Un solo camino queda: derrocar al tirano

 

Por: Daniel G. Cardozo M.

 

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Miércoles, 15 de de junio, 2005

 

 

O nos callamos o nos callan, esa es la premisa que el régimen pretende utilizar para evitar que la verdad siga saliendo a flote.

 

Cada vez que observo los movimientos sinuosos de los representantes del tirano en la AN me doy cuenta que solo tienen una misión y un solo objetivo: convertir al los cioudadanos de este país en mudos manumisos quienes ni hablen ni piensen por si mismos si no es con la autorización del por ahora dictador.

 

Es cada día mas agobiante la presión que sobre los medios se ejerce por vías “legales”, pero es mayor aun la que se imprime sobre la ciudadanía mediante la promulgación o reforma de leyes cuyo único fin es la de hacer claudicar a todos; que creamos que no hay nada que hacer y que el régimen simplemente nos gano la pelea.

 

Se quiere llegar al extremo antes inconcebible que las personas eviten comentar en publico temas de política que vayan contra el régimen o que para hacerlo tenga que ser entre grupos “de confianza” para evitar ser denunciados, atropellados, agredidos o incluso encarcelados.

 

La mentira oficial es aberrante y se fabrica para mantener a la población y al mundo informando únicamente de las cosas que al régimen le conviene que se sepa y evitar a toda costa que la realidad, esa que viven todos sea siquiera discutida.

 

Resulta imposible calificar a este gobierno como democrático, como respetuoso de los derechos humanos ni mucho menos se puede afirmar que la libertad de expresión que aun existe sea realmente libertad ya que lo que hay es una fuerte resistencia a perder la capacidad de hablar, pensar, disentir, informar y debatir, pero libertad o democracia no existen, esos son léxicos que hace tiempo dejaron de tener sentido en este país.

 

Impera entonces la necesidad de perder el miedo, de protestar por todos los medios, de no dejarnos callar, de disentir y sin lugar a dudas de allanar el camino para que este régimen oprobioso sea derrocado, defenestrado y la semilla del mal que ha sembrado en nuestro país sea extirpada.

 

Hay que defender la democracia, pero no esa que se suicidó convirtiéndose en consorte de la corrupción y mucho menos esta que es el renacimiento de esa suicida convertida en un muerto que camina desparramando pestilencia y podredumbre a su alrededor.

 

Solo hay un camino: derrocar la tiranía por todos los medios posibles para evitar que nuestros hijos tengan que postrarse a los pies de un tirano.

 

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