Si votas pierdes, sino votas también, entonces ¿Cuál es
la salida?
Por:
Daniel G. Cardozo M.
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Martes 2 de Agosto
de 2005
Normalmente las democracias formales
existen gracias a la única forma de consulta popular efectiva, aceptada por
todos y relativamente menos complicada: las votaciones.
Una democracia se fundamenta en la participación
plural e igualitaria – en igualdad de condiciones – de quienes aspiran a ser
electos por los ciudadanos como funcionarios públicos ya que para manejar desde
una pequeña comunidad indígena en el alto amazonas hasta el país en su
conjunto, la única forma en que todos acepten que determinadas personas ocupen
esos cargos es que compitan entre si y sea el colectivo quien con su participación
decida quienes quedan y quienes no.
Dicho esto, entro en materia porque sino
corro el riesgo de hablar zoquetadas porque hasta el párrafo anterior, todo
suena muy bonito, pero nuestra realidad dista mucho de ese estado ideal de democracia
y libertad.
Decir que en Venezuela ha funcionado
siempre un sistema democrático perfecto – por lo menos antes de la dictadura
actual – es caer en el ridículo. Nosotros nunca hemos tenido una democracia
ortodoxamente formal sino mas bien tuvimos hasta el 98 una especie de menjurje de
elecciones y participación para dar consistencia a un proceso de cambios que en
algún momento debía devenir en una democracia seria, honesta y sobre todo
funcional pero en lugar de eso volvimos a caer en el embrujo del caudillismo
latinoamericano que tantos dictadores y muertos ha causado.
En unos días más – exactamente el 7 de
Agosto – nuevamente se dará vida a ese sistema mesiánico caudillista atrasado y
mediocre mediante un nuevo ejercicio de la capacidad ilusoria de nuestro
sistema y método electoral. Como si no hubiese sido suficiente el fraude
electoral de las dos pasadas consultas los partidos del “status quo” intentaran
hacerse de algún espacio de poder alegando la necesidad de elegir a los que “directamente”
resolverán los problemas de las comunidades como si en este país las decisiones
pasaran de abajo hacia arriba y no como es evidente: de Yo el Supremo hacia el
resto que deben aceptar las ordenes sin chistar ni protestar.
De igual forma se pone a prueba una
nueva faceta hasta ahora nunca intentada de protesta: la abstención y la huelga
electoral donde una gran cantidad de ciudadanos intentaran mediante su no participación
quitar legitimidad al régimen y a su vez crear las condiciones para que los ya desgastados
partidos políticos se renueven o den paso a nuevas agrupaciones con métodos de
lucha democrática muy distintos a el simple ejercicio electoral o a la protesta televisiva como es la
desobediencia y desconocimiento de la auto impuesta autoridad que ilegítimamente
no solo dirige al país sino que tiene el descaro de convocar a unas elecciones
evidentemente amañadas y sin ningún viso de transparencia.
Analizando las propuestas distintas a
las del dictador y sus acólitos quienes llaman a votar por la imagen del “jefe”
– véase la propaganda del régimen donde en lugar de salir los rostros de los
candidatos sale es el del caudillo – dando a entender que el es el centro del
universo, observamos dos propuestas en la oposición: la de la llamada “oposición
oficialista” que llama a votar para no “perder espacios y demostrar la
inconformidad con el sistema” y la de la “Oposición nacionalista” que llama a
la abstención como forma de protesta, y debo decir que los argumentos de ambas
son buenos, muy buenos, hasta coherentes incluso, pero he de hacer dos o tres
consideraciones antes de ofrecer mis conclusiones.
La primera es que votando el único que
gana es el régimen dictatorial porque con eso demuestra a su publico de galería
– nacional e internacional – que aquí se vive “en democracia” y por ende su
cacareo que nunca hubo fraude y que gano “limpiamente” el RRP y las regionales
del año pasado obtiene el espaldarazo necesario para seguir con su proyecto de
consolidar todo el poder posible por el mayor tiempo posible.
La segunda es que no votando el único
que gana es también el régimen porque así le es mas fácil realizar la trampa,
sacar sus múltiples cedulados a usurpar la identidad de millares de personas y
puede sin casi sin obstáculos manipular los resultados electorales y aun a
pesar que se manifieste un total ausentismo en los centros de votación siempre tendrán
forma de justificarlo ya que la observación internacional y nacional no podrán estar
en todas partes.
La tercera es que a la final todos
perdemos – pro dictador o no – por la sencilla razón que a los dictadores poco
les importa el pueblo, la gente y las comunidades y solo les interesa – como es
el caso – mantener la mayor cantidad de poder por la mayor cantidad de tiempo y
una vez consumado su objetivo esos mismos párvulos que tanto les siguieron
esperando alguna migaja o un “beneficio” terminaran en el mismo patíbulo al
lado del que nunca comulgo con el dictador el día que tengan la osadía de no
aceptar una orden o disentir del pensamiento del supremo dictador comandante
presidente y si dudan véanse en el ejemplo de Cuba donde aquel que no esta con
Fidel esta preso o muerto.
Mi conclusión es que ambas posiciones
nunca debieron existir – votar o no votar – sino que se debió tener una posición
unitaria si es que todos consideran que están contra de la dictadura pero como
sabemos, existen los gatopardos en la oposición, seres que desde una posición u
otra están solo para buscar favorecer la estrategia del régimen de mantenerse
para siempre en el poder y son los que han causado este divisionismo absurdo
dentro de quienes no comulgamos ni con el pasado ni con este presente
oprobioso.
En definitiva, salte sapo o salte rana,
votemos masivamente o nos abstengamos masivamente dadas las condiciones el único
ganador es el régimen pero existe una opción que el régimen trata no prospere,
que sus oficialistas contrarios intentan desesperadamente se olvide o se considere
inútil porque ambos saben que daría al traste tanto con el dictador como con
los que siempre han jugado a arrimarse al poder: LA DESOBEDIENCIA ACTIVA Y
MASIVA.
Tristemente solo queda un camino para
retornar a la senda democrática: derrocar al régimen por los medios que sean y
digo tristemente porque se que muchos moriremos pero por lo menos dejaremos
algo tangible a nuestros hijos, libertad y futuro. Lo otro, el continuar
jugando a la candelita con el tirano significa que en poco tiempo habremos
colaborado con el para imponernos nosotros mismos el cepo, el grillo y el
encierro.
Entonces nada de votar o no votar:
DERROCAR ES EL VERBO DESOBEDIENCIA LA ACCION LIBERTAD NUESTRO DESTINO.