesar que en las regionales pasadas empezó a manifestarse la abulia electoral  – de manera espontánea y voluntaria, debían de alguna manera crear una sensación la cual desmotivara a esa fuerza opositora, que les haga sentir que todo esta perdido, que no vale la pena luchar contra el régimen, todo esto sazonado con el gran caldo cocinado desde el CNE y el Sr. Jorge Rodríguez quien cada vez que emite una declaración demuestra su adhesión incondicional al “proceso” potenciando así la resistencia electoral por ellos haberlo convertido en lo que podría llamarse un acto simbólico y al parecer, han logrado su objetivo.

 

La abstención como recurso de protesta por si sola únicamente permite desenmascarar cifras y demostrar la indiferencia del electorado, pero no tiene – y debemos ser honestos con esto – ningún alcance practico y no logró por si sola motivar a la gente a un estadio de protesta mayor: la desobediencia ciudadana.

 

En un sistema como el venezolano donde no existe regla de quórum mínimo de participación ni en cantidad de votantes ni en cantidad de tendencias políticas para dar validez a un acto electoral, con que se presente UN solo partido a elecciones y vote cualquier cantidad, la elección legalmente es valida.

 

 Una situación como esta no invalida ni deslegitima a los electos, pues lo único que lo haría sería que se demostrasen actos graves ya calificados por la ley como delitos electorales, pero allí entra el otro problema: el arbitro estamos seguro que solo reconocería dichos delitos si quienes los cometiesen fuesen sus opositores, no sus seguidores, violentándose la norma de igualdad ante la ley.

 

Lo que si tendría un efecto político devastador es si ese llamado a la abstención fuese acompañado por todos los partidos, grupos de electores e iniciativas propias no solo del bando opositor sino también de los llamados “bolivarianos” a quienes por cierto el régimen les esta esquilmando inmisericordemente sin que estos parezcan entender que ellos también son victimas del gran latrocinio electoral montado por el régimen.

 

Una posición unitaria – llamando a la abstención, a la desobediencia o a votar –, acompañada de sendas protestas nacionales e internacionales solicitando los cinco puntos que SUMATE ha puesto como condiciones mínimas e indispensables, con campañas de información dirigidas por juristas en la materia electoral y donde los voceros mantengan una firme posición sin negociación alguna seria lo ideal, pero esto no debe ser una iniciativa exclusiva de los partidos políticos, sino también de los ciudadanos y necesitaría que así como apoyamos una salida electoral para el RRP con fervor, apoyemos una propuesta como la descrita de darse, el problema es que los partidos del “status quo” no terminan de entender que para que esto suceda, debemos todos de arriesgarnos, no solo los ciudadanos.

 

Convencer a los partidos de no participar en elecciones es difícil porque su esencia fundamental esta en la participación electoral – para eso es que existen – así que sabemos que lograr una posición de unidad en torno a la no participación es difícil por no decir imposible.

 

Con esto – y estando en pleno conocimiento de la situación – el régimen continua con su plan de desmotivar y generar desconfianza en el electorado pero ¿en que lo beneficia eso si su propia gente dejaría en su gran mayoría de votar? En mucho y les explico:

 

Habiéndose constatado que la maquinaria del gobierno se apoya en los empleados públicos – manipulables de por si mediante el miedo a perder su empleo – y en los que perciben bonos, becas y planes sociales – misiones, cooperativas, prestamos, adjudicatarios de tierras y los que se encuentran en las listas de espera –, el régimen cuenta con que los opositores no tengan mayor concurrencia en las urnas electorales ya que entonces, con sus votos “duros” tiene mas que suficiente para hacerse de lo que les resta por controlar mientras que la oposición quedaría con cifras tan bajas que no solo legitiman el acto sino que “demuestran” su poco nivel de convocatoria.

 

Una abstención masiva pero con la participación de algunos partidos opositores legitima políticamente el acto y el régimen tendría la mesa servida para continuar en su camino de unificación de los criterios de estado para destruir toda voluntad de participación de la gente que no comulga con ellos y que saben muy bien que son la mayoría, pero en todo caso ellos ganarían mas espacio contando en parte con la inasistencia de los opositores y el ventajismo que el CNE le otorga.

 

 Hay entonces dos estrategias para derrumbar el mito del régimen todopoderoso y amado por el pueblo: la abstención de toda la oposición y su negativa a participar en conjunto (la mas utópica) y lo contrario, que sería lo que no se esperan, la masiva participación del electorado opositor no solo en las votaciones sino en todos los ámbitos del proceso electoral (observación, testigos, miembros de mesa, etc.) sumado esto a una gran movilización con presión social exigiendo los puntos mínimos presentados por SUMATE.

 

Se que dando esta segunda alternativa muchos dirán que me he vuelto loco o colaboracionista y una gran cantidad de epítetos que me arriesgo a recibir, sin embargo no digo que este es lo que hay que hacer, digo que estos son los dos caminos que tenemos.

 

Si todos nos ponemos de acuerdo y presionamos a los partidos a no participar, incluso sus militantes lo hacen y confiando que los candidatos entiendan ese clamor esto catapultaría la abstención y la negativa a participar en un proceso evidentemente amañado con un arbitro que ni siquiera es capaz de ser consistente en el tiempo con las cifras por el presentadas en el RRP (recuerden el “pelón del libro de Jorgito), pero hay que estructurar una vocería seria y comprometida a no dar marcha atrás ante ningún espejismo de claudicación del régimen y que presente tanto al país como al mundo argumentos serios, sustentados y convincentes que den razón a esa duda razonable que la mayoría tenemos de las instituciones electorales.

 

Ahora, si vemos que no hay respuesta del régimen ante las legitimas exigencias de los ciudadanos demócratas, entonces hay que tomar una decisión: o tomamos los fusiles y nos vamos a la guerra o la desobediencia en las calles o nos montamos en quizás lo que sea la ultima oportunidad de derrotar al régimen en donde mas les dolería y que es la institución que le sustenta su “legitimidad”: la asamblea nacional.

 

Aquí también la exigencia va a los partidos políticos: deben abstenerse de presentar como “candidatos de la unidad” a personajes que si bien sus nombres suenan bien y hasta lógicos en algunos grupos sociales minoritarios o en sus cúpulas de poder, resultan ser detestados en los estratos sociales mas populares por diversas razones que muchos conocemos.

 

Los partidos políticos – todos en su conjunto – deberían trabajar con una plataforma unitaria – presentando planchas únicas para cada estado – o por lo menos candidatos que representen verdaderamente los intereses de la gente y el ideal de libertad que tanto defendemos y salir o dar de baja a personajes ya rallados, quemados y que no representan ningún cambio.

 

El tercer camino es quizás el más difícil y más duro tanto en sus consecuencias como en su activación: la desobediencia ciudadana porque implica un sacrificio enorme de todos nosotros, quizás más que el que representó el paro del 2002 y todo lo que hemos hecho hasta la fecha y depende solo de la gente. Bastante se ha hablado de cómo organizar la desobediencia, de los motivos – que siguen vigentes – para activarla y los obstáculos que posee, pero lo mas importante es que esta se dará si y solo si los ciudadanos aceptamos el reto, del resto, si no tomamos en serio la cuestión, seguirá siendo mas y mas retórica y un simple tema de debate en las asambleas de ciudadanos.

 

La desobediencia es quizás el camino más duro pero el más temido tanto por el régimen como por los partidos de la oposición que obcecadamente no terminan de entender que los caminos que se tomen – abstención, electoral o desobediencia – requieren de unidad de conceptos, criterios, acción y sobre todo objetivos.

 

En definitiva no hay formulas mágicas ni salidas garantizadas a esta situación.

 

Sabemos que si la abstención no es masiva, unitaria y complementada con acciones de presión y exigencias legítimas solo terminaría convirtiéndose en algo sin objetivo práctico porque el solo hecho de no votar no puede ser el fin último.

 

Si vamos a votar también tiene que ser un acto masivo, pero complementado con formulas que muestren una plataforma unitaria de candidatos con una representación heterogénea de todos los factores políticos o donde los partidos compitan entre si pero con un mensaje similar, que cumpla con las exigencias del electorado y con un compromiso verdadero de cumplimiento del reto aceptado y exige que muchos de los eternos postulados den paso a lideres locales y rostros frescos a los que el régimen no pueda atacar y que tengan mínimo rechazo de la población.

 

Si vamos a la desobediencia esta también debe ser masiva, con apoyo de todos y asumiendo el riesgo con valentía, pero también debe de tener objetivos y metas concretas que vayan mas allá del simple mensaje de salir del régimen, con vocería homogénea y deben estar también unidos los partidos y la sociedad civil en un liderazgo horizontal que tenga planes concretos y firmes del que hacer antes, durante y después.

 

Pero todas las salidas exigen una cosa: UNIDAD, piden el fin de las mezquindades y las avaricias, solicitan renunciar al poder por el poder mismo y requieren de organización, unificación de criterios y sobre todo un absoluto desprendimiento personal porque la ultima frontera de la democracia esta acercándose y si nos quedamos sentados esperando unos a que otros les resuelvan el problema o sencillamente cuidando nuestras espaldas tratando de conseguir un cargo político, lo único que será afectado es lo mas importante que los venezolanos demócratas tenemos: nuestra libertad y democracia.

 

La decisión es suya, yo solo presento los escenarios, pero de algo si estoy seguro: debemos decidir que hacer para ayer…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acuérdense que los regimenes totalitarios usan la mentira de decirse poderosos amparados en el miedo, el aburrimiento y la remotivación de quienes le adversan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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